Chicos que vuelven Quotes

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Chicos que vuelven Chicos que vuelven by Mariana Enriquez
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Chicos que vuelven Quotes Showing 1-22 of 22
“No podés evadirte de la realidad, le dijeron, y ella los ignoró y se encerró en su habitación.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“No me acuerdo muy bien, pero es algo así. Los japoneses creen que después de morir, las almas van a un lugar que tiene, digamos, un cupo limitado. Y que cuando se llegue a ese límite, cuando no quede más lugar para las almas, van a empezar a volver a este mundo. Esa vuelta es el anuncio del fin del mundo, en realidad.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“—Qué concepto más inmobiliario del más allá tienen estos japoneses.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“—Acá arriba vivimos todos.
Y empezaron a aparecer otros chicos, sus caras formando un círculo alrededor de Vanadis. Mechi reconoció a la mayoría, adolescentes y niños, escapados y raptados, vivos y muertos.
—¿Se van a quedar mucho ahí arriba?
Todos juntos, los chicos le contestaron: «En verano bajamos». Mechi sintió entonces que no eran chicos, que formaban un organismo, un ser completo que se movía en manada.”
Mariana Enriquez, Chicos que vuelven
“Mechi se quedó callada y después miró a Pedro. Movía la pierna derecha como si estuviera activada por un mecanismo. Se tocaba tanto el pelo que lo tenía engrasado.
No, con Pedro ella no iba a irse a ningún lado. Además, quería quedarse a ver qué era eso que tenía que pasar.”
Mariana Enriquez, Chicos que vuelven
“(...) la ciudad volvió a contener el aliento, volvió a su espera insomne.”
Mariana Enriquez, Chicos que vuelven
“Pero al promediar la segunda semana, se fue instalando un miedo sordo que nadie se animaba a vocalizar por temor a que los ecos no terminaran nunca.”
Mariana Enriquez, Chicos que vuelven
“No podía permitirse llorar por un hombre de treinta años que se había enamorado de una nena de catorce. No debía sentir lástima por él. La quería, cierto, pero era un enfermo. Podía, sí, llorar por ella misma. Porque nunca había sentido nada remotamente parecido a lo que el tatuador sentía por Vanadis.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“Ahora que estaba ahí, Mechi sintió que era un buen lugar para descansar.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“Parecía decidido a emborracharse con firmeza, con la esperanza de la anestesia y el olvido.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“como si fuera pleno verano y no agosto en Buenos Aires.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“Era la primera vez que Graciela veía a una persona moribunda pero caminando, a una persona cuya mente no registraba la muerte del cuerpo. La había impresionado mucho.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“y pensó que nada malo debía haberle pasado a Vanadis, la chica que se parecía a Bianca Jagger pero había nacido en Dock Sud, porque nada malo le pasaba nunca a las diosas, ni aunque fueran tan tristes y callejeras.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“A veces se llevaba algunas carpetas para repasar los nombres y circunstancias de los chicos, llenando mentalmente los puntos suspensivos para inventarles una historia. Le extrañaba que casi siempre la foto elegida por la familia, la misma que solía ser usada en los carteles y los volantes de búsqueda, fuera pésima. Los chicos se veían feos; el lente les tomaba los rasgos de tan cerca que los deformaba, o de tan lejos que los desdibujaba. Aparecían con gestos raros, bajo luces precarias; casi nunca eran fotos donde los ausentes estuvieran lindos.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“Se compró una docena de sacos y camisas blancas para su pico de fama, y Mechi pensó qué fácil resultaba la fama y la televisión para un hombre, nada más aparecer con sacos diferentes les garantizaba elegancia; si hubiera sido ella, tendría que haberse comprado doce diferentes vestidos, por ejemplo.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“Aquella primera noche había quedado claro lo que no se animaban a decir en voz alta: que no se gustaban tanto, que lo sabían desde antes de irse a la cama, pero igual quisieron intentarlo, porque estaban solos y los dos habían fantaseado con que ese encuentro podría ser, al menos, el comienzo de una compañía. El enamoramiento sencillamente no había sucedido, pero sí una amistad constante aunque no tan cercana.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“Pedro cambiaba de novias seguido, Mechi era más solitaria, y aunque rezongaban, ambos sabían que les gustaba más estar solos.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“Tomaron la cerveza sentados en el sillón y fueron a la cama antes de terminarla.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“Libros en los rincones, un balcón hermoso, de piedra, la computadora sobre la mesa y un poster vintage de Tarde de perros, la película de Al Pacino.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“Algunas tardes Mechi decidía tomarse una cerveza antes de volver a su departamento. Ninguno de los bares le gustaba mucho.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“las dos encargadas de atención al público, algo que Mechi no sabía hacer, ni quería hacer.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven
“Los japoneses creen que después de morir, las almas van a un lugar que tiene, digamos, un cupo limitado. Y que cuando se llegue a ese límite, cuando no quede más lugar para las almas, van a empezar a volver a este mundo. Esa vuelta es el anuncio del fin del mundo, en realidad.”
Mariana Enríquez, Chicos que vuelven