En la mente del mundo Quotes

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En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción by Juan Arnau
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“En toda mística subyace cierto nominalismo. En todo academicismo, una confianza desmedida en la razón. Sin embargo, ambos mantienen una dependencia de lo simbólico que no se da en la tercera vía, la de la percepción. Este libro habla de esa vía.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“Con el correr de los siglos, lo que empezó siendo una propedéutica trajo el sonriente progreso y se desató el interés industrial por las matemáticas. Rota la armonía entre razón y revelación, el positivismo encontraría en esta ciencia una eficaz palanca para mover el mundo. Aquella ciencia mística de los pitagóricos dejó de formar parte de la revelación del logos para convertirse en técnica. Con ella llegaron los tecnócratas y las falsas maneras de vivir, y se arrumbó la inteligencia de la vida.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“Con el correr de los siglos, lo que empezó siendo una propedéutica trajo el sonriente progreso y se desató el interés industrial por las matemáticas. Rota la armonía entre razón y revelación, el positivismo encontraría en esta ciencia una eficaz palanca para mover el mundo. Aquella ciencia mística de los pitagóricos dejó de formar parte de la revelación del logos para convertirse en técnica.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“La premisa de James era sencilla: el viaje de la conciencia es un viaje al interior. Algunos llaman mística a esta opción, aunque dicha palabra podría resultar desorientadora. Los místicos hablan del silencio y escriben demasiado. El éxtasis, para serlo, debe ser un hecho extraordinario. Nadie puede vivir perpetuamente en estado de éxtasis. Sería agotador. La economía misma del cuerpo vivo lo impide. De ahí que haya que encontrar una tercera vía, que es la que ensaya este libro. En lugar de sumergirnos en la vía abstracta (el orden cuantitativo de las cosas) o en la vía mística (la intensidad cualitativa), nos detendremos en la percepción misma, en el prodigio que hay en ella.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“Pero hay otra forma de contemplar el mundo: la de los empíricos radicales. Ya hemos mencionado a algunos, pero aquí debemos presentar a William James, padre de la psicología moderna. James, que desarrolló su carrera en la Universidad de Harvard,”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“En líneas generales, hay dos modos de contemplar el mundo. El primero, que Cicerón llama académico, busca la contemplación del orden y la proporción. Es esencialmente abstracto y cuantitativo. Ese tipo de contemplación da lugar a las ciencias, que se sirven de disciplinas abstractas como el álgebra o las geometrías no visuales. El mundo de hoy, dominado por el big data, convierte en dioses a los expertos en algoritmos. Quien domine la abstracción dominará el mundo. Pero la abstracción es ciega. Según la leyenda, el matemático Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“En este sentido, Leibniz recupera una idea que dinamita toda la filosofía crítica. Se puede resumir así: todo lo que afirmemos sobre la realidad es cierto, mientras que es falso todo lo que le neguemos. Da vértigo pensarlo. Este libro se dedica a ello.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“No hay culpables en la historia del pensamiento, sólo efectos. Pensamientos que decantan otros pensamientos, en un mundo hecho de pensamientos. Descartes, queriendo liberar al hombre, lo ató. Concibió el pensamiento y la extensión como mundos separados: esa manía de desmontar las cosas para conocerlas es cosa suya. Seguimos siendo ese niño que desmonta su trenecito para saber cómo funciona. Leibniz se dio cuenta de que con la mente ocurre algo parecido. Para estudiarla no sirve desmontarla; hay que ejercitarla, experimentar con ella. La mente forma una unidad indivisible, es aquello que no se puede desmontar. Carece de partes, si se la desmonta deja de funcionar. De ahí la enajenación, de ahí la depresión: mentes desmontadas. A la mente se la conoce meditando, imaginando, recordando, empatizando. La mente juega un importante papel en la construcción de la realidad. Es muy saludable la frase del Talmud: «No vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos».”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“En cada mónada se encuentra el universo entero, pero percibido desde un punto de vista particular. Una sensibilidad en evolución, cambiante. Que se afina o se obtura. Que se abre o se cierra. De nuevo el cuerpo vivo y su apertura esencial, eje alrededor del cual orbita este libro, que es una filosofía de la percepción y de la conciencia sensible.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“Eso nos lleva a un tema esencial de este libro. La identidad no es de este mundo, es de otro mundo, está fuera del mundo natural, dirán algunos filósofos indios. Borges también mostró que la personalidad era una transoñación, consentida por el engreimiento y el hábito. Decía Emerson que nadie convence a nadie de nada. Uno ha de convencerse por sí mismo, y para ello hace falta la inspiración. Las filosofías decimonónicas nos han dejado de inspirar. Por eso hay que buscar en las filosofías de la Antigüedad, pues en el origen siempre está la llave del porvenir. Leibniz lo sabía y por eso rescató una idea muy antigua a la que llamó mónada.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“Hasta ahora la física clásica exigía la distinción entre sujeto perceptor y objeto percibido. La existencia de ese corte era la condición del conocimiento. Lo que ocurre con la física moderna, nos dice Pauli, es que «la posición del corte es hasta cierto punto arbitraria y resulta de una elección determinada por condiciones de conveniencia, y, por tanto, de alguna manera, es libre». Bohr ya había incidido en este punto: «La actividad mental exige confrontar un contenido objetivo con un sujeto perceptor, pero el sujeto perceptor también pertenece a nuestro contenido mental». Pauli no duda en adentrarse en el berenjenal filosófico. El concepto de conciencia exige ese corte entre sujeto y objeto. Mientras que la existencia de ese corte es una necesidad lógica, su posición es arbitraria. Y cita al respecto la cosmovisión hindú, aunque sin entrar en demasiadas explicaciones: «La mentalidad occidental no puede aceptar semejante concepción de una conciencia suprapersonal sin un objeto correspondiente».”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“Un camino que puede ser igual de legítimo que cualquier otro (poético o filosófico) y cuya exactitud nos lleva al principio de correspondencia. Diferentes visiones del mundo pueden ser ciertas siempre y cuando se acepte que son complementarias. La llamada objetividad no es otra cosa que el consenso de los especialistas. Expertos que perciben, razonan y sienten.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“La tercera hipótesis se basa en los principios de complementariedad y correspondencia formulados por Niels Bohr. Según el primero, los métodos y los intereses con los que investigamos la realidad forman parte de esa misma realidad. No hay realidad al margen de ellos. Se trata de un principio fenomenológico (aunque Bohr nunca lo llamó así) que sostiene que la intencionalidad está entretejida con las cosas del mundo. Se puede matematizar la naturaleza y obrar de este modo el desencantamiento del mundo.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“El alma es otra cosa. El alma es ímpetu, pasión, vehemencia, ego, interés, energía vital. El alma es saṃsāra, como dirían los budistas. Un torbellino dentro de otro torbellino mayor, un vórtice en la furiosa corriente de un río. La energía del alma se puede transformar para vivificar el espíritu, reorientando la corriente de lo biológico a lo psíquico. Pues el espíritu no es omnipotente; al contrario, es frágil. Y en cuanto despierta, se ve rodeado de mundo, de pasiones, deseos, intereses, miedos. La magia de la vida consiste en eso. Cada ser vivo es el centro del universo y, al mismo tiempo, un horizonte de sucesos. Cada alma es un centro. Un centro que, como el caracol, llevamos a cuestas allá donde vayamos. Un centro espacial y temporal, desde el que se ve el pasado y el futuro.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“La distinción entre alma y espíritu es fundamental, porque lo que diferencia al ser humano del resto de los animales no es que sea vertebrado o racional, capaz de hacer inducciones o deducciones (las máquinas y los chimpancés también las hacen), ni siquiera que tenga alma (los animales y las plantas tienen memoria y voluntad). Lo que caracteriza al ser humano es que participa del espíritu, que es espíritu. ¿Y qué es eso del espíritu? Pues, esencialmente, tres cosas. En primer lugar, distancia, la posibilidad de objetivar. En segundo lugar, la capacidad de convertirlo todo en símbolo. Y, en tercer lugar, la posibilidad de ser consciente de sí mismo. Distancia, poder simbólico y conciencia: eso es el espíritu.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“La primera es la distinción entre espíritu y alma, o, dicho en términos más modernos, entre conciencia y mente (psique). Esta distinción nos permite establecer una segunda hipótesis de trabajo: la materia del mundo son la percepción y el deseo (no los átomos o cualquier tipo de elemento). El juego entre la percepción y el deseo hace que el mundo sea lo que es. Desde esta perspectiva, el espacio y el tiempo pasan a considerarse proyecciones de la percepción. El espacio de la vista, el tiempo del oído.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“La fenomenología sostiene que no hay cosas, sino fenómenos. Fenómenos que se le aparecen a la conciencia. Podemos decir que vemos u oímos cosas, pero no sabemos con certeza si están ahí fuera. Se trata más bien de fenómenos visuales o auditivos. Con los visuales, no percibimos por entero la supuesta cosa (si veo a un amigo, no veo su espalda o su corazón); con los auditivos, tampoco (al escuchar una frase o una canción, no entiendo su significado o su magia hasta que concluye; debo acompañarla en el tiempo). Es decir, que resulta más apropiado hablar de fenómenos que se me aparecen que de cosas, personas u objetos. Es más científico, más riguroso. Ése es el rigor de la fenomenología, mientras que la ciencia natural es descuidada. La llamada reducción fenomenológica consiste precisamente en eso. En poner entre paréntesis la cuestión de la existencia de las cosas.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“Hay ciertas preguntas que nunca encontrarán respuesta. Pero planteárselas sigue siendo estimulante. Que la filosofía sea más el ejercicio del cuestionar que una colección de respuestas es una de sus prerrogativas. Las ciencias también interrogan, pero basan su éxito en las respuestas. No así la filosofía, que ve cumplido su propósito en la pregunta misma.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción
“En la cosmovisión india, la conciencia no es una propiedad de la materia, sino el origen y la raíz de todo fenómeno. La conciencia es el ámbito donde las cosas se dan originariamente. ¿Caemos de nuevo en el subjetivismo? En absoluto. Ya hemos dicho que el paso de la actitud natural a la fenomenológica no implica negar la existencia de las cosas, sino sólo cambiar de perspectiva. Para que algo sea real debe ser antes un fenómeno (en el ámbito de la conciencia). Cualquier cosa del mundo en la que creamos puede ser cierta o falsa, pero lo que resulta indiscutible, lo que está fuera de toda duda, lo que no puede no ser, es la conciencia. Que el mundo esté hecho de mente no quiere decir, por supuesto, que sea una creación de nuestra mente. Vivimos en la mente del mundo, participamos de ella. Por eso somos, al mismo tiempo, mente y mundo. Y cuando abrimos los ojos no podemos elegir lo que vemos.”
Juan Arnau, En la mente del mundo: La aventura del deseo y la percepción