Hermón Quotes
Hermón
by
J.J. Benítez1,144 ratings, 4.16 average rating, 37 reviews
Open Preview
Hermón Quotes
Showing 1-30 of 34
“pero los que nacen del espíritu demuestran los frutos inmediatamente, a través del servicio a sus semejantes. Éstos son esos frutos: servicio amoroso, abnegación desinteresada, fidelidad, equilibrio, honradez, permanente esperanza, confianza sin reservas, misericordia, bondad continua, piadosa clemencia y paz sin fin. Si los creyentes no aportan estos frutos en su vida diaria…, ¡están muertos! El espíritu de la Verdad —no os engañéis— no reside en ellos. Son sarmientos inútiles de una viña viva y, a no tardar, serán podados.”
― Hermón
― Hermón
“No hubo respuesta. Mi hermano y yo comprendimos. No era el momento. Como Él acababa de afirmar, no había llegado su hora. Jesús de Nazaret eligió el silencio. —¡Un Dios nuevo! —exclamó el jovencito, no menos desconcertado—. ¿Y tú eres judío? ¿Qué pasará con Yavé? —Te lo he dicho: deja que llegue mi hora… Entonces te hablaré de ese nuevo Padre. —¡No! —bramó el impetuoso adolescente—. ¡Háblame ahora! El jefe de los Tiglat reprendió al muchacho. Pero Jesús, solicitando calma, accedió. —Está bien, mi querido e impulsivo amigo… Lo haré porque es tu corazón el que lo reclama. »Yavé está bien donde está. Y ahí quedará para los que no comprendan la nueva revelación. Porque de eso se trata: de entregar al hombre un concepto más exacto de Dios… Sí, hijo mío, un Dios nuevo y viejo al mismo tiempo. Un Dios Padre. Un Dios que no precisa nombre. Un Dios sin leyes escritas. Un Dios que no castiga, que no lleva las cuentas de tus obras. Un Dios que no necesita perdonar…, porque no hay nada que perdonar. Un Dios al que puedes y debes hablar de tú a tú. Un Dios que te ha creado inmortal. Que te llevará de la mano cuando mueras. Que te invita a conocerlo, a poseerlo y, sobre todo, a amarlo. Un Dios, como tú haces con tu padre, en el que confiar. Un Dios que te cuida sin tú saberlo. Que te da antes de que aciertes a abrir los labios. Un Dios tan inmenso que es capaz de instalarse en lo más pequeño: ¡tú! La mágica voz de aquel Hombre, sonora, segura, armada de esperanza, nos rindió a todos. Tiglat padre sostuvo la penetrante y cálida mirada del «extraño galileo». No había duda. Sus palabras lo hechizaron. Y balbuceó: —¿Dónde está ese Dios? ¿Dónde podemos encontrarlo? Jesús tocó su propio pecho con el índice izquierdo y aclaró: —Te lo he dicho: aquí mismo… dentro de ti.”
― Hermón
― Hermón
“Veamos —intervine sin demasiada seguridad—, si no he comprendido mal, el buen gobierno de esa «chispa» interior no depende de lo que uno crea o deje de creer, sino de la voluntad, del deseo de hallar al Padre. ¿Me equivoco? —No, Jasón. Has hablado acertadamente. El éxito de mi Padre está íntimamente asociado a tu poder de decisión. Si tú confías, Él gana. Poco importa lo que creas. Si lo buscas, si lo persigues, la «chispa» controla el rumbo. Y tú, poco a poco, te vas haciendo uno con «ella».”
― Hermón
― Hermón
“No «vendas», querido ángel. No grites el nombre del Padre. No obligues. No discutas. Cada cual, según lo establecido, recibirá el «toque» a su debido tiempo. No hay prisa. Ab-bā sabe. Ab-bā reparte. —Un Dios sin prisas —terció el «destrozapatos»—. Eso me gusta…”
― Hermón
― Hermón
“¿Estás diciendo —manifestó el ingeniero con incredulidad— que ahí fuera hay vida inteligente? —Mírame… ¿Me consideras inteligente? Eliseo, aturdido, balbuceó un «sí». —Pues yo, hijo mío, procedo de «ahí fuera», como tú dices… Eliseo, descolocado, cayó en un profundo mutismo. En el fondo, él, como yo, amaba a Jesús de Nazaret. Habíamos visto lo suficiente como para no poner en duda sus palabras. El tiempo, por supuesto, seguiría ratificando este convencimiento. Aproveché el silencio de mi compañero y me centré en otra de las insinuaciones del Maestro. —Tu reino… ¿Dónde está? ¿En qué consiste? Jesús extendió los brazos. Abrió las palmas de las manos y me miró feliz. —Aquí mismo… Después, levantando el rostro hacia la apretada e insultante «Vía Láctea», añadió: —Ahí mismo… —¿El universo es tu reino? —No, querido Jasón —matizó con aquella infinita paciencia—, los universos tienen sus propios creadores. El mío es uno de ellos…”
― Hermón
― Hermón
“Querido e impulsivo niño… Acabo de decírtelo: estás en los comienzos de una venturosa carrera hacia el Padre. Algún día lo verás con tus propios ojos. La creación es vida. No reduzcas al Padre a las cortas fronteras de tu percepción. Y te diré más: la generosidad de Ab-bā es tan inconmensurable que nunca, ¡nunca!, alcanzarás a conocer sus límites.”
― Hermón
― Hermón
“Y, curioso, se adelantó a nuestros pensamientos. —¿Cuál es su gracia? —Yešua‘… —Jesús… —Jesús de Nazaret —precisé sin disimular un cierto orgullo—. Un «ah», un hermano… —Pero vosotros sois extranjeros. ¿Cómo podéis llamar hermano a un yehuday [judío]? —Este yehuday no es como los demás… —¿Es rico? El ingeniero, encantado ante la sinceridad del joven fenicio, rió con ganas. Y replicó con la verdad. —Su corazón es inmensamente rico… —Comprendo… Es un judío que no teme a ese despiadado Yavé. —Es un ser humano. —¿Humano y judío? Imposible… —Ya veo que no te agradan —sentenció Eliseo. —No me gusta su Dios. Los vuelve locos. Discrimina. Se consideran en posesión de la verdad. Nos desprecian. —¿La verdad? —intervine—. ¿Qué es para ti la verdad? No lo dudó. Señaló las piedras cónicas y, seguro de sí mismo, afirmó: —Mi padre dice que la verdad, si existe, no está en los dioses, ni tampoco en las leyes. La verdad está por llegar. —Y si algún día llega, ¿sabrás reconocerla? Asintió tímidamente. —Creo que sí. Según mi padre, la verdad va directa al corazón. Lo sabré porque me hará temblar. Pero no de miedo, sino de emoción… —Tu padre es un hombre sabio. —Mi padre —corrigió a Eliseo— es bueno. Él se deja guiar por el instinto. Os contaré algo…”
― Hermón
― Hermón
“¿quién es este humilde carpintero de Nazaret que hace lo mismo? Si aceptaban sus prodigios tenían que admitir igualmente que Jesús se hallaba capacitado para perdonar los pecados. En otras palabras: el Hijo del Hombre era de origen divino. —O lo que es lo mismo: Yavé y tradición…, pulverizados. —Afirmativo.”
― Hermón
― Hermón
“¡Qué hermosa y difícil «revolución» la de aquel Hombre! ¡Qué distintos el Yavé de los judíos y el Ab-bā de Jesús de Nazaret!”
― Hermón
― Hermón
“¿Yavé?… ¿Y por qué Yavé? Se supone que es Dios… —Sí —argumenté—, un Dios extraño. Negativo. Y me centré en los hechos. —Recuerda algunos pasajes del Pentateuco. ¿Qué dice el Levítico?”
― Hermón
― Hermón
“En cuanto a las palabras pronunciadas por el rabí tras el supuesto «soplo», quien conozca mínimamente el estilo del Hijo del Hombre se dará cuenta de que difícilmente podían encajar en su pensamiento y línea de conducta.”
― Hermón
― Hermón
“«El Maestro —clamó Bartolomé— nos enseñó que el hombre puede sostener una relación directa con el Padre, con Dios… No importa que sea pobre, rico, ignorante o pecador… ¿Es que no veis que éste es el gran triunfo?»”
― Hermón
― Hermón
“Lucas, en fin, volvía a adornar los hechos…, innecesariamente. Y no tengo más remedio que preguntarme: si estos textos, supuestamente sagrados, han cambiado la dirección de medio mundo, ¿qué habría ocurrido si hubieran respetado la verdad? Pero lo más triste —que pone en tela de juicio buena parte de cuanto se narra en dichos evangelios— estaba por llegar. Y poco a poco fui resignándome.”
― Hermón
― Hermón
“todo, en la vida, se halla atado y bien atado. Otra cuestión es que no comprendamos esos designios.”
― Hermón
― Hermón
