Atikniti > Atikniti's Quotes

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  • #1
    Almudena Grandes
    “El miedo también excluye la dignidad, la generosidad, el sentido de la justicia, y llega incluso a perjudicar la inteligencia, porque altera la percepción de la realidad y alarga las sombras de todas las cosas. Las personas cobardes tienen miedo hasta de sí mismas,”
    Almudena Grandes

  • #2
    Almudena Grandes
    “—Hay que ser muy valiente para pedir ayuda, ¿sabes? Pero hay que ser todavía más valiente para aceptarla.”
    Almudena Grandes, Los besos en el pan

  • #3
    Almudena Grandes
    “Había sido demasiado amor, tanto como el que yo podía dar, más del que me convenía. Fue demasiado amor. Y luego, nada.”
    Almudena Grandes, Castillos de cartón
    tags: amor

  • #4
    Almudena Grandes
    “El mismo amor que nos hacía leales, que nos hacía mejores, lo estaba echando todo a perder”
    Almudena Grandes, Castillos de cartón
    tags: amor

  • #5
    Almudena Grandes
    “He vivido casi medio siglo, he pasado por tragos mucho peores, y he aprendido que sólo cuentan dos cosas. Una, y esto es lo más importante —se inclinó hacia delante y tomó mis manos para apretarlas entre las suyas—, que nadie te va a poder quitar en tu vida lo que has bailado ya. Y dos, que a pesar de las apariencias, no pasa nada. Nadie mata a nadie, nadie se suicida, nadie se muere de pena, y nadie llora más de tres días seguidos. A las dos semanas todos vuelven a engordar y a comer con apetito, te lo digo en serio. Si no fuera así, la vida se habría extinguido en este planeta hace varios milenios. Piénsalo y te darás cuenta de que tengo razón.”
    Almudena Grandes, Malena es un nombre de tango

  • #6
    Almudena Grandes
    “Recuerdo muy bien la emoción, la alegría que sentí al pisar el acelerador. Si ha habido alguna vez una mujer enamorada, ésa era yo. Si alguna vez he estado enamorada, fue entonces, el día que viajé desde la provincia de Cuenca hasta la de Castellón, conduciendo por carreteras secundarias con un Ford Fiesta rojo que se ahogaba en todas las cuestas y un corazón tan grande que no me cabía en el cuerpo.

    Era demasiado amor. Demasiado grande, demasiado complicado, demasiado confuso, y arriesgado, y fecundo, y doloroso. Tanto como yo podía dar, más del que me convenía. Por eso se rompió. No se agotó, no se acabó, no se murió, sólo se rompió, se vino abajo como una torre demasiado alta, como una apuesta demasiado alta, como una esperanza demasiado alta.”
    Almudena Grandes, Castillos de cartón

  • #7
    Almudena Grandes
    “Y estaba sola, me sentía sola, incapaz de hablar, que es quizás la peor forma de la soledad.”
    Almudena Grandes

  • #8
    Almudena Grandes
    “Cuando pasa algo malo, pero malo de verdad, por mucho que llores, lo peor no es llorar, que eso a veces está bien, porque te quedas nuevo, lo peor empieza cuando no puedes llorar más, y entonces te das cuenta de que la tristeza es algo sucio, como un grumo gris, espeso, una pelota de barro dentro de los pulmones, que pesa, y la notas al respirar, todo el tiempo.”
    Almudena Grandes

  • #9
    Almudena Grandes
    “–Quiero que me prometas algo –su voz se había vuelto repentinamente grave.

    Asentí con la cabeza–.

    –Quiero que me prometas que, pase lo que pase, recordarás siempre dos cosas. Dime que lo harás.

    Asentí nuevamente.

    –La primera es que el sexo y el amor no tienen nada que ver…

    –Eso ya me lo dijiste anoche–.

    –Bien. La segunda es que lo de anoche fue un acto de amor –me miró a los ojos con una intensidad especial–. ¿De acuerdo?

    Me paré a meditar unos segundos, pero fue inútil. No sabía qué quería decir con todo eso.

    –No te entiendo.

    –No importa, prométemelo.

    –Te lo prometo.”
    Almudena Grandes, Las edades de Lulú

  • #10
    Almudena Grandes
    “Hace treinta años los hijos heredaban la pobreza, pero también la dignidad de sus padres, una manera de ser pobres sin sentirse humillados, sin dejar de ser dignos ni de luchar por el futuro.”
    Almudena Grandes

  • #11
    Almudena Grandes
    “Estoy cansada de no saber dónde morirme. Ésa es la mayor tristeza del emigrado. ¿Qué tenemos nosotros que ver con los cementerios de los países donde vivimos? [...] ¿No comprendéis? Nosotros somos aquellos que miraron sus pensamientos uno por uno durante treinta años. Durante treinta años suspiramos por nuestro paraíso perdido, un paraíso nuestro, único, especial.”
    Almudena Grandes, El corazón helado

  • #12
    Almudena Grandes
    “La belleza es un monstruo, una deidad sangrienta a la que hay que aplacar con constantes sacrificios...”
    Almudena Grandes, Las edades de Lulú

  • #13
    Almudena Grandes
    “La autocompasión es una droga muy dura.”
    Almudena Grandes, Las edades de Lulú

  • #14
    Almudena Grandes
    “No hace tanto tiempo, en este mismo barrio, la felicidad era también una manera de resistir.”
    Almudena Grandes, Los besos en el pan

  • #15
    Almudena Grandes
    “Es de los demás de los que hay que tener miedo, de los que te dejan adivinar hacia qué lado están mirando. Ésos son los que siempre miran en la dirección contraria a la que tú te imaginas.”
    Almudena Grandes, Malena es un nombre de tango

  • #16
    Almudena Grandes
    “Esto es una ratonera. Cómoda, soleada, con vistas al mar, eso sí, pero una ratonera, quizás la mejor, y precisamente por eso, una de las peores.”
    Almudena Grandes, Malena es un nombre de tango

  • #17
    Almudena Grandes
    “Cuando empezaba a trabajar, ya estaba cansada, pero eso era una ventaja y no un inconveniente. La rutina de la casa, los niños, las reuniones de padres de alumnos, los disfraces de Navidad, de carnaval, de fin de curso, las citas con los tutores, el calendario de vacunaciones y todo lo demás, la agotaba de tal manera que los días laborables no se lo parecían tanto.”
    Almudena Grandes, Los besos en el pan

  • #18
    Almudena Grandes
    “María Gracia también está sola. También ha estado casada, tampoco ha tenido hijos, también la ha abandonado su pareja, tampoco ha encontrado otra, también ha vivido mejor, tampoco ha vivido nunca peor que ahora.”
    Almudena Grandes, Los besos en el pan

  • #19
    Almudena Grandes
    “Lo que diferencia al hombre del animal es que el hombre es un heredero y no un mero descendiente. José Ortega y Gasset”
    Almudena Grandes, El corazón helado

  • #20
    Almudena Grandes
    “Era demasiado amor. Demasiado grande, demasiado complicado, demasiado confuso, y arriesgado, y fecundo, y doloroso. Tanto como yo podía dar, más del que me convenía. Por eso se rompió. No se agotó, no se acabó, no se murió, sólo se rompió, se vino abajo como una torre demasiado alta, como una apuesta demasiado alta, como una esperanza demasiado alta.”
    Almudena Grandes, Castillos de cartón

  • #21
    Almudena Grandes
    “Pero los españoles, que durante muchos siglos supimos ser pobres con dignidad, nunca habíamos sabido ser dóciles.”
    Almudena Grandes, Los besos en el pan

  • #22
    Almudena Grandes
    “si fuera más joven no estaría tan preocupada, porque para crisis, las que he tenido que chuparme yo, hijo mío. Pero nosotros podíamos, nosotros éramos fuertes, estábamos acostumbrados a sufrir, a emigrar, a pelear, y sin embargo, ahora...”
    Almudena Grandes, Los besos en el pan

  • #23
    Almudena Grandes
    “La Historia inmortal hace cosas raras cuando se cruza con el amor de los cuerpos mortales.”
    Almudena Grandes

  • #24
    Almudena Grandes
    “Ella ya es inmortal, pero todavía está viva.”
    Almudena Grandes, Inés y la alegría

  • #25
    Almudena Grandes
    “Pasionaria no es como las demás mujeres, no puede serlo porque es mucho más que una mujer, es un icono, un símbolo, una imagen religiosa, asexuada y superior como los ángeles. Dolores es madre, sí, pero de todos, la Virgen María del proletariado internacional, concebida sin mancha, y sin mancha capaz de concebir los hijos de un dirigente comunista, un hombre oscuro, serio y honrado, sí, pero mediocre, mucho más torpe que ella, la sombra insignificante a la que nadie suele prestar atención.”
    Almudena Grandes, Inés y la alegría

  • #26
    Almudena Grandes
    “[...] el hospital donde llevaba más de treinta y seis horas luchando, primero por la República, luego por mi propia vida, la que estaba a punto de perder.”
    Almudena Grandes, Inés y la alegría

  • #27
    Almudena Grandes
    “La Historia inmortal hace cosas raras cuando se cruza con el amor de los cuerpos mortales. O quizás no, y es sólo que el amor de la carne no aflora a esa versión oficial de la historia que termina siendo la propia Historia, con una mayúscula severa, rigurosa, perfectamente equilibrada entre los ángulos rectos de todas sus esquinas, que apenas condesciende a contemplar los amores del espíritu, más elevados, sí, pero también mucho más pálidos, y por eso menos decisivos. Las barras de carmín no afloran a las páginas de los libros. Los profesores no las tienen en cuenta mientras combinan factores económicos, ideológicos, sociales, para delimitar marcos interdisciplinares y exactos, que carecen de casillas en las que clasificar un estremecimiento, una premonición, el grito silencioso de dos miradas que se cruzan, la piel erizada y la casualidad inconcebible de un encuentro que parece casual, a pesar de haber sido milimétricamente planeado en una o muchas noches en blanco. En los libros de Historia no caben unos ojos abiertos en la oscuridad, un cielo delimitado por las cuatro esquinas del techo de un dormitorio, ni el deseo cocinándose poco a poco, desbordando los márgenes de una fantasía agradable, una travesura intrascendente, una divertida inconveniencia, hasta llegar a hervir en la espesura metálica del plomo derretido, un líquido pesado que seca la boca, y arrasa la garganta, y comprime el estómago, y expande por fin las llamas de su imperio para encender una hoguera hasta en la última célula de un pobre cuerpo humano, mortal, desprevenido. Los amores del espíritu son más elevados, pero no aguantan ese tirón. Nada, nadie lo aguanta.”
    Almudena Grandes, Inés y la alegría

  • #28
    Almudena Grandes
    “—Yo me reí con él, al principio, pero acabé pensando igual que tu madre, presentí que eras una pequeña viciosa, una perdida potencial. La imagen se me quedó grabada en la cabeza, tú, desnuda, oliendo el camisón y repitiendo en voz baja, me ha cambiado el olor, aquella noche me masturbé con eso, fui construyendo una fantasía sólida, enloquecida, alrededor de esa imagen, una noche detrás de otra, me quedaba colgado de aquella imagen, tú escondiéndote por los rincones, despistando a todos tus hermanos y hermanas, para desnudarte y olerte, barriendo con la nariz la cama de tus padres para tocarte después, eras encantadora, claro que te imaginaba más mayor, cuando salí y te volví a ver, me asombré de que fueras todavía tan pequeña, pero ya había decidido que merecía la pena esperar, para intervenir en tu perdición, y esperé...

    Los ojos se me habían llenado de lágrimas.

    Como no quería que me viera, me di media vuelta, me arrebujé debajo de las sábanas y procuré no hacer ningún ruido.

    Fue inútil.

    Él se dio cuenta de todo, se acercó a mí, me abrazó, me besó en la frente y apagó la luz, para que pudiera llorar a gusto.”
    Almudena Grandes, Las edades de Lulú

  • #29
    Almudena Grandes
    “Sacudí los hombros hacia atrás, me erguí todo lo que pude, levanté la cabeza y dejé caer la mano izquierda sobre mi falda blanca, esparcida sobre el suelo. Trataba de adoptar una actitud sumisa y digna a la vez, mirando a Ely a los ojos, con el sexo de Pablo en la mano, los fantasmas se habían disipado, estaba segura de que nunca le habían gustado los hombres, le gustaba yo, mírame, es mío, hace lo que yo quiero, y yo le quiero, le hablaba en silencio pero él se negaba a mirarme, Pablo había desaparecido, ocurría a veces, nunca desaparecía completamente; una sola palabra suya habría bastado para trastocarlo todo, pero desaparecía, y yo seguía mirando a Ely y se lo repetía en silencio, mírame, hace lo que yo quiero, y sabía que no era exactamente así, aquello no era verdad, pero la verdad también desaparecía, y yo seguía pensando lo mismo, y era agradable, me sentía alguien, segura, en momentos como ése, era curioso, tomaba conciencia de mi auténtica relación con él cuando había alguien más delante, entonces él siempre me distinguía, y yo comprendía que estaba enamorado de mí, y lo encontraba justo, lógico, algo que casi nunca ocurría cuando estábamos solos, aunque él se comportara igual, porque yo recelaba siempre, le seguía encontrando demasiado hermoso, demasiado grande y sabio, demasiado para mí.
    Le amaba demasiado. Siempre le he amado demasiado, supongo.”
    Almudena Grandes, Las edades de Lulú

  • #30
    Almudena Grandes
    “Pablo volvió a reírse. Yo ya estaba harta de sonrisitas enigmáticas, harta de que me trataran como a un corderito blanco con un lazo rosa alrededor del cuello, harta de no controlar la situación. No es que no fuera capaz de imaginarme posibles desarrollos, es que los descartaba de antemano porque me parecían inverosímiles, inverosímil que él quisiera de verdad perder el tiempo conmigo, no entendía por qué insistía de hecho en perder el tiempo conmigo.”
    Almudena Grandes, Las edades de Lulú



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