Una visita inesperada Quotes

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Una visita inesperada Una visita inesperada by Irenea Morales
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“Lo verdaderamente importante no es el destino, sino el camino.”
Irenea Morales, Una visita inesperada
“Lo que digo es que mi pecho se une al tuyo de tal modo que entre ambos hacen uno. Si dos corazones se juran amor, después ya no queda más que un corazón. Con que no me impidas que duerma a tu lado, pues con este enredo no te habré enredado.”
Irenea Morales, Una visita inesperada
“- Soy yo quien debería disculparse – reconoció Florence. Era incapaz de mirar a los ojos de aquel hombre mientras se dirigía a él. Ojos de color del mar Egeo. Ojos que la transportaban a noches de verano y a amaneceres con olor a sal -. He sido grosera.”
Irenea Morales, Una visita inesperada
“La sostuvo un momento entre las manos antes de abrirla y contemplar la joya que descansaba sobre el interior de seda roja: un reloj de oro para colgar de la solapa, cuyo broche esmaltado representaba una figura feérica con alas de mariposa: la reina Titania desplegando su brillante majestuosidad sobre los mortales. La tapa del reloj tenía dos lirios grabados en plata y un diamante bordeado de rubíes en el centro. Al abrirla, podía leerse una inscripción: “Si dos corazones se juran amor, después ya no queda más que un corazón”.”
Irenea Morales, Una visita inesperada
“O tal vez lo que le pasaba realmente era que se sentía sola. Tal vez se mentía a sí misma cuando decía que no necesitaba a nadie a su lado. Tal vez echaba de menos una caricia, unas palabras de ánimo, una conversación hasta altas horas de la madrugada…
Su matrimonio no podía haber estado más lejos de ser perfecto; sin embargo, a veces se le hacía duro pensar que no volvería a compartir su vida con nadie.”
Irenea Morales, Una visita inesperada
“Sin embargo, no mucho tiempo atrás descubrió que le resultaba harto saludable llorar durante algunos minutos en la soledad de su habitación. Era por eso por lo que, desnuda frente al espejo ovalado de nogal que reflejaba su cuerpo por completo, se permitió su dosis diaria de lágrimas. Solo un minuto. Con ese tiempo le bastaba para poner el contador a cero y deshacerse del molesto nudo que acostumbraba a anidar en su pecho.”
Irenea Morales, Una visita inesperada