Tiempos recios Quotes

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Tiempos recios Tiempos recios by Mario Vargas Llosa
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“¿Cómo era posible que los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz Guzmán, empeñados en acabar con el feudalismo en Guatemala y convertir al país en una democracia liberal y capitalista, hubieran provocado semejante histeria en la United Fruit y en los Estados Unidos? Que desataran la indignación entre los finqueros guatemaltecos lo podía entender, eran gentes congeladas en el pasado; también comprendía a la Frutera, por supuesto, que nunca antes había pagado impuestos. ¡Pero en Washington! ¿Era ésa la democracia que querían los gringos para América Latina? ¿Ésa la democracia que había postulado Roosevelt con sus discursos de «buena vecindad» con América Latina? ¿Una dictadura militar al servicio de un puñado de latifundistas codiciosos y racistas y de una gran corporación yanqui? ¿Para eso habían bombardeado los sulfatos la ciudad de Guatemala, matando e hiriendo a decenas de inocentes?”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“Pareciera que en el fondo de todos nosotros hubiese un monstruo. Que sólo espera el momento propicio para salir a la luz y causar estragos.”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“¡Pero en Washington! ¿Era ésa la democracia que querían los gringos para América Latina? ¿Ésa la democracia que había postulado Roosevelt con sus discursos de «buena vecindad» con América Latina? ¿Una dictadura militar al servicio de un puñado de latifundistas codiciosos y racistas y de una gran corporación yanqui? ¿Para eso habían bombardeado los sulfatos la ciudad de Guatemala, matando e hiriendo a decenas de inocentes? Todo aquello había hecho pedazos su vida, barrido sus ilusiones y su fe. ¿O comenzó antes, por su malhadada aventura con la hijita de su compañero de estudios y amigo entrañable? Sí, ése había sido el principio del fin. ¿Había tenido él la culpa, o fue más bien una víctima de la inconsciente lascivia de esa criatura que lo sacó de sus casillas? ¿Era Miss Guatemala una niñita inocente o un ser diabólico? A ratos se avergonzaba de sí mismo por buscarse esas excusas para lo que había sido pura y simplemente el atropello de un adulto lujurioso contra una niña. Entonces lo comían los remordimientos.”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“«La consciente e inteligente manipulación de los hábitos organizados y las opiniones de las masas es un elemento importante de la sociedad democrática”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“fue una gran torpeza de Estados Unidos preparar ese golpe militar contra Árbenz poniendo de testaferro al coronel Castillo Armas a la cabeza de la conspiración. El triunfo que obtuvieron fue pasajero, inútil y contraproducente. Hizo recrudecer el antinorteamericanismo en toda América Latina y fortaleció a los partidos marxistas, trotskistas y fidelistas.”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“«La consciente e inteligente manipulación de los hábitos organizados y las opiniones de las masas es un elemento importante de”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“«Arévalo quisiera hacer de Guatemala una democracia, como los Estados Unidos, país que admira y tiene como modelo. Los soñadores suelen ser peligrosos, y en este sentido el doctor Arévalo lo es. Su proyecto no tiene la menor posibilidad de realizarse. ¿Cómo se podría convertir en una democracia moderna un país de tres millones de habitantes, el setenta por ciento de los cuales son indios analfabetos que apenas han salido del paganismo, o todavía”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“Revolución de Octubre en la Guatemala de 1944, cuando la United Fruit comenzó a sentirse en peligro. Las ideas y relaciones de Bernays serían utilísimas para derrocar al supuesto «gobierno comunista» guatemalteco y reemplazarlo por uno más democrático, es decir, más dócil a sus intereses.”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“Bernays convenció a Zemurray de que la compañía construyera algunas escuelas en sus dominios, llevara sacerdotes católicos y pastores protestantes a las plantaciones, construyera enfermerías de primeros auxilios y otras obras de esta índole, diera becas y bolsas de viaje para estudiantes y profesores, temas que publicitaba como una prueba fehaciente de la labor modernizadora que realizaba.”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“Pese a la victoria de los cadetes sobre el terreno, los liberacionistas resultaron los verdaderos vencedores de la contienda, que, en el futuro, apenas aparecería en la prensa o los libros de historia, como un hecho carente de toda relevancia. La Escuela Militar fue cerrada de inmediato por algunos meses mientras se reorganizaba. Todos los oficiales y suboficiales que habían apoyado a los rebeldes fueron expulsados del Ejército sin derecho a pensión. En cuanto a los cadetes, sólo a seis de ellos, que tenían parientes militares con cierta influencia en el gobierno de Castillo Armas, se les ofreció continuar sus estudios en escuelas o academias militares de países amigos, como la Nicaragua de Somoza o la Venezuela de Pérez Jiménez; a los otros se les separó de la institución negándoles la matrícula cuando la Escuela Politécnica volvió a abrirse, con otro director y otro plantel de oficiales.”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“¿Sabés a qué conclusión he llegado con todo lo que me ha pasado, Arturo, con todas las cosas que le pasan a este país? A una idea muy pobre del ser humano. Pareciera que en el fondo de todos nosotros hubiese un monstruo. Que sólo espera el momento propicio para salir a la luz y causar estragos. Claro que me cuesta mucho imaginar que Marta pudiera estar involucrada en algo tan terrible. Como, por su situación, era odiada por mucha gente, que así quería congraciarse con Odilia, la mujer de Castillo Armas, todo eso podría ser una calumnia nacida en esos círculos. O, también, una manera de apartar la atención sobre los verdaderos culpables. En fin, no lo sé. Perdoname, pero no te puedo dar una respuesta.”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“Un miedo pánico se extendió por todos los vericuetos de la sociedad guatemalteca, en especial entre los sectores más modestos, y unos excesos en la misma violencia que superaban todos los horrores precedentes. En los meses que siguieron a la subida al poder de Castillo Armas cerca de doscientos mil indígenas mayas de Guatemala, despavoridos por las matanzas, consiguieron huir a Chiapas, en México, y esta cifra —la única más o menos seria entre las que circularon sobre la represión esos días terribles— se conoció por las informaciones que dieron las autoridades mexicanas. Un aspecto que tampoco tenía precedentes en la historia de las persecuciones políticas en Guatemala desde la época de la Inquisición fueron las quemas de «documentos perniciosos y subversivos» que tenían lugar en los cuarteles y en las plazas públicas. Panfletos, hojas volanderas, periódicos, revistas y libros —de autores tan misteriosamente seleccionados como Victor Hugo y Dostoievski— ardían en fogatas alrededor de las cuales jugaban los chiquillos como en la noche de San Juan.”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“Desde el mismo día de su presentación de credenciales en el sólido y enorme Palacio de Gobierno de la ciudad de Guatemala, el nuevo embajador hizo saber al Presidente Árbenz que con él en el país tendría la vida muy difícil. Apenas terminada la ceremonia, el Jefe de Gobierno hizo pasar al embajador a una salita privada. Y, antes de brindar con él la copa de champagne que acababa de servirles un mozo, se encontró con que Peurifoy le alcanzaba un papel en el que había una lista numerada de cuarenta personas. —¿Qué es esto? —el Presidente Árbenz era un hombre alto y bien plantado, de maneras elegantes, que se desempeñaba con dificultad en inglés; por eso, tenía siempre un intérprete a la mano. Peurifoy llevaba consigo también a otro. —Cuarenta comunistas miembros de su gobierno —le dijo con una brusquedad nada diplomática el embajador—. Le pido en nombre de Estados Unidos que los expulse de inmediato de sus cargos por ser infiltrados y trabajar para una potencia extranjera contra los intereses de Guatemala.”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“Fue su época de gloria. Mezclando las amenazas con una capacidad inaudita para la intriga y un olfato generalmente certero, un espíritu práctico así como un coraje temerario, se las arregló para armar una junta militar, apoyada por la corona y equipada con armas y dinero de Estados Unidos y Gran Bretaña, que derrotó a las guerrillas e instaló un régimen autoritario y represivo en el país. Se ganó entonces el apelativo del Carnicero de Grecia. John Foster Dulles y su hermano Allen, el jefe de la CIA, pensaron que semejante diplomático era el hombre adecuado para representar en Guatemala al país que había decidido acabar por las buenas o las malas con el gobierno de Jacobo Árbenz. Y, en efecto, apenas llegado a Guatemala con su infalible sombrerito borsalino engalanado con una pluma, sin preocuparse de verificar sobre el terreno si las acusaciones de ser el de Árbenz un régimen capturado por el comunismo eran exageradas e irreales —como se atrevió a sugerirle su segundo en la legación—, empezó a trabajar con ímpetu en la demolición de ese gobierno.”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“Cuando, mucho tiempo más tarde, en su exilio itinerante, su memoria pasaba revista a esos escasos tres años y medio que estuvo en el poder, Jacobo Árbenz Guzmán recordaría como la experiencia más importante de su gobierno aquellas semanas de abril y mayo de 1952 en que presentó su anteproyecto de Reforma Agraria al Consejo de Ministros, para luego someterlo al Congreso de la República. Él sabía muy bien lo importante —lo trascendental— que era para el futuro de Guatemala y quiso, antes de cerrar este proceso, que fuera analizada por sus partidarios y adversarios en audiencias públicas. La prensa informó sobre ellas con lujo de detalles. Se celebraron en el Palacio de Gobierno y aquellas discusiones fueron seguidas por la radio en todos los confines del país. El tema apasionaba a amigos y enemigos y, sin duda, más que a nadie, a él mismo. Fue el asunto en el que más se concentró, el que estudió más y el que más se esforzó en concretar —así lo dijo— «en una ley redonda, sin aristas, perfecta e indiscutible». ¡Cómo hubiera podido imaginar que por esa ley caería su gobierno, morirían centenares de guatemaltecos y otros sufrirían prisión y destierro, y que él mismo y su familia tendrían que malvivir desde entonces en el exilio!”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“—Ni siquiera sé si lo soy —dijo el dominicano, apenado—. No tuve tiempo de aprender. Sólo vi al Hermano Cristóbal unas cuantas veces. Pero me marcó. Por lo que le oí, me pareció que esa religión o filosofía era la que más me convenía. Daba una gran paz y no se metía para nada con la vida privada de las personas. Él, cuando hablaba, transmitía eso: tranquilidad. —La verdad es que sos un poco raro, vos —sentenció Enrique—. Y no lo digo sólo por tus vicios. —Por lo menos en lo que se refiere a la religión y al alma, confieso que sí —dijo el dominicano—. Un hombre distinto a los demás. Lo soy, y a mucha honra. III «Necesito un trago», pensó.”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“«Y partió al alba, solo, como parten los héroes».”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“Un resentido es siempre peligroso.”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“el dinero abre todas las puertas y que ni siquiera los prejuicios raciales se le resisten,”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“«La consciente e inteligente manipulación de los hábitos organizados y las opiniones de las masas es un elemento importante de la sociedad democrática. Quienes manipulan este desconocido mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder en nuestro país... La inteligente minoría necesita hacer uso continuo y sistemático de la propaganda».”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“La publicidad y las relaciones públicas existían desde antes de que él naciera, por supuesto, pero Bernays había elevado ese quehacer, que todas las compañías usaban pero consideraban menor, a una disciplina intelectual de alto nivel, como parte de la sociología, la economía y la política.”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios
“las dos personas más influyentes en el destino de Guatemala y, en cierta forma, de toda Centroamérica en el siglo XX fueron Edward L. Bernays y Sam Zemurray,”
Mario Vargas Llosa, Tiempos recios