Personas decentes Quotes

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Personas decentes (Mario Conde, #10) Personas decentes by Leonardo Padura
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“la verdad tiene exigencias que pueden ser hasta dolorosas, aunque liberadoras.”
Leonardo Padura, Personas decentes
“el pasado nunca termina. Ni siquiera con la muerte.”
Leonardo Padura, Personas decentes
“«Pasarás por mi vida sin saber que pasaste»...”
Leonardo Padura, Personas decentes
“de las promesas que se hicieron polvo en el viento”
Leonardo Padura, Personas decentes
“la fe mueve montañas. ¿Y el dinero? Pues parece que puede desplazar cordilleras,”
Leonardo Padura, Personas decentes
“Porque robarle al Estado no te convierte en ladrón. Así funcionaban los códigos éticos del país:”
Leonardo Padura, Personas decentes
“hay gente a la que no le interesa que cambie nada, porque si algo cambia, los pueden cambiar a ellos.”
Leonardo Padura, Personas decentes
“dieron en 1972. El dueño original se murió, el resto”
Leonardo Padura, Personas decentes
“Los caminos de la literatura y la vida tienen la caprichosa tentación de cruzarse y, con sus fricciones, desnudar esencias inquietantes, a veces reveladoras”
Leonardo Padura, Personas decentes
“Conde procuraba imaginarse cómo se puede sentir un individuo, más si es una persona sensible, tal vez débil, cuando le cae encima todo el peso de un poder absoluto dispuesto a aplastarte, molerte, pulverizarte, atomizarte, borrarte en fin. Y, peor aún, sentir que vives bajo una presión sin fecha de caducidad, per secula seculorum, como la calificó Sandalio Poblet.”
Leonardo Padura, Personas decentes
“ejercer el poder sobre los demás es como descargar adrenalina o meterte una raya de coca: te eleva, te libera, te da la satisfacción de sentirte superior.”
Leonardo Padura, Personas decentes
“«Si estás deprimido, estás viviendo en el pasado. Si estás ansioso, estás viviendo en el futuro. Si estás en paz, estás viviendo en el presente».”
Leonardo Padura, Personas decentes
“cinismo ha derivado en modo de vida —y no decir lo que en realidad se piensa, en una práctica acendrada”
Leonardo Padura, Personas decentes
“Había olvidado muchas otras cosas de una vida que se iba haciendo aterradoramente larga, y sabía que ciertas desmemorias funcionan como una estrategia de supervivencia: se imponía soltar lastre para mantenerse a flote y no encallarse en los rencores, los conteos de ilusiones truncadas, la evocación urticante de promesas alguna vez creídas y tantísimas veces incumplidas. Hasta un tipo como él, un empecinado recordador, casi un memorioso capaz de recordarlo todo, debía permitirle a su conciencia practicar ciertos barridos, limpiezas anímicas y psicológicamente higiénicas, para tratar de impedir que la carga de remembranzas lo enterrase en el cieno de las inquinas y las frustraciones. Sobre todo, para no pensar que otra vida habría sido posible, y, la vivida, un error, matizado con culpas propias e imposiciones ajenas.”
Leonardo Padura, Personas decentes
“El fundamentalismo es una infección muy difícil de curar. Es como las epidemias que se hacen endémicas...”
Leonardo Padura, Personas decentes
“Quevedo se dedicó por años a destruir vidas y proyectos, a envenenar la tierra de la creación arrojándole sal, a quemar herejes en sus hogueras políticas, mientras empujaba una poesía, un teatro, unas artes plásticas de emergencia, casi siempre oportunistas y lamentables, pretendida o presuntamente proletarias, que se aupaban como el arte revolucionario de la Revolución, en y para la Revolución. Como lo pedían los discursos, como lo estipulaban los documentos, como lo reclamaba la filosofía en práctica.”
Leonardo Padura, Personas decentes
“Aquel retorcido fue el perro de presa, el abanderado de la pureza ideológica, al que las autoridades del país le habían conferido el arbitrio absoluto de decidir los destinos de los habitantes de la República de las Artes cubanas.”
Leonardo Padura, Personas decentes
“El día de su gran encuentro con Motivito, Mario Conde tendría ocho, nueve años, y por tanto debían de andar por 1964, el insigne Año de la Economía. ¡Qué gracioso! El año”
Leonardo Padura, Personas decentes
“Hasta un tipo como él, un empecinado recordador, casi un memorioso capaz de recordarlo todo, debía permitirle a su conciencia practicar ciertos barridos, limpiezas anímicas y psicológicamente higiénicas, para tratar de impedir que la carga de remembranzas lo enterrase en el cieno de las inquinas y las frustraciones. Sobre todo, para no pensar que otra vida habría sido posible, y, la vivida, un error, matizado con culpas propias e imposiciones ajenas.”
Leonardo Padura, Personas decentes
“refugiado en el rincón iluminado de la memoria donde se alojan las muescas de las iniciaciones: la amorosa, la literaria, la del miedo y la de la primera gran decepción. Y la de Dios, para quienes la tienen.”
Leonardo Padura, Personas decentes