LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324) Quotes

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LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324) (Spanish Edition) LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324) by LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL
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LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324) Quotes Showing 1-30 of 48
“«Las bienaventuranzas resultan huecas, cuando no alienantes o burlescas, si no son proclamadas por una Iglesia samaritana, solidaria con las víctimas y que escucha en los gemidos de los afligidos la voz del mismo Jesús»8.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Por eso, la mayor dificultad para vivir como cristianos no son los pecados de la Iglesia, sino –con palabras del entonces cardenal Ratzinger– «el pragmatismo gris de la vida cotidiana de la Iglesia, en el que aparentemente todo continúa con normalidad, pero en realidad la fe se consume y decae en lo mezquino»5.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Mientras no vivamos la fe en el seno de comunidades «diferentes», donde se compartan los bienes, se devuelva bien por mal, etc., podremos admirar las bienaventuranzas –e incluso escribir y leer libros sobre ellas–, pero no podremos ponerlas en práctica sin que en algún rincón recóndito de nuestro ser abriguemos la sospecha de que estamos haciendo el tonto.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Por eso necesitamos revisar constantemente la imagen que presenta nuestra Iglesia y cada comunidad cristiana para ver si son verdaderamente lo que deben ser: comunidades de redimidos en las cuales se ha hecho presente un estilo de vida alternativo. Nietzsche, con la gran agudeza que tenía para detectar insuficiencias del cristianismo, decía a los creyentes: «Considerad la experiencia de dos milenios, que –expresada en forma de modesta pregunta– reza así: “Si Cristo realmente se propuso redimir al mundo, ¿no habrá fracasado en su propósito?”»4.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Jesús, en efecto, no ignoraba la dificultad de poner en práctica las bienaventuranzas y, de hecho, concluye el Sermón de la montaña comparándolo con una puerta estrecha (Mt 7,13-14). La gran dificultad para tomarlas en serio radica en que están en contradicción con la cultura dominante y, por tanto, con lo que la sociología llama nuestras «definiciones de la realidad».”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“La persecución por parte de las autoridades legítimas de la Iglesia, a quien estos hombres intentaron servir con lo mejor que tenían, es mucho más dolorosa que la proveniente de los enemigos de la fe. Congar, por ejemplo, confiesa que «espiritualmente, e incluso, en último término, en el plano mismo de la salud humana, solo pude salir adelante por una total aceptación de la cruz y del anonadamiento»10, y Teilhard de Chardin, en sus últimos años dijo al P. Bergougnou: «Reza mucho para que no muera amargado»11.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Necesitamos asumir sin complejos que toda persona que quiera ser auténticamente cristiana llegará un momento en que sienta «con todo su dramatismo, como momento espantosamente horrífico, la verdadera soledad humana. Para mí –decía Paoli–, esta constituye “la barrera del sonido” del alma. Los primeros pilotos aéreos que trataron de traspasar la barrera del sonido perdieron la vida porque, al tener la impresión de topar con una superficie dura, de chocar contra una montaña, les sobrevino la reacción natural de frenar. Hubo uno más intrépido que, en lugar de frenar, aceleró, y pasó»8.”
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“Jesús dijo que si fuéramos «como los demás», todos nos querrían (Jn 15,19)6. En consecuencia, podemos caer en la tentación de intentar parecernos en todo a los que nos rodean para librarnos de la maldición de ser «distintos». Quien tiene miedo a ser «distinto» se dice a sí mismo: Cede un poco y no sufrirás molestia alguna (cf. Gál 6,12). Y así, poco a poco, paso a paso, llega un momento en que nuestra principal preocupación es que nadie –ni los compañeros de trabajo, ni los vecinos, ni los amigos...– sepa que somos cristianos.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, afirmó que «padece por Cristo no solo quien padece por la fe en Cristo, sino también el que padece por cualquier obra de justicia por amor de Cristo»5. Por eso la Iglesia no solo considera mártires a quienes han sido asesinados por su fe en Cristo, sino también a quienes, movidos por esa fe, dan su vida por el prójimo (san Maximiliano Kolbe), por defender a los oprimidos (monseñor Romero), por defender su castidad (santa María Goretti), etc.”
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“Como un médico, Jesús quería curar a todos, pero no recetaba a todos la misma medicina. Sus tomas de postura son las manifestaciones necesariamente diferentes que adopta el mismo amor en un mundo que es injusto.”
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“«No se puede ser constructor de la paz si uno mismo no lleva la paz en su corazón. La paz es también, en un sentido secundario, un equilibrio interior, una armonía en el hombre reconciliado consigo mismo. (...) El que lleva la paz en su corazón es capaz de transmitirla en su mirada, en su porte, en su manera de trabajar, en su modo de acoger a cada persona como si en ese momento no existiese ninguna otra en el mundo. Para ser reconciliador activo hay que estar previamente reconciliado, ante todo reconciliado con el pasado, reconciliado con uno mismo, con toda su realidad y sus limitaciones, reconciliado con los demás y reconciliado con la fuente de la vida y el amor. Solo el que tiene la paz en su interior puede meterse en múltiples conflictos y atravesar la amargura sin que se le quede amargo el corazón. Externamente, los constructores de la paz se ven metidos en múltiples conflictos, líos y embrollos, pero en su interior gozan de gran paz. (...) Impresiona que (...) el Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz no esté escrito en un jardín renacentista, sino en la lóbrega cárcel de Toledo»6.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“En el Antiguo Testamento, pureza de corazón se opone a doblez de corazón. El salmista, por ejemplo, se lamenta: «Se acaban los buenos, desaparece la lealtad entre los hombres: no hacen más que mentir a su prójimo, hablan con labios embusteros y con doblez de corazón» (Sal 12,2-3). La expresión hebrea para referirse a la doblez de corazón es muy gráfica: Tener «un corazón y un corazón» (lēb wālēb).”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Tan importante es el corazón en la antropología bíblica que el deuteronomista condensó la relación del hombre con Dios diciendo que debe amarle «con todo el corazón» (Dt 30,6). Y, coherentemente con el tránsito desde la pureza ritual a la pureza moral que hemos visto en el apartado anterior, se repite una y otra vez que es necesario circuncidar el corazón, antes que el prepucio (cf. Dt 10,16; 30,6; Jr 4,4). Esto es muy importante, porque frecuentemente nuestro corazón es un «nido de víboras», como reza el título de una novela de François Mauriac8.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“El corazón humano está abierto solamente a la mirada de Dios: «El hombre mira la apariencia, pero Dios mira el corazón» (1 Sm 16,7). Y, precisamente porque nosotros solo podemos juzgar las apariencias, nos dice Jesús: «No juzguéis, para no ser juzgados» (Mt 7,1; Lc 6,37).”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Para la antropología bíblica –y, en general, para los semitas– el corazón representa el núcleo más íntimo de una persona; el centro unificador de su ser, la fuente íntima de su vida afectiva e intelectual. En él se cocina lo mejor y lo peor de nosotros mismos; es la sede de los buenos y malos pensamientos, de las buenas y malas intenciones.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Qué sería de nosotros –se pregunta Martín Descalzo– si Dios nos devolviera solamente una misericordia tan raquítica como la que somos capaces de realizar?”
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“un cuento de Borges: En la otra vida se encontraron Caín y Abel. Al ver la marca de la piedra en la frente de su hermano, Caín le pidió perdón. Abel preguntó: «¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aquí estamos juntos como antes». Y Caín respondió: «Ahora sé que en verdad me has perdonado, porque olvidar es perdonar»17. La historia es muy bonita, pero el mensaje que transmite es erróneo. Perdonar no es olvidar, sino recordar de otra forma. No podemos olvidar las cosas importantes que nos han ocurrido, a no ser que padezcamos amnesia; pero debemos conseguir –si se me permite la expresión– recordar con la cabeza y no con las tripas; es decir, superar la ira y el resentimiento, no seguir encadenados al pasado.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“quizás pueda ayudarnos el recuerdo de que ni Jesús ni Esteban perdonaron por sí mismos a sus verdugos, sino que pidieron a Dios que les perdonara: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»; (Lc 23,34); «Señor, no les tengas en cuenta este pecado» (Hch 7,60). «Esto ofrece un modelo importante para quienes, habiendo padecido ofensas terribles, son urgidos por otros a perdonar cuanto antes a sus ofensores.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Existe un motivo específicamente cristiano muy importante para perdonar las ofensas: Todos nosotros hemos sido perdonados muchas veces por Dios y sabemos que hasta el último momento de nuestras vidas necesitaremos que siga perdonándonos; por tanto, debemos estar dispuestos a perdonar a quienes nos ofenden. Sed «comprensivos –dice Pablo–, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo» (Ef 4,32). «Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo», dice en otro lugar (Col 3,13).”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“No todo consiste en dar el caldo y el pan; eso pueden hacerlo los ricos. Tú eres la pobre sierva de los pobres, la Hija de la Caridad, siempre sonriente y de buen humor. Ellos son tus amos, amos terriblemente susceptibles y exigentes, así que cuanto más feos y sucios sean, cuanto más injustos y groseros te parezcan, tanto más amor deberás darles. Únicamente por tu amor, solo por tu amor, te perdonarán los pobres el pan que les des»14.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Estos pobres, estos extraños, estos débiles, estos pecadores, estos seguidores de Jesús viven también con él renunciando a la propia dignidad, porque son misericordiosos. No les basta su propia necesidad y escasez, sino que también se hacen partícipes de la necesidad ajena, de la pequeñez ajena, de la culpa ajena. Tienen un amor irresistible a los pequeños, enfermos, miserables, a los anonadados y oprimidos, a los que padecen injusticia y son rechazados, a todo el que sufre y se preocupa; buscan a los que han caído en el pecado y la culpa. Por muy profunda que sea la necesidad, por muy terrible que sea el pecado, la misericordia se acerca a ellos. El misericordioso regala su propia honra al que ha caído en la infamia, y toma sobre sí la vergüenza ajena. Se deja encontrar junto a los publicanos y pecadores y lleva gustoso la deshonra de tratar con ellos. Se despojan del bien supremo del hombre, la propia honra y dignidad, y son misericordiosos. Solo una honra y dignidad conocen: la misericordia de su Señor, de la que viven. Él no se avergonzó de sus discípulos, se convirtió en hermano de los hombres, llevó su ignominia hasta la muerte de cruz. Esta es la misericordia de Jesús, de la única que quieren vivir los que están ligados a él, la misericordia del crucificado. Esta les hace olvidar toda honra y dignidad propia, y buscar solo la comunidad con los pecadores. Si se les injuria por esto, son felices. Porque alcanzarán misericordia. Dios se inclinará alguna vez profundamente hacia ellos descargándoles de sus pecados e ignominias. Dios les dará su honra y quitará de ellos la deshonra. La honra de Dios será llevar la vergüenza de los pecadores y vestirlos con su dignidad. Bienaventurados los misericordiosos, porque tienen al misericordioso por Señor»10.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“La Biblia afirma una y otra vez la misericordia de Dios, pero también su justicia. Y no como dos atributos en competencia, sino complementarios. Como dice Kasper, «en un mundo injusto, la demostración de justicia es ya una obra de misericordia para con los privados de derechos y oprimidos»8. No olvidemos que en el Antiguo Testamento la revelación más primitiva de la misericordia divina tiene lugar con motivo del Éxodo, liberando a los israelitas de la esclavitud egipcia.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Misericordioso –explica santo Tomás– es alguien que «tiene miseria en el corazón, en el sentido de que le entristece la miseria ajena como si fuera propia. Por eso quiere desterrar la miseria ajena como si fuera propia»3.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“«Se ha producido este hecho único e irrepetible que es mi vida. Nadie, antes de mí, ha sido igual que yo ni lo será nunca. Nadie verá jamás el mundo con mis ojos. Nadie acariciará con mis manos ni rezará a Dios con mis labios. Nadie amará con mi corazón. Mi vida es insustituible. Es tarea mía y solo yo la puedo vivir. Si yo no lo hago, quedará para siempre sin hacer. Habrá en la creación un vacío que nadie podrá llenar»4.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Bloy, Léon, El peregrino de lo absoluto. 1910-1912 (Diarios, Acantilado, Barcelona, 2007, p. 407). 10. Martín Moreno, Juan Manuel, Personajes del Cuarto Evangelio, Universidad Pontificia Comillas – Desclée de Brouwer, Madrid – Bilbao, 2002, pp. 264-265.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Cantalamessa, Raniero, Las bienaventuranzas del Reino. Ocho pasos hacia la felicidad, Monte Carmelo, Burgos, 2011, pp. 38 y 40.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Pongamos un ejemplo de lo que acabo de decir. El lunes de Pentecostés los jesuitas celebraban antiguamente una fiesta muy peculiar: la fiesta de la herida de san Ignacio; que no era una fiesta litúrgica, sino devocional. Según la tradición, fue el 20 de mayo de 1521, lunes de Pentecostés, cuando, defendiendo el castillo de Pamplona que tenían sitiado los franceses, una bala le destrozó la rodilla derecha. Íñigo de Loyola había sido hasta ese momento un caballero que soñaba con triunfar en la Corte, pero aquella bala le dejó cojo y echó por tierra sus proyectos. Ante él se abrían dos posibilidades: ser un cojo amargado para el resto de su vida o ser un santo. Y eligió esto último, que nunca antes había entrado en sus planes. Por eso los jesuitas celebran la fiesta de la herida de san Ignacio: gracias a ella la Iglesia tuvo un nuevo santo –¡y qué santo!–, gracias a ella existe la Compañía de Jesús y gracias a ella muchísimas personas durante los últimos cuatro siglos han sido beneficiadas por el trabajo apostólico de los jesuitas. Desde luego, san Ignacio se quedó cojo para el resto de sus días –las heridas graves, ya lo dijimos, dejan una señal indeleble–, pero aquella herida se convirtió en un foco de luz.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“«La perfecta curación de una herida –escribe acertadamente Martín Moreno– no supone que desaparezca del todo la cicatriz ni que se borre totalmente su huella de nuestro cuerpo. La herida está sanada cuando en lugar de rezumar amargura y desconfianza se convierte en un foco de luz»10. Y, como esa luz no se habría encendido sin aquella cornada, podemos llegar incluso a dar gracias a Dios por la herida que en su momento fue tan dolorosa.”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“El consuelo, cuando es verdadero, además de poner fin al duelo por aquello que perdimos, hace posible una reorganización de la vida que puede ser enriquecedora. Es necesario que la vida nos haya dado ya unas cuantas cornadas para comprender esto. Cada cornada produce en nosotros una herida: leve a veces, pero otras veces grave e incluso muy grave. Si la herida fue grave nunca volvemos a ser como éramos, porque deja en nosotros una señal indeleble –como decía Léon Bloy, «el sufrir pasa, el haber sufrido no pasa jamás»9–; pero podemos y debemos conseguir que esa señal indeleble de haber sufrido, lejos de amargarnos, nos permita comprobar día tras día que «Dios ayuda para que todo se enderece al bien de aquellos que le aman» (Rom 8,28).”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)
“Es posible llorar también por los pecados ajenos, y particularmente por los pecados de la Iglesia. Ezequiel tuvo una misteriosa visión en la que Dios le decía: «Recorre la ciudad, atraviesa Jerusalén, y marca en la frente a los que gimen y se lamentan por las acciones detestables que en ella se cometen» (Ez 9,4). En nuestros días –escribe Raniero Cantalamessa– la Iglesia ha llorado y suspirado «por las abominaciones cometidas en su seno por algunos de sus propios ministros y pastores. (...) Estos hermanos nuestros han sido despojados de todo: ministerio, honra, libertad, y nadie sabe con cuánta responsabilidad moral efectiva, en cada caso; han pasado a ser los últimos, los rechazados. Si en esta situación, tocados por la gracia, se afligen por el mal causado y unen su llanto al de la Iglesia, la bienaventuranza de los afligidos y de los que lloran pasa a ser de golpe su bienaventuranza. Podrían estar cerca de Cristo, que es el amigo de los últimos, más que muchos otros –incluido yo–, ricos de la propia respetabilidad y tal vez llevados, como los fariseos, a juzgar a quien yerra. Esto no quita, naturalmente, que se haga lo posible y se colabore en todos los niveles con la justicia humana para que estos escándalos no se repitan y para que se procure ayudar también espiritualmente a las víctimas de los abusos»”
LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL, LAS BIENAVENTURANZAS, UNA CONTRACULTURA QUE HUMANIZA (El Pozo de Siquem nº 324)

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