El Evangelio según Van Hutten Quotes
El Evangelio según Van Hutten
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El Evangelio según Van Hutten Quotes
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“Soy ese tipo de personas que no entienden las cosas hasta que las recuerdan.”
― El Evangelio según Van Hutten
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“las manos, cubierto de plumas, coronado por un aura y un tridente de luz roja, representación de un combatiente en la lucha final de la luz contra las tinieblas, aguardada por los esenios. En el segundo caso, dos jóvenes rebeldes del ’68 enarbolan una bandera roja en una ciudad moderna, pero avanzan por sobre uno de los manuscritos del mar Muerto que se extiende a sus pies, alegoría de la concatenación entre la sublevación cristiana del siglo I y la revolución soñada en el acmé del siglo XX.”
― El evangelio según Van Hutten
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“Abelardo leyó y estudió la bibliografía sobre el tema accesible en castellano, que no ha sido poca ni irrelevante. Apreció particularmente el libro de Edmund Wilson, publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1956,(5) y el volumen que el arqueólogo Ernest Marie Laperrousaz, uno de los participantes en las expediciones de los años 50 a Qumrán, escribió para la colección Que sais-je? en 1961 y editó Eudeba en 1964.(6) Es muy probable que nuestro autor estuviese al tanto de los ecos que los hallazgos tuvieron en Buenos Aires.”
― El evangelio según Van Hutten
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“Me atrevo a decir que los desciframientos permanecen in fieri. Porque las razones del profesor para emprender su excursión a La Cumbrecita, convertirse en el detective aficionado que descubre la supervivencia de Van Hutten, llegar a conocer el mensaje contenido en la susodicha epístola, vivir un amor fugaz con la jovencísima Christiane, hija del arqueólogo, y regresar, por fin, a Buenos Aires como un alma perdida, todos aquellos motivos nunca nos quedan claros.”
― El evangelio según Van Hutten
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“Esto era arameo en bruto, el idioma de los pobres de Israel, la lengua de los pescadores y los ladrones, de los carpinteros y las putas, y no había sido pervertido por los cristianos renegados ni por los romanos del siglo de Constantino.”
― El evangelio según Van Hutten
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“¿Qué imagina qué podría haber pasado en esos años con un texto evangélico donde se dice que el hijo de Dios ha venido a ponerle fuego al mundo, y que está impaciente porque ese incendio ocurra? Sí,”
― El evangelio según Van Hutten
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“El primer manuscrito, el de la tinaja, no lo mostré por vanidad, para no compartir mi hallazgo con nadie. El segundo no lo di a conocer por cobardía. Usted vivió esos años. El mundo parecía a punto de estallar. Todos ustedes, todos los de su generación eran zelotes. —Se rio pero como de lejos, sin alegría. —Ya no se trataba de comprender el mundo, sino de transformarlo, ¿no? Los muchachos salían a la calle a pedir la realidad de lo imposible, los curitas se remangaban la sotana y se hacían matar en las selvas de Colombia o de Bolivia. El compañero Jesús, harto de cargar con un patíbulo romano, andaba por esos arrozales de Vietnam munido de una buena metralleta, clamando como Nietzsche por el Hombre Nuevo. La revolución aprobada por Dios. Hubiera sido un buen momento, ¿no es verdad? Estoy tan cansado —dijo de pronto—, ha pasado tanto tiempo y me he vuelto tan viejo. Trate de entenderme, por más que no me crea. Yo, a pesar de mi rebeldía, de mi arrogancia intelectual, era un sabio cobarde y sencillamente tuve miedo de que fuera posible probar la autenticidad de esa epístola.”
― El evangelio según Van Hutten
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“la oscuridad que algo le pasaba, algo triste y quizá definitivo, pude sentirlo porque a veces la tristeza irradia con tal fuerza del cuerpo de una mujer, que se apodera de nuestro cuerpo y lo envuelve como en un sudario, pude o debí sentirlo, pero no me importó, tal vez porque todavía entonces el cuaderno me preocupaba más que Christiane. Todo ocurrió con la luz apagada y en silencio. En algún borde de la noche supe que la chica estaba a punto de decirme algo, pero le tapé la boca y me hundí en su cuerpo hasta obligarla a clavarme con odio los dientes en la mano. No la vi irse cuando salió de mi cuarto. No había visto siquiera su silueta en la ventana del pinar, cuando llegó, porque no la esperaba y me despertó el contacto de su cuerpo.”
― El evangelio según Van Hutten
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“¿Puedo hacerle una pregunta? —Usted siempre nos dice lo mismo. Claro que puede. Pero hágala rápido que ahí viene nuestra última cena. —Si Jesús quería ser entregado para desatar una rebelión contra el imperio, y era hijo de Dios, ¿por qué fracasó? —No siempre acierto con los giros coloquiales, pero creo que en este país eso se llama salir con un domingo siete. —Contésteme.”
― El evangelio según Van Hutten
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“«bienaventurados los pobres en espíritu», acá decía simplemente pobres, como en Lucas, y las palabras estaban enunciadas en segunda persona. Bienaventurados vosotros los pobres. Bienaventurados vosotros los hambrientos, porque seréis saciados. Y como también en Lucas: He venido a poner fuego en el mundo, y cómo quisiera que ya estuviese ardiendo.”
― El evangelio según Van Hutten
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“indicaban, hombres de guerra. Iscariote no quería decir «de Carioth», o nacido en Carioth, sino Sicario, es decir, hombre armado con una sica: zelote.”
― El evangelio según Van Hutten
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“Jesús, en efecto, había nacido según la carne, pero, como se desprendía del resto de la epístola, nacer según la carne no impedía ser hijo de Dios, engendrado misteriosamente por Dios. Se lo llamaba Yoshua, el hijo de Iosef y de Myriam, y tuvo cinco hermanos varones y, por lo menos, dos hermanas mujeres. Jesús, lo mismo que el Bautista, se había educado en el Desierto, con los esenios, de quienes adoptó la regla de los bienes en común, la cena ritual, la ceremonia del bautismo y su desprecio por la propiedad, pero al cumplir treinta años se apartó de la secta, en rebeldía con ella o autorizado por ella, para predicar su propia doctrina y formar su propia orden. Se permitió beber, cosa que no hacían los esenios, y curar en sábado, «porque el sábado fue hecho para el hombre y no el hombre para el sábado». Nunca, sin embargo, dejó de sentirse esenio.”
― El evangelio según Van Hutten
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“de no seguir tratándome de usted. Como era de esperar, todo se normalizó”
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“—A mí también me gusta andar descalza —dijo. No me puse ningún zapato. No soy el tipo de persona que puede ponerse los zapatos si le están mirando el pie. Lo que hice fue decirle: —Entonces sacate las sandalias. Lo demás seguramente se puede contar de muchas maneras, pero la más honrada es decir que me acosté con ella.”
― El evangelio según Van Hutten
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“Existió un pacto entre Judas y Jesús, un pacto en el que había más de un apóstol comprometido. Judas el Sicario, sin discusión, y Simón el Zelote, casi seguramente.”
― El evangelio según Van Hutten
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“Los cuatro evangelios son tan unánimes en acusar a Judas, y en acusarlo casi con las mismas palabras, que esa sola insistencia machacona bastaría para desconfiar, para sentir que por allí anduvo, mucho tiempo después, una mano ajena. Judas, uno de los doce, el traidor: repetido cada vez que se lo nombra y repetido de la misma manera. ¿Traidor? Traidor para conseguir qué. ¿Cuánto valía un burro, según la legislación de Moisés, cuánto valía un esclavo muerto? Treinta monedas. Judas es el tesorero de los doce, él lleva la bolsa de las limosnas atada a la cintura, él dispone del dinero de la Iglesia primitiva y puede tomar de allí lo que quiera..., pero vende a Jesús por el precio de un burro. Judas llevaba esa bolsa en su cintura porque era uno de los discípulos preferidos de Jesús, quizá el más confiable, quizá el único confiable. Para adivinar esto no hace falta poseer una clarividencia demoníaca, sólo hay que leer los evangelios. Pedro, Juan, Santiago, y Judas, son los cuatro discípulos que están siempre alrededor de Jesús. Casi los únicos a quienes se nombra. En la Última Cena los lugares en la mesa suponen, como entre los esenios, y no sólo entre los esenios, un orden jerárquico, un orden de preferencias”
― El evangelio según Van Hutten
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“más tarde, después de otras conversaciones con Van Hutten en la casa en la piedra. No es éste el lugar, suponiendo que ahora encontrara las palabras, para seguir contando lo que, inmerecidamente, me deparó esa noche.”
― El evangelio según Van Hutten
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“suya. Qué me dice. Hace más de veinticinco años usted escribió este libro y ahora está hablando de él en La Cumbrecita con un arqueólogo muerto. Estas son las cosas que la gente como usted llama azar. Dicho sea de paso, de dónde sacó la idea. —De una cita de De Quincey. —Todo lo que la tradición afirma sobre Judas Iscariote es falso. La conozco. No me refiero a la cita, sino a la idea. La imposibilidad de la traición, el pacto secreto entre Judas y Jesús, todo lo demás. —Supongo que lo inventé. —Eso me parecía —dijo Van Hutten—. Sólo que si yo fuera usted empezaría a preocuparme. Usted tenía razón. Judas no traicionó a Jesús. La traición fue un pacto entre Jesús y Judas. Yo encontré la prueba.”
― El evangelio según Van Hutten
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“—A qué vino usted —dijo. Ya he dicho que esperaba la pregunta. Lo que ni yo mismo esperaba fue mi respuesta. —Te voy a contestar —dije—. Esa pregunta y todas las que quieras. No sé a qué vine, pero te puedo decir por qué vine. Vine porque estoy de vacaciones. Vine porque me separé de mi mujer. Vine porque desde hace diez años me da lo mismo cualquier lugar, a condición de no conocer a nadie. No pongas cara de alarmada. Vos hiciste la pregunta y ahora me escuchás. Vine porque mi vida carece de sentido. Siempre imaginé que un tipo como yo estaba destinado a hacer grandes cosas, y un día, como dice tu tío Golo, me desperté de golpe y vi en el espejo la cara de un antiguo señor que había perdido por completo las ganas de vivir.”
― El evangelio según Van Hutten
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“Esa noche soñé. En alguna parte he leído que la mejor manera de desalentar al lector es contarle un sueño, de modo que seré muy breve. Soñé que me caía en el estanque de los gansos y que el doctor Golo me tiraba una trenza. No una soga o una cuerda, una trenza de mujer.”
― El evangelio según Van Hutten
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