“—Es un poco injusto haber mandado a un niño solo a la sierra, ¿no te parece?
—No soy mucho menor que tú —contestó Oliver, molesto.
—Sí, pero a mí sólo me piden que haga arpas que gritan, y eso en realidad no es peligroso.
Oliver suspiró.
—No sabían que habría ghules —dijo. No sabía bien por qué estaba defendiendo a los de su aldea, pero no podía darle a entender a Trebastion que eran un puñado de monstruos—. Y en realidad no me mandaron a hacerlo sino que estaban asustados, sólo eso.
El armadillo se mantuvo en silencio.
—Yo estoy asustado, todo el tiempo con miedo —dijo Trebastion—. Me aterra que el alcalde Stern vaya a aparecerse y a abrirme de arriba abajo y sacarme las vísceras como si yo fuera un pescado. Y no por eso hago que alguien se largue a conseguirme la lluvia.
Oliver puso los ojos en blanco.
—Sí, pero tú eres sólo una persona.
Trebastion dio un traspiés en una raíz.
—Seguro que eso tiene mucha lógica —dijo cuando recuperó el equilibrio—, pero creo que no entiendo qué tiene que ver.
Oliver hizo una pausa. El armadillo levantó la cabeza y olfateó el aire.
—Tú eres sólo una persona —explicó Oliver—, y yo soy sólo una persona. Pero los aldeanos eran treinta o cuarenta —trató de encontrar una buena manera de expresarlo para que Trebastion comprendiera—. Y se reunieron y entre ellos fueron atizándose el enojo y con eso fue más difícil pensar individualmente. Ninguno de ellos lo hubiera hecho por sí solo, a excepción de Harold, tal vez.
Continuaron unos minutos en silencio, o al menos en el máximo de silencio posible con Trebastion.
—Pero al final lo hicieron —observó Trebastion—. Quiero decir que sucedió.
Oliver suspiró.
—Sí, pero no lo estoy haciendo por todos ellos en conjunto, sino por cada uno por separado. Por Vezzo y Matty… y por todos. Nuestros vecinos —los podía ver a cada uno en su imaginación. Matty probablemente estaba llorando junto a sus pollos en ese momento. Vezzo podía estar incluso mirando hacia el oeste, con sus grandes manos apretadas a los costados de su cuerpo, pensando si Oliver estaría bien o no.
—Suena muy complicado —dijo Trebastion.
Oliver se encogió de hombros. Luego de unos momentos preguntó:
—¿Conoces alguna vaca?
—Me he topado con una o dos en la vida —concedió Trebastion—, cuernos, ubre… esas cosas.
—Bien, pues son vacas y sólo eso, ¿cierto? Son importantes para sus dueños, pero son simplemente… vacas. Y cuando reúnes una buena cantidad y de repente se asustan y forman una estampida pueden llegar a derribarte. No es que tengan intención de hacerte daño, sino que están asustadas. Siguen siendo importantes para sus dueños. No porque te hayan hecho eso vas a rechazar a todas las vacas de ahí en adelante.
—Sí, pero eso no te quita el hecho de que estés muerto —siguió Trebastion—, luego de que te pisotearon.
Oliver suspiró.
—Ajá —había pensado que la analogía de las vacas le ayudaría a Trebastion a entender, pero tal vez él comprendía mejor de lo que Oliver se imaginaba—. Sí, eso no te quita lo muerto.”
―
T. Kingfisher,
Minor Mage