La ciudad y los perros Quotes

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La ciudad y los perros La ciudad y los perros by Mario Vargas Llosa
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“O comes o te comen, no hay más remedio.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“Los zorros del desierto de Sechura aúllan como demonios cuando llega la noche; ¿sabes por qué?: para quebrar el silencio que los aterroriza.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“Pero no olvide tampoco que lo primero que se aprende en el Ejército es a ser hombres. Los hombres fuman, se emborrachan, tiran contra, culean. Los cadetes saben que, si son descubiertos, se les expulsa. Ya han salido varios. Para hacerse hombre hay que correr riesgo, hay que ser audaz. Eso es el Ejército, Gamboa, no sólo la disciplina.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“Podía soportar la soledad y las humillaciones que conocía desde niño y sólo herían su espíritu: lo horrible era el encierro, esa gran soledad exterior que no elegía, que alguien le arrojaba encima como una camisa de fuerza.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“لە شەوێکی دڵگیر هیچ شتێک زۆرتر لە خوێندنی کتێبێکی باش مرۆڤ هێور ناکاتەوە، نە سەیرکردنی فیلم و نە گوێگرتن لە مۆسیقا. بخەوی و بخوێنی و بێخەیاڵی عالەم و ئادەم و دنیا بیت.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“Their curses were not aimed at any definite target: they swore at such abstractions as God, the Officers, the Mothers of Others, with more music than meaning.”
Mario Vargas Llosa, The Time of the Hero
“Mas don Rigoberto sabia que não havia outro remédio, tinha que se resignar e esperar. Provavelmente as únicas brigas do casal ao longo de todos os anos que estavam juntos foram causadas pelos atrasos de Lucrecia sempre que iam sair, para onde fosse, um cinema, um jantar, uma exposição, fazer compras, uma operação bancária, uma viagem. No começo, quando começaram a morar juntos, recém-casados, ele pensava que sua mulher demorava por mera inapetência e desprezo pela pontualidade. Tiveram discussões, desavenças, brigas por causa disso. Pouco a pouco, do Rigoberto, observando-a, refletindo, entendeu que esses atrasos da esposa na hora de sair para qualquer compromisso não eram uma coisa superficial, um desleixo de mulher orgulhosa. Obedeciam a algo mais profundo, um estado ontológico da alma, porque, sem que ela tivesse consciência do que lhe ocorria, toda vez que precisava sair de algum lugar, da sua própria casa, a de uma amiga que estava visitando, o restaurante onde acabara de jantar, era dominada por uma inquietação recôndita, uma insegurança, um medo obscuro, primitivo, de ter que ir embora, sair dali, mudar de lugar, e então inventava todo tipo de pretextos - pegar um lenço, trocar a bolsa, procurar as chaves, verificar se as janelas estavam bem fechadas, a televisão desligada, se o fogão não estava acesso ou o telefone fora do gancho -, qualquer coisa que atrasasse por alguns minutos ou segundos a pavorosa ação de partir.
Ela sempre foi assim? Quando era pequena também? Não se atreveu a perguntar. Mas já havia constatado que, com o passar dos anos, esse prurido, mania ou fatalidade se acentuava, a tal ponto que Rigoberto às vezes pensava, com um calafrio, que talvez chegasse o dia que Lucrecia, com a mesma benignidade do personagem de Melville, ia contrair a letargia ou indolência metafísica de Bartleby e decidir não mais sair da sua casa, quem sabe do seu quarto e até da sua cama. "Medo de abandonar o ser, de perder o ser, de ficar sem seu ser", pensou mais uma vez. Era o diagnóstico que havia chegado em relação aos atrasos da esposa.”
Mario Vargas Llosa, El héroe discreto
tags: atraso
“Sólo la libertad le interesaba ahora para manejar su soledad a su capricho, llevarla a un cine, encerrarse con ella en cualquier parte.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“Soñaba toda la semana con la salida, pero apenas entraba a su casa se sentía irritado: la abrumadora obsequiosidad de su madre era tan mortificante como el encierro.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“Ahora ella está de frente a él. De golpe, Alberto descubre que el rostro tantas veces evocado en el colegio estás últimas semanas tenía una firmeza que no asoma en el rostro que ve a su lado, el mismo que vio en el cine Metro, o tras esa puerta, cuando se despidieron, un rostro cohibido, unos ojos tímidos que se apartan de los suyos y se abren y cierran como tocados por el sol de verano.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“En Cierto modo, tenía derecho; todos en el colegio respetaban la venganza.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“Ha olvidado también el resto de aquella noche, la frialdad de las sábanas de ese lecho hostil, la soledad que trataba de disipar esforzando los ojos para arrancar a la oscuridad algún objeto, algún fulgor, y la angustia que hurgaba su espíritu como un laborioso clavo. ''Los zorros del desierto de Sechuran aúllan como demonios cuando llega la noche; ¿Sabes por qué? Para quebrar el silencio que los aterroriza'' había dicho una vez tía Adelina. Él tenía ganas de gritar para que la vida brotara en ese cuarto, donde todo parecía muerto.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“Ni en la guerra debe haber muertos inutiles. Usted me entiende, vaya al colegio y trate en el futuro de que la muerte del cadete Arana sirve para algo.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“Desde allí vio en un lento remolino, a su madre que saltaba de la cama y vio a su padre detenerla a medio camino y empujarla fácilmente hasta el lecho, y luego lo vio dar media vuelta y venir hacia él, vociferando, y se sintió en el aire, y, de pronto, estaba en su cuarto, a oscuras, y el hombre cuyo cuerpo resaltaba en la negrura le volvió a pegar e la cara,y todavía alcanzó a ver que el hombre se interponía entre él y su madre que cruzaba la puerta, la cogía de un brazo y la arrastraba como si fuera de trapo, y luego la puerta se cerró y él se hundió en una vertiginosa pesadilla”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“El amor es lo peor que hay. Uno anda hecho un idiota y ya no se preocupa de sí mismo. Las cosas cambian de significado y uno es capaz de hacer las peores locuras y de fregarse para siempre en un minuto. Quiero decir los hombres. Las mujeres, no, porque son muy mañosas, sólo se enamoran cuando les conviene. Si un hombre no les hace caso, se desenamoran y buscan a otro.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“—Cuatro —dijo el Jaguar.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“You can't make facts fit the rules, it is the other way round. The rules have to be adopted to fit the facts.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“«Los zorros del desierto de Sechura aúllan como demonios cuando llega la noche; ¿sabes por qué?: para quebrar el silencio que los aterroriza»,”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“We play the part of heroes because we’re cowards, the part of saints because we’re wicked: we play the killer’s role because we’re dying to murder our fellow man: we play at being because we’re liars from the moment we’re born. —JEAN-PAUL SARTRE”
Mario Vargas Llosa, The Time of the Hero
“Los trapos sucios se lavan en casa.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“But remember, the first thing you learn in the army is to be a man. And what do men do? They smoke, they drink, they gamble, they fuck. The cadets all know they get expelled of they're discovered. IF, Gamboa. We've already expelled quite a few. But the smart ones don't get caught. If they're going to be men, they have to take chances, they have to use their wits. That's the way the army is. Discipline isn't enough. You've got to have guts, and you've also got to have brains.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
tags: army
“Solo la libertad le interesaba ahora para manejar su soledad a su capricho.”
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros
“Don Rigoberto vio cómo, al paso de la carroza fúnebre, muchos transeúntes se hacían la señal de la cruz. «El miedo a morir», pensó.”
Mario Vargas Llosa, El héroe discreto
“la idea de que la civilización no era, no había sido nunca un movimiento, un estado de cosas general, un ambiente que abrazara al conjunto de la sociedad, sino diminutas ciudadelas levantadas a lo largo del tiempo y el espacio que resistían el asalto permanente de esa fuerza instintiva, violenta, obtusa, fea, destructora y bestial que dominaba el mundo”
Mario Vargas Llosa, El héroe discreto
“«En este país no se puede construir un espacio de civilización ni siquiera minúsculo»,”
Mario Vargas Llosa, El héroe discreto
“examinó en la penumbra del local las plateadas telarañas que caían del techo, las añosas estanterías con bolsitas de perejil, romero, culantro, menta, y las cajas con clavos, tornillos, granos, ojales, botones, entre estampas e imágenes de vírgenes, cristos, santos y santas, beatos y beatas, recortados de revistas y periódicos, algunas con velitas prendidas y otras con adornos que incluían rosarios, detentes y flores de cera y de papel.”
Mario Vargas Llosa, El héroe discreto
“«Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo.»”
Mario Vargas Llosa, El héroe discreto
“—Nos estamos metiendo en honduras —exclamó don Rigoberto—. No soy un ateo, un ateo es también un creyente. Cree que Dios no existe, ¿no es cierto? Soy un agnóstico, más bien, si es que soy algo. Alguien que se declara perplejo, incapaz de creer que Dios exista o que Dios no exista. —Ni chicha ni limonada —se rió Fonchito—. Es una manera muy cómoda de sacarle el bulto al problema, papá.”
Mario Vargas Llosa, El héroe discreto
“qué te ha servido este pequeño refugio de libros, grabados, discos, todas estas cosas bellas, refinadas, sutiles, inteligentes, coleccionadas con tanto afán creyendo que en este minúsculo espacio de civilización estarías defendido contra la incultura, la frivolidad, la estupidez y el vacío?».”
Mario Vargas Llosa, El héroe discreto
“La función del periodismo en este tiempo, o, por lo menos, en esta sociedad, no era informar, sino hacer desaparecer toda forma de discernimiento entre la mentira y la verdad, sustituir la realidad por una ficción en la que se manifestaba la oceánica masa de complejos, frustraciones, odios y traumas de un público roído por el resentimiento y la envidia. Otra prueba de que los pequeños espacios de civilización nunca prevalecerían sobre la inconmensurable barbarie.”
Mario Vargas Llosa, El héroe discreto

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