Fuego Rojo Quotes

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Fuego Rojo Fuego Rojo by Aileen Diolch
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“—Rojo… Fuego…
Sus miradas chocaron de nuevo mientras sus resuellos se entrelazaron.
Con lentitud, ella se deshizo de los guantes, atrapó la cremallera de su chaqueta de cuero consiguiendo que el ruido metálico, al bajar poco a poco, resonara entre las cuatro paredes de espejo.
Sus ojos verdes descendieron hasta la férrea boca para a continuación posarse sobre la mirada eléctrica.
Una de las manos del hombre se colocó en la nuca de ella y la otra, con suavidad, se asentó sobre la cadera dejando que sus experimentados dedos acariciaran la nívea piel, visible entre la camiseta y la cinturilla del vaquero.
Las uñas moradas tiraron de la corbata negra, acercando más a su dueño, consiguiendo que sus cuerpos se amoldaran. Su osada cadera se arqueó levemente atrayendo el miembro ya erecto que se acomodó sin ningún problema a la curva sinuosa.
Él tiró de la roja cabellera y levantó su rostro.
—Fuego… —susurró mientras su boca se posaba hambrienta sobre la de su pareja.”
Aileen Diolch, Fuego Rojo
“Estaban juntos de nuevo y esta vez no iba a perderla aunque...
-Tienes que contarle la verdad -reconoció para sí mismo.”
Aileen Diolch, Fuego Rojo
“Habían pasado toda la mañana en la cama. Juntos...

Entre caricias, besos, y risas volvieron a hacerse el amor con más lentitud que la primera vez.

Los jadeos y los suspiros sustituyeron a las palabras. Las miradas que se prodigaron dieron forma a sus sentimientos. Sus manos, sus cuerpos transmitieron todo lo contrario que sus miedos impidieron ofrecerse.

Se habían reencontrado, se habían amado, y Álex temblaba ante el futuro que se le presentaba con León.

[Capítulo 8, Alex y León]”
Aileen Diolch, Fuego Rojo
“León gruñó y atrapó su boca en un beso voraz. No podía resistirse a ella. Sabía que tenía que hablarle de sus sentimientos (...), pero al igual que ella, también necesitaba sentirla, estar en su interior, rodeado de su calor. (...)

Volvió a ponerse encima de Alex y le dió un dulce beso.

- ¿Estas segura?

Alejandra enrolló las piernas en la cintura de él y asintió.

- Te necesito - suplicó.

Y sin mas, León introdujo en su interior su pene ya erecto, arrancándole un gemido natural.

Las manos de Alex se agarraron a sus hombros. Sus uñas se hincaron en su piel. Sus caderas se arquearon recibiendo el pene que entraba y salía de su interior y que conseguía (...) que las sensaciones (...) se arremolinaran en su estómago y su corazón latiera cada vez más veloz.

(...)

Leon atrapó su boca, alimentándose de sus gemidos. Lamió sus labios. Jugó con la lengua de ella. Besó su cuello, lo mordió, lo acarició, y descendió hasta sus pechos donde los pezones enhiestos reclamaban mayor atención. (...)

Las manos de Álex descendieron con lentitud por la musculosa espalda delineando el tatuaje de León hasta sus nalgas, donde en una muda súplica le imploró que aumentara el ritmo.

Su cuerpo sin control, obedeció a la que era dueña de su corazón y comenzó a embestir cada vez con mayor velocidad, (...) hasta que sus gemidos se entrelazaron y sus respiraciones se convirtieron en una. (...)

León estaba enamorado de esa mujer y tenía que confesárselo, fueran cuales fueran las consecuencias.

[Capítulo 13. León y Álex].”
Aileen Diolch, Fuego Rojo