Hablando de niños Quotes

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Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura by Carlos González
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“Pero, entonces, ¿esta niña no va a aprender que sus acciones tienen consecuencias? ¡Claro que sí! Lo aprenderá con el tiempo, como todos los niños. Pero de momento no va a ser ella la que sufra las consecuencias de sus acciones. Para eso estamos los padres: Así que Eppie fue criada sin castigos, y el peso de sus travesuras recayó sobre su padre Silas.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Pero es igual de absurdo pensar que un niño va a ser malo porque tiene rabietas, o no va a caminar nunca porque pide brazos, o no va a dormir nunca solo porque quiere dormir con su madre, o que va a ser un egoísta porque no quiere prestar sus juguetes, o un tirano porque no tiene límites, o un adulto blandito porque sus padres le ayudan, o un caprichoso porque no quiere verdura. Mucha gente intenta convencernos de que pequeñas conductas sin importancia de un niño pequeño son signo de una profunda depravación.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Cass no cree que las mujeres necesiten tener voluntad propia, y no se lo permitió a su esposa. Tampoco permitió a su hijo tener su propia voluntad, y ahora, indignado, se sorprende de que no la tenga. Al imponerle una disciplina externa, la de las órdenes y los gritos, no le ha permitido desarrollar su propia disciplina, la que depende de una voluntad inexistente. Pese a todo, Cass se considera un excelente padre, una víctima de sus hijos:”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Parece que, para el señor Cass, consentir a sus hijos ha significado más bien pasar de ellos. No es que les haya prestado demasiada atención, sino que no les ha prestado ninguna, hasta que los esfuerzos de sus hijos por llamar su atención han provocado monumentales enfados. No tiene ningún reparo en insultar a sus hijos, en acusarles de sus propias culpas. Él también tendría, como tuvo su abuelo, «una buena casa» y unos «establos llenos de caballos, si no fuera por estos cuatro inútiles que cuelgan de mí como sanguijuelas».”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Todos los padres deberíamos tener bien presente este soneto: nuestros hijos no nos quieren porque les demos premios, ni se portan bien por miedo al castigo. Lo hacen porque nos aman, y el querer comprar ese amor con premios o encauzarlo con castigos no solo es ineficaz, sino también profundamente corruptor.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Todos los padres deberíamos tener bien presente este soneto: nuestros hijos no nos quieren porque les demos premios, ni se portan bien por miedo al castigo. Lo hacen porque nos aman, y el querer comprar ese amor con premios”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Y ahí tienes a Lucy Deane, qué niña tan buena, puedes sentarla en un taburete, y allí se queda una hora entera, y ni se le ocurre levantarse. No puedo evitar quererla como si fuera mi propia hija; y desde luego parece más hija mía que de mi hermana Deane, porque ella siempre ha tenido muy mal color para ser de nuestra familia, mi hermana Deane.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Así es la tía Glegg: está hablando con su hermana, pero no dice «nuestro padre», sino «mi padre». La autora ya ha dedicado antes unas páginas a presentárnosla: es avara, engreída, despectiva, criticona… Así que en estos momentos el lector no puede menos que pensar: «¿Ah sí? ¡Pues ojalá tu padre os hubiera criado de otra manera, para que fuerais otro tipo de familia!».”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Así es la tía Glegg: está hablando con su hermana, pero no dice «nuestro padre», sino «mi padre». La autora ya ha dedicado antes unas páginas a presentárnosla: es avara, engreída, despectiva, criticona… Así que en estos momentos el lector no puede menos que pensar: «¿Ah sí? ¡Pues ojalá”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“¡Deliciosas palabras de ternura! Maggie nunca olvidó ninguno de esos momentos en que su padre «se puso de su parte», los guardó en su corazón y pensó en ellos muchos años después, cuando todo el mundo decía que su padre había hecho mucho daño a sus hijos[10]. —¡Cómo malcría tu marido a esta niña, Bessy! —dijo la señora Glegg, en un fuerte «aparte» a la señora Tulliver—. La echará a perder, si no tienes cuidado. Mi padre nunca crio así a sus hijos, o habríamos sido un tipo de familia diferente del que somos.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“—Vamos, vamos, mi niña —la tranquilizó su padre, rodeándola con un brazo—, no te preocupes, hiciste bien en cortarte el pelo si te molestaba; deja de llorar, papá se pondrá de tu parte. Pero ¿qué es esto? ¡Darle la razón, dejar que se salga con la suya! ¿No se convertirá esta niña en una malcriada, una pequeña tirana, una delincuente juvenil? ¿No aprovechará a partir de ahora para desobedecer y hacer toda clase de diabluras?”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“—Vamos, vamos, mi niña —la tranquilizó su padre, rodeándola con un brazo—, no te preocupes, hiciste bien en cortarte el pelo si te molestaba; deja de llorar, papá se pondrá de tu parte.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Pero bueno, qué vergüenza! —dijo tía Glegg, en su tono de reproche más fuerte y severo—. A las niñas que se cortan el pelo habría que darles de azotes y ponerlas a pan y agua y no dejarlas sentarse con sus tías y tíos. Y de pronto, la salvación. Su padre la defiende. Con decisión, acallando todas las críticas (bueno, excepto a tía Glegg, que no calla nunca):”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Maggie lo retrasa todo lo posible, pero no puede ocultarse eternamente. Cuando por fin baja, la familia ya ha empezado a comer; el pelo de Maggie es el centro de todas las miradas y todos los comentarios. Destaca una de sus tías:”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“escriben hoy en día muchos libros sobre la conducta de los niños. Sobre su mala conducta, principalmente. Cómo modificarla, cómo conseguir «que nunca más vuelva a…». Sobre la causa de esa mala conducta, que habitualmente parece ser la «falta de límites». Pero no suelo ver nada sobre lo que piensan y sienten los niños antes, durante y después de esas acciones que tanto nos molestan: la rabia, la vergüenza, el miedo, la culpa. Eliot dedica varias páginas a hablar de lo que piensa y siente Maggie en estos momentos. A tratar a una niña de nueve años como a un ser humano:”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“al momento se da cuenta de que ha hecho algo irreversible, que el pelo corto no está nada de moda para las niñas, y mucho menos el pelo mal cortado a tijeretazos. Se da cuenta de que tiene que bajar a comer, de que todo el mundo hará comentarios, de que se reirán y la castigarán.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Poco después vienen a comer a casa las tres hermanas de la señora Tulliver, con sus maridos respectivos. Maggie ha estado jugando y se ha despeinado. Una de sus tías critica su pelo; su madre la riñe y le dice que se vaya a peinar ahora mismo. Pues si no les gusto con estos pelos, me van a ver sin estos pelos. Maggie se corta el pelo ella misma con unas tijeras (y con la colaboración de su hermano, a quien convence para que le corte por detrás).”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Todavía encontrará a muchos ignorantes que le dirán justo lo contrario, que el cariño hace a los niños blandos y dependientes, incapaces de enfrentarse a la vida. Le dirán que no hay que cogerlos en brazos, que hay que dejarlos llorar, que se tienen que ir acostumbrando… Pero Dickens sabía muy bien que los más fuertes eran precisamente los que habían sido «cuidados con delicadeza y criados con ternura». Lo sabía por experiencia, porque, tras una infancia feliz, la ruina de su padre le obligó a entrar a trabajar en una fábrica de betún, diez horas al día, con doce años de edad.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Los psicólogos tardarían más de ciento treinta años en describir el concepto de resiliencia, la capacidad de sobreponerse a las adversidades de la vida, que se fundamenta en los cuidados amorosos recibidos durante la primera infancia.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Vio a los que habían sido cuidados con delicadeza y criados con ternura mantenerse alegres ante las privaciones y superar sufrimientos que hubieran aplastado a muchos de una madera más basta, porque llevaban en su seno los fundamentos de la felicidad, la satisfacción y la paz.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Los papeles póstumos del Club Pickwick”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“poema nos explica cuál era la actitud normal, hace poco más de un siglo, ante el llanto de un niño. Y también nos habla de las terribles consecuencias que tenían una enfermedad o un accidente cuando no existía ese estado de bienestar al que estamos tan acostumbrados, que solo sabemos quejarnos de sus defectos. De hecho, creo que este poema tiene una intención política.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“¿Por qué, esposa de mi vida, por qué tan alegre cantas mientras cuento en mi desdicha mis penas, ¡ay!, que son tantas? De tanto que en casa he visto, joyas, muebles y moneda, es la Cruz de Jesucristo lo único que nos queda. No trabajaré ya nunca, mi enfermedad se ha agravado, yo me voy para la tumba y voy, ¡ay!, acompañado. Y este hijo nuestro, ¿qué hará solo, sin padre ni madre? ¿Un árbol encontrará que con su sombra lo ampare? ¿Y tú cantas? ¡Vive Dios! ¿Mi pena quieres que ignore? ¿Por qué cantas, di, mi amor? —Para que el niño no llore.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Por qué cantan las madres En el piso más humilde del callejón de la Cera canta una madre gentil, cual pájaro en primavera. Canta una hermosa canción, la del niño y la nodriza7, mientras abraza al rorró, que las lágrimas olvida. Su esposo está malherido tumbado sobre una estera; ayer la cama han vendido para echar el hambre fuera. De sábanas y de mantas diez días hace que no tienen; tan solo les queda una, que empeñarán, si no venden. Nada tienen de comer, no hay un pedazo de leña; como no se va a encender, el fogón también se empeña. El bebé no tiene cuna, la madre no tiene silla, mas canta cual ruiseñor, pero su esposo suspira.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“sacerdote y poeta catalán Jacint Verdaguer (1845-1902) publicó a sus expensas un libro de poemas para recaudar fondos para los damnificados. En ese libro se incluye un poema en el que da una clara respuesta a la pregunta que a veces se hacen los padres: ¿Hay que consolar a un niño que llora o es mejor dejarlo llorar?[”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“¿Y cómo dormirá la pequeña Hetty? Por supuesto, una niña de tres años todavía no se duerme sola. Hay que dormirla en brazos, con la ayuda de una mecedora: La señora Poyser, sentada en la mecedora que habían traído de la sala, estaba intentando dormir a Totty. Pero Totty no estaba dispuesta a dormir; y cuando entraron sus primas, se alzó y mostró un par de mejillas sonrosadas, que parecían más regordetas que nunca ahora que estaban definidas por el borde de su gorro de dormir. […] Pero entonces la atención de su tía fue apartada de este delicado tema por Totty, que, percibiendo por fin que la llegada de sus primas no iba probablemente a aportarle nada especialmente satisfactorio, empezó a llorar, «mami, mami», de forma explosiva. «Vamos, vamos, mi cielo, estás con mamá, mamá no te deja; Totty va a ser buena y se va a dormir ahora», dijo la señora Poyser, echándose hacia atrás y balanceándose mientras intentaba que Totty se acurrucase en su regazo. Pero Totty lloró aún más fuerte, y dijo «¡momir no!». Así que su madre, con esa asombrosa paciencia que el amor da a los temperamentos más activos, se enderezó y posó su mejilla sobre el gorro de dormir y lo besó, y se olvidó de seguir riñendo a Totty. […] —¿Irás con la prima Hetty, cielito, mientras mamá se prepara para ir a la cama? Entonces Totty vendrá a la cama de mamá, y dormirá allí toda la noche.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Ishmael, en Moby Dick, se lamenta de la brutalidad de sus compañeros marinos, y la atribuye a la falta de cariño materno: ¡Dios mío! ¡Navegar con semejante tripulación de paganos, que han recibido tan poco contacto de una madre humana! Los parió la mar, llena de tiburones. Unas décadas más tarde, a finales del siglo XIX, empezaría a popularizarse la opinión contraria, que llegó a ser mayoritaria a mediados del siglo XX y aún han de escuchar muchos padres en el XXI: que el contacto de una madre humana es malísimo para los niños, que no hay que tomarlos en brazos ni mecerlos ni consolarlos ni dormirlos en nuestro regazo. A mí, como a Ishmael, me preocuparía vivir rodeado de gente que ha tenido poco contacto de madres humanas.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“La mayoría de las madres no van a ver a sus hijos amenazados por un pelotón de soldados. Pero tal vez sí por quienes pretenden humillarles o castigarles, por familiares que dicen «si te portas mal, no te quiero» o «pareces un niño tonto, con el dedo en la boca»; por monitores de comedor escolar que se creen en el derecho de obligar a comer a los niños; por maestros que aún creen en el insulto o en la bofetada; por acosadores. ¿Quién te va a defender, si no es tu madre? —¡Madre! —gritó, con una angustia que no se puede expresar—. ¡Madre! ¡Ya vienen! ¡Defiéndeme! —¡Sí, mi amor, yo te defiendo! —respondió su madre con voz apagada, y, abrazándola estrechamente, la cubrió de besos. Así en el suelo las dos, la madre sobre la hija, eran una visión digna de piedad.”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura
“Chantefleurie se había abalanzado sobre el zapatito, lo único que le quedaba de todo lo que había amado. Estuvo tanto tiempo inmóvil, muda, sin aliento, que creíamos que se había muerto. De pronto todo su cuerpo tembló, cubrió su reliquia con besos furiosos y se desbordó en llanto como si se le hubiese roto el corazón. Le aseguro que todas llorábamos. Ella decía: «¡Ay, mi niña, mi niña bonita! ¿Dónde estás?», y al oírla se te retorcían las entrañas. Aún lloro cuando lo pienso. Nuestros hijos, ya ve, son el tuétano de nuestros huesos. ¡Mi pobre Eustache! ¡Qué guapo eres! ¡Si supiera usted lo bueno que es! Ayer me decía: «Yo quiero ser guardia». ¡Ay, Eustache mío, si te perdiera!”
Carlos González, Hablando de niños: Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura

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