El hombre que tenía miedo a vivir Quotes

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El hombre que tenía miedo a vivir El hombre que tenía miedo a vivir by Miguel Ángel Montero
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El hombre que tenía miedo a vivir Quotes Showing 1-14 of 14
“recrearlo en tu imaginación, tu cuerpo reaccionará con la misma alegría o frustración que te produjo el hecho cuando ocurrió —explicó—. Por ejemplo, piensa en un lugar maravilloso que hayas visitado o situación satisfactoria que tuviste algún día, comprobarás que si tu mente lo visualiza como si estuviera sucediendo, tu cuerpo reaccionará también como si estuvieras viviéndolo. Es fácil engañar”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir
“Thomas Edison, uno de los mayores inventores de la historia, siendo niño, fue expulsado por el director del colegio, alegando como motivo que era torpe intelectualmente y carecía de interés para aprender. Su madre, en vez de castigarlo y reñirle, realizó una gesta increíble, le ocultó los motivos de su expulsión y, en contraposición, le contó que era un niño tan listo, que en el colegio habían decidido mandarlo a casa, porque ya no podían enseñarle más. A partir de entonces, su madre cogió las riendas de su educación, le motivó, le ayudó, le enseñó y, lo más importante, le hizo creer que era un genio, convirtiéndose finalmente en eso mismo.”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir
“Como dijo García Márquez: «No llores porque ya se terminó…, sonríe porque sucedió» —escuché una voz justo detrás de mí.”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir
“»Todos estamos enfermos, no lo olvides —recordó, lanzando su dedo índice al aire—, que no sepas cuándo vas a morir no cambia nada, vas a expirar igualmente, y lo único que te llevarás cuando te vayas es lo que hayas hecho en vida, nada más. Todos tenemos un tiempo que se agota, y el antídoto existente es aprovechar este tiempo al máximo. Por tanto, observa detenidamente cómo empleas tu tiempo y eso te indicará el grado de tu enfermedad.”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir
“perder o ganar es relativo, porque nunca puede valorarse en el momento que sucede, se necesita perspectiva temporal para entender si, realmente, ganamos o perdimos —concluyó Samin—. Siempre hay que levantarse ante cualquier supuesta pérdida o suceso negativo y comprender que, posiblemente, eso que crees que es lo peor que te ha sucedido, pasado el tiempo, se puede convertir en lo mejor que te sucedió. Si dejas de centrarte en la pérdida, verás que muchas cosas que en un momento te hacen daño, en el futuro se transforman en grandes enseñanzas, y cuando pierdes algo, puede ser porque un premio mejor te está aguardando.”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir
“La ausencia de metas es lo que nos mata en vida, si mantienes tu mente ocupada con objetivos y los persigues con ilusión, estarás vivo, independientemente de que los cumplas o no, porque lo importante es el proceso: el Camino.”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir
“¿En qué momento perdemos esa inocencia? ¿Cuándo decidimos que la vida hay que tomarla en serio? En la infancia no hacía falta ser correcto, no era necesario fingir, las cosas eran como las veíamos, y si otro niño era feo o gordo, no había problema en decírselo; si no sabía jugar al fútbol, lo poníamos de portero; si tenía piojos, era un piojoso… ¿Crueles o sinceros? Ojalá a mí me hubieran tratado con sinceridad de adulto, en lugar de decirme lo que quería escuchar y aplaudir mis estupideces. Podíamos herir a veces, aunque sobre todo sabíamos amar; besábamos continuamente; decir «te quiero» eran las palabras más sencillas de pronunciar; sabíamos perdonar; un enfado duraba minutos y, si alguien nos hacía una mueca, nuestro llanto cambiaba automáticamente por una carcajada. Lo que más me gustaba era la ausencia de rencor, una vez pasado el enfado, todo volvía a la normalidad. Era increíble poder perdonar en cuestión de minutos, olvidar al instante y vivir sin resentimiento. Puedo evocar a mi maestra reñirme duramente, castigarme incluso, y llorar amargamente por ello. Veinte minutos después, ya estaba abrazándola como si nada hubiera sucedido. Los amigos eran incondicionales, no había normas en la amistad. Llegabas a un parque y, directamente, todos los niños que estábamos allí ya nos convertíamos en amigos de forma automática, sin presentaciones previas. Terminado el juego, nos despedíamos sin más, y a veces ni eso, no importaba que no volviéramos a vernos, en ese instante nos fuimos útiles mutuamente, nos servimos el uno del otro, y ese fue el simple vínculo que nos unió, porque cuando eres niño las personas están para ayudarte y forman parte de tu universo, las personas no nos pertenecen, únicamente disfrutamos de ellas.”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir
“las personas no nos pertenecen, únicamente disfrutamos de ellas.”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir
“la pérdida siempre es parcial y el éxito relativo;”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir
“la persecución de una meta solo es el vehículo hacia otra oportunidad de elegir.”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir
“no olvides que un día vas a morir, ya que la muerte nos ayuda a relativizar las cosas. Comprender que la vida es limitada te ayudará a no malgastarla.”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir
“solo trata de tener siempre un motivo, una meta que conseguir. La ausencia de metas es lo que nos mata en vida, si mantienes tu mente ocupada con objetivos y los persigues con ilusión, estarás vivo, independientemente de que los cumplas o no, porque lo importante es el proceso: el Camino.”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir
“El amor es la fuerza más poderosa que existe. Si das amor, recibirás amor; si amas la vida, la vida te tratará con amor, y si te amas a ti mismo, no necesitarás nada más.”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir
“¡Es fácil juzgar desde fuera! —pronuncié enfadado—. ¿Cree que a mí me gusta acabar así? No lo he elegido. —Sí lo has elegido, aquí has venido tú solito. Cada persona elige su propio destino.”
Miguel Ángel Montero, El hombre que tenía miedo a vivir