Simón Bolívar Quotes
Simón Bolívar
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Alfonso Rumazo González26 ratings, 4.62 average rating, 4 reviews
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Simón Bolívar Quotes
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“Después de la autopsia y embalsamiento del cadáver de Bolívar [escribe el médico francés], el señor Manuel Ujueta, jefe político, me hizo presente que nadie en la casa era capaz para vestir el cadáver, y a fuerza de empeños me comprometió a desempeñar esta triste función. Entre las diferentes prendas del vestido que trajeron, me presentaron una camisa, que ya iba a ponerle cuando advertí que estaba rota. No pude contener mi despecho, y tirando la camisa, exclamé: Bolívar, aun cadáver, no viste ropa rasgada; si no hay otra, voy a mandar por una de las mías. Entonces fue cuando me trajeron una camisa del general Laurencio Silva, que vivía en la misma casa.”
― Simón Bolívar
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“Habéis presenciado mis esfuerzos para plantar la libertad donde reinaba antes la tiranía. He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiabais de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado: mi reputación y mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono. Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la Unión: los pueblos, obedeciendo al actual Gobierno para libertarse de la anarquía; los ministros del santuario, dirigiendo sus oraciones al cielo, y los militares, empleando su espada en defender las garantías sociales. ¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilamente al sepulcro.”
― Simón Bolívar
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“¡Jesucristo, don Quijote y yo hemos sido los más insignes majaderos de este mundo!... Esta es la última frase genial del Libertador. Una mañana le pregunta sorpresivamente Bolívar a su médico: –Y usted, ¿qué vino a buscar a estas tierras? –La libertad. –Y, ¿usted la encontró? –Sí, mi general. –Usted es más afortunado que yo, pues todavía no la he encontrado. Con todo, vuélvase usted a su bella Francia, en donde está ya flameando la gloriosa bandera tricolor, pues no se puede vivir aquí, en este país, en donde hay muchos canallas.”
― Simón Bolívar
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“Colombianos: Hoy he dejado de mandaros. Veinte años ha que os he servido en calidad de soldado y magistrado. En este largo período hemos reconquistado la patria, libertado tres Repúblicas, conjurado muchas guerras civiles, y cuatro veces he devuelto al pueblo su omnipotencia, reuniendo espontáneamente cuatro Congresos constituyentes. A vuestras virtudes, valor y patriotismo se deben estos servicios; a mí la gloria de haberos dirigido. Colombianos: he sido víctima de sospechas ignominiosas, sin que haya podido defenderme la pureza de mis principios. A nombre de Colombia os pido, os ruego, que permanezcáis unidos para que no seáis los asesinos de la patria y vuestros propios verdugos.”
― Simón Bolívar
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“En esos mismos días de la sublevación de Córdoba se le viene al Consejo de Gobierno de Bogotá una idea peregrina, nacida, sin duda, en una mediocre buena fe. Determina establecer en Colombia, sin consulta, una monarquía. Y abre negociaciones con los diplomáticos franceses e ingleses acreditados en Bogotá para inquirirles su opinión al respecto e interesarles en la búsqueda de algún príncipe que quisiera hacerse cargo del Poder, una vez muerto el Libertador. Aquellos varones buscaban ya al sucesor del genio, y no hallaron mejor fórmula que la del retorno a los tiempos coloniales, en los cuales ya habían gobernado los reyes y contra los cuales se había combatido durante quince años.”
― Simón Bolívar
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“Un suceso de significación ocurrido en el Perú cambia el derrotero de los acontecimientos: el general Gamarra prende al vencido general La Mar y lo destierra; inmediatamente acepta un armisticio con Colombia. Guayaquil vuelve a la libertad, y a ella entra triunfalmente el Libertador con el objeto principalísimo de signar el tratado definitivo de paz entre Colombia y el Perú, el cual fue posteriormente ratificado por ambos países. El Perú se guardará de cumplir una de sus cláusulas más importantes: la relativa a la cuestión limítrofe, cosa que astutamente dejará pendiente por más de un siglo, hasta que llegará a apoderarse por la fuerza de algunos territorios que no pudo tomar en los días de la independencia. El Perú se ha caracterizado en América por un sentido imperialista agresivo, originado en los tiempos anteriores a la conquista española. Es esa una tradición indígena.”
― Simón Bolívar
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“¡No, no, no más, hombre, por Dios! ¿Por qué hacerme usted escribir faltando a mi resolución? Vamos, ¿qué adelanta usted sino hacerme pasar por el dolor de decir a usted mil veces no? Señor, usted es excelente, es inimitable; jamás diré otra cosa sino lo que es usted. Pero, mi amigo, dejar a usted por el general Bolívar es algo; dejar a otro marido sin las cualidades de usted sería nada. ¿Y usted cree que yo, después de ser la predilecta de este general por siete años y con la seguridad de poseer su corazón, prefiera ser la mujer del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, o de la Santísima Trinidad? Si algo siento, es que no haya sido usted mejor para haberlo dejado. Yo sé muy bien que nada puede unirme a él bajo los auspicios de lo que usted llama honor. ¿Me cree usted más honrada por ser él mi amante y no mi esposo? ¡Ah! Yo no vivo de las preocupaciones sociales, inventadas para atormentarse mutuamente. Déjeme usted, mi querido inglés. Hagamos otra cosa: en el cielo nos volveremos a casar, pero no en la tierra. ¿Cree usted malo este convenio? Entonces diría yo a usted que era muy descontento. En la patria celestial pasaremos una vida angelical y toda espiritual (pues, como hombre, usted es pesado); allá todo será a la inglesa, porque la vida monótona está reservada a su nación (en amores digo; pues en lo demás, ¿quiénes más hábiles para el comercio y la marina?). El amor les acomoda sin placeres; la conversación, sin gracia, y el caminar, despacio; el saludar, con reverencia; el levantarse y sentarse, con cuidado; la chanza, sin risa; éstas son formalidades divinas; pero yo, miserable mortal que me río de mí misma, de usted y de otras seriedades inglesas, etc., ¡qué mal me iría en el cielo! Tan malo como si fuera a vivir en Inglaterra o Constantinopla, pues los ingleses me deben el concepto de tiranos con las mujeres, aunque no lo fuese usted conmigo, pero sí más celoso que un portugués. Eso no lo quiero yo. ¿No tengo buen gusto? Basta de chanzas. Formalmente y sin reírme, con toda la seriedad, verdad y pureza de una inglesa digo "que no me juntaré más con usted". Usted anglicano y yo atea, es el más fuerte impedimento religioso; el que estoy amando a otro es mayor y más fuerte. ¿No ve usted con qué formalidad pienso? Su invariable amiga, Manuela.”
― Simón Bolívar
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“Y aquí, en esta hora de total vencimiento moral, el Libertador acude por vez primera a un recurso religioso. Le escribe al Papa León XII: “El Presidente de Colombia aguarda para sí y para el pueblo de la República la bendición apostólica del Padre de los creyentes”. Este resurgimiento de la conciencia de cristiano que le infundieron en su hogar cuando niño es la prueba mayor de que se acerca para él el final. "El hombre péndulo vuelve a ser como un niño y torna a ignorar después de haber sabido". Sin embargo, no tiene sino cuarenta y seis años, "y mostraba sesenta".”
― Simón Bolívar
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“Apenas sabe el Presidente que ha llegado Sucre a Guayaquil, confíale el mando militar para la guerra con una amplitud tal que no se registra nada parecido en la Historia: "Todos mis poderes, buenos y malos, los delego en usted. Haga usted la guerra, haga usted la paz, salve o pierda al Sur, usted es el árbitro de sus destinos".”
― Simón Bolívar
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“Pocos días después se trasladan el Libertador y Manuela a vivir en la Quinta de Bolívar. Allí visita al Presidente el diplomático francés Le Moyne, quien encuentra este cuadro: Llegamos a la quinta y nos recibió doña Manuela Sáenz. Nos dijo que, aun cuando el héroe estaba muy enfermo y, además, se había purgado esa mañana, anunciaría nuestra visita. Pocos momentos después apareció un hombre de cara muy larga y amarilla, de apariencia mezquina, con un gorro de algodón, envuelto en su bata, con las piernas nadando en un ancho pantalón de franela. A las primeras palabras que le dirigimos respecto de su salud: ¡Ay! –nos respondió, señalándonos sus brazos enflaquecidos–, no son las leyes de la Naturaleza las que me han puesto en este estado, sino las penas que me roen el corazón. Mis conciudadanos, que no pudieron matarme a puñaladas, tratan ahora de asesinarme moralmente con sus ingratitudes y calumnias. Cuando yo deje de existir, esos demagogos se devorarán entre sí, como lo hacen los lobos, y el edificio que construí con esfuerzos sobrehumanos se desmoronará entre el fango de las revoluciones.”
― Simón Bolívar
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“Uno de los mayores amigos del Libertador en este tiempo es el arzobispo, monseñor Méndez: "Es un varón valiente; con nosotros hizo la guerra en Los Llanos, y la patria le debe grandes servicios; tiene, como el arzobispo de Bogotá, el señor Caicedo, convicciones y erudición teológica, pero hasta allí llega su ciencia". En cambio, muestra muy poco aprecio por los obispos de Mérida y Popayán: "Ambos son hipócritas y sin fe".”
― Simón Bolívar
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“De los Estados Unidos llegan informes de la manera como progresa en los estudios su sobrino Fernando, a quien quiere como a hijo. Más tarde le llevará a su lado. Fernando es hijo ilegítimo de Juan Vicente Bolívar, hermano del Libertador y muerto trágicamente al comienzo de la guerra de independencia, en un naufragio. Se halaga por estas noticias de Fernando, quien tiene una hermana en Caracas, de nombre Felisa. Bolívar determina no dejarla sin resolver su situación personal, y ordena, dentro de las costumbres de la época, que se case con el general Laurencio Silva, valeroso soldado de la libertad, muy caballeroso, pero mulato. Felisa se sometió a la orden del tío; se casó, mas no le perdonó nunca; tampoco perdonó el color a su marido, a quien no pudo amar jamás. Sí, mi tío Simón, en todo esto, en que doy a usted la más grande prueba de mi amor, nunca arrancaré de mi corazón el justo resentimiento contra usted. Espero que nunca más me dará causa para revivir ese resentimiento.”
― Simón Bolívar
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“En Lima no queda, pues, otro espíritu leal a Bolívar que el de Manuela Sáenz, cuya madre acaba de morir. Intenta, en su calidad de mujer irreductible y leal, operar en contra de Bustamante. "Disfrazada de hombre y pistola en mano, penetró a caballo en uno de los cuarteles insurrectos con el fin de reaccionarlo en favor de Bolívar". Fracasa, la toman prisionera y le conceden veinticuatro horas para abandonar el territorio peruano. La acusación es concreta: "El cónsul Armero y Manuela Sáenz no han cesado de seducir, prometer y aun gastar, la segunda, cantidades muy crecidas. Con noticias exactas que tuve de cuánto se imaginaba por Armero y por esa mujer, cuya escandalosa correspondencia tanto ha insultado el honor y moral pública, le hice llamar a las cuatro de la tarde y le dije: ‘Usted se embarca dentro de veinticuatro horas’".”
― Simón Bolívar
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“La batalla de Lexington en el Norte comenzó la revolución: la jornada de Ayacucho en el Sur la ha terminado".”
― Simón Bolívar
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“Todo es amor en ti. Yo también me ocupo de esta ardiente fiebre que nos devora como a dos niños. Yo, viejo, sufro el mal que ya debía haber olvidado. Tú sola me tienes en este estado. Tú me pides que te diga que no quiero a nadie. ¡Oh, no! A nadie amo, a nadie amaré. El altar que tú habitas no será profanado por otro ídolo ni otra imagen, aunque fuera la de Dios mismo. Tú me has hecho idólatra de la humanidad hermosa. Créeme; te amo y te amaré sola y no más. ¡No te mates! Vive para mí y vive para ti. Vive para que consueles a los infelices y a tu amante, que suspira por verte. Estoy tan cansado del viaje y de todas las quejas de tu tierra, que no tengo tiempo para escribirte con letras chiquiticas y cartas grandotas como tú quieres. Pero en recompensa, si no rezo, estoy todo el día y la noche entera haciendo meditaciones eternas sobre tus gracias y sobre lo que te amo, sobre mi vuelta y lo que harás y lo que haré cuando nos veamos otra vez.”
― Simón Bolívar
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“Una sorpresa desconcertante recibe en Guayaquil. Le hablan de una monarquía y hasta de la posibilidad de que el Libertador se proclame rey. Su respuesta a estas iniciativas es enfática, y se la dirige a Santander: Usted me habla con alguna seriedad sobre monarquía; yo no he cambiado jamás. Libertador o muerto es mi divisa antigua. Libertador es más que todo, y, por lo mismo, yo no me degradaré hasta un trono. Si quieren que me vaya de Colombia, que me hablen más de trono.”
― Simón Bolívar
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“Para la presidencia de la República estatuye un gobernante de carácter vitalicio, con derecho para elegir el sucesor. ¿Quiso Bolívar crear una especie de tránsito de la monarquía, a que se habían acostumbrado los americanos por espacio de tres siglos, o buscó la eliminación de las personalísimas ambiciones de poder y la destrucción del caudillismo?”
― Simón Bolívar
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“Desde entonces, y por muchos lustros después, los peruanos no le perdonarán a Bolívar tres hechos capitales: el haber constituido la República de Bolivia con dos provincias que pertenecieron al virreinato de Lima; el haber sido libertados por tropas colombianas, y el haberse holgado las mujeres peruanas con los generales y tropa colombianos, en seguimiento del ejemplo dado por el propio Libertador.”
― Simón Bolívar
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“Estamos en una Babilonia, donde, al parecer, todas las bellas mujeres se han conjurado para hacernos perder la cabeza. ¡Qué cuadro de tipos, bellezas y coqueterías!". Tanto, que el propio héroe confiesa: "¡Las damas me quieren; esto es muy agradable; tienen muchos placeres!". La segunda pubertad del Libertador entra en el clímax. "La Magdalena o La Voluptuosidad debe ser el nombre y el sobrenombre de la castiza mansión que Lima dio en reconocimiento a su emancipador y padre. ¿Cuántas mujeres le amaron aquí? Nadie podría saberlo. Lo cierto es que en Lima las hembras y los vinos se le sirvieron en bandejas de plata para que el héroe los bebiera hasta las más exquisitas embriagueces. Y él, nada corto, apuró ávidamente ambos licores hasta extenuarse de voluptuosidad".”
― Simón Bolívar
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“¿Con que tú no me contestas claramente sobre tu viaje a Londres? No te vengas con enigmas misteriosos. Diga usted la verdad y no se vaya a ninguna parte. Yo lo quiero resueltamente. Responde a lo que te escribí el otro día de un modo que yo pueda saber con certeza tu determinación. Tú quieres verme siquiera con los ojos. Yo también quiero verte y reverte, y tocarte, y sentirte, y saborearte, y unirte a mí por todos los contactos. Aprende a amar y no te vayas ni aun con Dios mismo.”
― Simón Bolívar
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“El Libertador deberá continuar en el Poder dictatorial por todo el tiempo que él considerare necesario para organizar la administración de la República, y queda a su arbitrio convocar o no al Congreso general del año 1826. Bolívar acepta continuar en la dictadura, y como le aguardan el Cuzco y las provincias del Alto Perú, nombra un Consejo de Gobierno para que actúe administrativa y políticamente durante su ausencia. Entre los miembros del Consejo consta el general La Mar, que había sido desleal a España, también a Bolívar cuando la entrevista de Guayaquil, y que volverá a traicionar poco después.”
― Simón Bolívar
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“Otro de los poblados visitados por Bolívar es Huaylas, a donde no le acompaña Manuela y en donde encuentra la interesante distracción efímera de Manolita Madroño, chica de dieciocho años, encargada por el Cabildo del pueblo para ofrecer al Libertador una corona de flores. "No pasaron cuarenta y ocho horas sin que los enamorados –ella y el general– ofrendasen a la diosa Venus". Manuela Sáenz, conocedora del episodio, guarda silencio, pero le confía a su amigo, el capitán Santana, su despecho y el propósito recóndito que tiene de suicidarse.”
― Simón Bolívar
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“Era generalmente en la noche –escribe Boussingault– cuando Manuelita visitaba al general. Llegó una vez que no era esperada. Hete aquí que encontró en el lecho de Bolívar un magnífico arete de diamantes. Hubo entonces una escena indescriptible: Manuelita, furiosa, quería absolutamente arrancarle los ojos al Libertador. Era entonces una vigorosa mujer; apresaba tan bien a su infiel, que el pobre gran hombre se vio obligado a pedir socorro. Dos edecanes lograron con trabajo librarlo de la tigresa.”
― Simón Bolívar
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“Dice Bolívar de San Martín: Su carácter me ha parecido muy militar y parece activo, pronto y no lerdo. En política tiene ideas correctas. Ninguno está más lejos de ocupar el trono que él. El Protector habla con naturalidad, sin estudiar sus discursos. Expresa San Martín del Libertador: Una ligereza extrema, inconsecuencia en sus principios y una vanidad pueril; pero nunca me ha parecido la de impostor.”
― Simón Bolívar
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“Yo sé muy bien que nada puede unirme a Bolívar bajo los auspicios de lo que usted llama honor. ¿Me cree usted menos o más honrada por ser él mi amante y no mi esposo? ¡Ah! Yo no vivo de las preocupaciones sociales, inventadas para atormentarse mutuamente".”
― Simón Bolívar
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“El Libertador avanza serenamente, con el sombrero en la mano. Una de las damas, desde el balcón de la esquina de la plaza principal, arroja una corona de laureles, que el héroe toma al punto y agradece, con una mirada penetrante. La mujer se llama Manuela Sáenz, y se la presentan al general por la noche en el baile de gala ofrecido por el Ayuntamiento en su honor. Tiene la bella quiteña veinticuatro años, ojos negros de gran pasión, piel blanca, rostro ovalado, cabellera muy abundante, oscurísima, partida en dos y un pecho de admirables turgencias. Luce en el baile la banda de Caballeresa del Sol, condecoración otorgada poco antes en Lima por el general San Martín a la valerosa mujer en reconocimiento de los servicios que prestara a la libertad en la capital peruana, junto a Rosita Campuzano –amante de San Martín– y otras damas de categoría. Manuela es hija ilegítima del español Simón Sáenz de Vergara y de la linajuda criolla María Joaquina Aispuru. Está casada con un inglés que le dobla casi en edad, el doctor Jaime Thorne, quien se ocupa a la vez en medicina y en negocios y mueve sus combinaciones económicas con el propio padre de Manuela. Esta bella mujer decía que se había casado con Thorne para "molestar y reírse de la aristocracia quiteña". El matrimonio se efectuó, en realidad, a poco de que la quiteña se hubiera fugado con un oficial, del convento donde se educaba.”
― Simón Bolívar
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“Es el criminal autor –expresará Bolívar años más tarde– de toda la sangre que ha corrido en Pasto y en el Cauca; es un hombre abominable y un indigno ministro de una religión de paz".”
― Simón Bolívar
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“Salta luego el primer ataque, fino, hábil, en lenguaje diplomático en que hay que leer entre líneas. San Martín, en su mensaje de invitación para que no interviniese en Guayaquil, le había dicho al Libertador: "Yo no puedo ni quiero dejar de esperar que el día en que se realice nuestra entrevista el primer abrazo que nos daremos transigirá cuantas dificultades existan". Bolívar contesta al sexto día de llegado a Quito: V. E. ha obrado de un modo digno de su nombre y de su gloria no mezclándose en Guayaquil, como me asegura. La conducta del Gobierno de Colombia ha seguido la misma marcha que V. E.; pero al fin, no pudiendo yo tolerar el espíritu de facción, que ha retardado el éxito de la guerra y que amenaza inundar en desorden todo el sur de Colombia, ha tomado definitivamente su resolución de no permitir más tiempo la existencia anticonstitucional de una Junta que es el azote de Guayaquil y no el órgano de su voluntad. Tengo la satisfacción excelentísimo Protector, de poder asegurar que mi espada no ha tenido jamás otro objeto que asegurar la integridad del territorio de Colombia. Me afirma que nuestro primer abrazo sellará la armonía y la unión de nuestros Estados. Esta conducta magnánima por parte del Protector del Perú fue siempre esperada por mí. No es el interés de una pequeña provincia lo que puede perturbar la marcha majestuosa de América meridional. Ya están fijados en bronce dos puntos: Bolívar no reconoce a la Junta de Guayaquil, en que se apoya el sector peruanófilo; pero, a la vez y como para evitar precipitaciones, no le concede trascendencia continental al caso en discusión: se trata apenas del interés de una "pequeña provincia". Lo que importa, sobre todo, es el abrazo. De ahí que la carta concluya con estas palabras imperiosas: "La entrevista que V. E. se ha servido ofrecerme yo la deseo con mortal impaciencia y la espero con tanta seguridad como ofrecida por V.”
― Simón Bolívar
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“Si fuere yo un Plutarco, no me costaría hacer una vida paralela de Don Quijote y Bolívar. UNAMUNO.”
― Simón Bolívar
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“Entre los que murieron en Carabobo –una gran batalla, la segunda decisiva en todo el lapso de una guerra de ya once años– hubo un negro. Era el guardaespaldas del general Páez y se llamaba Camejo. Páez, en lo recio de la lucha, véle venir en su caballo, como si huyese. –¿Qué te pasa? ¿Tienes miedo? ¿Ya no hay enemigos? Hazte matar; ¡lo ordeno! –Mi general... Sólo vengo a decirle adiós..., porque estoy muerto. Y el negro se desplomó del caballo, para siempre. Venezuela fue libre desde aquel día, a las once y media de la mañana. Tres mil quinientos hombres perdió La Torre. Páez fue ascendido en el propio campo. Esta batalla, y la de Boyacá, que libertó a Nueva Granada, estuvieron dirigidas por Bolívar. El superhéroe en aquella jornada fue el general Páez, que rompió el flanco del enemigo, atenaceándolo luego por la retaguardia.”
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