Leonardo Padrón's Blog, page 9

March 21, 2019

Cinco sótanos contra el sol

“De las tumbas quiero irme/ no sé cuándo

pasará/ las tumbas son pa´los muertos/ y de

muerto no tengo ná”.


Bobby Capó en voz

de Ismael Rivera.


El padre de Gerardo Carrero se llama Gerardo Carrero. Habla sin parar. Como un tren furioso. Todo él es un despeñadero de palabras que intentan dibujar la apremiante situación de su hijo preso en el SEBIN. Le molesta el lugar común que dicta que nadie quiere más a un hijo que la madre. Es la quintaesencia del fervor paterno. Tiene el temple de la gente de montaña. Una roca. Hasta que se cansa de serlo en alguna frase y el dolor es como un animal en sus ojos. El padre de Gerardo Carrero se llama Gerardo Carrero. Tiene un koala a la altura del pecho que se le mueve como si quisiera mudarse de sitio. El lo ajusta a cada rato, lo atrapa, lo devuelve a la posición original. Será que le protege el corazón. Tendrá allí la piedra de su ánimo. No sé. El padre de Gerardo Carrero se llama Gerardo Carrero y tiene las palabras exactas que le caben en su rabia. Ni una más.


***


A Gerardo Carrero lo detuvieron el 8 de mayo del 2014 en un campamento de protesta de casi 350 carpas asentado frente a la sede de la ONU en la Avenida Francisco de Miranda. Su delito: exigir la libertad de los estudiantes detenidos. Las autoridades arrasaron con el sitio mientras todos dormían en la boca de la madrugada. Hubo 243 detenidos esa noche. Carrero fue trasladado al SEBIN del Helicoide. Un día inició una huelga de hambre y el castigo fue inolvidable: lo guindaron esposado de una reja, le forraron las muñecas con papel periódico (para evitar marcas) y lo golpearon con una tabla. Estuvo doce horas en esa posición, humillado y obligado por las circunstancias a orinarse encima de su propia ropa. Luego decidieron llevarlo a la sede del SEBIN en Plaza Venezuela. Bienvenido a La Tumba. Una pésima noticia.


***


El padre viaja incansablemente a la capital a visitar a su hijo, a preguntar por su caso, a hablar con gente, alguien tiene que ayudarlo, alguien tiene que saber cómo. Del Táchira a Caracas y de Caracas al Táchira es mucho autobús todas las semanas. Tuvo que dejar de trabajar para ocuparse de todo. Su hijo tiene los brazos llenos de ronchas y pus, me comenta una estudiante que lo ha visto en las audiencias. Gerardo está desde el 26 de agosto del 2014 en La Tumba. Así le dicen los propios carceleros. Es un sustantivo bien fundamentado. A ese sitio no llega el sol. No puede. No alcanza. Son cinco pisos bajo tierra. Cinco sótanos contra el sol.

Allí la noche es un contrasentido: una luz blanca. Nadie la apaga nunca. Una luz que insiste durante el día. Una luz que ofusca. Ya Gerardo olvidó los detalles que diferencian al día de la noche. Las semanas son un acopio amorfo de tiempo. No sabe si cuando come desayuna o cena. Ya no entiende cuándo tener sueño o cuándo despertarse. Todo es un solo día. Larguísimo. Apenas lo han asomado al sol tres veces en tanto tiempo. Y le toman fotos para que parezca que así es siempre. Pero no. Es teatro. Alguien le dio una pista para entender las vueltas de la tierra: “cuando dejes de escuchar el sonido del Metro, son más de las once de la noche”. Porque el Metro de Plaza Venezuela pasa cerca. Por algún lugar de arriba. Pero a él no le gusta decirlo. Capaz y sus carceleros prohíben que el Metro pase más por esa estación.

Lo mismo temen los otros dos estudiantes sumergidos en La Tumba: Gabriel Valles y Lorent Gómez Saleh, deportados el 4 de septiembre del 2014 por Colombia en tiempo record e imputados por conspiración, terrorismo e instigación a delinquir.

Plaza Venezuela es un hervidero de carros, mototaxistas, perrocalienteros, peatones apurados, gente en diligencia. Es el centro exacto de Caracas. Nadie sospecha que cien metros bajo tierra están confinados a la tortura blanca tres estudiantes de este país. Sobre la superficie, en el ardor del asfalto, sus padres deambulan sin cesar por el hilo de su angustia.


***


Yamile Saleh visita a Lorent, su hijo, los días permitidos, lunes y viernes de 11 am. a 3 pm. Yamile también ha dejado de trabajar. Solía dedicarse a la alta costura, pero la cabeza no le da para pensar en telas y zurcidos. Tiene cinco meses sin agarrar una aguja. Ha consumido todos sus ahorros. Al fin y al cabo es su único hijo. Ella es madre soltera. Anda muy sola en todo esto. Le tocó mudarse. La acosaban telefónicamente por ser “la madre del terrorista”. Le decían: “Ya sabemos quién eres y dónde vives”. No aguantó. Quiere irse del país apenas termine la pesadilla. Si termina. Aún así, carga los colores de la bandera en un delgado collar. Viaja todas las semanas desde Valencia con dos álbumes de fotos de su hijo con personalidades del fuero internacional. Cuando se le ocurre hablar con los medios, recibe represalias. Mientras me cuenta se le salen las lágrimas: “Mi hijo tiene siete años en esta lucha. Me abandonó a mí. No terminó su carrera de Comercio Internacional. No ha hecho lo propio de su edad: la playa, el cine, los amigos”. Yamile repite su historia en todas partes. Se reunió con Tarek William Saab, el nuevo Defensor del Pueblo, quien parece querer demostrar que su antecesora, Gabriela Ramírez, fue un derroche de omisiones a los deberes de su cargo. Al menos Tarek William ha recibido, sin distinciones ideológicas, a muchos de los agraviados por el régimen. Le prometió a Yamile, no la libertad de su hijo, pero sí un mínimo de dignidad. Ella espera que cumpla, asomada día y noche en su insomnio.

Le comento del video de Lorent, exhibido en TV, donde habla por skype de planes de lucha inadmisibles, altisonantes, contrarios a la vida. La madre admite ciertos excesos, y otros los mete en el paquete de un montaje. Pero no se trata de si es culpable o inocente, ella no pide su liberación, solo ruega que lo saquen de La Tumba. Ha aprendido de derecho, de custodios y tribunales. Su vocabulario está atestado de palabras nuevas. La vida le dio un vuelco a la modesta costurera que hoy solo habla de derechos humanos.


***


La tortura blanca es impoluta. No deja huellas. No hay batazos en el hígado. Todo ocurre con la asepsia de los cirujanos. Todo pasa adentro, en los sótanos del cuerpo y de la mente.

El frío, por ejemplo. En los calabozos de La Tumba no descansa el frío. El aire acondicionado les escupe su respiración de hielo a toda hora. Es como una nevera eterna. Blanca, glacial, callada. La cama es de cemento. Tan tosca como dura. El padre de Gerardo me cuenta que su hijo come en el suelo, y es como pensar en un perro. Sus esfínteres dependen de un timbre. Debe pulsarlo y esperar que alguien lo conduzca al baño. Los estudiantes presos no se ven. Se gritan para saberse del otro lado. Las celdas tienen cámaras y micrófonos ocultos que registran lo que hacen, cómo se mueven, lo que piensan en voz alta. Su salud se ha llenado de diarreas, fiebres y vómitos. Les asusta lo que comen. Les prohíben la visita de sus abogados y médicos. No tienen teléfonos. No ven noticias. Tienen meses sin oír una canción. El silencio es su techo, su pared, su piso. No hay espejos. No saben ya cómo son. No tienen colores que ver, porque allí el mundo es blanco y kaki, como el uniforme que visten. La vida mide apenas 3×2 metros cuadrados. La sensación es de estar enterrados vivos. De irse aproximando en cámara lenta hacia la muerte.


***


Un día le lanzaron a Gerardo un papel roto en varios pedazos. Lo armó con paciencia. El saldo del rompecabezas era una frase: “Leopoldo te abandonó”. A los tres los hostigan psicológicamente: “¿Aún no se han suicidado?”. Persiguen su quiebre. Una delación, eso buscan. “Terminen de portarse bien”, les dicen los custodios. Lo cual significa, en castellano carcelario, implicar a alguien en una declaración como conspirador, golpista o terrorista. No importa quién sea: Leopoldo López, María Corina Machado, Henrique Capriles, Alvaro Uribe. Con firmar un papel basta. Y ya. Salen de La Tumba. A otra cárcel. Les juran que con sol.

Pero no. No hablan. No incriminan a nadie. Y la tortura se extiende como una mancha de aceite invisible por todo el sótano.


***


El papá de Gerardo sigue viajando todas las semanas a verlo. Su único equipaje es la rabia. Dice que su hijo le prohíbe sacar pendones o volantes con su nombre. “Si no están los nombres de todos los estudiantes presos, no”, le advierte. La madre de Lorent está agotada de verse llorar. Lo mismo la madre de Gabriel Valles.

Muchos organismos y personas han acudido a todas las instancias para denunciar lo que en ese umbral del infierno sucede. Pero, según comentan, cuando se trata de estudiantes y presos políticos el silencio de los tribunales es la regla.

Por encima de La Tumba pasan centenas de peatones todos los días sin saber que cinco sótanos más abajo se encuentran tres estudiantes venezolanos envueltos en una luz blanca bastante parecida a la muerte.

Es inadmisible que exista un lugar tan siniestro en nuestro país. Es la tumba blanca de los derechos humanos.


Leonardo Padrón

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Published on March 21, 2019 11:01

March 16, 2019

Leonardo Padrón le devuelve la sonrisa a los ejecutivos de Univisión

Los últimos años no han sido fáciles para Univision. A las malas noticias financieras, se le había sumado una caída casi permanente en los ratings del horario estelar de lunes a viernes, que se les había hecho imposible remontar. Eso hasta que se estrenó Amar a muerte, la telenovela/serie del escritor venezolano Leonardo Padrón.


Desde su primer día, Amar a muerte, protagonizada por Angelique Boyer, Michel Brown y Alejandro Nones, dominó el horario de las 10 p.m. y la historia de amor, en un universo en el que las almas transmutan y la muerte practica el voyerismo entre los vivos, logró no solo darle el número uno a Univision, sino de alcanzar números de audiencia que ya no se veían en la televisión en español. En pocas palabras, devolverles la sonrisa a los ejecutivos de Univision.


Según cifras de la medidora Nielsen, la final de Amar a muerte fue vista por más de dos millones de personas en Estados Unidos, de los cuales 957.000 son parte de la audiencia más codiciada por los anunciantes, los adultos de entre 19 y 49 años.


“La magnitud del éxito de Amar a muerte ha sido una sorpresa muy positiva”, nos dijo Padrón cuando terminaban de grabar las últimas escenas en la Ciudad de México. “Escribir para una audiencia más universal fue un gran ejercicio. También el trabajar dentro de un proyecto que buscaba reinventar, de cierta manera la telenovela”.


Amar a muerte, producida por W Studios y Lemon Studios, fue el resultado de una búsqueda clara. La meta era encontrar cómo mantener la fórmula que ha convertido a las telenovelas en el género de televisión más exitoso de la historia, pero insertándole los elementos de sofisticación que espera el público joven. Eso, sin abandonar la esencia de la cultura latinoamericana. Con esos parámetros en mente salió de la mente de Padrón un universo en el que un profesor universitario, un sicario y un empresario morían al mismo tiempo durante un eclipse. Sus almas se intercambian de cuerpos. El empresario además es dueño de un conglomerado de medios de comunicación, en el que se lavan dólares. “Es un enredo fabuloso y basado en cosas que pueden pasar”, asegura Padrón.


Para terminar de complicar las cosas, las hijas del sicario y el empresario se enamoran, en lo que ha sido una de las historias de amor con mayor repercusión en la historia de las redes sociales en español. Las #Juliantinas, fans de los personajes Juliana y Valentina, se convirtieron en un fenómeno a favor del respeto a las relaciones homosexuales. “Macarena (Achaga) y Bábara (López) hicieron un trabajo extraordinario y el público se los ha reconocido”, expresó el escritor. El público está pidiendo un spin-off de Amar a muerte, en las que las protagonistas sean Juliana y Valentina.


También están pidiendo una segunda temporada de Amar a muerte, que ha tenido un éxito similar en todos los países en los que se ha estrenado, incluyendo a México donde arrasó el fin de semana pasado en los Premios TV y Novelas. Padrón aun no se ha pronunciado al respecto. Tampoco las productoras, pero el capítulo final dejó suficientes líneas abiertas como para que haya la esperanza. Probablemente todo dependerá de cómo funcionen para Univision y Televisa la programación que le siga a la serie.


por Alicia Civita Especial / el Nuevo Herald

14 de marzo de 2019 06:26 PM

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Published on March 16, 2019 17:49

November 18, 2018

Leonardo Padrón: “Antes éramos referentes, ahora somos escombros”

Por: Alquilino José Mata

El Universal

18/11/2018 01:00 am


“Lo más imperativo en una situación de exilio es recuperar algo de normalidad”, sostiene Leonardo Padrón refiriéndose a la oportunidad de retomar su oficio y poder escribir su primer dramático internacional, Amar a muerte, que debutó por todo lo alto al acaparar la mayor sintonía en México -donde reside- a través de la cadena Televisa, así como también entre la audiencia hispana de Estados Unidos, vía Univisión. Así corona una fructífera carrera de más de 20 años que lo situó como libretista de éxito en Venezuela y que ahora trasciende fronteras con un arranque que mejores augurios no le ha podido proporcionar.


-“Amar a muerte” arrancó con muy buen pie en México y Estados Unidos, ¿qué ingredientes cree que propiciaron ese éxito?

-Creo que se generó una saludable expectativa gracias a una suma de elementos: el tema, el elenco, las imágenes promocionales. Presumo. Son conjeturas. En esta industria uno se sorprende todos los días. Nada está escrito sobre piedra.


-¿Cuán arriesgado resultó abordar un tema tan poco usual en una telenovela como los enigmas sobre lo que ocurre luego de la muerte?

-Tan arriesgado como estimulante. Los escritores siempre le hablamos a la muerte. Buscamos entenderla a través de las palabras. De dónde venimos y adónde vamos son las preguntas pivotales del ser humano. “Amar a muerte” indaga sobre ese misterio que tantas religiones y creencias populares intentan responder. ¿Hay vida después de la muerte? ¿El alma nos sobrevive? ¿Qué pasaría si tuviéramos una segunda oportunidad? Todas esas preguntas se van explorando a lo largo de la serie, que está basada en una historia del escritor colombiano Julio Jiménez llamada “En cuerpo ajeno” y que ha sido versionada otras veces. Es un argumento muy poderoso al que le he agregado otros elementos para dimensionarlo aún más.


-¿Cuesta centrarse en el diseño y desarrollo de un proyecto mientras se vive una situación tan traumática como el exilio?

-Lo más imperativo en una situación de exilio es recuperar algo de normalidad. Y, sobre todo, tu cauce laboral. Para mí ha sido una fortuna haber recibido esta oportunidad. Y la asumo con el rigor y la responsabilidad que requiere. Las heridas del exilio trato de mantenerlas puertas adentro.


-¿Qué diferencias y semejanzas, en la manera de desarrollar su trabajo, hay entre la industria de la TV mexicana y la nuestra?

¿Diferencias? Muchas. Otro mercado, otro público, otros valores culturales. Otro sistema de producción. Algo también notorio: desconozco a la mayoría de los actores. Tuve que confiar con los ojos cerrados en las propuestas que me hicieron tanto W Studios como Televisa. Pero una historia se escribe siempre con los mismos rudimentos, aquí y en Australia.


-¿Qué distancia hay entre el Leonardo Padrón de “Amores de fin de siglo” y el de “Amar a muerte”?

-Son más de 20 años. Muchas lunas, ¿no? Supongo que hay un poco más de pericia, mayor dominio de los trucos del oficio y mayor conciencia de lo que se puede o no lograr. A la vez, la televisión ha cambiado mucho. Lo que se cuenta y cómo se cuenta. En Venezuela, antes éramos pioneros, vanguardia, referente. Ahora somos escombros. Así que ha tocado reinventarse, en otro contexto muy distinto. Esa no me la esperaba.


-Ha dicho que la telenovela es una ventana que se asoma hacia la realidad del país, ¿cómo lo intenta “Amar a muerte” en el caso de México?

-Aparte de la historia de amor y la jugosa exploración del tema de la transmigración de almas, he querido también plantear las extremas complicaciones del periodismo en México. Es uno de los lugares más peligrosos del mundo para ejercer ese oficio. Los periodistas son permanentemente amenazados, extorsionados, torturados o asesinados por los carteles de droga. Tengo una trama entera que encarna esa temática.


-¿Piensa que la telenovela “Venezuela” se quedó desde hace tiempo en su etapa culminante y nada que aparece la palabra Fin?

-Ya ni siquiera hay etapa culminante. El país ha entrado en un marasmo tan agónico como exasperante. Es lo más peligroso que nos podía pasar. Que la gente no tuviera más urgencia que ocuparse de su propia supervivencia y la voz de la protesta se fuera apagando gracias al miedo y la represión.


-¿Qué final escribiría para esa telenovela?

-Un final clásico. Donde los villanos paguen por sus delitos y la gente de bien recupere su plenitud. Creo que nunca había sido tan deseado un final feliz. Ha sido excesivo el tiempo de la penuria. Todos queremos ver el fin de esta siniestra dictadura. Ver las carreteras, puertos y aeropuertos colapsados por un tsunami de gente volviendo a su casa. Ver las santamarías de los negocios abriéndose. El agua saliendo por las tuberías. Camiones gigantescos llenando de comida los mercados. Música. Abrazos. Una fiesta nacional. Eso.


-¿Cuántos capítulos cree que le faltan?

-Tengo rato con el optimismo lesionado. Los desatinos del liderazgo opositor han sido tantos que una palabra tan poderosa como “esperanza” está llena de agujeros y abolladuras. La tiranía, mientras tanto, solo se ocupa de preservarse en el poder de la forma más inescrupulosa posible. Aún faltan algunos capítulos.


-¿La crítica mexicana se parece a la nuestra o es distinta?

-Aún no la conozco del todo. Solo me llamó la atención un crítico que reclamaba airadamente que la teleserie se hubiera estrenado primero en Estados Unidos que en México. Un arrebato nacionalista. Pero ni siquiera se ocupó de averiguar las razones.


-¿Hasta dónde lo ha marcado la muerte de su madre y el no poder venir a despedirse de ella?

-Es una de las heridas que no le perdonaré al régimen. Como a mí, esa situación le ha pasado a muchísima gente. Es un dolor sin palabras.


-¿Es el suyo un exilio o un autoexilio?

-¿Autoexilio? No estaba en mis planes. Ya bastante he referido las circunstancias. Uno de los atributos de toda tiranía es decidir el destino de los otros seres humanos.


-¿Se ve viviendo siempre fuera de Venezuela o tiene la certeza de que regresará en las condiciones justas para vivir aquí?

-Por supuesto que regresaré. Millones regresaremos. Otros, sin duda, harán una vida y se quedarán lejos. Pero jamás voy a dar a Venezuela por desahuciada en mi destino.


-¿Dónde queda la poesía en una situación como la que vive?

-En uno de sus sitios preferidos, que es el silencio y la observación. Todo se va sedimentando hasta que busque su forma de respirar a través de las palabras.


-¿El crítico de la realidad ha dejado de lado al poeta?

-No necesariamente. La poesía me ayuda a entenderla mejor. La poesía cuestiona permanentemente a la realidad. La sacude. La interpela. Se alimenta de ella. La poesía siempre es resistencia.


-¿Mariaca Semprún ha sido su mejor paño de lágrimas y soporte emocional en esta situación?

-Ha sido mi gran compañera. Mi apoyo invaluable. Un tesoro. Todo hubiera sido muy distinto si no nos tuviéramos. Nada como la pareja para navegar esa tormenta que es el exilio.


-¿Qué le gustaría escribir después de “Amar a muerte”?

-Entre lo que me gustaría y lo que toca, vayamos ahora por lo que toca.


-¿Es de los que ama a muerte?

-El amor es un abismo, siempre. Por eso a veces su fracaso se parece al vértigo de la muerte. Pero, si te soy sincero, el único sitio donde vale la pena morirse de amor es en la literatura.

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Published on November 18, 2018 10:43

August 5, 2018

El derrumbe

No hay ojos para tanta mala noticia. No hay espacio. El disco duro del venezolano ha colapsado. No hay rendija para depositar otra calamidad, por más pequeña que sea. Buscamos similitudes históricas para atenuar el espanto. Para sentir que tanto estropicio tiene algún viso de normalidad en el discurso de la especie humana. Se acabó la tierra de gracia. Bienvenidos al infierno.


Estamos agotados de hablar de nuestra tragedia. Pero como toda tragedia, no hay escapatoria. Cambiar de tema no cancela el horror. Apenas lo posterga. Lo arrima a un lado. Pero lo vemos de soslayo. Lo sentimos. Como un monstruo sentado sobre el corazón. Nos estamos acostumbrando a esta tristeza. Se ha convertido en el clima nacional. Un ejército de zombis arroja paladas de pesimismo sobre nosotros. Prohibido soñar.


La dictadura ha procurado anestesiar nuestra voluntad. Ha logrado que desconfiemos de nosotros mismos. Ha convertido en policías de nuestra protesta al otro venezolano, al que tomó el camino fácil de hacerse miembro de un sistema que ni siquiera lo respeta. Simplemente lo usa.


Allí está el redil de fieles. Reclutados para la coacción a cambio de las migajas de su propia supervivencia. Se les ve vestidos de colectivos, untados de rojo amenazante. Su único patrimonio es una camisa, un carnet, un mejor puesto en el reparto de la dádiva. Hablan en superlativo del comandante, dicen flores del legado, son el bulto de los mítines, los que aplauden sin haber entendido, son la barra del presidente, los cabilleros que golpean al diputado opositor que el mismo pueblo eligió. Son los invisibles de la sociedad que Chávez rescató para convertirlos en su tropa de ataque. No los hizo mejores venezolanos. Les otorgó una credencial para que se sintieran reconocidos a cambio de un poco de su violencia. Son los olvidados de siempre que volverán a ser arrojados al desván de la historia al dejar de ser útiles. A ellos también se les perdió el país.


Y entonces andamos con este cansancio. Como si fuera guerra lo que nos pasa. Con esta mirada extraviada. Con este desaliento de huérfanos. Con la astilla de la desesperanza plantada en el pecho. Con los nudillos rotos de tanto tocarle la puerta a una nueva oportunidad. Y nadie abre. Nadie contesta del otro lado de la oscuridad.


Ya no hay ojos para tanta mala noticia. Se van acumulando como trastos viejos en el ánimo. Son noticias que le rompen los tímpanos al asombro. Pero no pasa nada. Somos los protagonistas de una pesadilla. Nos eligieron. Y ayudamos a ser elegidos. Día a día cargamos los escombros de nuestra antigua prosperidad. Hacia ningún lugar. Porque no tenemos dónde colocarlos. El futuro se ha convertido en una piedra negra. Y cerramos los ojos para no ver.


Pero la piedra continúa. Está adentro de nosotros. Arriba. Abajo. Estamos tapiados.


Somos los huesos rotos del país.


El derrumbe.


Leonardo Padrón


POR: CARAOTADIGITAL – AGOSTO 05, 2018

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Published on August 05, 2018 09:48

July 8, 2018

¿Hay regreso?

En Madrid, como en todas las ciudades del primer mundo, existen aplicaciones que te permiten hacer mercado desde tu celular. Cada vez que he pedido algo, emboscado por la urgencia, el repartidor que me ha entregado la encomienda es un joven venezolano. Nueve de diez, para decir una cifra prudente. Nos reconocemos en el acto. Nos saludamos. Hay un encogimiento de hombros, una nostalgia velada, un saber que no ha quedado otra opción. Van en bicicleta por la ciudad, con un honroso trabajo y un mísero sueldo a cuestas. Acosados por el bochorno del verano. Otros te los topas en cualquier callejuela, repartiendo tarjetas de algún bar cercano e intentando convencerte de que te tomes una caña en el negocio de su jefe. Ganan comisión por cada cliente reclutado. De diez intentos, ninguno. Pasa cantidad de veces. Venezolanos los hay trabajando en los restaurantes, en las peluquerías, en las ventas de flores. Se han vuelto meseros o niñeras, limpian casas o cuidan personas mayores. Como me lo dice una amiga actriz que ha tenido que hacer de todo: “los que no tienen papeles son los que se comen los empleos más duros”. Todos tienen dos puntos en común: son rotundamente jóvenes y ese no era el plan de sus vidas. Todos cargan la misma pregunta en la mirada: ¿podremos volver alguna vez?


Justamente días atrás se organizó en esta misma ciudad una mesa redonda titulada: “Exilio y retorno: ¿regresarán los venezolanos?”. Tuve la oportunidad de participar junto con Miguel Henrique Otero, Claudio Nazoa, Carleth Morales Senges (Presidenta del Venezuelan Press) y Katrien Dekocker (Doctora en migraciones internacionales y cooperación para el desarrollo). La intervención de la Dra Dekocker, una ciudadana belga nacida en Chile y cuya tesis doctoral versó sobre la migración venezolana, estuvo colmada de cifras perturbadoras. Cifras que todavía me rebotan en la memoria. De entrada, subrayó el hecho de que, en 20 años de exilio (sí, desde 1998, con la llegada de Chávez al poder, hubo gente que comenzó a partir), ha habido un crecimiento del 450% de la comunidad venezolana en el panorama migratorio español. Cuando apenas comenzaba a desarrollar su charla, la Dra. Dekocker, que ha visitado varias veces el país y ha sido salpicada tangencialmente por nuestra tragedia, dejó caer una pregunta que sonó como un yunque: “¿Regresarán los venezolanos? ¿O es ahora que realmente está comenzando el verdadero exilio?”. Menuda interrogante.


¿Y cómo no hacerse esa pregunta si cada vez que los venezolanos volteamos el rostro hacia el país las noticias son más penosas, la ruina va in crescendo y la dictadura afinca sus garras? ¿Qué pasará con aquellos que logren un poco de dignidad y la evidencia de que el futuro existe? Muchos han vuelto a recuperar la serenidad de no ser asesinados en la próxima esquina. Abren los grifos y hay agua, agua potable, además. Prenden los interruptores y aparece la luz. Internet hace cabriolas de velocidad. Las farmacias están colmadas de remedios. Los mercados son una fiesta de colores y proteínas. La noche está llena de gente. Gente que conversa bajo los postes, en peregrinación, bar a bar, de tapa en tapa. Sin toques de queda en el ánimo. Gente que ya ha comenzado a tener hijos en los mapas del exilio. Y muchos van adquiriendo sentido de pertenencia. Y recuperando la noción de que la vida también tiene buenas noticias.


Dice la Dra. Katrien Dekocker, que llegó a vivir en Barinas y Valencia: “Tan solo 5 años atrás la comunidad venezolana en España se caracterizaba como una inmigración sutil, invisible, legal, integrada a la sociedad española, profesionalmente cualificada y con pocas dificultades para la inserción laboral y el acceso a una buena vivienda, educación e incluso la sanidad privada”. Era una migración marcada por “una estrategia de reproducción social, entendiendo el término como la predisposición a conservar e incluso mejorar la posición de origen”. Los argumentos de ese exilio no eran el hambre, la falta de medicinas, el hostigamiento, cárcel y asesinato de opositores, la criminalidad y la miseria. Hoy sí. Hoy muchos corren hacia la puerta de salida para salvar lo poco que les queda, así sea el derecho a seguir vivos. Corren sin un bachillerato completo, sin ahorros, sin papeles, sin asideros concretos en la orilla próxima. Como náufragos. Con lo puesto. Y heridos por la brasa de la dictadura. Eso ha hecho que la composición de los emigrantes venezolanos vaya inclinándose hacia una “creciente pobreza emergente en la sociedad de destino”. Su exposición se apoyó en cifras alarmantes. ¿Un ejemplo? En el año 2007, España solo recibió 46 peticiones de asilo. En el 2014 llegó a 124 peticiones. Pero en el 2017 la cifra de venezolanos requiriendo asilo ascendió brutalmente a 10.350 personas (!!). Eso solo se puede llamar desesperación. En este punto, fue descarnadamente sincera: “Del 100% de peticiones de asilo, el 99% serán rechazadas”.


El panorama no es muy distinto en otros países del mundo. En pleno siglo XXI, la patria del venezolano es la incertidumbre. Los que aún resisten adentro voltean cada vez con más frecuencia hacia la puerta de salida. Una puerta que se angosta día a día. Los que están afuera se preguntan si habrá camino de regreso alguna vez. Para la reconstrucción todos seremos necesarios, ¿pero cuántos lograremos volver?, ¿cuántos querrán hacerlo?


Mientras tanto, el resto del mundo observa, señala, cuestiona, en un lienzo donde la geopolítica es cada vez más compleja en su funcionamiento. Mientras tanto, los venezolanos hacen lo que pueden desde su nicho de resistencia y heroísmo. Mientras tanto, los líderes de la oposición ….eh, los líderes de la oposición… Aló, ¿hay alguien ahí? ¿Alguien que entienda que todo un país es mucho más importante que sus pequeñas victorias personales? ¿Alguien que posea la lucidez histórica para marcar el inicio de la reconstrucción? ¿Acaso no es ese, generacionalmente, nuestro mayor desafío?


Leonardo Padrón


POR: CARAOTADIGITAL – JULIO 8, 2018

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Published on July 08, 2018 01:30

June 24, 2018

La espera

Todos caben en la sala de espera. Le vamos haciendo espacio al ánimo o al pesar que cada quien trae. Somos treinta millones sentados, de pie o deambulando en esta incertidumbre. Todos en el mismo espacio donde se suelen aguardar las buenas noticias. ¿Qué día finaliza la devastación? ¿En qué momento se abrirán todas las celdas? ¿Cuánto falta para regresar?


Esperar es un vicio peligroso.


Somos treinta millones y un deseo acorralado. Treinta millones de personas bajo veinte años de ostracismo. Venezuela está en fase terminal y todos esperamos algo que se parezca a un milagro. Un milagro que debemos confeccionar nosotros mismos. Mientras tanto, esperamos.


Al menos una vez al día escucho la frase en boca de algún compañero de pasaporte: “Falta poco”. Y entonces todo depende de la cantidad de optimismo que aun te quede en el tanque o de la calidad de la información que manejes. Ya son muchos años diciendo que falta poco.


Es como si todos estuviésemos en una enorme sala de espera. Como si esperáramos el sonido de aviones en el cielo que traen la liberación. ¿Qué esperamos ? Que las cosas cambien. Y las cosas son la vida. Esperamos que vuelvan el pan y el agua. La electricidad y el sueño.


Que recuperemos alguna rutina. Que se retire la tristeza. Que la justicia llegue. Que la oposición recupere la cordura. Que ocurra la implosión del régimen. Que Diosdado le cuente a la justicia universal los desmanes de Maduro. Que Maduro le confiese a algún tribunal internacional los delitos de Diosdado. Que el proyecto se agote en su envilecimiento. Que las calles vuelvan a hablar. ¿Pero quién pone los muertos esta vez? ¿Quién organiza el descontento? ¿Quién espanta la resignación? ¿Esperamos por el líder que sea mejor que todos los líderes anteriores?


Hay un silencio ruidoso que espera por la sensatez. Que ocurra, que aparezca, que venga de alguna parte.


“Falta poco”, vuelvo a escuchar.


“Muy pronto regresaremos”, dice el venezolano que reparte comida en Madrid, que vende arepas en las calles de Chile, que maneja un uber en Miami, que espera en todas las ciudades que no son la suya.


Esperar que no haya que esperar mucho.


El deseo colectivo está allí, malogrado por nuestros propios errores. Mientras, la banda criminal aplaude el desatino de nuestros dirigentes. Sus colmillos gotean placer. Y nos volvemos invisibles en el deseo.


Mi médico con el que me hago el examen de próstata anual. ¿Dónde está? Mi odontólogo de toda la vida. ¿Esperará por mí? El kioskero que todos los domingos me comentaba mi artículo, ¿sigue allí? ¿O fue barrido por la desgracia?


Esperar que la justicia llegue. ¿Y si toma el camino más largo? ¿Y si se extravía en el camino?


¿Esperar sirve?


La resignación es la calle ciega de la esperanza.


De nuevo alguien me dice: “falta poco”.


Esperamos volver a vernos en los mismos lugares donde la costumbre hacía país. Allí donde antes quedaban las calles y hoy habita el miedo y la pesadumbre. En las panaderías, en los restaurantes, en los juegos de beisbol, en las ferias de libros, en el mar. En el clima de mangas cortas y risa tronante que eramos. En el cielo caribe de nuestra nostalgia.


Hay una biblioteca entera de lugares comunes que ensalzan la virtud de esperar. Me quedo con la frase de André Giroux: “El infierno es esperar sin esperanza”.


Si no hacemos algo, cada vez habrá que esperar más.


Leonardo Padrón


POR: CARAOTADIGITAL – JUNIO 24, 2018

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Published on June 24, 2018 19:10

June 6, 2018

Falta un día para estreno de “Piaf, Voz y Delirio” en Madrid

Este jueves 7 de junio llega a  Madrid el sorprendente musical sobre la tormentosa vida de la cantante francesa Edith Piaf. Una historia creada por el prestigioso escritor Leonardo Padrón, que nos recuerda el gran legado que dejó la cantante a la memoria musical del mundo.


La actriz Mariaca Semprún, una de las artistas más versátiles de su generación, se enfrentará al público madrileño tras el rotundo éxito obtenido en Venezuela, Estados Unidos y México. Dando vida a Piaf en un montaje biográfico, en el que a través de las canciones se hace un repaso cronológico por la vida de la artista francesa desde su niñez hasta que en 1962 hizo su último concierto en el Olimpia.


Podrás disfrutar de este maravilloso musical en el Teatro Fígaro, del 7 de junio al 28 de julio.


Las entradas las puedes adquirir en las taquillas del teatro o a través de gruposmedia.com

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Published on June 06, 2018 12:47

June 3, 2018

Bombardeo

La noticia salió publicada en un pequeño recuadro del periódico El País. Se anunciaba que ese jueves, a las 8 pm, con la luz de los días largos, la Plaza Mayor de Madrid sería bombardeada por cien mil poemas. Me quedé en silencio un largo minuto. Un silencio con sonrisa incluida. Me resultaba una extravagancia estupenda. Me dije que no podía perderme tamaña desmesura.


Al llegar a la Plaza Mayor pensé que me había equivocado de sitio. Una verdadera multitud ocupaba todos los espacios. Grupos de jóvenes sentados en círculo en el suelo hacían sospechar que se avecinaba un concierto de rock. Gente sola o en camada, ancianos, adolescentes, tipos de barba y cámara profesional, peatones tantos y tan variados que concluí que algo más estaba pasando allí. Me acerqué a una mujer en sus treinta que estaba tomada de la mano por su hijo de seis años y le pregunté si estaba allí por el asunto de los poemas. Afirmativo. Insistí con una pareja. Lo mismo. Repliqué la pregunta a un hombre de bastón. Para mi asombro, todos aguardaban el bombardeo. ¿Cómo se enteraron? ¿Bastó ese pequeño recuadro en la prensa? ¿A tantas personas le importaba ver cómo llovían cien mil poemas sobre la Plaza Mayor?. Pues, sí. No había duda.


En punto, bajo un cielo rotundo y azul, apareció un helicóptero sobrevolando la Plaza Mayor. De pronto, del vientre del pájaro de hélices comenzaron a caer unos papeles. ¡Ah, los poemas! Quizás serían mil, dos mil. Jamás cien mil. Todo el mundo alzó la vista al cielo, esperando ser mojados por esa particular lluvia. Pero el viento hizo una travesura y secuestró, en cámara lenta y a la vista de todos, el aluvión de poemas. Vimos, con decepción, cómo los poemas atravesaban el cielo de la Plaza Mayor, yéndose a llover a alguna otra parte de la ciudad. El niño de seis años comenzó a llorar, tristísimo, mientras su madre le juraba que lo llevaría a buscar alguno de los poemas que estaban a la deriva, cuadras más allá. El piloto del helicóptero entendió que debía intentarlo de nuevo y se alejó un poco más, apostando a que esta vez lograría burlar al viento. Nuevo intento. Nueva expectación. Rostros al cielo. Y, como si fuera ya un desaire consciente, el nuevo enjambre de poemas (¿dos, tres mil?) siguió de largo. La decepción trocó en frustración. El público, en un gesto unánime de solidaridad, le dispensó un aplauso de consuelo a los promotores de la actividad. Al menos, la intención merecía ser celebrada. Un murmullo de “qué hacer ahora” circulaba en cada resquicio de la plaza. Tomarse una caña en algún bar de la Plaza no era un consuelo despreciable.


Pero, de repente, hubo un grito coral de asombro. Seguí la dirección de las miradas y allí estaban, como el aleteo de miles y miles de pájaros, los poemas, esta vez lloviendo inequívocamente sobre nuestras cabezas. Eran muchísimos. Lo que ocurrió entonces fue memorable. La gente corría de un lado al otro, siguiendo el baile del viento, lanzando manotazos al aire para pescar los poemas que caían del cielo. No era fácil. La poesía, tal su naturaleza, se hacía esquiva. Hubo refriegas joviales, risas, carreras en zigzag, veinte manos sobre un poema, batallándolo. Muy pocos llegaban a tocar el suelo. Yo peleé mis propias contiendas. Llegué a capturar cuatro poemas, valga decirlo, y uno de ellos fue tan pugnado que me llevó a un traspiés, que luego se convirtió en una molestia intercostal. “Tengo un poema atravesado en las costillas”, estuve rezongando el resto de la noche.


Una mujer, de abrigo rojo y sombrilla violeta, desplegó la mejor estrategia de la tarde. Volteó su sombrilla al revés y pescaba, con obvia ventaja, los poemas que plácidamente aterrizaban en su improvisada cesta. Los poemas llovieron durante más de media hora. Fue una fiesta. Un experimento poético de carácter lúdico triunfaba ese jueves sobre el centro de Madrid. Lectores, iniciados, forasteros de la literatura, curiosos y advenedizos fueron tocados en esa velada por la energía del lenguaje poético. Confieso que los combates que contemplé y aquellos en los que participé me recordaron, por contraste, la miseria que llueve sobre mi país, donde la gente se ha acostumbrado a saquear camiones de comida, o a pelearse con furia las bolsas de arroz o atún que algún personero del régimen les lanza desde un camión, para luego canjear la dádiva por votos electorales.


Aquí –en cambio- la multitud se peleaba por poemas, no por comida. Y, en rigor, la iniciativa, propiciada por un grupo chileno llamado Casagrande, posee la intención de “recordar las ciudades que han sufrido bombardeos en su historia”. El experimento lo han realizado ya en Berlín, Londres, Varsovia, Dubrovnik y Milán. Son bombas de poemas escritos en marcapáginas contra las bombas que han escrito en la historia páginas enteras de muerte y duelo. La idea nació en Santiago de Chile, inspirada en lo ocurrido en el Palacio de la Moneda, el edificio presidencial que fue bombardeado en 1973 durante el golpe de Estado de Augusto Pinochet. Una idea portentosa que busca contraponer a la violencia humana la posibilidad de belleza que también anida en el hombre. Un experimento memorable que se da en paralelo con la Feria del Libro de Madrid y con el apoyo de Matadero, esa singular “ciudad” cultural que acecha -generosa- dentro de la gran ciudad.


Esa tarde, miles de personas abandonaron la Plaza Mayor de Madrid con algún poema en sus manos. Esa tarde, triunfó el hombre sobre el hombre. Y todos fuimos un poco más humanos.


Leonardo Padrón


POR: CARAOTADIGITAL – JUNIO 3, 2018

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Published on June 03, 2018 17:26

May 27, 2018

Calladamente

El famoso narrador hablaba solo de los libros que compraba o eventualmente escribía. Exhibía fotos de sus perros y esquinas de sus mujeres. Mostraba su sonrisa en todas las redes sociales. Se sospecha que leía la prensa con los ojos cerrados.


El novelista se volvió analfabeta de la desgracia colectiva que lo rodeaba. Disimulaba día y noche. Se arropaba los ojos con libros de ciencia ficción. Escondía las frases combativas en el rincón más remoto de su silencio. Dicen algunos que se quedó sin nariz. Ni los muertos de la dictadura ni los presos existían en su vocabulario, en sus declaraciones públicas, en sus recitales a la eternidad. No percibía la podredumbre. Su cielo era el único azul a cientos de kilómetros a la redonda.


El notable escritor nunca se topó con la censura porque no le dio razones para ello. Fue adelgazando su vocabulario para no usar palabras inapropiadas. Seguía de largo ante los pasillos peligrosos. El escritor nunca advirtió el hambre de sus vecinos o colegas. Afuera tronaba la metralla de la resistencia. El grito de los caídos. El galpón que se atestaba de madres huérfanas. Supuso que era otro melodrama de los enemigos de su talento. Y clausuró sus tímpanos.


Un día, la miseria se deslizó suavemente por debajo de su puerta. La escasez roía cada centímetro de su nevera. Sus grifos dejaron de gotear agua. Más nunca tuvo internet. Entonces el escritor hizo una breve y silenciosa maleta y se fue a un congreso de narradores en Bilbao. Atravesó la autopista rociada de bombas lacrimógenas, los rincones del aeropuerto donde todo era mengua y llanto, evitó el olor a duelo de todo ese país que no podía hacer ninguna maleta. Y presentó en la taquilla de inmigración el pasaporte de su indiferencia.


Vuelva cuando quiera, sonrieron los gorilas de la aduana. Esta es su revolución. Gracias por su silencio, le dijeron.


Y más nunca volvió.


Fue feliz en ese silencio. En su mortal indolencia.


Calladamente, olvidó a los demás.


Leonardo Padrón


POR: CARAOTADIGITAL – MAYO 27, 2018

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Published on May 27, 2018 15:27

May 22, 2018

Piaf, Voz y Delirio llega a Madrid

El próximo 7 de junio y durante solo 8 semanas, llega al Teatro Infanta Isabel el espectáculo Piaf. Voz y Delirio, basado en la vida y carrera de la cantante parisina.


Este espectáculo, que ya ha triunfado en Caracas, Miami, Orlando y México, Supondrá el debut en España de la actriz venezolana Mariaca Semprún, que dará vida a Edit Piaf.


Piaf El Musical es un espectáculo musical que recorre la tormentosa vida de Edith Piaf, una artista que cautivó al mundo con su inigualable voz, su inimitable estilo y su forma de hacer que cada interpretación pareciera la última.


Esta obra nación en Caracas con un texto original de Leonardo Padrón, y de allí ha hecho temporadas en Estados Unidos y México, para ahora saltar el charco y llegar a Madrid, donde permanecerá del 7 de junio al 29 de julio.


Puedes conseguir tus entradas en gruposmedia.com o en las taquillas del teatro.

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Published on May 22, 2018 13:43

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Leonardo Padrón
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