Una Soledad Volcánica. Cartas desde Galápagos. Quotes
Una Soledad Volcánica. Cartas desde Galápagos.
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Efrain Jara Idrovo3 ratings, 4.00 average rating, 0 reviews
Una Soledad Volcánica. Cartas desde Galápagos. Quotes
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“¡Sólo el perfil cetrino de las islas e islotes volcánicos, destacándose en el azul implacable del ámbito marino; la luz violenta y la soledad que hacen fulgurar las rocas; la mansedumbre inverosímil de los animales, la desolación y la catástrofe, patentes donde el ojo se deslice, que impregnan al alma con un polvillo sutil de tortura y sobrecogimiento!!”
― Una Soledad Volcánica. Cartas desde Galápagos.
― Una Soledad Volcánica. Cartas desde Galápagos.
“Galápagos fue el lugar en el que me convertí en hombre, en padre, en pescador, en cazador, en profesor, en juez y en escritor. Mi relación con las islas es profundamente entrañable. Las islas Galápagos y yo somos parte de un poema indivisible y espero que mis cenizas un día se confundan con la lava y las olas de las que mi ritmo vital ha sido sólo una parte.”
― Una Soledad Volcánica. Cartas desde Galápagos.
― Una Soledad Volcánica. Cartas desde Galápagos.
“Mucho tiempo anduve por las islas
conociendo a mi Patria,
golpeada por el mar y la desgracia.
Allá en la soledad de las Galápagos,
inmerso en el desvelo de las olas
y el olor seminal del algarrobo
aprendí muchas cosas.
Para muestra, sólo pongo un ejemplo:
yo creía que ver era salir del ojo
y tocar, impasible,
lo compacto y cambiante;
quiero decir el trigo
el congelado grito de los montes,
un cuerpo de mujer
o la gaviota, cítara del viento.
Mas, cuando vi la zarpa de las olas
romper en su demencia
las renegridas costillas de las rocas
y el árbol aferrarse a la volcánica
desnudez de la piedra,
comprendí que mirar equivalía
a derramar el alma por el ojo
y contagiar la fría constancia de lo externo
con el tenue temblor de su perecimiento.
(Solo más tarde supe que mirar era verse.
Conciencia y mundo están ahí, ¡qué duda cabe!;
pero el mundo es al ojo
algo que, siendo, no es:
la terca soledad de la conciencia
que solo en su avidez se reconoce).”
― Una Soledad Volcánica. Cartas desde Galápagos.
conociendo a mi Patria,
golpeada por el mar y la desgracia.
Allá en la soledad de las Galápagos,
inmerso en el desvelo de las olas
y el olor seminal del algarrobo
aprendí muchas cosas.
Para muestra, sólo pongo un ejemplo:
yo creía que ver era salir del ojo
y tocar, impasible,
lo compacto y cambiante;
quiero decir el trigo
el congelado grito de los montes,
un cuerpo de mujer
o la gaviota, cítara del viento.
Mas, cuando vi la zarpa de las olas
romper en su demencia
las renegridas costillas de las rocas
y el árbol aferrarse a la volcánica
desnudez de la piedra,
comprendí que mirar equivalía
a derramar el alma por el ojo
y contagiar la fría constancia de lo externo
con el tenue temblor de su perecimiento.
(Solo más tarde supe que mirar era verse.
Conciencia y mundo están ahí, ¡qué duda cabe!;
pero el mundo es al ojo
algo que, siendo, no es:
la terca soledad de la conciencia
que solo en su avidez se reconoce).”
― Una Soledad Volcánica. Cartas desde Galápagos.
