Código Francisco Quotes

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Código Francisco (Spanish Edition) Código Francisco by Marcelo Larraquy
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“Sínodo no puso jamás en discusión las verdades fundamentales del sacramento del matrimonio; la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la procreación, la apertura a la vida. Ahora tenemos un año para madurar las ideas propuestas y encontrar soluciones concretas a tantas dificultades e innumerables desafíos que la familia debe afrontar, a dar respuesta a tanta desazón que circundan y sofocan las familias (...). El deber del Papa es (...) recordar a los pastores que su primer deber es nutrir el rebaño que el Señor les ha confiado y acoger a las ovejas perdidas.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“En la apertura del Sínodo Extraordinario, el 4 de octubre de 2015, frente a 183 padres sinodales —61 de ellos eran cardenales—, el Papa llamó a expresar pensamientos claros, sin temores, en especial para aquellos que pensaban distinto a él: “Libertad para decirlo todo... escuchar con humildad y recibir con corazón abierto lo que dicen los hermanos. Con estas dos actitudes se ejerce la sinodalidad”.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Los adversarios de Francisco no eran los conservadores que se expresaban en libros o entrevistas. Eran los que, en silencio, creían que lo que consideraban que era un asedio a la doctrina católica terminaría cuando pasara la “primavera” de su Pontificado. Sus enemigos eran los desestabilizadores internos de la curia, que en la defensa de la pureza doctrinaria, también defendían con mezquindad sus intereses personales, resistían órdenes de transparencia y austeridad en las cuentas, y conservaban en alto el mandato de la “iglesia principesca” que, desde que ellos tenían memoria, siempre había existido en el Vaticano. Francisco era, para ellos, una circunstancia temporal, un pastor rústico devenido en Pontífice, intelectualmente limitado e impedido del virtuosismo teológico. Representaba, de alguna forma, a una iglesia latinoamericana imprecisa y dinámica, poco atenta a los ritos y a la doctrina.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“La solicitud por los divorciados vueltos a casar no se debe reducir a la cuestión sobre la posibilidad de recibir la comunión sacramental. Se trata de una pastoral global que procura estar a la altura de las diversas situaciones. Es importante al respecto señalar que además de la comunión sacramental existen otras formas de comunión con Dios. La unión con Dios se alcanza cuando el creyente se dirige a Él con fe, esperanza y amor, en el arrepentimiento y la oración. Dios puede conceder su cercanía y su salvación a los hombres por diversos caminos, aun cuando se encuentran en una situación de vida contradictoria.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Podía parecer tumultuoso o confuso, porque las dos posiciones estaban expuestas en el mismo debate, y él habilitaba ambas: mientras defendía los valores tradicionales del matrimonio del hombre y la mujer para siempre, también abría un espacio de misericordia evangélica para los que habían fracasado en su matrimonio.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Estoy pensando en la situación de una mujer que tiene a sus espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio también un aborto. Después de aquello esta mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está sinceramente arrepentida. Le encantaría retomar la vida cristiana. ¿Qué hace el confesor?”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“El Papa continuó su prédica con menciones a la compasión y la misericordia. Subrayaba la “indisolubilidad del sacramento”, pero a la vez recomendaba que cuando esa unión se quebraba había que “sentir el dolor por este fracaso y acompañar a aquellos que lo han experimentado. No condenarlos. Caminemos con ellos…”.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Bergoglio, como sacerdote, también conocía la praxis: acoger a pecadores, prostitutas, divorciados, mujeres que habían abortado, que se hubieran confesado, para integrarlos a la vida de la Iglesia. En las villas porteñas, el matrimonio canónico representaba solo el 20% de las parejas. En Italia perdía adeptos y se pronosticaba su final para las próximas décadas.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“hecho de colocar la misericordia en primer plano, por encima de la letra de la doctrina, era un cambio copernicano, aunque Kasper aclarara que “la doctrina no se cambia, la novedad concierne a la práctica pastoral”. El hilo que se recorría era muy fino. Decía que la doctrina podía desarrollarse, profundizarse, tener una aplicación más “realista” del mundo actual. “La doctrina no es una laguna estancada sino un río que fluye”, explicaba. E insistía que la indisolubilidad del matrimonio no estaba en juego, solo era necesaria una reflexión pastoral, y diagnosticaba que “entre la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio y las convicciones de muchos cristianos se había abierto un abismo”.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Cada pecado puede ser absuelto. De hecho, no es imaginable que un hombre pueda caer en un ‘agujero negro’ y Dios no pueda sacarlo afuera. La Iglesia nunca debe juzgar como si tuviera en sus manos una guillotina”, afirmó.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Tenemos que anunciar el Evangelio en todas partes, predicando la buena noticia del Reino y curando, también con nuestra predicación, todo tipo de herida y cualquier enfermedad. En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos “heridos sociales”, porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre los ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso (…). La religión tiene derecho a expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal. Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: “Dime, cuando Dios mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?”. Hay que tener siempre en cuenta a la persona.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Pienso en los divorciados vueltos a casar, en parejas homosexuales y en otras situaciones difíciles. ¿Cómo hacer una pastoral misionera en estos casos? ¿Dónde encontrar un punto de apoyo?”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Cada vez que los cristianos empezando por los Apóstoles, discuten con franqueza y diálogo, y no fomentando traiciones ni camarillas internas, siempre comprenden qué es lo que hay que hacer, gracias a la inspiración del Espíritu Santo. El primer Concilio de Jerusalén, estableció, tras no pocas fricciones, las pocas y sencillas reglas que los nuevos conversos al Evangelio debían observar. El problema es que antes se había encendido una lucha intestina entre los llamados cerrados —un grupo de cristianos muy apegados a la ley, que querían imponer las condiciones del judaísmo a los nuevos cristianos—, y Pablo de Tarso, apóstol de los paganos, totalmente contrario a esa constricción. ¿Cómo resuelven el problema? Se reúnen, y cada uno da su opinión. Discuten, pero como hermanos y no como enemigos. No forman grupitos para vencer, no van a los poderes civiles para imponerse, no matan para ganar. Buscan el camino de la oración y del diálogo. Y así, los que estaban en posiciones opuestas, dialogan y se ponen de acuerdo. ¡Eso es obra del Espíritu Santo! La decisión final se toma en concordia. Y, sobre esa base, se escribe la carta que, al final del Concilio, se enviará a los hermanos que provengan de los paganos, en la que lo que se comunica es fruto de un acuerdo entre diversas maniobras y estratagemas que sembraban cizaña. Una Iglesia donde nunca haya problemas de ese tipo me lleva a pensar que el Espíritu quizá no esté tan presente. Y en una Iglesia donde siempre se discute y hay grupúsculos donde se traicionan los hermanos unos a otros, ¡ahí no está el Espíritu!”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Francisco no ejerció un barrido sistemático de las presencias conservadoras en la curia romana, en parte para no concentrar las resistencias internas y también para no ahogar críticas al debate sinodal sobre las reformas pastorales. Tres cardenales de tradición conservadora ocuparon puestos de relieve en su gobierno, como era el caso de Pell, miembro del C9 y titular de la Secretaría de la Economía, el cardenal Gerhard Müller, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y Marc Ouellet, prefecto de la Congregación de los Obispos. Los consideraba interlocutores leales. Ellos, como el cardenal Burke, tendrían voz y voto en el Sínodo Extraordinario de 2014.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Papa clavó una daga en el cuerpo episcopal estadounidense cuando el cardenal Raymond Burke, consultor permanente de Benedicto XVI y crítico de las propuestas de reformas pastorales de Evangelii Gaudium, perdió a fines de 2013 su condición de miembro de la Congregación de los Obispos y, después, la titularidad del Tribunal de Signatura Apostólica, que dirime conflictos de competencia entre dicasterios. El Papa lo designó como patrono de la Orden de Malta, un cargo honorífico externo a la curia. Sin embargo, no instrumentó los cambios de manera inmediata para no impedirle su palabra en el Sínodo Extraordinario de 2014.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Alzheimer espiritual”, “mundanidad y exhibicionismo”, “vanagloria”, “persistencia de un clima de chismes”, “sentirse inmortales”, “esquizofrenia existencial”: “Una curia que no se autocritica, que no se actualiza, que no busca mejorarse, es un cuerpo enfermo (…). Esta enfermedad se deriva a menudo de la patología del poder, del ‘complejo de elegidos’, del narcisismo que mira apasionadamente la propia imagen y no ve la imagen de Dios impresa en el rostro de los otros, especialmente de los más débiles y necesitados”.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Cuando no hay profesionalidad, lentamente se va resbalando hacia el área de la mediocridad. Los expedientes se convierten en informes de clisé y en comunicaciones sin levadura de vida, incapaces de generar horizontes de grandeza. Por otro lado, cuando la actitud no es de servicio a las iglesias particulares y a sus obispos, crece entonces la estructura de la curia como una pesada aduana burocrática, controladora e inquisidora, que no permite la acción del espíritu santo y el crecimiento de pueblo de Dios.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Para Francisco la acción sobre la curia requería un tiempo de desgaste. Siempre recomendaba el libro La estrategia de la aproximación indirecta, del capitán Liddell Hart, asesor de Churchill, que describe cómo ganar batallas sin planear nunca un ataque frontal, con movimientos de aproximación, pero sin hostigar al centro del poder ni obligarlo a defenderse.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“En los últimos treinta años, la curia fue completando su metamorfosis: de ser un órgano de ayuda para el gobierno del Papa se convirtió en la conducción del gobierno mismo. Juan Pablo II dejó que la maquinaria burocrática curial funcionara sola. Él, con su carisma y la fuerza de su palabra, se ocuparía de viajes y oraciones masivas con sus fieles, y también de reactivar la fe y la política en el este europeo, que terminaría por erosionar al comunismo y dejarlo a punto del derrumbe. El último bastión había sido Alemania Oriental en 1989. Benedicto XVI también se alejó de la curia romana. Buena parte de su ministerio fue consumido por la “guerra interna” entre el secretario de Estado Angelo Sodano, que provenía del Papado de Juan Pablo II, y el cardenal Tarcisio Bertone, que designó él.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Bergoglio empezó a interesarse por libros y documentos eclesiales: La historia de los Papas, de Ludwig von Pastor, las exhortaciones y encíclicas de Juan Pablo II, además de los libros de Joseph Ratzinger, que compraba en una librería de la ciudad. Quizás oscuramente intuía que la salida hacia la luz —la posibilidad de abrir caminos nuevos frente a la pérdida de vitalidad y de sentido— estaba fuera de la Compañía de Jesús. Al séptimo mes de ostracismo en Córdoba esa pequeña luz se encendió.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“En ese tiempo, después de unos primeros arrestos de voluntad creativa, fue naufragando su proyecto de concluir la tesis sobre Romano Guardini. Vivía en su espíritu su crisis personal, como la Compañía había vivido la suya en tiempos de los padres generales Ricci y Roothaan, y él, que se reconocía pecador, ponía toda la confianza en Dios, en la oración y aspiraba a vivir a la luz de su misericordia. Pero su camino sin rumbo en medio de la oscuridad parecía ya definitivo. El padre Sixto Castellano, en ese tiempo, le anticipó que podría quebrar ese destino: “Usted va a terminar en otro lado. Porque su vida nunca fue un camino derecho. Su vida es un camino que parece que va recto y después dobla para un costado y después vuelve para un camino recto; un camino en zigzag. Usted acá está haciendo una parte del camino, pero este no será su final”.243”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“En su rutina diaria, Bergoglio se levantaba a las 4.30, lustraba sus zapatos y salía a rezar a la capilla o frente al altar. Después desayunaba, sacaba de la cama las sábanas sucias de los sacerdotes ancianos y las ponía en el lavadero junto con las suyas; preguntaba en la cocina si había provisión de alimentos suficiente para el día o necesitaban algo. Era, después de todo, el “ecónomo” de la residencia. Por la tarde, si se lo pedía el superior, podía celebrar misa, aunque no tenía una celebración asignada. En cambio, debía estar disponible para escuchar las confesiones de los fieles que llegaban al templo para recibir una palabra espiritual. Esos eran unos de sus momentos de alivio. A veces se confesaban prostitutas y luego diría haber descubierto en esas mujeres un corazón humilde castigado por las circunstancias de la vida, que merecían su perdón y comprensión. Lo valoraba como una experiencia pastoral diferente, por la que se sentía agradecido.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Después de caminar los vértices de la Provincia, aquellos con los que convivió en la Orden religiosa durante casi cuatro décadas, se habían dividido. Se habían dividido los sacerdotes de su generación y los discípulos a los que había formado. La Compañía estaba dividida. Y él era la piedra del conflicto. Y él ahora estaba exiliado, pero más que un exilio del pasado, la reclusión en Córdoba representaría un éxodo para su propio futuro.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Perdura lo que se amasa con paciencia y ternura, lo que sea servicio y no vana complacencia, lo que se juzga en el realismo de Dios y no con la pequeñez de los hombres que tantas veces disfrazan su mezquino cálculo con ropaje de audacia y altruismo”.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Nuestra mística nos quiere fieles a la historia y valientemente abiertos al porvenir. La tentación reside en la ‘espiritualidad del avestruz’: esconder la cabeza ya sea en un taller de restauraciones (como nos quieren los tradicionalistas), ya sea en un laboratorio de utopías (como pretenden aquellos que —llevados por la superficialidad de su alma— buscan ansiosamente estar siempre en la “cresta de la ola”). Ni una cosa ni otra: ni tradicionalistas ni utópicos.” Y frente a la disyuntiva, recomendaba volver a las fuentes clásicas, al núcleo ignaciano para ser “memoria del pasado y arrojo para abrir nuevos espacios a Dios”.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“El nuestro es un pueblo fiel; un pueblo creyente. Esa es su fuerza. Esa Fe popular ha sido —y es— despreciada por la soberbia ilustrada que, en su ceguera, la ha calificado sucesivamente de credulidad y alineación. Pero la Fe de nuestro pueblo es más profunda que sus críticos. Y así muestra que su cristianismo no es un formalismo teórico, superficial y feble, sino una práctica concreta y cotidiana, de amor y solidaridad. Para él, Jesucristo no es solo un Dios, sino Aquel que dejó el amor entre los hombres. Y este, como lo saben en el fondo de su alma los más fríos escépticos, es la única fuente de cambios profundos, el único sustento de una revolución por la justicia y la paz.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“El Provincial los impactaba con su sencillez cuando ayudaba en el chiquero del fondo del Colegio Máximo para alimentar a los chanchos, cuando cocinaba o llevaba su ropa a la lavandería. En los almuerzos, sus ironías finas provocaban risotadas. Parecía un Provincial convencido de lo que decía y hacía, un modelo a imitar, casi un santo, que había consagrado su vida a la Orden y a Jesús, y cada mañana se levantaba a orar para su diálogo con Dios.165”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“El modelo de apostolado ignaciano que transmitió a los sacerdotes fue atender pastoralmente al “pueblo fiel”, donde, explicaba, “encontrarían el Evangelio”. Celebrar misa, bautizar, casar a los novios, ayudar a los necesitados y ser perseverantes con los niños que tomaban la comunión y luego abandonaban la catequesis. Quería que regresaran a la parroquia. Esas eran sus recomendaciones.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“Justamente, por su promoción de la religiosidad popular y su cercanía con el peronismo —en coincidencia con los sacerdotes que apoyaron su nominación—, Bergoglio alentó una pastoral de confesión y de sacramentos, con sacerdotes que caminaran con los humildes, no para un cambio de estructuras económicas y sociales, sino para su asistencia. En este punto radicaba la diferencia de la Provincia con otras comunidades latinoamericanas que, en una línea garantizada por el padre Arrupe, creía en el deber de ayudar al pobre a liberarse de las estructuras de poder que lo sometían, “una liberación radical, integral y global”, sin que los jesuitas perdieran su identidad cristiana y religiosa.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco
“El primer punto se refería a las disputas internas, los “infecundos enfrentamientos” entre alas (“por ejemplo, ‘progresistas’ o ‘reaccionarias’”) en los que, “seducidos ‘por una cátedra de fuego y humo’, terminamos dando más importancia a las partes que al todo”. Bergoglio transmitió la convicción de que había que superar los conflictos con la aceptación ignaciana de que “el plan de Dios es más grande que mi ‘proyecto’”. Esta fue la hermenéutica de la unidad, para discernir lo principal de lo accesorio, la mezquindad y el individualismo que enfrentaba a las partes en conflicto. Pero para no caer en la “tentación de construir la unidad obviando el verdadero conflicto”, requería lucidez como defensa de “nuestras ya consabidas tentaciones: postura ‘eticista’ por momentos, propensión a los ‘elitismos’, fascinación por las ideologías ‘abstractas’, que —mal que nos pese— no coinciden con la realidad”.”
Marcelo Larraquy, Código Francisco

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