Sesenta semanas en el trópico Quotes

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Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior by Antonio Escohotado
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“A cambio de un futuro siempre incierto, no hacemos cola para recibir la ración mensual de arroz, mantequilla o vivienda establecida por algún autócrata, sino que cada uno se lanza a realizar personales aspiraciones, tejiendo una malla de servicios que eleva hasta extremos antes impensables el nivel y la expectativa de vida para individuos y grupos.”
Antonio Escohotado, Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior
“Singapur sigue siendo «puerto libre, abierto sin discriminación al comercio con cualquier país». En los demás aspectos es una isla desprovista de recursos, e incluso de buenas playas. Sus tres millones y medio de habitantes no tienen la renta per cápita más alta de Asia, y una de las más altas del mundo, porque exploten petróleo, gas natural, yacimientos minerales, piedras preciosas, tierras fértiles o cualquier don análogo del suelo o el subsuelo. Riquezas de esa índole caracterizan a países vecinos que a pesar de ello resultan pobres o misérrimos, pues lo propio de Singapur es —como repiten sus folletos oficiales de turismo— «capital humano», esto es: diligencia, fiabilidad, renovación. Carece de cocoteros y petróleo, aunque tiene la manufactura final de los productos del coco (conocidos genéricamente como copra), la mayor refinería de la zona, industria electrónica e informática, un avanzado sistema bancario y hasta un foco de ingeniería financiera. Ejecutivos, comerciantes y empleados dan constantes muestras de flexibilidad, como si no les costase lo más mínimo adaptarse a las veleidosas irregularidades del mercado. Los hoteles, por ejemplo, varían de tarifa por días y hasta por horas, en estrecha correlación con la demanda, semejantes a las fluctuaciones de una Bolsa.”
Antonio Escohotado, Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior
“Los machos animales luchan por las hembras a muerte, aunque compartir les reportaría ventajas. Las hembras animales pueden pelear o no entre ellas, pero la hembra humana luchará denodadamente para conseguirse un compañero exclusivo. Cierta inocencia astuta hace que entregue su corazón a uno solo, pues únicamente disfrutando de tanto dar y recibir entenderá el varón las reglas del tú, solo tú. El juego consiste en amar hasta el fin, trascendiendo ocasionales apareamientos.”
Antonio Escohotado, Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior
“El mayor disparate de nuestros ancestros fue imaginar que las cosas fundamentales surgen por decreto creador (divino o gubernativo) y se extinguen por decreto derogatorio (divino o gubernativo), cuando en realidad brotan de un impersonal espíritu humano obligado sin pausa a aprender de sus equivocaciones, dentro de procesos aleatorios que constituyen la historia de su propia libertad.”
Antonio Escohotado, Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior
“El odio a la actitud científica caracteriza a ignorantes y resentidos.”
Antonio Escohotado, Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior
“El optimismo occidental parte de confiar en la evolución, aunque dicho proceso sea puro riesgo.”
Antonio Escohotado, Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior
“Sed revolucionarios sin preconizar incoherencias, afanaos en cualquier revolución que no sea regresiva; reconoced la espontaneidad de la naturaleza, y confiad en la libertad humana como cauce primario para mejorar nuestra suerte. Mucho mejor que confiaros a tutelas dirigistas, delegando vuestra responsabilidad en timoneles mesiánicos, defended unas reglas de juego que creen libertad en vez de recortarla.”
Antonio Escohotado, Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior
“El atraco a la realidad que perpetra la magia no carece de paralelos políticos. En vez de contribuir a un mercado abierto o competitivo de todo —que por ahora solo existe como aspiración—, el socialismo lamenta dicho proyecto. Pero entre planificar o dejar parte de la realidad librada a lo que Smith llamó mano invisible la opción no es cordura versus desvarío, o justicia versus explotación, sino delegar o no una gran parte de nuestra existencia en aquello que decida alguna persona, cuyos poderes sobrehumanos le permiten ir legislando con éxito sobre todo. Llamativamente, esos sujetos sobrehumanos desconfían de una iniciativa individual que prohibirían o prohíben por opuesta al interés común, e ignoran aquello sobre lo cual pontifican. Vestidos de futuro y rebeldía, representan a la sociedad de gestas bélicas y vasallos, que es un medio donde progresó muy poco la división del trabajo. Dicho régimen fue desplazado por una sociedad proclive a intercambios voluntarios y a una acelerada especialización, cuyo próspero antidogmatismo ridiculiza a la sociedad previa. En vez del «yo os salvo de vuestros enemigos», divisa del Ancien Régime, las Constituciones comerciales prometen «yo os cubro de injerencias arbitrarias».”
Antonio Escohotado, Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior
“...el ideal autoritario pervive intacto en innumerables símbolos, costumbres, tendencias y hasta concepciones del mundo, que exhiben la misma confianza en la delegación, e idéntica fe en la omnipotencia. Sociedades abiertas al intercambio libre de bienes y servicios parecen el epítome de una crueldad insolidaria, cuando todos estaríamos mucho mejor con un patrimonio prácticamente idéntico.“Eso no cambia que la división del trabajo se apoye sobre la diversidad humana, y que sin el orden inventado en cada instante por las iniciativas de esa diversidad solo haya una organización piramidal despótica. Nos entregaremos entonces al arbitrio de salvadores, cuyos planes serán a fin de cuentas una reedición de viejas ofertas, empobrecidas adicionalmente por el hecho de que esos mesías no tienen siglos de experiencia en el mando, como las iglesias y ejércitos tradicionales.

Sin embargo, esa entrega al salvador —arcaico o modernísimo— bien pudiera no tener relación alguna con el deseo de disfrutar libertad y prosperidad. Tanto algunos ricos como algunos pobres prefieren ilusionarse con cierta redención sectaria a vivir libres y acomodados, porque de puertas adentro no se soportan. Si despiertan deprimidas (por costumbre o por alguna resaca), ciertas personas pontificarán sobre lo depresivo del mundo, aunque estén rodeadas por personas llenas de entusiasmo. Les vale, pues, cualquier representación que ayude a borrar las fronteras entre su realidad y la ajena. También podría decirse que no han sido bendecidas por un amor a la objetividad, sino cargadas con un deseo de ser y no ser al mismo tiempo.”
Antonio Escohotado, Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior
“Cuando encuentre una religión basada realmente en celebrar, y no en ofrecer lenitivos, me apunto al censo de sus fieles. Ayudaría a cantar las alabanzas del merecimiento y la belleza, a llorar de entusiasmo con hazañas de bravura y perspicacia, a rezar por los bondadosos y tiernos, sin degradar lo sublime a proyectos de hospital y sanatorio. La falta de templos para este tipo de religiosidad colaboró no poco a que se inventara la vocación de poetas y otros creadores sin ánimo de mando en plaza, a la estacional filosofía y a que siga enorgulleciéndonos hacer o responder la pregunta:
—Ciudadano, ¿dónde votamos?”
Antonio Escohotado, Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior
“Me avergüenza no haber imaginado la medida de su audacia, y lo atribuyo a ser hijo único, caprichoso y despectivo. Parece trivial bucear en tratados de economía, buscando causas objetivas para la pobreza o la opulencia de distintas naciones. No hay más nación que la humanidad, a pesar de todo.”
Antonio Escohotado, Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior