La logia de Cádiz Quotes

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La logia de Cádiz La logia de Cádiz by FERNANDEZ DIAZ JORGE
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“No eran valientes porque si triunfaban se transformarían en el germen del ejército emancipador de América, ni porque estaban dispuestos a darlo todo por la patria nueva. Eran valientes, en ese debut sangriento, porque temían más a su jefe que a Dios, y porque al no poder retroceder hasta el más cobarde es un hombre audaz.”
Jorge Fernández Díaz, La logia de Cádiz
“«El maldito Bonaparte la embarró al mejor tiempo: expiró su imperio y nos dejó en los cuernos del toro».”
Jorge Fernández Díaz, La logia de Cádiz
“«Salvo una batalla perdida, no hay nada más deprimente que una batalla ganada».”
Jorge Fernández Díaz, La logia de Cádiz
“San Martín entró en contacto también con nobles y funcionarios británicos, y tomó conocimiento del plan que en 1800 había diseñado un general escocés, Thomas Maitland. Se trataba de apoderarse política y militarmente de Buenos Aires, tomar posiciones en Mendoza, cruzar la cordillera de los Andes, derrotar a los españoles y controlar Chile, y hacerse a la mar para liberar el Perú. Era un plan inteligente. El coronel lo examinó con mapas, lo pensó y repensó, y en una tienda de empeños compró su sable curvo morisco de caballería. Un arma nueva para una vida nueva.”
Jorge Fernández Díaz, La logia de Cádiz
“Se acostó a soñar despierto con Bailén. El lodo y la sangre. Las risotadas y las chanzas. Las descargas cerradas. Los soldados que empuñaban carabinas y calaban bayonetas. Los chasquidos. Las balas que pasaban silbando. Los fusileros intoxicados de pólvora que mordían el cartucho, empujaban el proyectil con la baqueta, se ponían los mosquetes contra la cara y disparaban. Los bordados y los cordones. Las fogatas y las antorchas. La miseria. El dolor. Los muertos.”
Jorge Fernández Díaz, La logia de Cádiz
“Once años atrás el capitán no era capitán sino teniente de caballería, y navegaba peligrosas aguas a bordo de la fragata Santa Dorotea. España era todavía aliada de Francia y el barco estaba fondeado en Tolón mientras la impresionante escuadra francesa ultimaba los preparativos para la campaña de Egipto. Hubo una fiesta de honor para la oficialidad española, y Bonaparte se abrió paso entre muchos y clavó la mirada en el teniente español. Fueron unos segundos mágicos y desconcertantes, que nadie pudo comprender, y entonces el futuro emperador dio un paso más y tomó un botón de la casaca blanca y celeste, y leyó el nombre de Murcia. El teniente le sostuvo la mirada, y Napoleón sonrió de manera enigmática como si entendiera con el instinto algo que no podía pronunciarse. Tal vez solo se trataba de un vago presentimiento.”
Jorge Fernández Díaz, La logia de Cádiz