“—Georgiana, nunca ha existido sobre la tierra un animal más vanidoso y absurdo que tú. No tenías derecho a nacer, pues no sacas provecho de la vida. En lugar de vivir por, para y contigo misma, como debe hacerlo un ser razonable, solo buscas cargar en la fortaleza de otra persona tu propia debilidad. Si no encuentras a nadie dispuesto a cargar con una criatura tan gorda, débil e inútil, te lamentas de que te tratan mal y te dan de lado. Para ti, la existencia debe ser un cuadro de constantes cambios y emociones; si no, el mundo es un calabozo. Deben admirarte, deben cortejarte, deben lisonjearte, debes tener música, baile y sociedad; si no, languideces y te marchitas. ¿No tienes bastante sentido como para inventar un sistema que te haga independiente de todos los esfuerzos y todas las voluntades excepto los tuyos propios? Toma un día, divídelo en partes y asigna una tarea a cada parte. No dejes al azar ni un cuarto de hora, ni diez, ni cinco minutos; inclúyelos todos. Haz cada tarea a su vez, con método y regularidad rigurosa. El día habrá acabado casi antes de que te des cuenta de que ha empezado; y no le deberás a nadie el ayudarte a llenar un minuto; no necesitarás buscar la compañía de nadie, ni su conversación, su compasión ni su indulgencia; en pocas palabras, habrás vivido como debe hacerlo un ser independiente. Sigue mis consejos, los primeros y últimos que te voy a dar. Después, no necesitarás ni de mí ni de nadie, pase lo que pase. Desóyelos, continúa como hasta ahora, implorando, lamentándote y sin hacer nada, y sufrirás las consecuencias de tu necedad, por malas e insoportables que sean.”
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Charlotte Brontë,
Jane Eyre