“Dijo que el contorno de los objetos y las personas eran delicados, que se rompían como el hilo del algodón. Murmuró que para ella siempre había sido así, un objeto se desbordaba y llovía sobre otro, en un disolverse de materias heterogéneas, un confundirse y mezclarse. Exclamó que siempre había tenido que luchar para convencerse de que la vida tenía bordes sólidos, porque desde niña sabía que no era así —de ninguna manera era así—, y por ello no conseguía fiarse de su resistencia a golpes y empujones.”
―
Elena Ferrante,
The Story of the Lost Child