“Respecto al voto femenino, el joven Churchill se confiesa profundamente machista, ya que sostiene que «las únicas mujeres que desean ansiosamente el voto son las de naturaleza más indeseable», a lo que aún añade: «Las mujeres que cumplen su deber para con el estado, a saber, casarse y traer hijos al mundo, ya cuentan con la adecuada representación de sus maridos», así que «pienso oponerme con toda determinación a este ridículo movimiento». Esta postura brotaba en parte del siguiente planteamiento: «Si da usted el voto a las mujeres, se verá en último término obligado a permitir que también ocupen escaños en el parlamento», con lo que será inevitable «que el poder acabe pasando íntegramente a sus manos».58 No son estos los puntos de vista que habrá de defender más tarde, y es preciso resaltar que contrajo matrimonio con una mujer que apoyaba el sufragio femenino.”
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Andrew Roberts,
Churchill: La biografía