El celibato. Apuntes antropológicos, espirituales y pedagógicos Quotes
El celibato. Apuntes antropológicos, espirituales y pedagógicos
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Juan María Uriarte19 ratings, 4.42 average rating, 1 review
El celibato. Apuntes antropológicos, espirituales y pedagógicos Quotes
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“Mateo 22,23-33: «No formula una declaración explícita en pro del celibato, pero establece las premisas para su comprensión cristiana»[63]. En la diatriba con los saduceos, que niegan la resurrección de los muertos, Jesús responde a la ridícula formulación de la pregunta saducea (vv. 24-28): «Estáis equivocados. No comprendéis las Escrituras ni el poder de Dios. Porque cuando resuciten, ni ellos ni ellas se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo». Con estas palabras afirma Jesús que el sexo es una realidad de este mundo, no del mundo venidero. A pesar de la bendición de Dios («creced y multiplicaos»), el sexo es una realidad penúltima que tiene su vigencia más acá de la muerte. El sexo pertenece al orden terreno y no rebasa el umbral de la muerte. Los humanos resucitados
no vivirán el régimen propio de la unión matrimonial. Es la suya una existencia diferente.”
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no vivirán el régimen propio de la unión matrimonial. Es la suya una existencia diferente.”
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“Solo a través de la gracia de Dios puede comprenderse esta situación (v. 12). Solo por medio de ella puede vivirse en este estado (v. 11). Solo quien es llamado por Dios a él ha de asumirlo (v. 11). En virtud de esta llamada es posible permanecer célibe, al igual que es posible permanecer fiel a una sola mujer.”
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“el celibato deficientemente comprendido y vivido repercute sobre nuestras relaciones humanas empobreciéndolas sensiblemente.”
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“El celibato cristiano bien asumido y cultivado, al participar de la motivación y del estilo del celibato de Jesús, lejos de propiciar relaciones frías, funcionales, efímeras, superficiales o interesadas, está llamado a impregnar de familiaridad,”
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“Jesús fue una persona «calorífica», no «frigorífica». Lejos de adoptar en la relación actitudes duras, frías, cautelosas, ofrece confianza, amor, humanidad, comprensión, compasión. Despierta lo mejor que duerme dentro de cada corazón humano.”
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“«Jesús fue célibe no por comodidad ni porque despreciase la sexualidad o tuviera miedo de la mujer, sino porque estaba fascinado hasta lo más profundo por el reino de Dios»[59]. La prueba de esta afirmación reside en la capacidad de Jesús de crear en su entorno relaciones profundas y sanas de afecto y de comunión con varones y mujeres.”
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“El celibato de Jesús tiene una motivación central diferente. Jesús no es célibe fundamentalmente por ningún motivo contestatario. La razón básica de su celibato es otra, como veremos a continuación. El celibato cristiano comporta ciertamente el valor de ser contestación mansa y silenciosa a un sexo exaltado desmedidamente y envilecido peligrosamente. Pero no es esta su genuina motivación ni su fuente de inspiración principal.”
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“El celibato de Jeremías es preferentemente profético (Jr 16). Este profeta ve a su pueblo enloquecido en la búsqueda de seguridades y satisfacciones al margen de Yahvé. Los carros y caballos de Egipto y de Babilonia y el goce sexual desorbitado son ambiciones que despiertan en Israel una tendencia a buscarlos como valores absolutos que ocupan el puesto de Dios. En su calidad de profeta, Jeremías tiene que contestar tal aberración. Tiene que testificar que el valor absoluto es Yahvé. En Él ha de encontrar Israel su seguridad y su gozo. Y, como buen profeta, quiere y debe ofrecer este testimonio no solo con su palabra, sino con su vida. Por eso Jeremías recibe dócilmente la inspiración del Señor: «No te cases, no tengas hijos en este lugar» (Jr 16,2).”
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“Puesto que el célibe cristiano está llamado a prolongar el celibato de Jesús, el ascetismo riguroso no puede ser el motivo de su celibato. Con todo, para ser célibes necesitamos un grado notable de sobriedad y austeridad. Un nivel no desdeñable de sobriedad es condición (no motivo) de nuestro celibato.”
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“Nuestro celibato no se mide evangélicamente por que incurra en algunos deslices (con tal de que sean sinceramente lamentados ante Dios y combatidos con los medios adecuados), sino por el amor al Señor y a la comunidad que en él se revela y por la serenidad con que se vive. Sin ellos es, a lo sumo, simple continencia. Con ellos, a pesar de las deficiencias, grato a Dios y provechoso para la comunidad.”
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“Nuestro celibato es casi siempre frágil e incompleto. Somos célibes, pero no dejamos de ser continuamente «aprendices de célibes».”
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“El celibato cabal despliega la familiaridad, la oblatividad, la universalidad en la relación y en la dedicación, la unidad entre deseo y proyecto[53]. Facilita la autonomía afectiva y refuerza la capacidad de vivir positivamente la soledad”
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“Pero el enriquecimiento de una persona no se mide principalmente por la cantidad de dimensiones que desarrolla ni por el nivel que alcanza en cada una de ellas, sino por la unidad interior en torno a un objetivo central. En otras palabras: el que –como hemos indicado en otro pasaje– una persona tenga una orientación, una opción, en su vida y el que las demás dimensiones de su ser sean convergentes con ella es un componente importante de su madurez y, por tanto, de su riqueza”
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“La renuncia requerida por el celibato no supone en principio renunciar, en determinadas circunstancias, a una amistad heterosexual lúcida y honesta, de la cual trataremos más adelante. Tampoco lleva consigo negarnos la gratificación específica que nos produce muchas veces conversar y trabajar con mujeres de nuestro entorno. Aparte de inevitable, esta gratificación es legítima. Nace de la complementariedad de los sexos y de un diálogo sexual no genital entre ellos. Incluso es algo obvio y natural que entre los rostros femeninos de nuestro entorno, alguno o algunos estén iluminados por un atractivo especial, que es sexual en sentido amplio porque nace del encuentro de los sexos, pero no es erótico porque no se expresa en ese registro.”
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“A que una persona ocupe un lugar exclusivo en mi corazón. Los signos de esta exclusividad pueden ser la dependencia, la exigencia de un comportamiento recíproco excluyente de otras amistades y las consiguientes celotipias que de ahí se derivan. Aunque tal relación excluya manifestaciones genitales patentes.”
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“Aunque la pura continencia no es compatible con el celibato, la continencia es condición y componente de una auténtica existencia célibe. Un celibato sin continencia o con un déficit significativo de continencia es un celibato imaginario, soñado, irreal. Es verdad que la noble y humilde firmeza y sinceridad del deseo de ser célibe es más importante que una continencia impecable. El celibato reside primariamente en el corazón. Pero ese corazón célibe reclama a la continencia toda una serie de renuncias.”
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“El celibato desborda la pura continencia por dos flancos. En primer lugar, no es una simple abstinencia, sino una renuncia. Renunciar significa reconocer el valor de aquello que se deja. No se renuncia a una enfermedad, a un suspenso o a una inundación. Un célibe cabal valora el amor sexual y el amor paternal. Si lo deja, es por otro valor que para su vida y misión es mayor.”
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“No es infrecuente identificar el celibato con la mera continencia. No son lo mismo. La simple continencia consiste en abstenerse del ejercicio de la actividad genital en los actos externos e incluso en los internos (fantasías y deseos). La simple continencia es puro control de la genitalidad. Pero el motivo que origina la abstinencia no es el amor. Uno puede abstenerse porque tiene miedo a la vida sexual, porque experimenta fuertes sentimientos de culpabilidad al practicarla, porque considera una debilidad y una bajeza dejarse llevar de los impulsos sexuales, porque le parece una esclavitud ligarse a una mujer o porque tiene como meta de su vida el autodominio.”
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“Existe un riesgo en la vida del seminario y en el ministerio sacerdotal: que el celibato sea el «canon» que se tenga que pagar para ser presbíteros. Que, a lo sumo, sea asumido como un componente poco apreciado de «los productos de la cesta de Navidad» del ministerio. Cuando esta actitud se instala, el celibato se arrastra, más que se vive. Su vivencia depende demasiado del viento del entusiasmo por el ministerio o de la bonanza pastoral de que gocemos. Cuando las cosas vienen mal dadas, se claudica fácilmente. A lo sumo se llega a una pura continencia, pero no al celibato «como Dios manda».”
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“La Iglesia en Occidente mantiene hoy netamente dicha obligatoriedad y no ofrece visos de ponerla en cuestión, al menos próximamente. Al mismo tiempo afirma que, por tratarse de una ley no divina sino eclesiástica, tiene autoridad para replantear su vigencia si considera que así lo exige el fin último de toda su legislación: «Lex suprema, salus animarum».”
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“En presbíteros que han llegado a una aceptable madurez sexual y afectiva, a una buena identificación con su ministerio y a un aprecio del celibato como valor evangélico, la ley puede ser una ayuda suplementaria para que el amor al Señor, la fidelidad a la promesa formulada ante Él y la comunidad, la memoria viva de un ministerio gratificante y fecundo, la comunicación transparente a un testigo cercano, respetuoso y competente le ayude a rehacer su celibato cuestionado o averiado.”
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“La etapa integral conlleva una menor tensión genital y afectiva. Con todo, comporta a veces la tentación de refugiarse en un mundo de fantasías de contenido erótico. Este mundo es hoy propiciado por las nuevas tecnologías que pueden utilizarse en estricta privacidad. Es una manera de intentar atrapar retrospectivamente aquello a lo que hemos renunciado real o parcialmente en etapas pasadas. Estas conductas van asociadas al déficit de esperanza y de alegría de vivir, no infrecuente en este período de la vida. Los apoyos consisten en mantener un grado de actividad ministerial, no perder las relaciones de confianza con personas y grupos que encienden en nosotros las ganas de vivir e ir tomando serena conciencia de que vamos entrando en la fase final en la que hemos de prepararnos para el último gran Encuentro. La virtud fundamental es la sabiduría que, además del sosiego en el trabajo, se caracteriza por una mayor indulgencia con las personas y con nosotros mismos y por un desprendernos generosamente de responsabilidades que nos desbordan. Es tiempo de mirar nuestro pasado célibe con agradecimiento por haber sido mantenidos en él y con paz por sus posibles y casi inevitables deficiencias.”
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“Este amor, inverosímil como la vida que asciende por el camino de la evolución, comporta también inconvenientes cuando el célibe no ha accedido a su debida madurez: una cierta desvitalización de nuestro afecto, que no tiene vigor para compromisos firmes y estables, o un ansia de posesión que le induzca a «cobrar en especie» controlando a las personas, exigiendo ser admirado, aceptado acríticamente, preferido, consultado como un oráculo. Son realizaciones inauténticas o deficitarias del amor oblativo del célibe.”
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“Su amor es más afecto que deseo, más entrega que demanda. Le bastan los signos normales de ser en ocasiones valorado, estimado, agradecido. Le es suficiente la satisfacción de ver crecer a los que ama para sentirse gratificado y motivado para seguir amando y sirviendo.”
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“El amor célibe es un amor «asimétrico». El célibe bien identificado con su condición de tal se caracteriza por el desarrollo especial de la dimensión oblativa de su amor y por una notable reducción (no desaparición) de la necesidad de ser correspondido.”
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“La demanda nace de una cuádruple experiencia humana: la conciencia de ser incompleto, la insatisfacción, la soledad y la inseguridad. El ser humano quiere hallar en su pareja una cierta plenitud y una tasa de satisfacción. Siente la necesidad de que su soledad sea visitada por alguien. Busca que ese «alguien» lo conforte en su siempre vulnerable seguridad de ser digno destinatario de amor y de deseo.”
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“Pero la impregnación afectiva de la tarea requiere una condición célibe bien asumida. Cuando no es este el caso, la tarea pastoral se descuida o puede convertirse en vehículo de un deseo erótico que busca, camuflado, aquello a lo que ha renunciado «oficialmente» pero no verdaderamente. Este célibe amará con un estilo sospechosamente emparentado con aquel al que ha prometido renunciar. Ciertas maneras pegajosas, excesivamente expresivas, inquisidoras de la intimidad de las personas, demasiado preocupadas por ser correspondidas, absorbentes, tendentes a preferencias marcadas, paternalistas, que se revelan en la conducta de algunos célibes hacen pensar en una transferencia afectiva incorrecta.”
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“En realidad, esta mutua interdependencia entre amor y deseo es común a todas las relaciones humanas profundas como la amistad. También en el celibato. No se trata del deseo genital, pero sí de una auténtica correspondencia, aunque no tan consistente como nuestra entrega. Damos más de lo que pedimos. Para alimentar nuestro amor a la comunidad a la que hemos sido enviados es un estímulo sentirse correspondidos. Desear esta correspondencia (sin exigirla ni buscarla empecinadamente) es algo inherente a la condición humana y en nada contradice la generosidad de nuestra entrega.”
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“Hay dos maneras de desenfocar la sexualidad. La primera consiste en reducirla a impulsos biológicos o psíquicos: desear a una mujer, desear un desahogo autoerótico, recrearse imaginativamente en sueños de contenido carnal. La segunda consiste en estimar y valorar en el amor genital el aspecto amoroso y subestimar la satisfacción y el goce propios de este amor genital. Quien olvida esto último, debe recordar el aviso de Pascal: «Si cometemos el error de pensar que somos ángeles, nos convertiremos en bestias». En las consideraciones precedentes nos hemos ocupado preferentemente de los aspectos desiderativos de la sexualidad. Es preciso corregir la impresión reductiva que hayan podido inducir aquellas consideraciones. Amor y deseo están entreverados”
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“Hablamos con demasiada frivolidad de «integrar la sexualidad» en el conjunto de la persona y en su proyecto vital. En realidad, la ecuación de la vida sexual de cada ser humano está integrada por estos cuatro factores: satisfacción, sublimación, continencia y represión. Cada uno de ellos tiene un peso diferente según las personas. Incluso la represión. Hay siempre un radical indómito que se resiste a toda satisfacción, sublimación y continencia, y que es preciso reconocer, contener y, cuando esto no sea posible, reprimir.”
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