“No podía oír su voz o sentir su tacto, pero su luz y su calor ardían en cada rincón de aquella casa y yo, con la fe de los que todavía pueden contar sus años con los dedos de las manos, creía que si cerraba los ojos y le hablaba, ella podría oírme desde donde estuviese. A veces, mi padre me escuchaba desde el comedor y lloraba a escondida.
Recuerdo que aquel alba de junio me desperté gritando. El corazón me batía en el pecho como si el alma quisiera abrirse camino y echar a correr escaleras abajo. Mi padre acudió azorado a mi habitación y me sostuvo en sus brazos, intentando calmarme.
–No puedo acordarme de su cara. No puedo acordarme de la cara de mamá– murmuré sin aliento.
Mi padre me abrazó con fuerza.
–No te preocupes, Daniel. Yo me acordaré por los dos.”
―
Carlos Ruiz Zafón,
The Shadow of the Wind