Beyou Self > Beyou's Quotes

Showing 1-30 of 51
« previous 1
sort by

  • #1
    “Pregúntate entonces por qué siempre encuentras algo que hacer para no cumplir con lo que parece tu cometido. Primero fue el estudio y el encierro frente a lo que considerabas el exceso. Ahora crees que el trabajo y la vida sencilla es lo que quieres. Apenas llevas un poco de camino y ya sientes, de nuevo, que has encontrado tu razón de vivir. ¿No será otro atajo para huir de lo que no deseas cumplir?”
    Hans Müller, El príncipe que no quería salir de su castillo

  • #2
    “El príncipe no era consciente de que, si pensaba en pequeño, solo conseguiría algo pequeño. El Universo le ofrecía todo y él se conformaba con algo.”
    Hans Müller, El príncipe que no quería salir de su castillo

  • #3
    “¿Crees que la riqueza es mala? Si es así, tienes que saber que la riqueza no es mala ni buena en sí misma, simplemente es. [...] La experiencia me ha enseñado que uno se relaciona con la abundancia en función de lo que le haya pasado en la vida.”
    Hans Müller, El príncipe que no quería salir de su castillo

  • #4
    “—Y ahora que lo sabéis todo de mí, vos que sois tan rico, decidme: ¿en qué consiste la riqueza? —quiso saber Estanislao.

    —En tener todo lo que necesitas y te hace feliz —respondió Rosendo convencido, recordándole al príncipe las palabras que en su día le había dicho el primer ministro sobre la abundancia—. Pero sobre todo eres verdaderamente rico cuando además puedes compartir.”
    Hans Müller, El príncipe que no quería salir de su castillo

  • #5
    “A la mañana siguiente, antes de separarse, cada uno de los comerciantes quiso darle su consejo para encontrar la riqueza:
    —Trabajad —dijo Hermes.
    —Aprended de los que saben más que vos —añadió Miquele.
    —Sed generoso en el dar y egoísta en el pedir —afirmó Tomaso.
    —Luchad, esforzaos, no os rindáis. Levantaos si caéis —aseveró Rudolf.”
    Hans Müller, El príncipe que no quería salir de su castillo

  • #6
    “¿Buscas oro? ¿Buscas riqueza? —le espetó como si pudiera leer sus pensamientos—. Pierdes tu tiempo. Si crees que es un fin, como yo lo he creído por décadas, pierdes lo único que vale la pena. Pierdes lo único que el oro no puede comprar: la vida.

    Para su sorpresa, en una última transformación, el anciano se convirtió en un pobre hombre con un consejo para regalarle:
    —El oro es una herramienta. El cómo, el modo… ¿Para qué? Eso lo descubrirás tú. Hay quien cree que para comprar todo lo comprable, otros creen que para dominar el mundo o para crear las obras más preciosas de arte, como los palacios y las catedrales… Seguramente tú seas de los que cree que es para ayudar a otros, para hacer el bien.”
    Hans Müller, El príncipe que no quería salir de su castillo

  • #7
    “¿Te he hecho algo? No. ¿Por qué me tienes miedo entonces? No hay que asustarse de aquello que es diferente, solo darle una oportunidad.”
    Hans Müller, El príncipe que no quería salir de su castillo

  • #8
    “Renato lanzó un largo aullido. Aquel humano lo había tratado de menos, había herido su orgullo y había despreciado su generosidad. Ya se lo decía su padre, que no se fiara de las personas: «Al menos, de la mayoría. Sus prejuicios son tantos que llegan a ahogar su imaginación y a ensombrecer su inteligencia», aseguraba.”
    Hans Müller, El príncipe que no quería salir de su castillo

  • #9
    “—Hay dos listas: la de los amigos de la abundancia y la de los enemigos —dijo el príncipe despacio—. ¿Las leo?
    —¿A ti que te parece?
    —«Los amigos de la abundancia son la conciencia (qué hay en tu vida y como eso depende de ti), la alegría (que no se mendiga y se recibe porque se da), la paciencia (sabiendo que hay que vivir el presente sin sufrir por el pasado ni tener miedo del futuro), el agradecimiento y la generosidad».
    Renato asintió y completó su pensamiento:
    —Hay personas que se vuelven egoístas y no comparten su riqueza, pero pueden ser ricas o pobres, ¡no hay diferencia! Como tampoco la hay con los avaros. Los envidiosos siempre quieren más, pero tampoco tiene que ver con el oro. Quieren más oro, pero también más atención, tiempo, honores… ¡Cualquier cosa que crean que otros tienen!
    El príncipe Estanislao asintió y siguió leyendo:
    —¡Ahí están los enemigos de la abundancia que salen en la lista! —dijo sorprendido al escuchar al can—. «La avaricia, la envidia, el miedo, el odio y la soberbia».
    —La clave para tu búsqueda está dentro de ti, muchacho. —El príncipe Estanislao tuvo que darle la razón. ¡Parecía tan lógico!—. En realidad, solo nos esforzamos de verdad por aquello que nos gusta mucho, que sabemos que es bueno o importante para nosotros…”
    Hans Müller, El príncipe que no quería salir de su castillo

  • #10
    “[...] un gran sabio griego, Tales de Mileto, dijo que «lo más difícil del mundo es conocerse a uno mismo y lo más fácil, hablar mal de los demás», así que, aunque la verdad está en ti, no menosprecies las enseñanzas recibidas [...]”
    Hans Müller, El príncipe que no quería salir de su castillo

  • #11
    “«La abundancia y su contraria, la pobreza, están en nuestras creencias, pensamientos y emociones. ¡No están en nuestros bolsillos y armarios! Puedes vivir en la abundancia aunque no tengas nada material»”
    Hans Müller, El príncipe que no quería salir de su castillo

  • #12
    “—¿Te das cuenta de lo importantes que son tus palabras? ¿Cuántas veces te has dicho que no merecías el éxito o que la clave de ser feliz no era la abundancia?
    Al príncipe no le costó recordar que muchas veces en su vida se había manifestado así; tantas que le fue imposible contarlas.
    —Tus palabras crean pensamientos —insistió Renato—. Son un arma poderosa. ¡Utilízala para bien! Repítete que mereces lo mejor. De esa manera, lo creerás y, si lo crees de verdad, lo sentirás.”
    Hans Müller, El príncipe que no quería salir de su castillo

  • #13
    “—«No cambies el orden de la vida».
    —¿Y cuál es ese orden?
    El príncipe sonrió.
    —«Ser, hacer y tener». —Ahora fue Estanislao quien, emocionado, aleccionó al perro—: ¡Qué equivocado estaba! Cuando salí de mi reino, pensé que la abundancia era tener. Que debía hacer para tener. Viajar, conquistar, negociar, comprar, vender… para así tener palacios, joyas, telas, ganado. No había entendido nada. Ahora sé que lo primero es ser. Ser yo con mis dones, consciente de la abundancia que me rodea y de mi derecho a tenerla. Solo desde mi ser puedo hacer con sentido.”
    Hans Müller, El príncipe que no quería salir de su castillo

  • #14
    T. Kingfisher
    “Suele suceder que un grupo de gente resulta ser menos que la suma de sus partes.”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #15
    T. Kingfisher
    “—¿Maestro? —preguntó un Oliver muy pequeño, acunando la bolita húmeda y tibia de una cría de armadillo entre sus manos—. ¿Puedo hacerle una pregunta?
    —Siempre puedes preguntar —dijo el viejo mago—. De hecho, siempre deberías preguntar. ¡Las preguntas son lo que hace girar al mundo! Que yo tenga una respuesta o no es otro asunto.”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #16
    T. Kingfisher
    “—Quédate quieto —gruñó el armadillo.
    —Es que hay piedras en el suelo —murmuró Oliver.
    —Así es el suelo. Está hecho de piedras.
    No fue la primera vez que Oliver se preguntó si era buena idea que los animales familiares tuvieran el don de hablar.”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #17
    T. Kingfisher
    “El miedo podía provocar que las personas hicieran cosas crueles y tontas”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #18
    T. Kingfisher
    “¡Ay, caramba! ¿Por qué no pude haber sido uno de esos niños que siempre andan prendiéndole fuego a todo?”.
    No es que verdaderamente quisiera ser un niño de seis años muy perturbado, pero tener la capacidad de prenderle fuego a los Bryerly hubiera sido mucho más útil.”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #19
    T. Kingfisher
    “Se cubrió la cabeza con los brazos y pensó en su madre con mucha añoranza, cosa que sólo lo hacía sentir más infantil y desesperado. Un mago de verdad jamás estaría acurrucado en un canal, pensando en su mamá.
    (Al menos en esto, Oliver estaba muy equivocado: muchos magos a lo largo de la historia, algunos muy poderosos, se han llegado a ver acurrucados en canales y zanjas, encomendándose desesperadamente a sus madres. Pero suelen omitir esa parte en sus memorias).”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #20
    T. Kingfisher
    “—Eres un niño muy cínico —respondió Trebastion.
    —Pues tú construyes arpas con huesos de muertos —contestó Oliver.
    —Sí, pero no he permitido que eso opaque mi optimismo natural.”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #21
    T. Kingfisher
    “—Es un poco injusto haber mandado a un niño solo a la sierra, ¿no te parece?
    —No soy mucho menor que tú —contestó Oliver, molesto.
    —Sí, pero a mí sólo me piden que haga arpas que gritan, y eso en realidad no es peligroso.
    Oliver suspiró.
    —No sabían que habría ghules —dijo. No sabía bien por qué estaba defendiendo a los de su aldea, pero no podía darle a entender a Trebastion que eran un puñado de monstruos—. Y en realidad no me mandaron a hacerlo sino que estaban asustados, sólo eso.
    El armadillo se mantuvo en silencio.
    —Yo estoy asustado, todo el tiempo con miedo —dijo Trebastion—. Me aterra que el alcalde Stern vaya a aparecerse y a abrirme de arriba abajo y sacarme las vísceras como si yo fuera un pescado. Y no por eso hago que alguien se largue a conseguirme la lluvia.
    Oliver puso los ojos en blanco.
    —Sí, pero tú eres sólo una persona.
    Trebastion dio un traspiés en una raíz.
    —Seguro que eso tiene mucha lógica —dijo cuando recuperó el equilibrio—, pero creo que no entiendo qué tiene que ver.
    Oliver hizo una pausa. El armadillo levantó la cabeza y olfateó el aire.
    —Tú eres sólo una persona —explicó Oliver—, y yo soy sólo una persona. Pero los aldeanos eran treinta o cuarenta —trató de encontrar una buena manera de expresarlo para que Trebastion comprendiera—. Y se reunieron y entre ellos fueron atizándose el enojo y con eso fue más difícil pensar individualmente. Ninguno de ellos lo hubiera hecho por sí solo, a excepción de Harold, tal vez.
    Continuaron unos minutos en silencio, o al menos en el máximo de silencio posible con Trebastion.
    —Pero al final lo hicieron —observó Trebastion—. Quiero decir que sucedió.
    Oliver suspiró.
    —Sí, pero no lo estoy haciendo por todos ellos en conjunto, sino por cada uno por separado. Por Vezzo y Matty… y por todos. Nuestros vecinos —los podía ver a cada uno en su imaginación. Matty probablemente estaba llorando junto a sus pollos en ese momento. Vezzo podía estar incluso mirando hacia el oeste, con sus grandes manos apretadas a los costados de su cuerpo, pensando si Oliver estaría bien o no.
    —Suena muy complicado —dijo Trebastion.
    Oliver se encogió de hombros. Luego de unos momentos preguntó:
    —¿Conoces alguna vaca?
    —Me he topado con una o dos en la vida —concedió Trebastion—, cuernos, ubre… esas cosas.
    —Bien, pues son vacas y sólo eso, ¿cierto? Son importantes para sus dueños, pero son simplemente… vacas. Y cuando reúnes una buena cantidad y de repente se asustan y forman una estampida pueden llegar a derribarte. No es que tengan intención de hacerte daño, sino que están asustadas. Siguen siendo importantes para sus dueños. No porque te hayan hecho eso vas a rechazar a todas las vacas de ahí en adelante.
    —Sí, pero eso no te quita el hecho de que estés muerto —siguió Trebastion—, luego de que te pisotearon.
    Oliver suspiró.
    —Ajá —había pensado que la analogía de las vacas le ayudaría a Trebastion a entender, pero tal vez él comprendía mejor de lo que Oliver se imaginaba—. Sí, eso no te quita lo muerto.”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #22
    T. Kingfisher
    “Ojalá pudiera hacer que Oliver lo entendiera. Los grandes hechizos eran impactantes, claro, pero los pequeños podían resultar más adecuados para el propósito que tenían ante ellos. Sólo había que ver hasta dónde había llegado Oliver con el hechizo “para acá-para allá”. Pero no, era casi un niño y necesitaba demostrar su valía constantemente y… a decir verdad, la gente de su aldea tampoco ayudaba.
    “Te tratan como un bebé hasta que te necesitan, y entonces esperan que muevas cielo y tierra para llevarles la lluvia”, murmuró el armadillo para sí. Oliver había sido bastante comprensivo, sí, pero a él todavía le irritaba todo el asunto.”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #23
    T. Kingfisher
    “Pero es que eso es lo que sucede con los humanos… les gusta estar en compañía y apretujarse de a tres o cuatro en una madriguera si pueden, y luego apeñuscar sus madrigueras lo más cerca posible, como nidos de golondrinas. Si se mantiene a un humano en soledad durante mucho tiempo, empezará a comportarse de manera extraña y se verá triste.”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #24
    T. Kingfisher
    “—Hago conjuros con hierbas, más que nada.
    —Oh, hierbas —comentó el jefe, con el tono despectivo de las personas que no tienen idea de lo que son capaces de hacer las hierbas.
    (No es muy sensato decir algo así porque quienes sí las saben usar tal vez se ofendan, y entonces uno corre el riesgo de encontrar sus calcetines llenos de ortigas y su té con cáscara sagrada, que a pesar de ser una corteza de árbol es también un poderoso laxante).”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #25
    T. Kingfisher
    “[...] Pero supongamos que Harold hubiera asesinado a unas cuantas personas. Nadie en la aldea iba a quererlo creer. No querrían que alguien a quien conocían resultara ser un asesino. Harold defendería a gritos su inocencia, y todo el mundo lo respaldaría…
    … hasta cierto punto.
    Pero si Harold traspasara los límites y alguien lo pillara en el intento (supongamos que hiciera algo extremadamente sospechoso), el resto de los aldeanos se pondrían en su contra. El hecho de ser uno de los pilares de la comunidad no lo protegería para nada.
    Y lo cierto es que estarían mucho más molestos que si supieran desde un principio que era un asesino, porque se enojarían con ellos mismos por no haberlo frenado antes.
    —Creo —explicó Oliver con parsimonia— que están asustados. Son una especie de masa, ¿me entiendes? Siguen a Stern porque grita más fuerte, tal como la gente de mi aldea siguió a Harold, el molinero, cuando empezó a gritar que yo tenía que conseguir que volviera a llover —se recostó, cerrando los ojos. Dos multitudes, dos conjuntos de rostros asustados y molestos—… Esto ha llegado demasiado lejos. La mayoría no saben bien qué es lo que está pasando, y eso no les gusta. Si Stern llega mucho más allá, se darán cuenta de que es un monstruo. Pero si lo aceptan, tendrán que aceptar también que estaban equivocados desde un principio, y que habían estado ayudándole a un monstruo.”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #26
    T. Kingfisher
    “La luna tardó mucho en salir. Oliver alcanzó a dormitar un poco, cosa que lo asombró cuando se despertó (el armadillo estaba menos sorprendido. Según le había dicho su madre, los humanos ríen o lloran o se enfurecen cuando se les presiona demasiado y después, por lo general, caen profundamente dormidos. La madre del armadillo había sido una aguda observadora de la humanidad, incluso si sus ojos estaban apenas a medio palmo del nivel del suelo).”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #27
    T. Kingfisher
    “Oliver ya estaba de rodillas, pero bajó la cabeza, rebosante de sentimientos complejos que no sabía enfrentar. Cuando la bondad provenía de fantasmas asesinados y cerdos extraviados, y los adultos que se suponía que le ayudarían eran monstruos que bien podían hacerse pasar por hombres… ¿qué debía hacer él? Nada de eso estaba bien. Anhelaba que el mundo fuera diferente.”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #28
    T. Kingfisher
    “—Me encantaría que dejaras de hacer eso.
    —¿Dejar de hacer qué? Soy tu animal familiar, y mi oficio es saber qué tanta magia eres capaz de hacer.
    —Y entonces, ¿qué? ¿Crees que debería dejar de tratar de superarme? —Oliver sintió como si algo se estuviera quebrando y abriéndose en su pecho, algo vivo y rojo. Haber visto a Stern pegarle al pobre Trebastion lo había dejado sintiéndose impotente y furioso, y ahora el armadillo lo trataba con desprecio y toda esa furia se acumulaba buscando por dónde salir—. ¿Ésa es tu solución? ¿Que me contente con lo que puedo hacer y nunca trate de lograr algo mejor? ¿Que me contente con pasar el resto de mi vida como un insignificante mago menor?
    Fue levantando la voz a medida que hablaba, y se dio cuenta y la bajó, tanto que sus últimas palabras parecieron más bien un chillido ronco.
    El armadillo sencillamente lo miró. Sus ojillos de guijarros negros captaron un rayo de luz de las estrellas.
    —¿Cuántas palizas tiene que soportar Trebastion para contribuir con tu crecimiento personal? —preguntó calmadamente.”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #29
    T. Kingfisher
    “No había pensado en las implicaciones de sus actos. Tan sólo había actuado. “Y lo volvería a hacer. Claro que sí. Era un hombre malo. Era un asesino que sacrificó a su propia gente para salvarse del ghul”.
    No se sentía culpable por eso, como sí le había sucedido con Bill, o incluso con los hombres que el ghul había matado. Pero le seguía pareciendo que debía haber pensado antes de actuar. Sabía que podía matar gente. Sabía que ese hechizo podía ser una sentencia de muerte con los ghules merodeando por ahí. Y a pesar de todo no lo había pensado.
    “Debió haber un momento en que yo parara para pensar y darme cuenta de lo que estaba por hacer y tener en cuenta las consecuencias, ¿no es así?”.
    Los adultos siempre decían que uno debería detenerse y pensar en lo que estaba por hacer. Oliver no había pensado. No había tenido tiempo de pensar. Era la vida de un hombre la que dependía de ese hechizo, y él sabía que era la vida de un hombre y a pesar de todo no lo había pensado.
    “Si supieras que alguien podría morir si tú haces algo, ¿no deberías pensarlo bien antes? ¿Aunque fuera por un instante?”.
    “Funcionó”, contestó el armadillo en su mente.
    “¿Y qué tal si no hubiera funcionado?”.
    “¡Ay, estos humanos! Malo si sí, y malo si no… ¡Terrible!”.”
    T. Kingfisher, Minor Mage

  • #30
    T. Kingfisher
    “—Reina la confusión en tu mente —dijo al fin—. Tus ideas están enredadas como la lana sin cardar.
    “Ah, caramba”, oyó pensar al armadillo. “Si tenemos que esperar a que los pensamientos humanos se desenreden, podemos morirnos de viejos antes de que consigamos la lluvia”. No era de buena educación pensar semejante cosa, pero tampoco estaba muy equivocado.”
    T. Kingfisher, Minor Mage



Rss
« previous 1