“Ya no deseaba estar muerto. Al mismo tiempo, no se puede decir que se alegrara de estar vivo, pero por lo menos no le molestaba. Estaba vivo, y la persistencia de este hecho había empezado poco a poco a fascinarle, como si hubiera conseguido sobrevivirse, como si en cierto modo estuviera viviendo una vida póstuma. Ya no dormía con la lámpara encendida y desde hacía muchos meses no recordaba ninguno de sus sueños.”
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Paul Auster,
City of Glass