Tristeza de la verdad Quotes
Tristeza de la verdad: André Gide regresa de Rusia
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Alberto Ruy-Sánchez14 ratings, 3.86 average rating, 2 reviews
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“Gide regresó de la URSS pero su viaje nos muestra además un recorrido simbólico por la accidentada geografía de la intolerancia: más allá de Rusia, por las patrias presentes y futuras de la Utopía total. Esta breve historia tiñe nuestra mirada con su melancolía de la verdad: en medio de una euforia colectiva —que pretende ser siempre la fiesta que marca al siglo— asistimos al misterio tremendo de una masa creyente dispuesta al linchamiento. Inercia de una alegría que oculta la tristeza de su intolerancia, verdadero rostro de la Utopía que se convierte, entre otras cosas, en prisión o exclusión de la literatura. De ahí esta verdad paradójica: al salir de su sueño político, de su prestada Utopía, y volver a poner los pies en la realidad, Gide regresó también a la literatura, continuó finalmente lo mejor que podía hacer para hacer del mundo un mejor lugar, su obra.”
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“Es importante ver las cosas tal como son y no tal como nos hubiese gustado que fueran: la URSS no es lo que esperábamos que fuera, lo que prometía ser, lo que intenta parecer todavía. Ha traicionado todas nuestras esperanzas. Si no aceptamos que éstas vuelvan a derrumbarse conviene orientarlas hacia otro lado. Pero no apartemos de ti nuestras miradas, gloriosa y adolorida Rusia. Si al principio nos servías de ejemplo, ahora, desgraciadamente, nos muestras en qué pantano puede hundirse una Revolución.”
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“Sé perfectamente que “desde el punto de vista marxista”, no existe la verdad, al menos en lo absoluto; que no hay verdad sino relativa. Pero aquí se trata precisamente de una verdad relativa, una verdad que ustedes falsean. Y considero que ante cuestiones tan graves es engañarse a sí mismo el intento de engañar a los demás. En este caso, se engaña a quien se pretende servir: al pueblo. Mal servicio se le hace volviéndolo ciego.”
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“No hay partido que valga —escribió Gide—, quiero decir, que me retenga y que pueda impedirme preferir la verdad al propio partido. En cuanto interviene la mentira me encuentro a disgusto: mi papel consiste en denunciar. Es a la verdad a lo que estoy atado; si el partido se aparta de ella yo me aparto del partido.”
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“No pasaron muchos meses sin que Gide publicara su respuesta en un nuevo libro, Retoques a mi regreso de la URSS, que comienza precisamente mencionando las más notables injurias que le valió su libro anterior: las de Romain Rolland. Además de insultos recibió críticas, y el nuevo libro responde a ellas con datos, con un sentido común que no tenía durante su época de militancia, con desenvoltura y decisión argumentativa, y, ahora sí, sin la esperanza de una corrección por parte de los soviéticos. Finalmente, sin timidez al pronunciar la verdad. Los que desaparecen, aquellos a quienes se hace desaparecer, son los más valerosos. No son tal vez los que producen más desde el punto de vista material pero sí son los que difieren, los que se distinguen de la masa. Y sólo una mediocridad tendiente a la sumisión le asegura a esa masa su unidad, su uniformidad. Lo que en la URSS se denomina “La oposición” es la crítica libre. Stalin no soporta sino la aprobación: adversarios son para él todos aquellos que no aplauden.”
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“Para Gide y sus compañeros de viaje a Rusia la mención de este país se convertía en una fuente inagotable de tristeza: la verdad que duele. Uno de los significados de la palabra melancolía es precisamente “una tendencia a la tristeza por la influencia deprimente de un lugar o de un ambiente”
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“Nadie es idéntico al total de sus apariencias”.”
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“Durante el Congreso de 1935, en París, la doble realidad tenía ya hondas raíces en Gide. Su visión escindida funcionaba como una doble moral. Por una parte, la moral pública: la obligación de guardar inmaculada la máscara del líder y defensor de la gran causa utópica. Por otra parte, la moral familiar, la de la ropa sucia que se lava en casa, la de la disidencia silenciada, la de las atrocidades perdonadas en nombre de la absoluta obligación de mantener la apariencia de limpieza en la moral pública: en la máscara grave frente al enemigo.”
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“Así, las cabezas de la propaganda soviética esperaban en 1936 que Gide visitara su país para apreciarlo con la misma visión escindida con la que Fischer dice haberlo visto en 1934: ¿Es ya Moscú? Nuestros ojos registran el gris sucio de los descuidados edificios. Y grises son los rostros de los hombres mal vestidos e infelices que nos esperan, en parte delegados de las fábricas, en parte curiosos que han venido a ver a los extranjeros, a los legendarios extranjeros que han luchado en las barricadas por el socialismo. Y grises son también las banderas, grises y no rojas. Así lo registran los ojos. Pero el corazón responde: mentira, las banderas son rojas, los rostros nos iluminan con su esplendor y los edificios no se diferencian en nada de otras casas en alguna otra plaza frente a una estación de tren. Con esa escisión comienza la doble realidad. Las banderas son grises, los ojos no me engañan, pero tienen que ser rojas: quizá los ojos me engañan de alguna manera. Son rojas, aunque algo descoloridas, desgastadas, polvorientas. La Revolución ha hecho estremecer al mundo, ha sacudido el polvo de siglos; éste cae sobre las banderas, sobre los rostros de los hombres agotados. Sería distinto si en Europa no hubiésemos dejado sola a la Revolución. Si nosotros hubiésemos sido distintos, más valientes, más desprendidos, más solidarios. Nosotros somos los culpables. Y en lugar de ver grises las banderas, en lugar de estar desilusionado, de lo cual no tienes ningún derecho, ten presente tu culpa y tu deber de rectificar tus errores. Aprende a ver de otro modo, de un modo mejor, distinto a como se te ha enseñado. En realidad, esas banderas son rojas; el nuevo día brillaría con más intensidad ante ti si hubiese ayudado a provocarlo. Con esa escisión, con esa doble visión vi Moscú desde mi llegada a la estación de Bielorrusia”
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“Al comenzar los años treinta, Münzenberg llevaba más de una década movilizando a simpatizantes hacia la causa estalinista. Tejía una paradójica relación entre el terror y la inocencia: entre el exterminio de personas cada vez más grande dentro de la URSS y la movilización cada vez más grande de simpatizantes acríticos de la dictadura. Una sincronización asombrosa.”
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“La adhesión se come a la verdad.”
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“En religión, la realidad es lo que la gente realmente quiere creer”. Y lo mismo se aplica a las religiones laicas de la política.”
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“En religión, la realidad es lo que la gente realmente quiere creer”.”
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“En 1934, durante una de sus batallas de propaganda más cruentas y espectaculares, Münzenberg envió, indirectamente por supuesto, a André Malraux y André Gide rumbo a Berlín para exigir a Goebbels la liberación del soviético Dimitrov, acusado de incendiar el Parlamento alemán. Se trataba de una guerra de propaganda entre Berlín y Moscú para acusarse mutuamente del incendio: Goebbels contra Münzenberg. Todo el mundo pensaba, dice Koestler, que se trataba de la clásica lucha entre la verdad y la falsedad, entre la culpa y la inocencia; pero ambas partes eran culpables, aunque no de los crímenes que se imputaban mutuamente. Ambas partes mentían y ambas temían que su adversario conociera de los hechos reales más de lo que verdaderamente conocía. La batalla fue en realidad un juego de gallina ciega entre dos gigantes. Si el mundo hubiera comprendido en aquella época las estratagemas y engaños de ese juego habría podido ahorrarse muchos sufrimientos; pero, ni entonces ni después, el mundo occidental comprendió la verdadera psicología del espíritu totalitario”
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“Para comprender este fenómeno, del que Gide sería tan sólo uno de los muchos pensadores que dejaban de pensar para unirse a una causa, no basta con mostrar lo que cada día sería más evidente, la manipulación y la mentira.”
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“Los manipuladores tenían y siguen teniendo como material de trabajo esa facultad humana de creer a toda costa y contra toda evidencia. La condición humana de dejar de pensar en nombre de una misión superior, trascendente.”
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