M.C. Arellano's Blog

October 23, 2019

De censura, idiotización y libros chungos

Yo crecí en los 80 y sobreviví, como dice la canción. Según varias definiciones que he encontrado por la red, además, soy "millenial", que es otra etiqueta que pone la gente para defender Su Chozo indefinido y que mete en el mismo saco a nativos digitales y a gente a la que no nos dejaron tocar un ordenador sin supervisión hasta las quince años, pero que supongo que aglutina a un montón de peña a la que timaron con aquello de que sacarte una carrera te ayudaría a encontrar trabajo y utopías así.

Los niños, en mis tiempos, salían a la calle en bicicleta y se escalabraban en el parque, además de llevarse reprimendas si suspendían en el colegio y de leer cosas peligrosas. Sí, leíamos cosas chunguísimas, nos llenábamos los abazones mentales con incorrección política, la abrazábamos a manojos. Mortadelo y Filemón, Astérix y Obélix, Los Cinco, Torres de Malory. Droga dura, colegas. Bueno, a mí no me parecía droga dura en su momento, pero al parecer son demasiado para las nuevas generaciones. Las reediciones de estas obras de Enid Blyton han sido "editadas" para quitarles las partes polémicas, supongo que bajo esa mirada sobreprotectora que tiene la gente que opina que los niños tienen el criterio de una lechuga iceberg.

¡No, hijo mío, no leas eso, que es peligroso y políticamente incorrecto! ¡Vente mejor a ver Sálvame!
A ver, que yo me acuerdo de leerlos, y me acuerdo específicamente de Ana y de Jorge, y de pensar a mis tiernos años de primaria "claro, son libros viejos, de cuando pensaban que las niñas eran tontas y no les dejaban hacer cosas guays". FIN DEL TRAUMA. Había muchos "libros viejos" por mi casa, porque mi madre y mi tío habían leído mucho, y en ellos la gente hacía cosas raras de ese tipo, como comer galletas de gengibre, jugar al lacrosse y tener una mentalidad que iba atrasada 30 años.

Qué bien, pensaba yo, que ahora no es así y las niñas podemos hacer lo que queramos. Podíamos. Podíamos montar en bicicleta, ensuciarnos, gritar, hacer el cafre, lo que quisiéramos. Es lo que veía en mi casa y lo que vivía en mis carnes. Y, lo que es casi más importante, esos libros eran la prueba de que en cierto momento anterior no había sido así. Las cosas habían cambiado a mejor, lo cual significaba que las cosas injustas o estúpidas que se hacen tradicionalmente pueden cambiar a mejor.

Esconder y maquillar las obras que son hijas de su tiempo no es más que hacer un "nunca hemos estado en guerra con Eurasia". Qué va, aquí hemos sido siempre todos seres de luz. Para forjar el criterio no tienes que alterar datos, tienes que presentar lo que había y lo que hay y jugar al "busca las siete diferencias".

Los niños no son idiotas a menos que los idioticemos a base de mentirles. A las atrocidades hay que mirarlas a los ojos para que no te muerdan el culo: la literatura puede servir perfectamente como vacunación ante mierdas inadmisibles. Exponerte a una dosis segura de que hay gente que pensaba (y que igual todavía piensa) que las niñas son tontas y pensar sobre ello y considerarlo una chorrada supina te previene para reírte en la jeta de quien te encuentres en la vida real intentando convencerte de eso, en lugar de tomarlo en consideración como idea nueva.

No se protege a los niños del horror ocultándoselo, sino enseñándolos a reconocerlo y a enfrentarse a él. Claro, que esto segundo requiere dedicación y no se lo puedes dejar a la tablet. Requiere contestar preguntas, implicarse, hacer un ejercicio de criterio propio. No seáis vagos si estáis educando cachorros. No deleguéis en los colegios lo que deberíais hacer en casa. No le echéis la culpa a los demás de que no ejercen la labor que deberían ejercer los progenitores.

Ayudad a los niños a ser libres a la luz de los hechos en vez de hundirlos en la oscuridad de la sobreprotección.
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Published on October 23, 2019 03:53

September 29, 2019

Tailwhisper y la sangre roja

Me he cansado del proceso editorial. De mandar obras que no encajan en proyectos editoriales ajenos y quedarme esperando como un pasmarote a que no me contesten o a que lo hagan diciendo que la obra no es lo que buscan. Como desde que soy mayor estoy viendo que lo de poner tus propias reglas es más que posible, he decidido volver a autopublicar, sin tener que contar con nadie. Te da la libertad, por ejemplo, de dejarle la tilde al "sólo". 


Así pues, saco a la luz la historia de Tailwhisper, la inspectora de la Compañía de Quesos Libres de la Liga Verde, afincada en Londerra. Algún día tenía que acabar escribiendo algo así: animalitos, steampunk, rabia contenida, reflexión sobre lo que nos convierte en personas, ucronía.

El título completo es Tailwhisper y la sangre roja. Saldrá mañana en Amazon en papel y en versión digital. Quiero dar las gracias a Jesús por apoyar siempre esto de crear, de forjarte las propias reglas y tomar las riendas de tu destino.
Animalitos
Crecí en los ochenta. Las pelis de animalitos -de ratoncitos, mayormente- estaban en lo más alto: Los Rescatadores, Fievel, Stuart Little, Basil el ratón Superdetective; los libros de animalitos eran lo más: Beatrix Potter, La señora Frisby y las ratas de Nimh... Cuando tienes seis años y nadie te escucha es fácil sentirte identificado con bichos pequeños a los que se puede pisar. Además, lo de los roedores siempre me ha fascinado. Mi primer cuento, "¿Dónde está Clara/Julio?", iba de un hámster bebé de color naranja que se escapaba y su madre iba a buscarlo. Dicho hámster era mío y se llamaba Clara hasta que descubrimos que era macho. Pasó a llamarse Julio. 
La idea de roedores siendo personas pero sin antropomorfizarse me fascina. ¿Cómo se comunicarían entre ellos? ¿Y con otras especies? ¿Cómo escribirían, cómo se abrocharían las cosas con botones? ¿Cómo harían todas esas cosas que se dejan las pelis de dibujos?
Tailwhisper le debe mucho a Miss Bianca (que está homenajeada en el gorrito morado del cuarto capítulo), pero también a todas las protagonistas de series policíacas de la tele de señoras que investigan crímenes sin ser policías. Tailwhisper es mucho menos cándida que Miss Bianca y va con la desconfianza por delante; juraría que le ha caído encima algo de Yaya Ceravieja, sobre todo en el tema de conocer su propia oscuridad y tenerla cogida del gaznate para que no se la coma. 
Miss Bianca is filled with determination.
Steampunk
La estética decimonónica y la idea de un mundo sin electricidad (o donde la misma no es más que una curiosidad de aplicaciones limitadas) me fascina también. El concepto nació de esa imagen mental: una ratona blanca con un chaleco y un sombrerito de copa. La ratona no estaba para tonterías. A partir de ahí, sólo había que construir un mundo acorde...
Esto pero con animalitos con sombrero, rampas, mecas,leyes inclusivas y sanidad universal.Louise Rayner Chester, 1924.
Rabia contenida
Lleva bastante indignación amasada. Muchas cosas que me molestan personalmente y muchas cosas que le molestan a Tailwhisper y con las que intento empatizar. Buscar justicia de verdad en el tema de las capacidades diferentes, de las incapacidades invisibles; las pasadas de frenada condescendientes paternalistas, los conjuntos ideológicos primavera-verano, la romantización del pasado o la naturaleza, la dieta de la alcachofa... Al intentar sacarte de la manga una ucronía del mundo real es mucho más fácil meter estas cosas.
Qué nos convierte en personas
Ya no es sólo la propiocepción, sino el ser capaces de comunicarlo. Cada vez estoy más convencida de que un conocimiento adecuado del idioma es capital a la hora de articular el pensamiento. Tener nombres para las cosas, tiempos verbales para colocarlas... es imprescindible para saber quiénes y cómo somos, dónde estamos y qué queremos, para que no nos engañen. El tema me obsesiona bastante. Se resume otra vez en la tilde del "sólo": el adverbio es una palabra completamente distinta del adjetivo. Esa tilde se carga ambigüedades. Lo de qué se consigue "simplificando" el idioma ya lo contaba Orwell en 1984. 

Es mucha tela para 117 páginas, pero es precisamente ésa la gracia: no es una historia cerrada que aporte soluciones o puntos de vista absolutos. Es un tirar la piedra y esconder la mano, abrir melones de reflexión y pirarse silbando. Tengo la sensación de que va a cabrear a gente, de que va a haber lecturas anecdóticas y de que me estoy metiendo en un jardín, pero a estas alturas ya me da igual.


Post Scriptum: La magia de internet
Buscando enlaces para las películas que menciono en esta entrada he dado con la página de la Wikipedia de The Rescuers y, a través de ella, he encontrado esto:


La película está basada en una serie de libros de Margery Sharp que pasan a estar en el primer puesto de libros más buscados de una servidora. Mi sentido roedórico me dice que los libros van a tener una chicha extra que no sale en la película (sólo el argumento del primero ya le da en los hocicos a ambas películas) y me estoy preguntando dónde ha estado esta autora toda mi vida. Me hace una ilusión especial que Tailwhisper tenga una abuela literaria totalmente desconocida.
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Published on September 29, 2019 23:00

June 13, 2019

De niños, jóvenes y estupefacción

Llevo un tiempo preguntándome qué leches es la literatura juvenil.

Nunca me ha gustado la clasificación de libros por edades, ni siquiera cuando era pequeña. A estas alturas, ya escribiendo, me he dado cuenta de que cuando escribo "para niños" no estoy pensando en gente que lleva menos de x tiempo estando viva, sino en almas que combinan inocencia, capacidad de asombro y de fliparse y entrar en él sin reservas. Pienso en gente que quiere jugar y descubrir, tenga ocho años o cincuenta.



Así que me he dado cuenta de que no termino de entender bajo qué criterios se clasifica algo como literatura infantil o juvenil o qué. ¿Vocabulario, estructuras sintácticas? ¿Temática? ¿Proporción de ilustraciones? Asociar cualquiera de esas cosas con la edad del lector potencial me da cierta... Alergia. Repelús. Urg. Veo normal que los libros más sencillos en materia de sintaxis, vocabulario y tal sean más adecuados para gente que está aprendiendo a leer. Casualmente esa gente suele tener seis años (SUELE).

Haciendo una búsqueda así trapera en Google sobre definiciones, me encuentro profundamente insultada. Copio de la Wikipedia y ya cada uno que saque sus conclusiones.

Los temas tratados en la literatura juvenil no difieren en mucho de los de la literatura de adultos (amor, tragedia, guerra...) si bien se les da un tratamiento bastante más lineal tanto a estos como a los personajes, siendo estos últimos de poca variabilidad psicológica. Esta interiorización se minimiza dando mayor importancia a la acción que a la caracterización psicológica de los personajes. Asimismo, los personajes suelen ser creados para que el público lector pueda identificarse con ellos, especialmente los protagonistas. Sin embargo, algunos autores han señalado lo conveniente de que esta literatura, por su carácter de experiencia y la influencia que tiene en los lectores, ha de elegir cuidadosamente sus temas. En este sentido, se suele señalar como tema genérico la búsqueda de identidad del protagonista, a la vez que la identificación del lector con él.​

Vamos, "la literatura juvenil es p'a tontos". Mi yo de trece, de dieciséis años, me grita desde mi pasado que si esa gente se piensa que soy tonta. Así, en presente, sí. La idea de que por ser joven tienen que "masticarte" los temas, no sea que te atragantes, y te vamos a crear personajes molde, por si te falta un verano y no eres capaz de desarrollar un mínimo de empatía... IDOS A LA PORRA, QUE VAIS BIEN MANDADOS. Lo de que ha de elegir cuidadosamente sus temas... ¿Estamos hablando de censura, porque los niños y jóvenes no saben pensar y hay que "protegerlos"?

Sin embargo, me parece interesante lo de la búsqueda de identidad del protagonista. Eso sí puede tener algún sentido.

Cuidado, que me he dejado la mejor frase:

El objetivo de la literatura juvenil es el escapismo, la gratificación instantánea, la nostalgia y ser algo agradable y ameno para el lector.

Voy a respirar profundamente para no ponerme a estrangular gente de forma aleatoria y gratuita. ¿El de la literatura "adulta", entonces, cuál es? ¿Abonar el campo? ¿Calzar la pata de la silla? ¿De verdad buscan cosas diferentes adultos y jóvenes al leer? No confundamos tener o no núcleo con ser algo agradable y ameno para el lector.

Quizá lo que más me fastidia es que todo lo que es "para niños/jóvenes" se considera "menor" así en el subconsciente colectivo, porque también se considera a niños y jóvenes ciudadanos de segunda (que muchos derechos del menor, pero no los escucha ni dios). La gente crece y se le olvida lo que es ser niño o joven. Crean cosas para su idea de lo que es un niño o un joven, que suele coincidir con nociones de ausencia de criterio, de "pobrecitos que no saben" y de considerarlos, en general, imbéciles. Y lo que me da miedo es que esa condescendencia sobreprotectora haga efecto pigmalión y coarte el potencial que tiene la gente que lleva x tiempo viva, le cercene las oportunidades de ponerse a prueba, de que le gusten cosas que no son "para ellos".

¿Que hay truños publicados con la intención de que los lean los jóvenes? Sí. Pero la gran mayoría de lo que se escribe pensando en que lo lean jóvenes no es un truño. También hay toneladas de "literatura para adultos" con personajes planos, tramas simplonas, vocabulario sencillo y recursos literarios que se centran en el símil, la hipérbole y, con suerte, la metáfora. 

He decidido reflexionar sobre el asunto, porque estas definiciones no me convencen. Empiezo a sospechar que no existe la "literatura juvenil" como tal. O que, de existir, el término "juvenil" no quiere decir "dirigido a personas humanas que llevan x tiempo vivas". A lo mejor "iniciática", partiendo de lo de la búsqueda de identidad, me va pareciendo mejor. La literatura que ahonda, de forma primaria o secundaria, en ese descubrimiento del mundo o de uno mismo. Vamos, eso de la búsqueda de identidad un poco ampliado. A eso es a lo que pienso llamar literatura juvenil a partir de ahora.

Sospecho, de todas formas, que no deja de ser una de esas etiquetas que pone la gente para poder excluir a otra gente de Su Chozo y sentirse mejores que los demás. También pasa con la fantasía. Deben de sentir una inseguridad muy grande respecto a la invulnerabilidad de Su Chozo, ya sea como escritores o lectores. La pertenencia al grupo guay, una y otra vez. Como si el instituto no se acabase nunca. Qué ironía tan deliciosa que le pongan la connotación peyorativa, precisamente, la literatura juvenil.

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Published on June 13, 2019 00:41

January 10, 2019

La sexta historia de Kami

Imaginaos un páramo nevado eterno. Un frío tan penetrante que os paraliza. Las pocas fuerzas que os quedan las usáis para intentar salir de ese infierno en el que cada vez sentís menos, pero no hay forma de dejar atrás el frío, el silencio. Cuanto más tiempo pasa, más difícil es avanzar... Y empieza a dar igual, porque estáis dejando de sentir.

Las enfermedades mentales suelen funcionar así, sobre todo la depresión. Desde luego, uno no sale solo de ese desierto blanco donde no parece existir pasado ni, sobre todo, futuro. La prisa de Sika por encontrar a su familia y enseñarle el camino de vuelta a la vida, al tiempo presente, está plenamente justificada.



No es fácil el camino del cuidador, del familiar de un enfermo mental. Acompañar a un ser querido a través de ese vacío nevado implica que él también ha de meterse, al menos un poco, en la nieve. Entender, empatizar. Y eso es horrible. Desgasta, destroza, lleva a veces a pensar que no puedes hacer nada por quien quieres, que todo es inútil.

Ahí es donde entra Kami en esta historia: al acompañar a Sika, cuida al cuidador. Un cuidador solo tiene una cantidad de papeletas abrumadora para acabar quemado, agotado. Si Kami no mira atrás durante la travesía, con sus colas extendidas como un abanico, es para no ver ni dejarse embaucar por esa posibilidad de que salga todo mal; de que, en realidad, toda la energía que están poniendo en salir de allí no sirva. No es la perspectiva que saca a nadie del pozo.

Al final de la historia, aunque Kami haya desarrollado una sexta cola, parte de su pelaje se ha vuelto gris. No se sale indemne de una experiencia vital semejante. En el mejor de los casos, consigues ser más sabio; normalmente es un conocimiento muy poco agradable.

Romantizar algo así es pernicioso y horrible. Horrible. No puedo hacer el suficiente énfasis en lo venenoso que es decir "Pasar por x me hizo más fuerte". Nunca, jamás, agradezcáis las cosas malas que os pasan porque NUNCA son mejores que la alternativa. Obviamente hay gente que necesita pegarse un tortazo contra el suelo para adquirir perspectiva, pero lo deseable en ese caso es que adquiera la perspectiva sin caerse. El problema de la gente que no sabe ponerse en el lugar del otro es la falta de empatía, no de vara. Adquirir ese ponerse en el lugar del otro a base de vara no soluciona nada.

El volver del invierno a Nara, con sus otros ciervos y su atmósfera vivaz, es volver al presente, a la vida, a la compañía de sus semejantes, al cuidado posterior a la enfermedad. El cuidador también vuelve a los quehaceres que ha dejado de lado por cuidar de un ser querido. Comienza su año nuevo, puede seguir con su vida. La pausa, el invierno silente, termina por fin.


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Published on January 10, 2019 22:59

January 6, 2019

La cuarta historia de Kami

No se habla de la cuarta historia.

La cuarta historia de Kami es la historia que no se cuenta. Aprovechando la asociación tradicional del número cuatro con la mala suerte en Japón, la cuarta historia sirve para introducir el silencio narrativo en la historia y, con él, algo que se le suele olvidar a los adultos: las cosas que no se saben. 



¿Os acordáis? Cuando tenías cinco, siete, diez años y había cosas que no os contaban. Las respuestas evasivas, los cambios de tema. Según la familia, podían evitarse las conversaciones sobre sexo, muerte, asuntos del pasado o el presente que el niño "no va a entender". Todos hemos crecido asumiendo esos huecos como parte de la vida. Sabiendo que, en algún momento, el hueco se va a llenar.

Hay un hueco especialmente doloroso que termina llenándose siempre: el de la muerte. Es el hueco que, cuando se llena, lo hace precisamente de vacío. Por mucho incluso que te expliquen, no entiendes hasta que no te pasa. La marcha de un ser querido, el que te arrebaten una parte de tu vida dejándote sin respiración... Eso no se termina de entender en la teoría. El cielo o las estrellas no explican la ausencia, no sirven de consuelo. No hay palabras para expresarlos.

No se habla de la cuarta historia.

Precisamente es la pronunciación del número cuatro en japonés, muy similar a la de la palabra "muerte", la que ha llevado a que sea considerado de mala suerte. ¿Qué pasa, entonces, con la cuarta historia? ¿Dónde ha estado, qué le ha pasado a Kami? Quizá, por mucho que lo intentara, es una de esas cosa que Ezo, inocente y joven, no puede entender hasta que no la viva. Ezo asume ese hueco con naturalidad, en su juventud; nosotros, los adultos de la era de la información, estamos muy acostumbrados a obtener siempre respuestas, a que la ciencia nos dé una explicación para todo. La cuarta historia debe ser incómoda, dejarle al lector una sensación de vacío: ante lo que no se conoce, como se siente ante todos los momentos que dejas de poder vivir con las personas que fallecen, que nos arrebatan.

Vivimos como si no nos fuéramos a morir. Sabemos que es lo que nos aguarda a todos al acabar el camino, al final de nuestro viaje legendario por la vida, y lo ignoramos convenientemente precisamente para poder vivir la vida en su plenitud. La cuarta historia de Kami encapsula esta paradoja. Con un párrafo breve, sobre un fondo oscuro y ligeramente onminoso, Kami salta a la quinta histora, a hablarle a Ezo de amor, pasando a vuelpluma sobre la terrible certidumbre del final, como hacemos todos cada día. Habiendo una vida plena, llena de flores y color, regodearnos en la grisura del momento inevitable no parece tener sentido; quien no lo ha vivido no puede entenderlo del todo, quien ha pasado por ello desearía poder ahorrárselo a aquellos a los que ama. No, no hay forma de transmitirlo. No hay palabras.

No se habla de la cuarta historia.


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Published on January 06, 2019 23:34

December 15, 2018

La quinta historia de Kami

Se ha quedado un día estupendo para hablar de la quinta historia.

Es mi preferida, porque habla de amor. Creo que esto va a estar sembrado de spoilers de Kami y las nueve colas, así que seguid leyendo bajo vuestra responsabilidad. A continuación, una ilustración así enorme para evitar que nadie se trague ninguno por accidente.



¿Ya? Bueno, pues hablemos de amor.

Vamos a remontarnos un poco en el tiempo. Os recomiendo que repaséis esta entrada llamada Mono no Aware, en la que comento cómo Jesús despertó en mí la fascinación por la cultura nipona. Considero que una de las facetas imprescindibles del amor es compartir y compartir implica, obviamente, comunicación.

No es una idea nueva en mi obra. Ya en La suerte del Dios Hambriento queda bien claro:



Esta quinta historia crece sobre esta idea: el amor es comunicación. Nuestro pequeño cerezo está demasiado lejos del ciruelo como para hablar con él, y... Tampoco se atreve. ¿Y si el ciruelo no siente lo mismo? Al principio del relato, el cerezo prefiere la esperanza a arriesgarse a una certeza que puede que no le guste. Es el mismo fondo del no intentarlo del todo por si fracasas de Ezo del que hablábamos en la primera entrada sobre Kami.

No, no es casualidad que los personajes llamados Ezo y cerezo breguen con el mismo problema.

Kami se convierte, en esta historia, en el canal de comunicación entre el cerezo y el ciruelo. A través de la ardilla, crece su amor: crecen las ramas del uno hacia el otro hasta entrelazarse. Cuanto más se desarrolla este ramaje, más fácil le es a Kami saltar de uno al otro, mejor fluye la comunicación. Se crea, al final, un arco de ramas entretejidas, en el que juntos han creado algo precioso, sin perder ninguno el color de sus flores ni su identidad. Quienes se acercan a verlos comparten la alegría que produce esta belleza, porque al final donde hay amor hay un hechizo de área de gozo.



Valerme de árboles para hablar sobre amor tampoco es casual. Como los árboles no tienen gónadas, cualquiera puede ponerse en su corteza, sin importar cuántas X o Y lleven en la combinación de cromosomas ni lo que ponga en el DNI.

Y es que lo único realmente necesario para que el amor florezca así es la comunicación, el conocerse; compartir, crecer juntos. A mí, desde luego, me parece magia.

Bonus track: la base musical de esta historia y su inspiración directa es esta versión de la canción tradicional japonesa Sakura. Tomad magia.

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Published on December 15, 2018 03:43

November 28, 2018

Kami y las nueve colas

No sabéis el tiempo que llevo deseando poder escribir esta entrada.



Hace exactamente una semana se puso a la venta Kami y las nueve colas . Es un álbum ilustrado en el que la parte plástica corre al cargo de Zuzanna Celej y la edición es cosa de Pastel de Luna. La historia, obviamente, es mía.

Es un libro muy especial.

Permitidme que os deje aquí cómo empieza:


 He sido Ezo mucho tiempo. Todo aquel que se las ha visto con el síndrome del impostor sabe bien por qué Ezo se esconde y también reconocerá lo que pasa a continuación.



Aunque estemos hechos para volar, no podemos hacerlo con los ojos cerrados y las patas encogidas. Las consecuencias de intentar las cosas a medias (quizá, como una forma de protección: si lo intentas a medias y fracasas, siempre te queda el consuelo de no haberlo intentado "bien", de saber dónde está la causa del fracaso... El miedo a no conseguirlo después de haber puesto lo mejor de uno es un obstáculo enorme) pueden ser nefastas.


Así es como Ezo conoce a Kami: al caer sobre ella al intentar volar. Imaginaos envueltos en la vergüenza de haber caído sobre una ardilla y descubrir que tiene nueve colas. Sí, nueve colas. Como los kitsune. Kami no es un zorro, pero eso no importa. ¿Cómo se gana uno cada una de ellas? ¿Qué pasa en todo ese tiempo durante el cual uno se hace viejo y sabio para desarrollar esta última cualidad?



Eso es lo que se imagina y explora en este álbum. A través del Japón mítico y legendario, bebiendo de los cuentos tradicionales (La grulla tejedora), de supersticiones ancestrales (no se habla de la cuarta historia); explorando lugares emblemáticos (Nara, el monte Fuji, el santuario de Ise) y codeándose con criaturas sobrenaturales (la Yukionna, los siete dioses de la fortuna), Kami crece y aprende, en busca de la mano anónima que una vez le prestó ayuda.

La empatía, la compasión y la paciencia son las fortalezas de Kami, los vientos que guían su viaje en busca de su Ítaca particular, haciendo de su periplo uno largo, al final del cual haya dejado un mundo mejor que el que encontró al nacer. Detenerse para ayudar, para escuchar y para acompañar vertebra la aventura, una en la que no hay antagonistas ni enemigos malvados, en la que no hay que luchar contra quien quiere hacerte daño sino simplemente con los propios miedos, con la enfermedad, con los imprevistos... Quizá sea este el aspecto más mítico y legendario de toda la historia: en este viaje no hay que enfrentarse a la maldad, sino a las complicaciones que ya vienen con la vida, que no son pocas.



Explicitar todo esto a los primeros lectores no es necesario. Los más sensibles lo intuirán y lo verán claro al volver al libro, años despues. Los que se queden con las aventuras de la ardilla que no tiene miedo ni frío ni hambre quizá se sorprendan cuando regresen a sus páginas en el futuro, si es que regresan, cosa que no siempre es necesaria. Como mínimo, todos se llevarán una pincelada de mitología japonesa y un soplo lírico, un picorcillo de la emoción de viajar y una semillita de curiosidad.

Ya hablaré en profundidad de cada una de las historias; sobre todo, de la quinta (que habla de amor y es mi favorita) y de la sexta (la más oscura). También de cómo nació y qué la inspiró. Por ahora sólo quiero regodearme en el hecho de que esta historia ha llegado a las librerías y en que las ardillas míticas han comenzado su travesía sin miedo, ni frío. Hambre sí, seguro que tienen, pero eso se soluciona con mucho salmón.
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Published on November 28, 2018 08:23

August 4, 2018

Lo peor que le puede pasar a tu libro de ciencia ficción

Spoiler: lo peor que le puede pasar a tu libro de ciencia ficción es que alguien compre los derechos y lo convierta en una película de fantasía.
Imaginaos que dais con un libro de ciencia ficción infantil que está bien escrito, es coherente y además trasmite un mensaje agridulce (el mundo no está preparado para ciertos avances y reacciona con odio hacia lo que no entiende, principalmente, aunque toca otros palos al hilo de eso).

Queréis leerlo, lo sé. Os lo dejo aquí, recomendadísimo, tengáis ocho años o sesenta y tres.



Intentando no hacer muchos spoilers, va de ratas inteligentes y tecnología. Su mayor virtud para mi yo de diez años fue que los roedores no eran antropomórficos ni llevaban delantales ni camisetitas: eran roedores haciendo cosas de roedores, no imitando a los humanos ni reflejando un mundo humano en miniatura. Los problemas los resolvían con su cerebro y física elemental. Todo correcto.

Alguien tuvo la idea, supongo que al rebufo de las películas de ratones (Los Rescatadores, Fievel, Stuart Little y demás) de hacer una película con esto y convertirla en una película de ratones más, con delantales. Behold:



Antropomorfización y ropa humana: checkCambiar el nombre just because: checkEnhorabuena, chavales, hemos dejado nuestra huella y satisfecho nuestro ego

En fin. De un libro genial salió un truño infumable. Adaptar a otro medio es traducir y traducir empieza por entender en medio (o idioma) original. Si lo que has entendido del libro es "ratones" en lugar de "reflexión profunda sobre qué nos hace persona y lo cabezones que podemos ser los humanos", pues es lo que pasa: te llevas a tu película los ratones y en el hueco de las cosas que no has entendido metes lo que te sale del níspero.

Magia, por ejemplo.

Y estoy hablando de magia usada de la peor forma posible en una narración: igualan magia a deus ex machina , sacándose de la manga un medallón mágico que no estaba en el libro que es lo que soluciona el asunto al final. No el cerebro ni la física elemental ni todas esas cosas que transmitían el mensaje del libro, no.

En fin. Es el tipo de soluciones que denigran la fantasía y crean la idea extendida de que no es un género serio porque todo lo hizo un mago. Es el tipo de reacción ante el público infantil "adaptando" algo como si los niños fueran idiotas o se les pudiera colar cualquier truño. Es un exponente de tantos "esto es lo que NO se hace" que deberían enterrar todas las copias en algún desierto despoblado, como hicieron con el videojuego de E.T.

Así que sí, lo peor que le pueden hacer a tu libro de ciencia ficción es echarlo en el cubo donde churras y merinas son la misma cosa, nadie ve necesario salir de sus ideas preconcebidas sobre los géneros que considera menores y actúa en consecuencia y tampoco les importa el resultado final.

En cualquier caso, La señora Frisby y las ratas de Nimh es un libraco. Leedlo. Entregaos a la magia de verdad.
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Published on August 04, 2018 02:37

July 14, 2018

De crear personajes, Sam Gamyi y Captain Toad

He descubierto una forma nueva de visualizar la creación de personajes: los niveles de Captain Toad - Treasure Tracker.


 
Cada nivel es un puzle más o menos complejo. No puedes apreciar todos sus recovecos al primer vistazo: tienes que ir dando la vuelta, mirando bien, y aun así hay rincones que no se revelan hasta que has dado ciertos pasos previos. Todo en ellos tiene lógica.


Para que veáis un poco de lo que estoy hablando.
Me parece una forma fantástica de abordar la creación de un personaje, de elegir qué mostrar y qué no mostrar, pero sí tener en cuenta a la hora de presentarlo. Además, aplicar lo de las causas y consecuencias al diseño de personajes es fascinante: ¿cuáles son las palancas, cuáles los resortes de este personaje? ¿Qué pasa si se activan? ¿Cómo se activan?

Hay más. Cuando acabas un nivel, te aparece una hojita en la que se refleja si has encontrado todos los tesoros y si has hecho o no lo "especial" del nivel: encontrar un champiñón dorado, no recibir daño, lo que sea. Eso no se te dice al empezar el nivel. Es al terminarlo cuando descubres si sí lo has conseguido o no (y quieres volver al nivel a conseguirlo, por supuesto).

Aplicar esto bien hecho a crear personajes puede ser glorioso. Descubrir al final de un libro un detalle que explicite algo sobre un persoaje que puedes haber visto desde el principio o no, haciendo que desees analizar de nuevo la lectura e identificar esas piezas que encajan le otorga una capa extra de chicha a una novela o un relato.

Y Sam Gamyi hace eso.

Al releerme Lord of the Rings, le he estado prestando más atención a Sam. De todos los personajes de la novela, es el que me va pareciendo mejor construido, cada vez más. Quizá por ser un jardinero pedestre que se ha criado en la normalidad, como cualquier hijo de vecino y, sin embargo, es especial ya antes de empezar la acción.


Sam interaccionando con elfos por primera vez.Alan Lee sí que entiende a Tolkien.
Si le damos la vuelta a Sam un poco, como en un nivel de Captain Toad, y nos vamos a la parte de atrás del jardín de su alma, aparece desde el principio una lucidez hermosa y devastadora: desde el momeno en que se entera de que se va con Frodo, "a ver elfos y todo lo demás", y se echa a llorar. En el maremágnum de "qué chungo el enemigo, qué peligroso el anillo, ay madre" pasa ligeramente desapercibido ese detalle potentísimo, el de entender el precio de las cosas, el peaje de emprender un viaje donde maravilla y horror van a darse la mano y que lo va a cambiar todo. Se activa su palanca.

Y es precisamente esa lucidez la que le permite después rehacer su vida.

En una línea, Sam se revela. Hay más de esto a lo largo del libro, más comentarios sobre elfos y su fascinación por ellos. También resulta que el jardinero siembrapatatas es un pozo de curiosidad insaciable, que tiene inquietudes líricas y una vida interior (sus túneles, sus tesoros escondidos) tremenda, que probablemente tenga mucho que ver con la resilencia de mármol que presenta (el momento olifante, en el que conserva la capacidad de maravillarse y de identificar el momento único que está viviendo incluso en medio del brete en el que está, es una muestra de ella) y que definitivamente le permite no acabar con el síndrome de estrés postraumático que se come a Frodo.


Tú llegas al final del libro y Sam dice "Estoy en casa". Y de repente encaja todo. Porque "casa" no es la Comarca, nunca lo ha sido: es su cabeza y cómo la tiene amueblada. Es todo lo que ha vivido, todo lo que ha aprendido, sus inquietudes; es él mismo. Click. Puedes haberlo ido viendo a lo largo del libro; yo, en las primeras lecturas, me perdí eso. Es ahora ya mayor cuando identifico las piezas y puedo seguir exprimiendo el descubrimiento del personaje.

Y es que está maravillosamente construido, como un nivel de Captain Toad.
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Published on July 14, 2018 04:35

May 16, 2018

De Fe, poesía e indefensión

Esta entrada ha nacido a raíz de haber jugado a Fe, el videojuego desarrollado por Zoink para EA en el que te pones en la piel de un cachorrillo desconcertado. Tras el vídeo vais a encontrar spoilers a espuertas, así que si no sabéis nada del juego y queréis disfrutarlo, parad aquí. En serio. Sumergíos en él sin expectativas ni ideas preconcebidas y dejad que os cuente la pedazo de historia que cuenta. 

Este videojuego no tiene palabras.
Este videojuego consigue, a nivel narrativo, cosas que ya quisieran novelas enteras.
 Las imágenes han salido de la web oficial del juego.
Esto no es un análisis del juego como juego ni una review: esto es una reflexión al hilo de las experiencias que te hace vivir la vertiente narrativa del juego.

Fe y el desconcierto de estar vivo

Eres un cachorrito de una especie indeterminada. Te despiertas en mitad de un bosque. No hay nadie que te explique que llegas tarde a alguna parte, que tienes que ir a clase de algo, que a la tortuga le duele una pata, nada. No tienes indicaciones. Nadie te verbaliza un objetivo. Estás solo y estás en el bosque.

Descubres que puedes avanzar, saltar y soltar soñidos (no sé cómo definir la mezcla de sonido, gruñido y canción). Así que avanzas, porque es todo lo que puedes hacer. Te abruma la vastedad del bosque, donde parece difícil orientarse. Te preguntas qué haces aquí.

No sé vosotros, hijitos, pero esa es la sensación que tenía ante la vida con quince años.

Yo me dediqué a cantarle a cada cosa que me iba encontrando. A los árboles. A las piedras. A ese floripondio. Me sentía sola en el bosque. El floripondio, de repente, me contestó. (Me costó un poco, todo hay que decirlo). Me ayudó a salvar un obstáculo. Entonces, vi a otro bicho. Igual podía hacerse mi amiguito. Le canté, se asustó, lo seguí, le canté, me cantó y, por fin, conectamos.

Buah. Hacer el cabra por el bosque era más divertido. Encontramos otra clase de floripondio que pasaba de mí cuando le cantaba pero no de mi amiguito. Salvamos obstáculos y llegamos a un área brutal donde había una cosa rosa brillando a la que, obviamente, me acerqué. La "conseguí" y me permitió subir a los árboles, que es una de las cosas más divertidas que tiene este juego.

Estuve un rato explorando el área brutal. Un árbol enorme con un ojo presidía. Seguía sin saber cuál era mi misión allí, así que me dediqué a descubrir flores nuevas, a pegar saltos, a intentar subir a sitios, a preguntarme qué clase de seres me rodeaban... Jugué. Me hice amiga de otros bichos, una especie de nutrialagartos. Era un mundo bello y tranquilo.

Seguí a mi amiguito por un pasillo, emocionada por descubrir más mundo y ver qué más cosas podía hacer cuando adquiriese cosas rosas. Era una especie de subterráneo con setas luminosas; tuvimos que avanzar por caminos separados. Había flores a las que pedir ayuda para salvar obstáculos. Descubrí que cantándole a una pared salían dibujos: una especie de minion larguirucho. Nah, petroglifos sin importancia.

Entonces, me los encontré.

Ilusa de mí, fui a cantarles, a ver si podíamos ser amigos también. No. Me echaron una pringue asquerosa encima y, bueno, morí. Al volver a la pantalla, aprendí a esconderme. ¿Quiénes eran esos? ¿Por qué me echaban pringue? ¿Sería la piedra una advertencia? Fui avanzando, un poco acojonada por la sombra que acababa de caer sobre mi paraíso, y me reencontré con mi amiguito. Salimos de la cueva y...

Aparecieron los larguiruchos, le echaron pringue encima y se lo llevaron. A MI AMIGUITO. ¿Y si se lo comían? ¿A dónde se lo llevaban? ¿Cómo podía ayudarlo? Salvar a mi amiguito se convirtió en mi motivación. La desolación, el miedo... ¿Cómo salvarlo? Ah, ese era otro tema.

Sólo podía hacer una cosa: avanzar. Desconcertada, sin saber hacia dónde; sin saber qué quería el juego de mí. Quizá el objetivo del juego era el mismo que el mío, quizá no: resolví ir haciendo lo que fuera necesario para avanzar a ver si en algún momento podía dar con la respuesta.

Una vez más, viene a ser básicamente el planteamiento vital de muchos: ir resolviendo lo que se te pone por delante mientras intentas cumplir tus propios objetivos sin saber muy bien cómo hacerlo.



Fe y la falta de información

Una de las cosas que me transmitieron más angustia es la falta de información. Normalmente, cuando empiezas un juego y aparece tu antagonista, suele ir acompañado de un "es que soy malo"/"quiero casarme con Peach"/"Me he cargado a tu abuelo porque sabía demasiado"/"Mwahaha". Y tú sabes a qué atenerte, qué cojones pasa, o al menos sospechas por dónde van los tiros. Qué querían los larguiruchos y por qué estaban ahí sigue reconcomiéndome.

Aquí no tienes casi nada. Hay sólo dos fuentes de información: los petrogliflos (que interprétalos tú sin un manual de inconografía delante) y los "cascos". De vez en cuando te encuentras con un casco al que le cantas y suelta una piedra parecida a las que le cuelgan a algunos árboles. Al cogerla, te ves "dentro" de uno de ellos: sigo sin saber si son los recuerdos del dueño del casco, si te "conectas" con uno en tiempo real de alguna forma... La cuestión es que tienes casi un minuto de ver qué hacen, descontextualizado.

Ponte a sacar conclusiones de eso. Desarrollé todos tipo de teorías. Al acabar el juego, aunque algo queda medio claro, sigun sin responderse todas mis preguntas.

Y eso está bien. Casa con el juego y su no verbalidad. En cierto modo, induce a usar tanto la imaginación como el espíritu crítico: esto es lo que has visto dibujado. Esto es lo que has visto pasar. Esta es la información que hay. Deduce tú, piensa tú, interpreta tú.

Una vez más, es lo que acabas teniendo que hacer cuando estás vivo.



Fe y la piedad

Esto es un spoiler del final.

Llegué al final del juego tras haber superado desafíos que me parecían insalvables. Sin entender aún qué leches estaban pasando, pero también sin haber conseguido encontrar ni salvar a mi amiguito. M encontré una asamblea de larguiruchos que miraban un pedrusco flotante con una música brutal de fondo y que, de repente, ya no tenían interés en echarme pringue. Había uno "roto" al que estuve siguiendo, no sin dificultad; le daban como arranques.

Durante el juego, aunque te puedes hacer amiga de cachorritos como tú, no puedes conectar con bichos adultos hasta que te "enseñan" su canción, su idioma. Aprendes la de los pájaros, la de los cérvidos, la de los gusanutriagartos y demás, y vas pudiendo pedir a diferentes flores que te ayuden y tal. El momento en que has ayudado a unos bichos y te enseán su idioma es simplemente precioso.

Bueno, pues llega un momento al final en que deduje que tenía que cantarle a una flor para que pasase algo, pero se rompió el puente y no podía pasar. Al otro lado, junto a la flor, estaba el larguirucho roto. Obviamente, intenté cantarle (otra vez) a ver si esta vez sí podía hacerme amiga suya o algo. Para mi sorpresa, terminó de darle el alverete que le llevaba dando desde que lo encontré y se quitó el casco.

Era un bicho adulto de mi especie, o eso parecía.

Obviamente, le canté.

Conectamos, como cuando conectas y te regalan un idioma nuevo. Pero, esta vez, fui yo quien le entregó el idioma al bicho roto. Sentí que le estaba devolviendo su esencia, sospeché que lo que quiera que estuviese pasando estaba librando a animalitos de sus cascos, y el ex-larguirucho fue quien cantó a la flor, flor que arregló el pedrusco flotante y se acabó el problema de los larguiruchos echapringues.

Después, créditos. ¿Y mi amiguito?

Al acabar los créditos, como no se cerraba el juego, decidí que podía seguir triscando por el bosque felizmente y al entrar en otra área...

Había algo atrapado en una red de pringue. ¿Sería posible? Busqué el elemento que te permite romper las redes de pringue, la rompí y... Ahí estaba mi amiguito. Libre. Y yo ya entendía las mecánicas del bosque, tenía sospechas de cuál había sido mi papel en los "grandes acontecimientos" y ya podía explorar el mundo sin miedo a los larguiruchos, encontrar las cosas rosas que me faltaban...

Si eso no es crecer, que venga Thor y lo vea.
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Published on May 16, 2018 23:54