Historia de la imaginación Quotes
Historia de la imaginación: Del antiguo Egipto al sueño de la Ciencia
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Juan Arnau18 ratings, 3.94 average rating, 5 reviews
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“Lo «nuevo» en esta cosmología menfita es que los dioses pasan a considerarse miembros de un factor más amplio, Ptah, que habita en ellos como su ka. El espíritu de todos los dioses es Ptah. El corazón y la palabra prevalecen sobre otros órdenes del ser. Ptah se encuentra en cada cuerpo y en cada boca, en el sonido y articulación de las palabras (en los dientes y los labios), en los deseos que proyecta el corazón. En todos los hombres y en todos los animales, en todo cuanto está vivo. Todo el panteón queda asimilado al «cuerpo cósmico» del Creador. Un cuerpo que es corazón y palabra. Que lo piensa y ordena todo desde dentro, aunque esté fuera. No hallamos en el mundo de la imaginación y la percepción, que gozan de una primacía ontológica sobre sus órganos. «Cuando los ojos ven, los oídos oyen y la nariz respira, se lo comunican al corazón. El corazón genera cada cosa y la palabra repite el pensamiento del corazón. Así fueron creados todos los dioses, incluso Atum y su Enéada, mediante el pensamiento del corazón y el mandato de la lengua; así se crearon los ka»”
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“La teología de Menfis va un paso más allá. La creación no es el mero resultado de una sobreabundancia de energía creadora, que se desborda en semen o en saliva, sino que responde a una necesidad interior. Ptah concede a los dioses sus poderes y su ka mediante el corazón. Y Horus se convirtió en Ptah asimismo mediante el corazón, mientras que Thoth lo hizo sirviéndose de la Palabra. Thoth es la divinidad egipcia que los griegos identifican con Hermes. Será importante en el próximo capítulo, cuando hablemos de los Textos herméticos. Thoth era un antiguo dios-Luna que hacía las veces de escriba y mensajero, señor de la palabra y de la magia de la resurrección, cuyo culto se había introducido en Hermópolis. Junto a Osiris, en la gran sala donde se juzga a los muertos pesa en una balanza los corazones para dilucidar si merecen la salvación. Las formas animales de Thoth son el ibis y el babuino o mono africano. Como representante del poder creativo de la palabra, en Menfis se lo identificaba con el poder de la lengua de Ptah”
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“Como en la literatura védica, la divinidad transfiere a los seres su ka, su ātman, se introduce en ellos (para que no la olviden, para que el mundo no vuelva a precipitarse en el caos). Atum se vierte literalmente en la creación, a semejanza de lo que ocurre en las upaniṣad. Los mellizos Shu y Tefnut, macho y hembra, dan lugar al resto de los dioses. Primero, a la pareja formada por el Cielo y la Tierra, Nut y Geb; después, a partir de estos, a dos parejas más: Osiris e Isis, y Seth y Neftis. Tales son los nueve dioses conocidos como la gran Enéada de Heliópolis.”
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“El texto relata un episodio cuyo punto de vista es el de la propia divinidad, Ptah, dios tutelar de la ciudad de Menfis. Se nos dice que fue el corazón de la divinidad lo que produjo cada cosa, y que su lengua reprodujo ese pensamiento del corazón. Cada palabra divina fue pronunciada por el mandato del corazón. Y de sus palabras se hicieron realidad las cosas de este mundo.”
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“De nuevo encontramos dos principios. Originalmente Nun y Atum no eran discernibles, pero ahora el hecho primordial los separa, y de su distancia nace el mundo. Atum se emancipa de Nun, empieza a definirse como algo distinto, y su esfuerzo primordial de autogeneración es la creación misma, de ahí que sea llamado Jepri, «el que deviene». Se representa con el escarabajo, generado espontáneamente a partir de las bolas de excremento, que experimenta una metamorfosis completa. Es la capacidad de transformación que anhela el moribundo para transfigurarse en ser divino.”
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“En el mito, tal y como lo cuenta Plutarco, Osiris es un dios sufriente, pasivo, una fuerza dormida que debe despertar. Se nos habla de la realidad invisible que subyace a las obras de la naturaleza y de cómo profundizar en esos lazos. Osiris resucita en el cuarto creciente lunar y con el sol naciente, cuando el Nilo se desborda y brota el trigo, mientras que muere cuando las aguas se retiran, en el cuarto menguante y con el sol poniente. Osiris es la potencia creadora de la vida; Seth, la necesaria muerte y destrucción que hace que los ciclos se cumplan. El mito de Osiris es de carácter lunar: la vida, la muerte y la resurrección siguen el patrón de renovación de la Luna. Isis, hermana y esposa, es también la madre de Osiris, pues lo devuelve a la vida. Él vence a la muerte gracias al amor de Isis. Esta se manifiesta en la estrella más brillante, Sirio (Sothis para los egipcios), cuyo orto sobre el horizonte oriental anuncia la crecida del Nilo.”
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“En el origen Atum yace en las aguas primordiales junto a Shu y Tefnut, inertes y equilibrados, fundidos en un abrazo perpetuo. El ojo de Atum cobra conciencia de sí, y Shu y Tefnut se pierden en el abismo inmenso de las aguas. Entonces el ojo abandona a su dueño y parte en búsqueda de los otros dos. Una vez que los ha rescatado, Atum les confiere nuevos nombres: Shu será ahora Vida y Ser eterno; Tefnut, Maat, el orden cósmico y la ley. En la siguiente fase de la creación, esta pareja da a luz al Cielo y la Tierra. Nut es la diosa Cielo; Geb, el dios Tierra. Sin embargo, como ya vimos, Shu mantiene a distancia al Cielo de la Tierra, lo que entraña gran sufrimiento: «A los dioses creé de mi sudor», dice Atum, «pero los hombres proceden de mis lágrimas». Shu separa a Nut de Geb, permitiendo que su propia naturaleza, aire, luz y espacio, provea las condiciones para la vida. Por el cuerpo de Nut, el firmamento, navegan el barco del Sol, la Luna y los planetas. Es un cuerpo tachonado de estrellas y también una vaca celeste”
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“La tesis de este libro es que la materia prima del mundo no son los átomos o las partículas sino la imaginación, que es la que mantiene el lazo entre el significado y la materia. La imaginación es el punto de encuentro de la materia ascendente y el espíritu descendente, del significado puro y la forma tangible. Esa tensión es la que materializa nuestra energía psíquica y configura el mundo en que vivimos. El destino del mundo ya no depende de las interacciones físicas o de los procesos históricos sino, en un sentido más profundo, de los encuentros y desencuentros de ciertos símbolos y metáforas; una idea que fascinará a Borges.”
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“La tensión es constante; la reconciliación, periódica. Apolo y Dioniso no son dioses rivales u opuestos. Para los antiguos griegos, se encontraban entrelazados en el mundo natural. Ambos son hijos de Zeus. Apolo es el dios del Sol, del pensamiento y la claridad, y apela al orden, la prudencia y la pureza. Dioniso es el dios del vino y la danza, del caos y lo irracional, y apela a emociones e instintos telúricos y a cierta violencia primordial. Desde el punto de vista de las artes, Apolo es la escultura y la proporción arquitectónica, mientras que Dioniso es la música arrebatadora. Desde la perspectiva filosófica india, el primero representaría el espíritu original, un principio masculino e inmutable, vacío de contenido, que se recrea en el segundo, la naturaleza creativa, el principio femenino cuya fecundidad despliega y repliega el mundo.”
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“«El Creador quiso apartar la vista de sí mismo y entonces creó el mundo». Lo encontramos también en la literatura védica, donde Prajāpati crea el mundo por miedo a la soledad (para olvidarse de sí mismo), y en muchas otras culturas. La soledad del Creador (y a veces su aburrimiento) da pie a la aventura del mundo. Una aventura que, como toda aventura que se precie, puede salir mal. El mundo como invención poética de un ser divinamente insatisfecho. Una aventura que, como tal, está muy lejos de ser perfecta y no carece de exigencias y dificultades. La fuente eterna de la vida produce incesantemente individuaciones, pero al hacerlo se desgarra a sí misma. La consecuencia inmediata es el sufrimiento inherente a la existencia, por causa de ese desgarro del Uno primordial. La muerte aniquila la individuación y supone o bien la reintegración al origen, o bien un largo camino que pasa por incontables individuaciones”
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“La verdadera dimensión de la existencia no descansa en el tiempo de los relojes, que siempre se acaba y mide el de otros relojes, sino en el tiempo interno, mental. El neodarwinismo sostiene que la conciencia, como si de una moneda se tratara, ha sido lanzada al aire por la naturaleza. El acto en sí es ciego, por lo que no es de extrañar que produzca ceguera. Nuestra naturaleza es teleológica, nos mueven los fines y los significados, pero hemos sido engendrados por la casualidad. No solo somos hijos del azar, sino un «accidente» de la naturaleza. El paradigma dominante en la biología y las neurociencias no sabe qué hacer con la conciencia. Es la gran intrusa, una invitada incómoda en la fiesta (bastante aburrida, por cierto) de la evolución. Somos el producto natural de la indiferencia y el desafecto. ¿Es lógico que lo seamos? Todo ello conviene al capitalismo desaforado, a las grandes compañías y al individualismo feroz y atomizado, a los grandes solitarios que, explotándose a sí mismos, creen realizarse. La fractura entre el hombre y la totalidad es el problema de fondo. Se trata de una herida mental.”
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“Vivimos al mismo tiempo dentro y fuera de la naturaleza. Sin tener en cuenta estas dos dimensiones, estas dos cualidades, cercenamos la vida y quedamos a merced de un reduccionismo desesperante que mutila una parte irrenunciable de la experiencia. Para los griegos y los egipcios, el ser humano está hecho de cielo y tierra, posee una naturaleza olímpica y otra titánica, una estelar y otra telúrica. Las culturas antiguas mantuvieron viva la tensión entre ambos principios, el magnetismo entre contemplación y creación, entre espíritu y naturaleza, silencio y habla. El mundo moderno ha realizado un esfuerzo titánico, durante más de tres siglos, para reducir un principio a otro: el espíritu a materia, la conciencia a naturaleza. Un fenómeno, llamado «suicidio del alma», en el que la imaginación, arrastrada por el predominio de la lógica formal y la abstracción matemática, ha quedado reducida y sometida al algoritmo y otras variables cuantitativas.”
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“distinguen entre”
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