Las muertes chiquitas Quotes

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Las muertes chiquitas Las muertes chiquitas by Margarita Posada Jaramillo
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Las muertes chiquitas Quotes Showing 1-30 of 42
“La depresión es un alto en el camino forzado y estrepitoso. La inmovilidad se parece mucho a la muerte, y la cama se parece a un ataúd. La depresión es una muerte chiquita. El problema es que no nos hemos muerto. Nuestra cabeza sigue ahí sobre la almohada, rumiando”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Cuando ya no puedo contener más la ficción que inventé con tanta verosimilitud, me vengo abajo, esta vez mucho más abajo que los abajos de antes. La caída es directamente proporcional a la altura desde la que se cae”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“No es que sea malvada, es que sencillamente no veo el tsunami que está a punto de arrastrar mi vida porque yo misma soy el tsunami. Y Bebé rock está tan enamorado del tsunami que intenta a toda costa contenerlo y su amor es tan magnánimo que lo logra por momentos. Luego vuelvo a coger impulso y quiero arrasar con todo, y él buenamente se interpone de barrera y me contiene y se ahoga conmigo a veces, tanto en mi tormenta como en el alcohol. La única manera de sobrevivir a un tsunami es estando borrachos la mayoría del tiempo. Nos enfrascamos en una relación en la que todo es euforia de noche, drama de madrugada y reconciliación y guayabo de día. Y así atravesamos uno, dos, tres años: Bebé rock conteniéndome, yo emborrachándome, y siéndole infiel porque en el fondo sé que su primer amor es su mamá y que la relación de codependencia con ella es mucho más fuerte que la que tiene conmigo, razón por la cual nunca voy a poder tenerlo solo para mí”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“pero el amor emana de uno mismo y poco o nada se puede querer sin antes quererse y aceptarse uno,”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Sí. Los seres humanos como yo son horribles: les damos la misma importancia a un par de gatos que a un hijo, o a un perro. Todo aquello que emane vida o nos contagie de las ganas de respirar nos maravilla. Lo siento si solo doy la talla para salirme de mí por este perro. Una mamá hace lo que puede. Esto es todo lo mamá que yo puedo ser, o por lo menos eso es lo que me hizo creer la depresión cuando, incluso habiéndolo buscado conscientemente y con el pecho inundado de fuegos artificiales al pensarlo,”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“A lo mejor la ilusión era la anterior, la de andar por la vida tan segura que ni siquiera me preguntaba cómo hacían los demás para seguir. Ni siquiera me preguntaba cómo era que yo había hecho para seguir.”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Nuestras vidas no nos pertenecen solo a nosotros, sino a quienes nos adoran y están dispuestos a acompañarnos desde la orilla para que crucemos el río cuantas veces sea necesario”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Quienes no han estado cerca de experimentar esta enfermedad creen que para dar la pelea hay que pelear, pero no por no rugir el tigre deja de ser un tigre. La pelea de la depresión se da rindiéndose, haciéndose el muerto. La impaciencia porque estemos bien no nos hace bien. Pedirle a un depresivo que venga con nosotros a una fiesta es como pedirle a un náufrago que se tire al agua”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“La depresión es una adicción del ego, como todas las adicciones. Nos abandonamos para sentir que alguien nos necesita. Rechazamos las invitaciones de nuestros amigos enviando el mensaje claro de que no queremos estar en el mundo, pero con la secreta intención de ver lo mucho que les importamos a los que nos quieren, y hasta a los que no”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Ese es el verdadero patrón de mi depresión: darme a la fuga como sea cuando un evento es demasiado para soportarlo, apagar las luces, arrumar y salir de ahí sacudiéndome las manos como quien dice “aquí no ha pasado nada, sigan su juego, señores”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Las muertes chiquitas son como ver fantasmas de uno mismo y recordarse vivo cada instante de la eternidad en que estás muerto”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Escoger la muerte podría significar escoger el camino más largo y tedioso”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Pensar en quitarse la vida genera un dolor muy asqueroso. No poder dejar de pensar en quitarse la vida es la gasolina de seguir queriendo quitársela. Es un círculo vicioso del que la cabeza difícilmente sale. ¿Qué nos salva? Supongo que la felicidad ficticia de los antidepresivos en buena parte”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“La depresión es un gran disgusto con la vida o, mejor, es un pulso con la vida. Se dice siempre que la vida es frágil, pero no hay una fuerza más arrolladora que la vida. Se abre paso como sea y matando al que sea. Tener un pulso con ella es como querer quemar al sol con una chispita mariposa. Retar a la vida dejándose morir es inútil. De ese tamaño es el ego de quienes nos enemistamos con ella. Esa es la triste realidad del suicidio: que la vida sigue con uno o sin uno. Nadie nos garantiza tampoco que nuestro dolor cese después de la muerte o que otro estado de conciencia les dé continuidad a nuestras cuitas”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Alrededor de la carrilera hay una maleza a la que llaman dormidera. Desde que estaba chiquita me maravillaba agacharme a rozarla con un dedo para ver cómo cada una de sus hojas diminutas se cierra en pos del tallo para esconderse y protegerse. Si hubiera una taxonomía más específica sobre el temperamento de los seres humanos, es muy factible que yo perteneciera a la categoría de las dormideras. Supongo que quienes me han visitado o han tenido que vivir conmigo en la agonía de la depresión se maravillan de verme cerrar y casi desaparecer mientras duermo”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“No tener depresión implica una conexión lógica entre todos y cada uno de los actos que nos encaminan hacia el futuro. Cuando el sentido concatenado de estos actos se desdibuja, tenemos depresión”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Yo, que conocía todos los malabares en la cuerda floja, que bailaba, cantaba, coqueteaba y hasta sacaba buenas notas en el colegio, no soy la misma malabarista insensata porque la caída fue mucho más estrepitosa de lo que habría podido ser, si no hubiera intentado no caerme a toda costa. Por ahí dicen que dejarse caer a veces evita que el golpe sea más duro. Pues era yo, la que no se deja caer, la que no cree en la gravedad. Y para hacer equilibrio se necesita creer en la gravedad e incluso temerle. Ahí radica también una de las sensaciones más extrañas que se viven estando deprimido. El temor a la muerte desaparece y surge un temor a no tenerle temor a la muerte, que es como la nada contenida dentro de la nada. Quieres morirte pero no te atreves. No quieres vivir más. Luego te das cuenta de que en esa oración hacen falta tres letras que cambian todo el sentido de la vida y de la muerte. No quieres vivir más así”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Siempre he sentido que mientras pueda echarme a andar estaré a salvo de esas ideas sombrías que me nublan el pensamiento, aunque un día me encuentren en el camino y entonces, como Walser y mamá K, no tenga más camino que el final”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Mi depresión tiene mucho de agorafobia y la primera vez que alguien me habló de ese síndrome yo ni siquiera pude entender sus dimensiones. Solo ahora entiendo lo que es sentir físico pánico de alejarse dos pasos de la puerta de la casa”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Llevo días pensando ya de manera práctica cómo voy a hacer para quitarme la vida. En el que fue mi cuarto de chiquita encuentro una extensión de luz. Ya me he subido varias veces al mueble donde está la tele, con la extensión en la mano y he ensayado varias formas de amarrarlo en la viga que sobresale del techo de estilo chalé de la casa en la que viví los primeros 25 años de mi vida. Luego me he colgado de un brazo, del otro y de los dos juntos para comprobar que el cable aguanta mi peso”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Sigo sin entender lo que significa para mí ese veneno de confundir la fuerza energética del sexo con algo mucho menos volátil que se llama amor”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Pero echarle gasolina a un cable quemado solo puede dejar los resultados descritos. No, no maté a nadie, ni me quedé mueca, ni acabé en la cárcel o con una venérea, aunque todas las anteriores eran más que probables. Me bastó con odiar mi vida incluso recuperándolo todo”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Se me quiebra la voz si digo tu nombre, un nombre tan común para un hombre tan valioso. Repito tu nombre y un viento fresco con aroma de azahar me toca la mejilla y me da esperanzas de algún día volver a ser una mujer y no una princesa encallada, derrotada. Nunca voy a poder agradecerte lo suficiente”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“A mi regreso de Austin descubriré poco a poco que puedo recuperar todo lo que tenía y más, pero no me voy a recuperar a mí”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Mi vida la gobierna mi ego, la sostiene el amor de Bebé Rock y la realidad solo la soporto porque cuando todo se aclara en la mañana, espero a que llegue la noche para apurar unas cuantas copas que se convierten en mi única salida para volver otra vez a mi fantasía de que todo está bajo control”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Nunca me pregunto si en realidad hice una transición sana de la depresión a la normalidad porque para mí la normalidad es la euforia. Y la euforia del amor es tan potente que su luz me enceguece. Me gustan los fuegos artificiales, lo efímero. Busco a toda costa mantener esa sensación de explosión en el cielo que es imposible de alargar en el tiempo”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Al contrario de quitarme ese abismo del pecho, las esencias florales y los menjurjes que me receta el doctor Rojas destapan una olla profunda de dolor, y me pongo peor de lo que estaba antes. El camino se empina, mis fuerzas empiezan a ser cada vez más pocas. Ya no salgo, ni quiero quedarme a dormir donde mi novio J. Ya no quiero bailar, ni tomar, ni fumar, ni comer. Solo quiero dormir largamente”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Quizá por esas mismas taras es que mamá K, incluso siendo psicóloga, creyó que haber sido recluida en un psiquiátrico era una derrota y no una victoria. Pocas cosas deben ser tan duras de aceptar con el ser excluidos de la famosa “normalidad” por las cuatro paredes de un hospital psiquiátrico. Muchas personas pensarán que después de eso ya no hay vuelta atrás. Pero si se está en ese estado que yo también conozco y en el que mamá K pasó sus últimos días (que para ella fueron largas noches sin luz), ¿quién quiere volver atrás? Yo misma he estado varias veces a punto de recluirme por voluntad propia y no lo he hecho pensando en eso. Puedo entender lo que elaboró en su cabeza enferma: mi primo encontró en el computador las búsquedas que hice en internet sobre la altura desde la cual hay que saltar al vacío para morir. Ya no hay marcha atrás, mi hija no merece una mamá loca encerrada en un psiquiátrico. Una psicóloga loca encerrada en un psiquiátrico”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Puedo imaginar la carretera cubierta de nieve y el psiquiátrico empotrado en una montaña que hace parte del paisaje cliché que vende planes para esquiar en los Alpes franceses. Pero ni todo el frío del mundo puede dar cuenta de lo que estaba sintiendo mamá K, ni ninguna otra persona que haya contemplado ejecutar su propia muerte, darle curso con sus manos. Yo sí. Quienes hemos rumiado esta idea como la única salida conocemos bien ese precipicio. En otro momento de mi vida, hasta habría respetado su decisión. Ahora entiendo que no es una decisión, sino solo la última consecuencia de una enfermedad que se llama depresión”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas
“Es difícil extrañarse a uno mismo, tanto en la depresión como en el día a día, cuando las pastillas comienzan a hacer efecto y uno de todas maneras puede percibir que tiene mucho más sueño del normal, o que no puede concentrarse con la facilidad de antes. Son detalles muy nimios si los contraponemos a la muerte, pero que de un modo u otro nos hacen ser quienes somos. Es difícil reconocerse luego de una depresión, entender que uno fue ese ovillo, y luego esa persona que tiene mermadas sus emociones porque tendemos a creer que nuestras facultades solo están en su cien cuando estamos en la cresta de la ola. Es difícil aceptar que después de una depresión uno jamás va a ser el mismo, pero es aún más difícil aceptar que nuestra esencia no está en la cresta de la ola. Aprender a estar en ese lugar al que yo llamo neutro, por no decir aburrido, es aprender a tener la sobriedad mental suficiente para no encaramarse allá arriba y entender la felicidad desde un remanso mucho más tranquilo que la tormenta y las emociones intensas. Me atrevo a decir que la depresión es como cualquier adicción: no se puede sanar a punta de fuerza de voluntad. Mientras más aversión, más sucumbimos. Un episodio de depresión se parece a una gran borrachera, a un atracón de comida, a una inyección de heroína. Poco o nada de lo que hacemos y pensamos deprimidos tiene sentido.”
Margarita Posada Jaramillo, Las muertes chiquitas

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