La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual Quotes

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La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual by Ramón González Férriz
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La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual Quotes Showing 1-30 of 43
“Pero «los orígenes del actual iliberalismo en la región son emocionales y preideológicos —dice Krastev—, se basan en la rebelión ante las humillaciones que deben acompañar a un proyecto que requiere que una población acepte que hay una cultura extranjera superior a la suya. El iliberalismo, en un sentido estrictamente teórico, es entonces una coartada. Da una pátina de respetabilidad intelectual al deseo, ampliamente compartido en un nivel visceral, de deshacerse de la dependencia colonial implícita en el propio proyecto de occidentalización».”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Los inversores protagonistas de su libro no entendían por qué se daban préstamos hipotecarios para comprar viviendas a personas que básicamente no tenían ingresos y era muy probable que dejaran de devolver el dinero en algún momento. ¿Por qué los bancos daban esos créditos? La respuesta, descubrieron, era porque no se quedaban con ellos, sino que luego los vendían a Goldman Sachs, Morgan Stanley y Wells Fargo, entre otros. Estas empresas creaban bonos hipotecarios juntando hipotecas de distintas calidades. En un bono había partes de hipotecas calificadas como triple A (de devolución segura), como doble A (de devolución casi segura) y así sucesivamente hasta hipotecas calificadas como B, mucho más arriesgadas. Si se compraban bonos formados solo por hipotecas AAA, se arriesgaba poco, pero también se ganaba poco. Si se optaba por bonos formados por hipotecas B, se arriesgaba mucho, pero se podía ganar mucho. Si se combinaban esas hipotecas de distintos riesgos y rentabilidades se lograba, simplemente, lo que pretendían los derivados: eliminar el riesgo. Era posible que alguna de las hipotecas que formaban parte del conjunto no se pagaran, pero ese riesgo quedaba diluido entre muchas otras hipotecas que sin duda se devolverían.”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“La gran apuesta, Michael Lewis”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Mientras todo esto sucedía, se desvanecía cualquier posibilidad de que China adoptara modos más liberales, a pesar de que los políticos e intelectuales occidentales siguieran pensando, aún con la caída del Muro en mente, que las ansias de liberad de los chinos harían inviable el sistema comunista o que, en todo caso, su asombroso desarrollo económico —entre 1991 y 2002 su PIB creció siempre por encima del 7,5 por ciento anual, y en algunos años llegó al 14 por ciento— crearía unas clases medias masivas que acabarían reivindicando libertades análogas a las de los países ricos de Occidente. Las reivindicaran o no, lo cierto es que la prosperidad económica más bien reforzó el régimen chino, que en absoluto adoptó las prácticas liberales que la globalización, se creía, inevitablemente le haría adoptar.[”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“La tecnología y la globalización no solo servían para comprar comida de perro por internet o para conseguir que los trabajadores asiáticos tuvieran un empleo y los trabajadores occidentales pudieran comprar ropa barata. El Gobierno de George W. Bush reconoció eso enseguida. En su Informe Nacional de Estrategia, remitido al Congreso en septiembre del 2002 y que sería la respuesta oficial más elaborada a los ataques del 11S, se afirmaba que «las grandes luchas del siglo XX entre la libertad y el totalitarismo terminaron con una victoria decisiva de las fuerzas de la libertad y un único modelo sostenible para el éxito de las naciones: libertad, democracia y economía libre».”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“el ataque de Al Qaeda fue interpretado en parte como una resistencia bárbara a la modernización. Se consideró a los terroristas «medievales», se invocó la mentalidad de las cruzadas, el atraso del islam. Pero la gran paradoja era que los ataques de los terroristas contra los objetivos estadounidenses fueron posibles gracias a la tecnología y la globalización, y habían sido pensados principalmente para el emblema, ahora ya un poco envejecido, de la modernidad: la televisión”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Un momento cómodo en el que todo transcurría como se suponía que debía hacerlo: el crecimiento económico, la exportación de su modelo político, la reducción de la pobreza gracias a la globalización, la inexistencia de enemigos poderosos, una tecnología con promesas hiperbólicas y un pluralismo capaz de solventar los viejos demonios. Se había terminado incluso el Apartheid en Sudáfrica. Si además unos jóvenes habían solventado para siempre el problema endémico del riesgo financiero, parecía que la década había convertido las incertidumbres de la historia futura en un mapa casi previsible.”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Este cambio suponía un reconocimiento bastante explícito de que el fin de la historia había terminado. Había sido un periodo de doce años comparativamente plácido. Es cierto que la economía japonesa había permanecido estancada durante una década, que Estados Unidos había librado su primera guerra en Irak, que en Europa del Este y en Rusia la transición del comunismo al liberalismo resultó más difícil de lo esperado, que en Yugoslavia había estallado una guerra sangrienta con decenas de miles de víctimas y que en Ruanda hubo una guerra civil atroz. Nadie podía negar eso. Pero, al mismo tiempo, para muchos en Occidente la década de los noventa había sido algo así como «el domingo de la historia».”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Pero, en todo caso, ya entonces quedó claro que el entusiasmo con el que la década había abrazado la tecnología como motor de la globalización e internet como forma de autoexpresión había generado lo que National Geographic, al recordar el viejo vídeo de Leonard Nimoy, llamaría «felices esclavos de los ordenadores». La dependencia de las máquinas era tan absoluta que quienes anunciaban con mayor insistencia que podían provocar el caos eran aquellos que luego recibían fortunas para impedirlo.”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Jerry Falwell, un conocido reverendo estadounidense, afirmó: «Creo que el efecto 2000 puede ser el instrumento de Dios para sacudir a esta nación, para obligarla a ser humilde, para hacerla despertar e iniciar desde aquí un renacimiento que se expanda por el resto de la tierra antes del Éxtasis de la Iglesia».[”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Tanto Judt como Gray reconocían, en todo caso, que Clinton y Blair habían sabido utilizar la idea de «triangulación»: colocarse en un tercer lugar que superaba a la izquierda y la derecha les permitía criticar las prácticas de los partidos situados a ambos lados, incluido el suyo.”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“El objetivo general de la tercera vía, seguía Giddens, debía ser «ayudar a los ciudadanos a dirigir su camino entre las grandes revoluciones de nuestro tiempo: la globalización, la transformación de la vida personal y nuestra relación con la naturaleza».”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Estas palabras de Morán mencionan dos de las principales críticas que posteriormente se le harían al movimiento indie y a su encaje en el contexto económico y político español de la época. La primera era que se trataba de un movimiento elitista, conformado por hijos de la clase media y alta, que buscaba en esa música minoritaria y sofisticada una forma de distinción. El hecho de que muchos cantaran en inglés no solo era una muestra del poco interés que tenían en el éxito, sino el fruto de una educación privilegiada y el deseo de mostrar un cosmopolitismo acorde con el hecho de que España se sumara de manera definitiva a Europa y a los mercados globales.”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Mark Lilla afirmaba que los años sesenta existieron, Reagan existió, y en el futuro cercano ambos definirán de manera conjunta nuestro horizonte político. Como sabe cualquiera que trate con gente joven hoy en día, los estadounidenses no tienen ninguna dificultad a la hora de reconciliar las dos cosas en su vida cotidiana. No les parece contradictorio tener trabajo en un mercado global sin restricciones —el sueño reaganita, la pesadilla de la izquierda— y pasar los fines de semana inmersos en un universo moral y cultural conformado por los años sesenta. Trabajan duro, probablemente demasiado duro, aunque ya no para amortizar su sagrada deuda o para asegurar la creación de una dinastía económica: trabajan para obtener placeres efímeros, estatus y estima, entendidos como parte de la ética del individualismo democrático.[2]”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“«Se parecía más bien a la clase de malas decisiones que todos recordamos haber tomado en algún momento de nuestras vidas en el que nos dejamos llevar por el entusiasmo.»”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Ignacio Ramonet escribía: El dramático avance de la globalización y el neoliberalismo se ha visto acompañado por un crecimiento explosivo de la desigualdad y un retorno de la pobreza y el desempleo masivos. Exactamente lo contrario de lo que se supone que defienden el Estado moderno y la ciudadanía moderna.”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“presentismo, el sesgo que nos lleva a pensar que el tiempo en el que vivimos es esencialmente distinto de todo momento del pasado y reúne unas características que lo hacen único.”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Para muchos de sus partidarios es una fuerza irresistible y deseable que borra del mapa fronteras, derroca gobiernos tiránicos, reduce los impuestos, libera a los individuos y enriquece todo lo que toca. Para muchos de sus detractores es, ciertamente, una fuerza irresistible, pero indeseable. Cuando se le añaden los adjetivos «neoliberal» y «corporativa», la globalización se considera una fuerza maligna que empobrece a las masas, destruye las culturas, socava la democracia, impone la americanización, arrasa el estado de bienestar, destruye el medioambiente y entroniza la avaricia.”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Globalización” es una palabra horrible de significado oscuro, acuñada en la década de 1960, que se puso aún más de moda en la de 1990», escribió en su libro Why Globalization Works Martin Wolf,”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“«La idea es que los dispositivos móviles puedan utilizarse no solo para que la gente se comunique con bases de datos o con máquinas —decía The Economist con entusiasmo futurista en 1999—, sino que permita que las máquinas se comuniquen con la gente o con otras”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“«La continua disminución del coste de los circuitos integrados ha hecho que los teléfonos se vuelvan más inteligentes y más baratos», decía The Economist. A finales de los años noventa, un móvil de la gama más alta costaba 350 dólares, frente a los mil de un equivalente a mediados de la década.”
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“La revista The Economist señalaba en un dossier especial dedicado al asombroso auge del móvil, que publicó en octubre de 1999, que había detectado un patrón: los móviles se consideraban un juguete caro propio de hombres de negocios hasta que se alcanzaba una penetración social de entre el 15 y el 20 por ciento. A partir de ahí, todo el mundo quería uno y el crecimiento era exponencial.”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“A principios de los años ochenta, la gran empresa de telecomunicaciones estadounidense AT&T pidió a la consultora McKinsey que calculara cuántos teléfonos móviles habría en uso en el mundo al final del siglo. McKinsey estimó que esa cifra sería de alrededor de 900.000 unidades, y AT&T decidió que no valía la pena continuar en el sector, aunque poco después rectificaría y volvería a él. En realidad, a finales de siglo se daban de alta 900.000 líneas de móvil cada tres días.”
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“Yahoo! La palabra era el acrónimo de Ye t Another Hirearchichally Organized Oracle, u Otro Oráculo Organizado de Manera Jerárquica, un nombre irónico que hacía referencia a la proliferación de esa clase de directorios —oráculos— organizados de manera jerárquica, es decir, manualmente y con un criterio editorial. «Yahoo» también se utilizaba en el sur rural, de donde era Filo, para hacer referencia a alguien tosco, poco sofisticado; la palabra derivaba de los yahoos, una raza inventada por Jonathan Swift en Los viajes de Gulliver”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“«El proyecto World Wide Web aspira a crear enlaces a cualquier información desde cualquier lugar. Si estás interesado en usar el código envíame un correo». Dos décadas más tarde, Berners-Lee afirmaría que en aquel momento una de sus principales preocupaciones era que cualquiera, en cualquier parte del mundo, pudiera subir cualquier cosa a la red. «No tenía ni idea de que la gente lo pondría literalmente todo.»”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“«pero el hecho de que ese incremento de beneficios —dice Shiller— coincidiera con la aparición de una nueva tecnología tan espectacular hizo que el público en general tuviera la impresión de que ambos fenómenos estaban conectados de alguna manera. La publicidad que asociaba estos dos aspectos paralelos —el boom de internet y el incremento de beneficios— fue especialmente convincente debido a la llegada del año 2000 y el nuevo milenio, un momento en el que se discutió mucho y con optimismo sobre el futuro».[11”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Una era que duró menos de lo esperado y que Stiglitz llama los «feroces noventa», durante la cual «el crecimiento se disparó hasta niveles que no se habían visto en una generación. Los artículos de periódico y los expertos proclamaban que había una Nueva Economía, que las recesiones eran cosa del pasado y que la globalización iba a traer prosperidad al mundo entero».”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Si eres un agricultor preocupado por el valor de la cosecha de trigo del próximo verano, puedes venderla por adelantado a un precio fijo. De este modo, tienes un contrato según el cual debes entregar una cantidad X de trigo en una fecha determinada; y ahora ese contrato se puede comprar y vender. El contrato, cuyo valor deriva de los bienes subyacentes, se conoce como derivado. El contrato derivado se puede comprar y vender muchas veces, si bien el trigo solo se entregará una vez; la gente que apuesta sobre el valor de la cosecha de trigo del año próximo puede vender ese derivado todos los días entre ahora y el verano que viene. Esa es la razón por la que el mercado de derivados puede ser muchas veces más grande que los activos subyacentes”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“al comentar el artículo de Fukuyama «¿El fin de la historia?», el filósofo británico John Gray escribió que si la Unión Soviética efectivamente se derrumba, esa benéfica catástrofe no inaugurará una nueva era de armonía poshistórica, sino más bien un regreso al terreno clásico de la historia, un terreno de rivalidades entre grandes poderes, de diplomacias secretas y reivindicaciones y guerras irredentistas. La visión de una paz perpetua entre estados liberales, que ha rondado a Occidente al menos desde que Immanuel Kant le dio una formulación sistemática, pronto será vista como lo que siempre ha sido: un espejismo que solo nos sirve para distraernos de la tarea real de la capacidad política en un mundo permanentemente intratable y anárquico.[”
Ramón González Férriz, La trampa del optimismo. Cómo los años noventa explican el mundo actual
“Muchos países del viejo imperio soviético habían recurrido al nacionalismo y a la independencia nacional para escapar de su pasado comunista. En otros casos, esto se había llevado a cabo con relativamente poca violencia, aprovechando el hecho siniestro de que durante la era comunista se habían producido genocidios o desplazamientos de minorías que hacían que, a esas alturas de la historia, las sociedades fueran más o menos homogéneas en términos étnicos o religiosos.”
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