Iosi Havilio's Blog, page 3

July 15, 2014

Una realidad fantaseada


Lectura de La Serenidad por Alejandro Boverio para Espacio Murena.
Iosi Havilio, autor de Opendoor (Entropía, 2006) y Paraísos (Mondadori, 2012), sorprende con la aparición de La serenidad (Entropía, 2014), una novela lisérgica y alocada que contrasta con su producción anterior. .La nueva novela de Iosi Havilio expresa, de una manera difícil de encontrar en la literatura argentina actual, la conformidad del texto consigo mismo en tanto pura posibilidad. Lisérgica y alocada en su impulso, la serenidadparece ser aquello que queda siempre para después en la novela. Aquello que se busca alucinatoriamente pero que, en definitiva, no puede encontrarse más que en el paréntesis de una gran risotada que pone en cuestión su sentido: las citas, en el último apartado, del texto del filósofo de Friburgo que, graciosamente, le da el nombre a la novela.El serpenteo de la escritura toma como excusa algunos de los tópicos más gastados de la filosofía del último siglo para exponerlos, en una medida justa, al absurdo que corroe, en la novela, la idea misma de todo concepto, ya desde el título del primer capítulo: “De cómo El Protagonista rompió con Bárbara, se enredó en discusiones ontológicas y fue humillado por la presencia del Gran Otro”. Las mayúsculas que la filosofía supo reservar para conceptos que pretendían abordar una realidad ontológica mayor, aparecen aquí y allá, en solfa, para nombrar no sólo a El Protagonista o al Gran Otro −que al no tener nombres concretos representan una fábula que podría encarnar cada uno de nosotros−, sino también a “El Filósofo de Toda Una Generación”, “Pulgas Africanas”, “La Noche del Gran Cuento” y “El Hotel de las Putas de Siete Pesos”, entre tantos otros.En La serenidad, el arte de las enumeraciones caóticas y absurdas se ejercita con una gran destreza, como sucede en Borges o, en general, en la escritura de Wilcock. Y la literatura de Juan Rodolfo Wilcock resuena por más de un motivo. Si con esta novela Havilio toma distancia de su producción narrativa anterior, se acerca curiosamente al notable absurdo del autor de El caos, escritor marginal acaso por cultivar un género excéntrico dentro de la literatura argentina. Si nos rindiéramos a la necesidad de referir La serenidad a un género, plausible labor del crítico, difícilmente podríamos encuadrarla en uno novelístico, pero sí acaso en uno teatral: el género farsesco. Y, en ese sentido, también reverberan en la novela algunos trazos de la obra teatral de Roberto Arlt.Sin embargo, en La serenidad no hay una historia, o más bien es ella misma el deshilachamiento de toda historia a fuerza de saltos temporales y geográficos que, cobijados en un supuesto continuum (¿el del grotesco?) imponen un tiempo y un espacio propios: no el de la realidad, tampoco el de la pura fantasía, sino el de una realidad fantaseada. Esa dimensión que la novela abre, que no niega directamente la realidad, sino que exagera su desquicio contemporáneo, hace del título algo que la novela se encarga de encarnar: una ácida ironía.
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Published on July 15, 2014 12:33

July 2, 2014

Los restos de la civilización


Charla con Silvina Friera alrededor de La Serenidad (Página 12. 16/6/14)




NUEVO LIBRO
“El verdadero protagonista de esta novela es el lenguaje”La cuarta novela del escritor porteño es un extraño artefacto, tan teatral en sus excesos como barroco en su torrente lingüístico. En esta aventura narrativa, el autor pone en tela de juicio los modos de representación.  Por Silvina FrieraLas raíces están en el misterio. De la sonrisa inicial al desenlace con el discurso de Heidegger –“la creciente falta de pensamiento reside en un proceso que consume la médula misma del hombre contemporáneo: su huida antes de pensar”– intervenido por la lengua florida del Protagonista, que pronuncia el texto frente a una multitud de ratones. La serenidad (Entropía), la cuarta novela de Iosi Havilio, es un extraño artefacto, tan teatral en sus excesos como barroco en su torrente lingüístico. En esta aventura narrativa que pone en tela de juicio los modos de representación, el escritor no deserta. El puñado de imposibilidades y problemas que despuntaban en sus anteriores novelas, acaso en estado larvario, ahora son llevados al paroxismo. La anécdota dentro de la anécdota, para el héroe de esta ficción, sería su propio suicidio. “La reconstrucción es un anhelo imposible –se afirma hacia el final del libro–. El Protagonista deja la horizontalidad y se abalanza sobre el escritorio para dejar correr lo que queda de tinta: ‘el último soplo de un hábito decadente’. Desmenuza una biografía que nunca existió en el sentido estricto. Y, sin embargo, en el fondo del relato hay tensión, trama y personajes que, al igual que los extras y los decorados, cayeron en el atiborre. Sus frases fueron frívolas y sentimentalistas. Todas las decisiones estéticas le resultan impracticables. Se le ocurre una genialidad: resignar el papel principal y ver.”“Yo tengo una relación difícil con la palabra personaje, como la palabra trama y estructura”, confirma el escritor a Página/12. “Entiendo que existen, pero en el trabajo de la escritura, cuando esas palabras intervienen, termina notándose. Y el texto se va deshilachando. Uno de los tantos corrimientos que supone La serenidad es pensar qué es eso de un personaje. Y aparece, en mayúsculas, El Protagonista.”
–¿Cuál sería la diferencia entre protagonista y personaje?
–El personaje es una función que puede volverse carne. Y ése es el intento: pensar el personaje como una verdadera entidad, sin distancia.En Paraísos, tengo un personaje que se llama Eloísa y yo prefiero llamarla siempre Eloísa, no nombrarla como personaje. El Protagonista es el modo en que el narrador se nombra a sí mismo, así se sublima, pateando sus funciones de personaje. Esa es su aventura. Si me apurás, te diría que en ese movimiento cobra vida.La aventura narrativa se le escapa de las manos al Protagonista en un juego donde es héroe y antihéroe. “Yo pienso La serenidad como una descarga, como una reacción casi orgánica –reflexiona Havilio–. Hay un momento en que El Protagonista se pregunta: ¿y yo qué hago en todo esto? Yo me sumo a esa pregunta en términos literarios. La descarga se volvió un texto y apareció una posible estructura y cronología. Hay un rechazo y a la vez un homenaje a ciertas formas de representación. De hecho cuando vi la palabra ‘fin’ al cierre de la novela, me di cuenta de que debía ir ‘telón’. Yo creo que es un texto que está interpelado e inspirado por expresiones no necesariamente literarias, sino más bien musicales, teatrales, audiovisuales. Es un texto puesto en escena en la distribución, en la inclusión de imágenes. No sé si la palabra es homenaje, pero sí tiene cierto vínculo con la teatralidad. Incluso el uso del adjetivo es claramente teatral y no contemporáneo.”
–Sin embargo, hay ciertas marcas de contemporaneidad, como “los ringtones más tristes de la historia” que aparecen mencionados.
–De tan contemporáneo me sale esto (risas). El Protagonista es un pobre hombre que realmente está atrapado en un círculo de expresiones previsibles. Y le sale esta descarga, este desborde. Yo lo siento como un pedido de auxilio por fuera y por dentro. ¿Qué es esto de escribir?
–¿Y qué es?
–Hay un momento en que empecé a preguntarme por el oficio, eso que para mí era una palabra de viejos, cuando estaba terminando de escribir mi anterior novela, Paraísos. ¿Quién está escribiendo? ¿Yo, el oficio, el narrador? Se produjo un conflicto muy interesante que dio origen a esta reacción. Escribir tendría que ver con acercarse y asomarse al misterio del mundo. Y el oficio puede que atente, que domestique el misterio. Eso me dio cierto pavor. En algún momento escuché que pasé de “escritor joven” a “escritor establecido” en un chasquido. Esa palabra, “escritor establecido”, me llevó a preguntarme por la materia de la escritura. Y el verdadero protagonista de esta novela es el lenguaje.Sigue por acá
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Published on July 02, 2014 19:53

June 23, 2014

Paraísos marginales


Paraísos según Aviones desplumados (Rubén Arribas)

Le había perdido un poco la fe a Iosi Havilio tras Estocolmo,su segunda novela... Sin embargo, su buen hacer en el libro anterior, Open Door, me ha llevado en estos días a jugar el partido de desempate con Paraísos, su tercera y última novela (al menos de las publicadas en España). Por suerte, este autor argentino me ha ganado de calle y me ha dejado expectante para recibir la siguiente.
Paraísos (Caballo de Troya, 2013) es una suerte de microcosmos «armoniosamente desarticulado» donde cerca de una veintena de personajes deambulan por la vida sin saber muy bien hacia dónde van ni por qué en cada momento, sin hacerse grandes preguntas de por qué están aquí o para qué, pese a que casi siempre van de mal en peor. Son esa clase de gente que suele habitar en la marginalidad y que transita de manera algo caótica por la existencia, es decir, lejos de esa lógica ordenada y lineal que la sociedad nos propone como paradigma de la felicidad. La voz que nos habla de esas personas es la de una mujer algo insulsa, incapaz de cualquier atisbo de efusividad o dramatismo por terrible que sea lo que le sucede. Se le muere el marido en la primera página de la novela, la echan poco después de la casa donde vive con su hijo, emigra a la ciudad sin apenas ahorros, se ve incapaz de atender apropiadamente a su hijo, un buen día una amiga quiere involucrarla en el robo de unas joyas... Su vida es una sucesión de cosas espantosas, en general una más grande que la anterior; y, sin embargo, esta voz nos lo cuenta todo como si nada fuera con ella, como si encontrara cierta paz interior en ese sentimiento de ajenidad.

Esa suerte de extrañamiento es uno de sus hallazgos de la novela, pues termina generando un efecto inquietante, perturbador. De hecho, el gran protagonista de Paraísos es Simón, el hijo de la narradora, un personaje que apenas habla en las más de 300 páginas que componen la amalgama de extravíos de su madre. Como solo tiene 4 o 5 años, a poco que tengas cierta sensibilidad, te acuerdas tú más de él que su madre, quien parece olvidarlo en momentos cruciales: cuando cambia el cuarto de una pensión por un apartamento mugriento en un edificio tomado, cuando roba en el lugar donde trabaja, cuando se pincha un resto de la morfina que le inyecta a una vecina que tiene un cáncer terminal, cuando se pone de porros o alcohol hasta perder el sentido... Ya digo, con algo de humanidad alcanza para pensar cada pocas páginas: «Pobre pibe, qué va a ser de él».
El otro hallazgo literario es, precisamente, la relación entre madre e hijo, alejada por completo de los estereotipos «madre bohemia», «madre coraje» o «madre-todo-ternura». Esta es una madre que, por alguna difusa e inextricable razón, en vez de aislar a su hijo de los peligros y cuidarlo para que crezca sano y fuerte, lo expone sin querer a casi todos. En teoría, ella querría evitárselos; sin embargo, su caos mental —su falta de herramientas emocionales o intelectuales para enfrentarse con el mundo— es más fuerte y, de un modo u otro, contribuye a aumentar el desastre que parece envolverla. De hecho, impacta lo suyo que la persona que más tiempo pasa con Simón sea Herbert, un chico algo mayor que él, hijo de un narcotraficante que vive en la misma casa tomada y que cada tanto llega magullado porque su padre lo faja.
Pero, bueno, así de infernales son las leyes de estos paraísos marginales (literarios o no). Tal vez sea cierta esa frase de La fuerza del destino, la ópera de Verdi, que Havilio desliza justo en mitad del libro:«La vita è inferno all'infelice». Bien leída, esa sentencia resume qué viene a contarnos esta novela. La Tosca, Eloísa, Mercedes, Herbert, Sonia, Canetti, Benito, Iris, Axel y compañía no dejan de ser una panda de infelices cuyo infierno parece estar escrito de antemano. Y Simón y su madre, en particular, nos dan a entender que, de seguir por ese rumbo, ellos y quienes vengan detrás están predestinados a ser habitantes de paraísos similares.
*PD. Aquí se puede leer un fragmento de la novela y aquí una entrevista con el autor.


Actualización del 19/06/14: Hay nueva novela de Iosi Havilio; se llama La serenidad y, de momento, solo está publicada —intuyo— en la Argentina. Por aquí, una entrevista con el autor en Página 12; por acá, el blog de Havilio.
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Published on June 23, 2014 12:28

June 10, 2014

El sueño de la reconstrucción


Manuel Quaranta reseña La Serenidad para Vísperas

Eco, la más famosa de las ninfas que habitaban en el bosque –Oréades– era capaz de proferir frases de una belleza inconmensurable, esta facultad perturbaba a Hera, esposa celosa de Zeus, e instigadora –debido a sus temores– de un terrible castigo: Eco fue condenada a repetir indefinidamente la última palabra que expresaba cada persona, de este modo, quedaba para siempre trunca la posibilidad de establecer un diálogo con otro ser humano.La serenidad, título emblemático de la nouvelle de Iosi Havilio, parecería abrir una grieta profunda en la esperanza de construir una comunión lingüística entre las personas. El diálogo se encuentra, definitivamente, obturado: “El hermano mayor es incapaz de advertirle sobre el descontrol del lenguaje y traslada las fisuras del discurso por todos los lados de la cara”. Pero no sólo eso.La serenidad es un quiebre –¿es verdaderamente un quiebre o las problemáticas del escritor de Opendoor y Paraísos se repiten aunque de forma diferente?– con respecto a la producción anterior de Havilio, un lenguaje exuberante atraviesa casi todas las páginas hasta llegar a un paroxismo descomunal plasmado en frases tales como “…hierve la palabra en las cavidades textuales del protagonista y la ilación es un placer inevitable” o “…llorar, llorar, llorar, por los pobres, los muertos, los violentos, los degollados, los consumidores, los poetas, los locos, los militantes, llorar juntos por los benefactores, por los críticos y los mormones, llorar por las plantas que se van muriendo, llorar por nosotros, mucho, por nuestros parientes…y contemplarnos en el lago espejo desde el sillón roto, los pies mojados, chorreantes de pellejos, con el partido de ajedrez abandonado en lo mejor, para estirar el goce”; en este contexto cobra sentido la pintura expuesta en la tapa del libro, Les Oréades de William-Adolphe Bouguereau, en tanto cifra de lo que uno encontrará apenas comience a leer: proliferación incansable de palabras expuestas al sin sentido o a volver todo un engaño.Cada capítulo de la nouvelle de Havilio se presenta de idéntico modo que El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, por ejemplo, Segunda parte del libro de Cervantes: Capítulo LXXII. De cómo don Quijote y Sancho llegaron a su aldea; Capítulo LIX. Donde se cuenta del extraordinario suceso, que se puede tener por aventura, que le sucedió a don Quijote; Capítulo XXXII. Que trata de lo que sucedió en la venta a toda la cuadrilla de don Quijote.La serenidad: De cómo El Protagonista desembarcó en un suburbio, comió entre gitanos, subió una montaña, se perdió en el bosque y dio milagrosamente con el camino a casa; Donde se cuenta el escape en tren del Protagonista, las extrañas escenas que vivió durante el viaje y la manera en que recuperó un par de zapatillas tres décadas después.¿Por qué la filiación? Havilio vuelve a leer El Quijote. Lo da vuelta: promesas de aventuras o historias que se deshacen, una intertextualidad presente en cada resquicio que carcome la posibilidad de un conflicto principal, la magdalena de Proust en “Queso Fresco”: “La cara de La madre se vuelve nítida de a poco. Es una reconstrucción por capas finas…Esa mujer infinita que lo conoce desde la semilla […] El Protagonista hizo lo que tenía que hacer. El sabor de ese queso consagrado por el recuerdo”.La serenidad es también, como indica Damián Ríos, “el resultado de una feliz discusión de Havilio con los modos de novelar en el presente”, poniendo en cuestión todas las figuras representativas de la novela moderna: “El Protagonista deja correr lo que queda de tinta…el último soplo de un hábito decadente…Desmenuza Una Biografía que nunca existió en el sentido estricto. Y sin embargo, en el fondo del relato hay Tensión, Trama y Personajes que al igual que los Extras y los Decorados, cayeron en el atiborre. Todas las decisiones estéticas le resultan impracticables. Se le ocurre una genialidad: resignar el papel principal y ver si así…”.Si cabe alguna duda de que La serenidad es una novela sobre la novela, basta citar un pasaje, “El Protagonista se siente tentado a hablar de la pelambre que evita su propio suicidio, la anécdota dentro de la anécdota”, como esas muñecas rusas que guardan el secreto de una historia dentro de otra historia, pero ¿qué es lo que en realidad guardan si nada pasa dos veces de la misma manera?; en este sentido La serenidad es “el sueño de la reconstrucción” de una historia, de una vida, de una infancia, pero con plena conciencia de que “La reconstrucción es un anhelo imposible”.Por último, envalentonado en esta exuberancia verbal propongo un exceso interpretativo final: La serenidad es una novela sobre el lenguaje en la que se multiplican las referencias filosóficas, por ejemplo en el parágrafo “Discurso inaugural”, que cierra la nouvelle, habría una clara alusión a las famosas y polémicas palabras pronunciadas por Martin Heidegger al asumir el rectorado de la Universidad de Friburgo en 1933. Y aquí viene el exceso: Eco, en tanto prefijo significa ‘casa’, ‘morada’ o ‘ámbito vital’; Heidegger, a su vez, en Cartas sobre el Humanismo, escribió: “El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y poetas son los guardianes de esa morada”.*Nota: Iosi Havilio corrige mi exceso, “Discurso inaugural” remite a un discurso que Heidegger pronunció en su pueblo natal en el año 1955 titulado Serenidad: “La Serenidad para con las cosas y la apertura al misterio se pertenecen la una a la otra. Nos hacen posible residir en el mundo de un modo muy distinto. Nos prometen un nuevo suelo y fundamento sobre los que mantenernos y subsistir, estando en el mundo técnico pero al abrigo de su amenaza”.Iosi Havilio, La serenidad, Buenos Aires: Entropía, 2014, 146 pp. ISBN: 978-987-1768-15-8
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Published on June 10, 2014 07:53

May 13, 2014

Leones

La Serenidad (fragmento)
El Protagonista se había arriesgado desplazándose al centro de la avenida para admirar su obra desde el llano. Y hoy, como nunca, su Yo Pequeño de allá arriba se esmeraba, para congraciarse. Fue entonces que vio cómo en el aire infinitos aviones de distintos tamaños, colores y espesor formaron como por arte: Tres Leones (dos despiertos, uno dormitando).

Pero no Tres Leones al azar, elegidos en la jungla porque sí: Tres Leones con sentido, modelando sus melenas para darse a conocer, Tres Leones que lo nombraban guturalmente, entre rugidos Lo nombraban, Tres Leones que lo saludan con sonrisas, aunque el soñoliento lo haga a regañadientes; la boca se le cae tarde, no hay tiempo para el asombro, estos Tres Leones están más allá de la destreza, esas melenas existen, esos colmillos lustrados lo interpelan, conocen bien El Catálogo de Sus Virtudes, Defectos, Vicios, Callos, Horrores Semanales, Lo saben de memoria, Lo vieron mirar las estrellas estúpido como pocos, emocionarse con canciones cerca de fin de año, abrazarse con desconocidos en la playa, gozar en el reviente, decir barbaridades; lo saben tuerto, payaso, adorable y muerto, podrido de romanticismo; Tres Leones perseverantes, que llevan adentro toda su hermenéutica: La Nada, La Casi Nada y otra vez La Gran Nada: lo vieron broncearse las heridas en la plaza seca de los artesanos, llorar por los pasillos de un hospital de paro, plantarse insolente frente a Un Compositor y no salir airoso, saben que un perro de chicas bien le meó el hombro mientras tomaba sol y él no supo pronunciarse, jugó el juego de la naturaleza, estuvieron cerca suyo la tarde que estrelló un gato contra la pared porque no toleraba más esos maullidos dictados por su conciencia, con pala y escobilla recogieron sus restos la noche que dijo: ¡Ésta es mi debilidad...! Merodearon la manzana los días que pasó internado: la panza un hervidero de renacuajos en la sala más soleada del mundo: embarazo múltiple y psicológico. ¡Cuánto lujo en el ajuar del dolor! Y su primogénito, blanco y rojo, apéndice de inmaculada concepción, los mismos ojos, la misma naricita... hubiera querido ser madre de trillizos... y la madre de su padre y el padre de su madre... ¡Filipino por tres noches! Pero no lo juzgan ni lo desprecian, saben perdonar. ¿Cuántas veces lo vieron feliz? Verdaderamente feliz, pleno, satisfecho de todo. ¿Siete? ¿Once? ¿Treinta y seis? Las estadísticas varían al ritmo de los criterios. El cuadro se pone en movimiento. Estos Tres Leones que son su creación le muestran ahora sus fauces abiertas de par en par, los ojos dulces, pícaros, terriblemente cómplices como diciendo: Los trenes no pasan dos veces cargados con el mismo néctar...


La suite en The Buenos Aires Review http://www.buenosairesreview.org/es/2014/04/leones/  Trad. al inglés por Andrea Rosemberg http://www.buenosairesreview.org/2014/04/lions/
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Published on May 13, 2014 09:39

May 6, 2014

Ten years after

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Published on May 06, 2014 17:07

April 21, 2014

Serenidad!





Este libro de Iosi Havilio encierra una desbocada fábula del yo. El peregrinar de un héroe que, para escapar de las humillaciones del presente, se enfrenta a las transfiguraciones míticas de su pasado. Se puede leer La Serenidad como un radical mapeo de los distintos registros de lo subjetivo, con una prosa que alterna con naturalidad y desparpajo entre lo real, lo imaginario y lo simbólico. Un relato donde los personajes, empezando por El Protagonista, se transforman en categorías abstractas; las ideas adquieren dimensiones épicas, y el absurdo se revela como ese abismo donde se diluyen los límites entre la percepción y la palabra.

«La Serenidad es una aventura que dura un día y cincuenta años: los tiempos de la novela, desde Tolstoi y Joyce. El ritmo es trepidante; las escenas, bellamente ejecutadas; las descripciones, lujosas; el lenguaje, plástico y armonioso. La Serenidad es el resultado de una feliz discusión de Havilio con los modos de novelar en el presente.»

 Damián Ríos
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Published on April 21, 2014 11:46

April 7, 2014

The ultimate paradox


Paraísos reseñada para Three Percent por Andrea Reece


Paradises by cult Argentinian author Iosi Havilio is the continuation of his earlier novel, Open Door, and tells the story of our narrator, a young, unnamed Argentinian woman.The very first sentence in Paradises echoes the opening of Camus’sThe Outsider and prepares us for the struggles and alienation that are to follow: “Jamie died at the start of spring”. With this flat, factual statement, we enter the world and life of the narrator, both of which we very early begin to suspect carry on around her entirely without her agency.Jaime, the narrator’s partner and the father of her small son, has been killed by a hit-and-run driver in a freak accident while changing a tire at the side of the road. At his wake, she knows no one besides Jaime’s brother, Hector, and his family. She is acutely conscious of being an object of curiosity for many of the mourners and is unsure how to behave in the midst of all the strangers. Her memory of Jaime as she pays her last respects is oddly disconnected and remote:
“. . . that rough man I fell in love with unintentionally and with whom I fell out of love without realising it. I can still feel him jerking about on top of me, like an animal, impotent at times, insatiable at others.”
Life as a widow in their previously shared home in the rural village of Open Door—itself home to a lunatic asylum and standing smack bang in the middle of a large plot of land earmarked for a country club and golf course development—rapidly degenerates, an unrepaired leaky roof deteriorates and renders the house virtually uninhabitable, the water pump breaks, the telephone is cut off . . . until one day an eviction notice is served and the narrator and her son, Simón, find themselves in a taxi clutching a few possessions and heading for a new life in the city of Buenos Aires.Survival is the name of the game, but the two arrive in the city to find it flooding so bad that its inhabitants can only cross the street with the help of a rope to guide them through the rising floodwaters, scenes described by the narrator as a “rehearsal of apocalypse.” With difficulty, they find a cramped room in a seedy hotel and try to adjust to the sudden and bewildering acceleration of the pace of their lives in this utterly foreign city environment. The narrator reacts to the strangeness, as throughout the novel, by taking refuge in the visual and in her acute powers of observation of her surroundings that take in the tiniest detail—here she carefully lists all the items of food in the hotel fridge labeled with their owners’ name, and tries to imagine what the owner is like. She also has a sharp eye for interpreting the physiognomic and gestural signs that people tend to use to appraise others. Her first encounter is with Iris, a Romanian woman, native of Transylvania, who becomes her friend. Iris is described as a woman with
“. . . very blue, alarmed-looking eyes, a broad back, from rowing or swimming, a violently uneven fringe . . . She looks at me suspiciously, side-on, almost with contempt, wrinkling her nostrils as if I smell bad or she’s about to attack me.”
Iris kick-starts the narrator’s new life by pushing her into a job in the reptile house of the zoo where Iris herself works. None of the jobs that the narrator subsequently finds is the result of her own efforts. She is buffeted through a kaleidoscope of sights, smells, and sounds in this unfamiliar environment without seemingly controlling her life’s direction, as if caught in the eye of a tornado. A retinue of weird, marginal, or diseased characters parade across her field of vision and her only refuge from insanity seems to lie in her keen powers of description and her ability to encapsulate a character with a sometimes lacerating, sometimes wryly humorous, but always carefully aimed, simile. Here are a handful of her observations to whet the appetite:“The man is dark, thirty-something, with leathery, porous skin, his hair spiked up with gel like a porcupine. . . . As the minutes pass, I come to realise that his hairstyle is a perfect reduction of the other parts of his body, his small, nervous mouth, fidgety hands, which cross and uncross at least a hundred times during our meeting, strong shoulders, as if he lifts weights between sentences.”The security man at the zoo with the “fat, soft wart that lengthens his lip like a sleepy, sprawling beetle.”Tosca, a character with “a head that seems the size of two” who is “more than just fat, she’s pure, inflated volume.”“The boy with a cyclops head, index finger in his nostril.”“He’s one of those skinheads who shave to disguise premature balding, to seem harder or more virile.”The carnival of bizarre characters descends into the grotesque and the absurd when the narrator gets a job administering morphine to Tosca, a grossly overweight woman who is dying of cancer. The narrator’s environment takes on the nightmarish, ghoulish tinges of a 19th century travelling circus complete with outlandish characters or a hall of mirrors with its endlessly repeated series of misshapen reflections. Meanwhile, and not entirely surprising under the circumstances, the narrator’s sleeping world and waking fears are dominated by snakes, which she tries to obliviate by drawing endless sketches of the reptiles to deaden their symbolism and turn them into mere lines on paper. The reader is drawn into this powerful, and all too real, living nightmare. The narrator herself is conscious of her alienation and the absurdity of her surroundings, and finds the solution in passivity. Not the kind of passivity where one has lost control, but the kind of passivity that never had any control in the first place. Fatality is her answer to the big questions:
“Like everything, once the novelty has passed, things stop hurting or making you happy.”
And also to the small ones:
“Sounds good,” I say quite sincerely; the truth is, I can’t think of a better option.
It is no accident that, of all the characters, it is the narrator who has no name; she doesn’t have any use for one—she takes no active role in her destiny, she resigns herself to her fate, and submits to the bossiness of others; life for her is “just a question of luck” in which she chooses to “improvise and see what happens.”Halfway through the book, the narrator meets up with Eloísa, a former friend who first appeared in Open Door. A domineering, partying drug addict, Eloísa is someone the narrator would rather have kept in her past. The dominant/domineered relationship between the two women occupies a large part of the second half of the book and leads the narrator, again without her agency, toward another new, unplanned life, announced in the very last sentence.This sparkling novel is full of contradictions. The narrator lives on the outer limits of existence, at survival level. Yet strangely, this does not seem to concern her. However, her inner musings, through their biting, well-placed and often humorous observations of others (including animals, which she barely differentiates from humans) seem to put her on a higher intellectual plane than her social circumstances would appear to suggest. Havilio thus uses his narrator as a vehicle for a wider commentary on the human condition, which questions whether we are really as free as we think we are—what do we control and what controls us?The title of the novel is, of course, the ultimate paradox—the narrator’s surroundings are very far from being any kind of paradise, unless paradise can be limited to the snake in the Garden of Eden (and even then . . .). We only discover three-quarters of the way through the book that the title refers to paradise trees that are prevalent in Argentina, have toxic berries and whose bark is believed to supply the antidote to poisoning from the berries. Yet another paradox!And because I am a translator and believe that no translated work remains entirely that of the original author, but becomes a filter through which we see the original work, and indeed a piece of literature that must stand (or fall) in its own right, a word of praise for the brilliant Beth Fowler. She has produced a sparkling piece, with a grasp of tone, voice and register that captures the paradoxes between the narrator’s thoughtful and evaluative inner world and the rough-edged characters and dire circumstances that surround her. Slang is often particularly hard to translate in a believable way without either overusing the f-and c-words, or, conversely, without toning the whole lot down too much, but here it works wonderfully and there are even some inspired lexical choices. My favorite word in the entire book has got to be “carked,” as produced by Tosca, the cancer sufferer who receives the morphine injections:
“You thought I’d carked it, didn’t you? It’ll come, girl, it’ll come, you need to have a bit of patience.”
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Published on April 07, 2014 10:59

April 1, 2014

Falso presente

Reseña de Paraísos para micro-revista

Por  Nicolás Melini Paraísos. Iosi Havilio. Caballo de Troya. Madrid, 2013. 35o páginas, 22,90 €Ni siquiera sabemos su nombre. Su marido muere de pronto, atropellado, dejándola con un bebé pequeño, Simón. El hermano del marido, Jaime, se ocupa de los trámites. No parecen tener una buena relación ella y su cuñado, parece que éste nunca la considerara de la familia; ni él ni su mujer. La tratan con condescendencia. No volverán a verse después de la muerte del marido. Unos días después llega la orden de desalojo de la casa y la finca en la que viven ella y su hijo, que se encuentra en el campo, en un lugar llamado Open Door: hay una deuda y el propietario quiere recuperarla. Le ofrecen dinero, muy poco, para unos meses. No le queda más remedio que aceptar. Con su bebé a cuestas, deja la finca y se dirige a la ciudad, adonde llega el día de las inundaciones. Toma una habitación en un hotelucho regentado por una gallega. Allí conoce a una rumana, de Transilvania, Iris, que lleva 2 años en el país…Relato lineal,Paraísos, de Iosi Havilio (Buenos Aires, Argentina, 1974), comienza con un suceso catártico que mancha al personaje principal en adelante. A partir de ese momento lo que mantiene nuestro interés es su vulnerabilidad, la posibilidad de que caiga, así como aquellos momentos en los que descubrimos que es capaz de seguir adelante a pesar de todo. Se trata también, en cierto modo, de una novela episódica. El transcurrir natural, en términos realistas, de la historia (tanto como el transcurso del tiempo y las acciones en intensidad cotidiana), permite al lector viajar despacio de pequeño episodio en pequeño episodio. El mayor logro de la estructura de esta novela (una estructura que no se ve)es conseguir, mediante un argumento nimio, dejar sitio a algo que debe parecerse mucho a la vida.Lo excepcional de los personajes es su condición de gente corriente, como rara vez se encuentra esa condición expresada a través de la literatura.Al principio pensamos que esa mujer que protagoniza la historia va a ser menos capaz, que nada puede más que empeorar en su vida, pero no, se mantiene, sale a adelante sutilmente, flota sobre su propia vulnerabilidad, ni más ni menos que como cualquiera de nosotros en nuestras propias vidas. Gracias a Iris comienza a trabajar en un zoo. Ahí conoce a varios compañeros. Yessica, la compañera que debe formarla pero la trata mal. Canetti, “con doble T”, jefe de ordenanza que se le pega y le propone presentarle a una persona que necesita que le pongan inyecciones todos los días, la señora se llama Tosca y es una gorda inmensa con un tumor benigno en el cogote. Ella se da cuenta de que Canetti le hace el favor porque quiere salir con ella, y se zafa. Tosca le comenta que arriba de su piso hay uno libre y le dice que puede ocuparlo a cambio de los pinchazos. Se traslada allí con su hijo. Es un sitio muy particular, un edificio ocupado desde hace décadas, conocido como el Buti por uno que murió resistiendo un desalojo allí 10 años atrás…Novela escrita en un falso presente, presente histórico, de manera gélida, distante, contenida, acerada, que es la voz de la protagonista, el autor no incurre en frases buenas o demasiado literarias que no encajarían en la voz del personaje. Tampoco detiene su mirada en lo que no se detendría la suya. Parece cumplir el precepto de Hemingway, “escribe la historia, quita las frases buenas y mira a ver si todavía funciona”. El estilo, en su austeridad, resulta muy seductor. Expresa bien el dilema existencial de esta madre que de pronto pierde al hombre tosco del que se enamoró como “sin querer”, tardíamente, y, sola en el mundo, tiene que irse a la ciudad a buscarse la vida Se trata de un estilo que permite al lector vivir la historia, y no es sencillo lo que consigue IosiHavilio. Lo que podría parecer banal, no lo es en su caso, o, dicho de otro modo, lo banal no resulta nada banal escrito por este autor. Se interesa por todo aquello que no suele ser de interés para la literatura, algo que lo emparenta a muchos buenos cineastas contemporáneos, aquellos que depositan la mirada en sucesos de aparente baja intensidad dramática. En este sentido, Paraísos, de Iosi Havilio, resulta ser una novela rabiosamente contemporánea. Sin duda entre lo mejor que hemos leído últimamente.
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Published on April 01, 2014 09:29

March 29, 2014

Sretna sam

Opendoor (Edicije Božičević), traducida por Matija Janeš, en las mejores librerías de Zagreb, Croacia.



Glavna junakinja, mlada zaposlenica veterinarske klinike u Buenos Airesu, dobiva zadatak da u malom mjestu Open Door pregleda bolesna konja. Po povratku u grad biva svjedokom samoubojstva skokom s mosta, a njezina partnerica netragom nestaje. Put je vodi nazad u Open Door, mjesto koje nosi ime po klinici za psihičke bolesnike otvorena tipa i čiju povijest junakinja malo-pomalo otkriva. Život s vlasnikom konja, susret sa zavodljivom tinejdžerkom, odlasci u gradsku mrtvačnicu na identifikaciju tijela od kojih nijedno nije ono njezine nestale partnerice, predavanje užicima i otkrivanje života u ruralnoj sredini čine svakodnevicu ove antijunakinje koja svakom stranicom postaje sve začudnija. Majstorskim stilom, osjećajem za detalj, rečenicom nabijenom mirisima, zvukovima, okusima, čime se Havilio u svome prvijencu pokazuje kao vrstan pripovjedač, suptilno se brišu granice između sela i grada, tradicije i modernosti, zdravog i bolesnog, privatnog i javnog, stapajući se u jedinstvenu priču o potrazi za vlastitim mjestom pod suncem.    

Opendoor nije višeglasni roman, već niz samotnih pjesama u intimnu tonu. Priča za razmišljanje koju nećete brzo zaboraviti.                                                 El País 

Ljepotom detalja i sablasnom atmosferom Iosi Havilio daje očaravajući doprinos književnosti samotnjaka.                                                                                              Chloe Aridjis, autorica Knjige oblaka  

Opendoor je zbunjujuća, potresna i nadasve uzbudljiva knjiga. Hvalospjev potrazi za samoćom, kao i besmislenosti te potrage.                                                eleutherophobia.wordpress.com   

Dvosmislena priča koja graniči s crnom komedijom... Vješto i suptilno, roman upozorava na obmanu slobode na koju je nasjeo gotovo cijeli svijet.         
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Published on March 29, 2014 08:03

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Iosi Havilio
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