Las lecturas diarias de MacArthur Quotes

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Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez (Spanish Edition) Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez by John F. MacArthur Jr.
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Las lecturas diarias de MacArthur Quotes Showing 1-30 of 65
“Sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. 1 PEDRO 5.5 Un día Jesús llamó a un niño, lo sentó en medio de sus discípulos y dijo: «De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe» (Mateo 18.3–5). Jesús tenía gran respeto por la condición del niño. Vio en un niño el modelo de la dependencia y la confianza, la mente inocente y la humildad. Vio a una persona con ganas de agradar y dar gracias, y rápido para expresar el amor y rápido de aceptar y obedecer lo que se le ordenaba y enseñaba. Así que Él usó a un niño como una analogía para enseñar a sus discípulos la dependencia, la confianza, la humildad, el afecto y la obediencia. Quizá usted diga: «Pero Jesús solo estaba utilizando a los niños como una analogía de la forma en que los adultos se convierten y forman parte del reino de Dios». Permítame señalarle que una analogía solo funciona si está arraigada en la verdad. Si los niños no son fácil y totalmente recibidos en el reino de los cielos, la analogía de la conversión espiritual sería una muy pobre. Como es, la analogía es una grande. Los niños son aceptados en el reino y por eso, seamos sabios para llegar a ser como niños en nuestra dependencia espiritual del Señor para que nosotros, también, podamos ser fácilmente aceptados.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas? MARCOS 4.13 Jesús fue un experto narrador de historias, pero nunca contó una historia solo por contarla. Sus parábolas no fueron juegos de palabras o misteriosos «resuélvalo usted mismo», donde se invitaba a cada oyente a proporcionar su propio significado. Cada una de sus parábolas transmitía una enseñanza importante, originada por Cristo mismo y fortalecida por él en la estructura de la parábola. Esa es una realidad crucial para recordar, porque explica cómo la verdad es compatible con la narración de historias. Ni siquiera la ficción es totalmente incompatible con nuestras ideas convencionales de verdad, porque a la larga toda historia bien narrada la plantea. Y lo importante de una buena historia es que se supone que es cierta (o al menos una verdad de vida en algún nivel), aunque la historia misma pinte un panorama totalmente imaginario. Las parábolas resaltan una verdad importante, igual que la moraleja de una historia bien contada. Eso explica por qué la verdad vital contenida en una parábola es fija y objetiva, no es un pedazo metafísico de plastilina que podemos amasar y darle la forma que queramos. Recuerde que cuando Jesús empezó a usar parábolas en su ministerio público, se apartó a solas con los discípulos y cuidadosamente les explicó la parábola del sembrador (Mateo 13.18–23). Esta tenía un significado objetivo claro, simple, único y sencillo, y mientras Jesús se los explicaba les indicó que todas las parábolas se podían entender por medio de un método parecido de interpretación (vea Marcos 4.13). De ahí que no haya absolutamente ninguna razón para suponer que el uso de parábolas por parte de Jesús es de algún modo un indicio de que la verdad misma está tan oculta en misterio como para ser totalmente indescifrable.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Dios es dueño de todo De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan. SALMOS 24.1 Dios es el único propietario de todo lo que usted tiene. Su ropa, su casa, su auto, sus hijos, su computadora, su iPod, sus inversiones, su equipo de deportes, el césped y el jardín de su casa, y todo lo demás imaginable, son de Dios. El rey David afirmó esta verdad varias veces: «Todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas… Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo» (1 Crónicas 29.11, 12). «De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan» (Salmos 24.1). Puesto que Dios es dueño de todo, usted nunca puede adquirir nada nuevo porque ya es de Él. Aceptar este hecho es crucial para lograr una actitud bíblica de contentamiento. Ya sea desde su propio punto de vista o desde el de Dios, usted tiene que lidiar con sus posesiones. En la medida en que acepte que le pertenecen a Él, usted dejará de preocuparse y permitirá que Dios se encargue de ellas. Esa es la manera en que Juan Wesley reaccionó un día en que recibió la noticia que el fuego había destruido su casa. Él simplemente dijo: «La casa del Señor se quemó. Una responsabilidad menos para mí». El enfoque de Wesley era el correcto, pero no es como el mundo nos enseña a responder. La acumulación egoísta de propiedades es el legado del mundo para nosotros, pero tenemos que cambiar esa perspectiva. No somos dueños de nada. Por lo tanto, si alguna vez pierde algo, usted realmente no lo perdió, porque nunca lo tuvo. Si alguien necesita algo de lo que usted tiene, quizá tenga tanto derecho a ese algo como lo tiene usted, porque usted no es el dueño, Dios es el dueño. ¿Cómo ha demostrado que tiene la actitud bíblica de contentamiento?”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa. LUCAS 19.8–9 La salvación de Zaqueo inmediatamente afectó el aspecto financiero de su vida (Lucas 19.1–10). La evidencia inicial de su vida transformada fue su absoluto cambio de actitud hacia su dinero. Como recaudador de impuestos en el Imperio Romano, había estado totalmente centrado en acumular tanta riqueza como era posible, incluso si eso significaba defraudar a los contribuyentes y retener contribuciones a las personas necesitadas. La transformación de Zaqueo fue tan genuina y drástica que Jesús hizo esta tajante declaración: «Hoy ha venido la salvación a esta casa» (Lucas 19.9). No todos los encuentros con Jesús tuvieron un resultado positivo. Los Evangelios sinópticos (Mateo 19; Marcos 10; Lucas 18) contienen el relato del joven rico. El Señor escogió un mandato que revelaría si en realidad el joven estaba preocupado por la salvación. Jesús le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme» (Marcos 10.21). Lamentablemente, el joven no estaba dispuesto a obedecer a Cristo si esto significaba separarse de sus riquezas, así que se fue, reacio a seguir las instrucciones de Jesús. En estas dos ocasiones importantes en las que Jesucristo íntimamente se relacionó hay un fuerte contraste entre la actitud hacia el dinero y el estatus ante Dios. En la historia de Zaqueo, el hecho de que su actitud hacia la riqueza cambió fue evidencia sólida de que su arrepentimiento y búsqueda de Dios eran auténticos. En la historia del joven rico, su obstinada negativa a desprenderse de su riqueza era prueba de su adoración de sí mismo. ¿Cómo su visión del dinero se relaciona con su estado ante Dios?”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“El «mucho servicio» de Marta era una distracción (Lucas 10.40) de «aquello» (v. 42) que era realmente necesario: escuchar a y aprender de Jesús. A”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen. ROMANOS 1.28 El apóstol Pablo describe la ira de Dios en Romanos 1 y es muy específico: «Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador». Pablo repite la misma idea en el versículo 26: «Dios los entregó a pasiones vergonzosas». Y de nuevo en el versículo 28: «Dios los entregó a una mente reprobada». ¿Cuál es la expresión más terrible de la ira divina que una sociedad puede enfrentar? Es esta: Dios los entrega a su propio pecado. Él les abandona a lo que les gusta. ¿Les encanta la inmundicia? Dios los abandona en ella. ¿Aman las pasiones vergonzosas? Dios los entrega a la homosexualidad y a las perversiones de todo tipo (vv. 26–27). Pero hay un paso más en la decadencia, que se describe en el versículo 28: «Dios los entregó a una mente reprobada». La palabra griega traducida como «reprobada» es adokimos. Ella significa algo inútil, despreciado y desaprobado. La mente se vuelve espiritualmente inútil, moralmente incapaz de hacer un juicio correcto. Y cuando una sociedad ha llegado tan lejos, no hay vuelta atrás. Usted sabe que la sociedad está llegando a ese punto cuando la gente no tolerará que alguien haga juicios morales. Las Escrituras dicen que cuando una sociedad desciende hasta ese punto, dando su aprobación al pecado, a pesar de saber tales pecados sean destructivos para la sociedad y condenan al individuo. Todo sentimiento de culpa es finalmente erradicado.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Equiparándolo a un ayudante personal o a un entrenador particular, muchos asistentes a las iglesias hablan de un Salvador personal que está deseoso de cumplir sus peticiones y ayudarlos en sus esfuerzos de autosatisfacción o logros personales.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Hay solo una razón por la que la gente que sabe la verdad del evangelio no está dispuesta a arrepentirse y creer. Es que no se ven como pobres, presos, ciegos y oprimidos. Esto no tiene nada que ver con el estilo de música que ofrece su iglesia, ni el drama que presenta en su plataforma, ni la calidad de su presentación láser. Tiene que ver con la mortandad espiritual y la ceguera del orgullo. Dios no ofrece nada a los que están contentos en su propia condición, excepto castigo. Si usted no piensa que se dirige al infierno y no piensa que necesita perdón, es porque no asigna ningún valor al evangelio de la gracia. No se puede predicar la salvación, ni conducir a nadie a la salvación, ni alcanzar la salvación a menos que uno esté dispuesto a humillarse y reconocer su condición de pecador. De nuevo, esto es cuestión de negarse a uno mismo, ¿verdad?”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Usted no puede ir al cielo a menos que sepa cómo, y no puede saber cómo excepto al leer la Biblia. Es el único lugar en donde el hombre escribió las palabras que el Espíritu Santo inspiró. Toda la Escritura es dada por inspiración de Dios. Pedro describió el proceso: «los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2 Pedro 1.21). Uno no puede entender por sí mismo las cosas de Dios más de lo que pudieron Adán y Eva, porque solo por el poder y revelación del Espíritu Santo se puede evaluar la esencia del Señor y Creador del universo. Sin el Espíritu no hay conocimiento. Pero para los que hemos recibido la enseñanza del Espíritu Santo por las Escrituras, tenemos lo que 1 Corintios llama «la mente de Cristo». Podemos saber lo que Cristo piensa porque la Biblia lo revela.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“A pesar de que nuestra esperanza es futura, se garantiza ahora. Para nosotros, la gloria futura es una realidad presente. Es por eso que perseveraremos mientras aguardamos nuestra glorificación. No importa cuáles sean las pruebas y las luchas que encontramos mientras esperamos, podemos estar seguros de que Dios cumplirá su llamado a nosotros y nos llevará a la gloria.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Es popular en algunos círculos de denigrar el conocimiento y elevar la pasión, el misticismo, el amor fraternal, la fe ciega o lo que sea. La doctrina cristiana se establece a menudo contra el cristianismo práctico, como si los dos fueran antitéticos. La verdad es ignorada y exaltada la armonía. El conocimiento es despreciado mientras el sentimiento es exaltado. La razón es rechazada y el sentimiento puesto en su lugar. Esto carcome la auténtica madurez espiritual, que siempre se basa en la sana doctrina (cp. Tito 1.6–9). Por supuesto que el conocimiento por sí solo no es una virtud. Si alguien «sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado» (Santiago 4.17). El conocimiento sin amor corrompe el carácter: «El conocimiento envanece, pero el amor edifica» (1 Corintios 8.1). Pero la falta de conocimiento es aun más mortal. Oseas registró la queja del Señor en contra de los líderes espirituales de Israel: «Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos» (Oseas 4.6). Todo crecimiento espiritual se basa en el conocimiento de la verdad. La sana doctrina es crucial para un andar espiritual exitoso (Tito 2.1ss). Pablo dijo a los colosenses que el nuevo ser se renueva por el verdadero conocimiento (Colosenses 3.10). El conocimiento es fundamental para nuestra nueva posición en Cristo. Toda la vida cristiana se establece en el conocimiento de los principios divinos, la sana doctrina y la verdad bíblica. Los que repudian el conocimiento en efecto echan por la borda los medios más básicos para el crecimiento espiritual y la salud, dejándoles vulnerables a una serie de enemigos espirituales.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Porque estrecha es la puerta» dijo Jesús en Mateo 7.14, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan». Concuerdo en que nos cuesta mucho hallarla, especialmente hoy. Uno puede ir de iglesia en iglesia y jamás encontrarla. Es una puerta muy estrecha. La misma enseñanza aparece en Lucas 13.23–24. «Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar y no podrán». Cuesta hallarla, y cuesta entrar por ella. ¿Por qué cuesta tanto encontrarla hoy, y por qué es tan duro entrar por ella? Cuesta mucho hallarla porque muchas iglesias se han desviado de la enseñanza de la verdad del evangelio. Es incluso más duro, una vez que se ha oído la verdad, someterse a ella. El hombre se adora a sí mismo. Es su propio dios. Lo que necesitamos decir a la gente no es: «Venga a Cristo y se sentirá mejor» ni «Jesús quiere suplir sus necesidades, sean las que fueren». Jesús no quiere satisfacer nuestras necesidades –mundanales, terrenales y humanas–. Lo que quiere es que estemos dispuestos a decir: «Por amor a Cristo dejaré todo lo que pienso que necesito». Es difícil pasar por la puerta estrecha porque es muy duro negarnos a nosotros mismos.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“El verdadero evangelio es un llamado a negarse a uno mismo. No es un llamado a la autorrealización. Eso lo pone contra la proclamación contemporánea del evangelio, en la que los ministros ven a Jesús como un genio utilitario. Uno frota la lámpara, Cristo sale y le dice que puede tener lo que se le antoje; uno le da la lista, y él lo cumple. Jesús lo dijo inequívoca e inescapablemente: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará» (Mateo 16.24–25). No se trata de exaltarme a mí mismo, se trata de matarme a mí mismo. Es la muerte del yo. Uno gana al perder; uno vive al morir. Ese es el mensaje central del evangelio. Esa es la esencia del discipulado. El pasaje no menciona nada de mejorar la autoestima, de ser rico y triunfante, de sentirse bien respecto a uno mismo o de tener satisfechas todas las necesidades, que es lo que muchas iglesias predican estos días a fin de dorar la píldora de la verdad. Así que, ¿quién tiene razón? ¿Es el mensaje del cristianismo de realización propia o es la negación de uno mismo? No puede ser ambas cosas. Si es cuestión de opinión, yo hago lo mío y usted hace lo suyo, y ambos nos deslizamos raudos y contentos en direcciones diferentes. Pero el cristianismo, el evangelio genuino de Jesucristo, no es cuestión de opinión. Es cuestión de verdad. Lo que usted quiere, lo que yo quiero o lo que cualquiera quiere no importa. Es lo que es… por la voluntad soberana de Dios.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Desafortunadamente, hay mucha superstición y confusión sobre el significado de la sangre de Cristo. Un popular libro escrito hace varios años por un autor evangélico conocido sugiere que hay algo único acerca de la química de la sangre de Cristo. Supuso que la sangre de Cristo no era sangre humana. En cambio, dijo, la sangre que corre por las venas de Jesús era la sangre de Dios. Otros cristianos han mal interpretado canciones conocidas acerca de la sangre de Cristo (como «Hay poder en la sangre» o «Hay una fuente sin igual de sangre»). Se imaginan que hay alguna característica sobrenatural en la sangre de Cristo que lo hace espiritualmente poderosa. Algunos incluso suponen que la sangre literal de Cristo se aplica por algunos medios místicos a cada creyente en la conversión, y después se recoge de nuevo para que pueda ser aplicada continuamente y vuelta a aplicar. Mucha gente cree que solo mencionar la sangre de Cristo es un poderoso medio de sofocar la actividad demoníaca como un abracadabra cristiano. Ideas fantasiosas como las que surgen de la misma forma de pensar supersticioso dio lugar a la idea de la transubstanciación. Cuando las Escrituras dicen que somos redimidos por la sangre de Cristo, no debemos pensar que su plasma o glóbulos tienen alguna propiedad sobrenatural. Su sangre era la sangre humana normal, al igual que todo su cuerpo era totalmente humano en todos los aspectos. El «poder en la sangre» que cantamos reside en la expiación que Él realizó mediante el derramamiento de su sangre, no en el líquido en sí. Así que cuando la Biblia habla acerca de la sangre de Cristo, se utiliza la expresión como una metonimia de su muerte expiatoria.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Todo el mal en la crucifixión, provocó un bien infinito. De hecho, este fue el acto más malvado jamás perpetrado por corazones pecaminosos: El Hijo de Dios sin pecado, el santo Dios mismo en carne humana, fue asesinado injustamente después de haber sido sometido a las más horribles torturas que podrían ser concebidas por mentes perversas. Era el mal de todos los males, el peor acto de depravación humana que jamás podría concebirse y el mal más vil que jamás se haya cometido. Sin embargo, de este provino el mayor bien de todos los tiempos: La redención de un sin número de almas y la manifestación de la gloria de Dios como Salvador. Aunque los asesinos pensaron el mal contra Cristo, Dios lo encaminó a bien, para salvar a muchos (cp. Génesis 50.20). La cruz es por lo tanto la prueba definitiva de la soberanía absoluta de Dios. Sus propósitos se cumplen siempre, a pesar de las malas intenciones de los pecadores. Dios aun obra su justicia a través de las malas acciones de agentes injustos. Lejos de hacerlo culpable por su maldad, esto demuestra cómo todo lo que Él hace es bueno, y como Él es capaz de obrar para que todas las cosas ayuden a bien (Romanos 8.28), incluso el acto más malvado de los poderes del mal que ha conspirado para llevar a cabo. Por otra parte, si Dios estaba soberanamente en control cuando las manos injustas de hombres asesinos pusieron a su amado Hijo en la cruz, ¿por qué alguien se resiste a la idea de que Dios todavía está soberanamente en control, incluso cuando se producen males menores? La cruz, por lo tanto, establece la soberanía absoluta de Dios fuera de toda duda.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. 1 CORINTIOS 1.23–24 Lo que Pablo estaba diciendo en 1 Corintios es que el evangelio choca con nuestras emociones, choca con nuestra mentalidad, choca con nuestras relaciones personales. Hace añicos nuestras sensibilidades, nuestro pensamiento racional, nuestra tolerancia. Es difícil de creer. La cruz en sí misma proclama el veredicto sobre el hombre caído. La cruz dice que Dios exige la pena de muerte por el pecado, mientras que nos proclama la gloria de la sustitución. Rescata al que perece. Los que perecen son los condenados, los arruinados, sentenciados, destruidos; son los perdidos, los que están bajo juicio divino por violaciones interminables de su santa Ley. Si usted y yo no abrazamos al sustituto, sufrimos nosotros mismos esa muerte, y es una muerte que dura para siempre. El mensaje de la cruz no tiene que ver con las necesidades que se sienten. No se trata de que Jesús le ama a usted tanto que quiere contentarle. Se trata de rescatarlo a usted de la condenación eterna, porque esa es la sentencia que pesa sobre la cabeza de todo ser humano. Así que el evangelio es una ofensa por cualquier lado que se vea. No hay nada en cuanto a la cruz que encaje cómodamente con la forma en que el hombre se ve a sí mismo. El evangelio confronta al hombre y lo expone tal cual es. No se fija en el desencanto que siente. No le ofrece ningún alivio de sus luchas como ser humano. Más bien, va al asunto profundo y eterno del hecho de que está condenado y desesperadamente necesita que le rescaten. Solo la muerte puede lograr el rescate, pero Dios, en su misericordia, ha provisto un Sustituto.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Cristo murió como ningún otro hombre ha muerto. En cierto sentido, fue asesinado por manos de hombres malvados (Hechos 2.23). En otro, fue el Padre quien lo envió a la cruz y allí lo quebrantó, sometiéndole a padecimientos, agradándole al Padre que fuera así (Isaías 53.10). Sin embargo, en otro sentido, nadie le quitó la vida a Cristo. Él la entregó voluntariamente por aquellos a quienes Él amó (Juan 10.17–18). Cuando finalmente expiró en la cruz, no fue una lucha dolorosa contra sus asesinos. Él no mostró ninguna agonía frenética. Su paso final hacia la muerte, como todos los demás aspectos del drama de la crucifixión, fue un acto deliberado de su voluntad soberana, que muestra que hasta el último momento, Él estaba soberanamente en control de todo lo que sucedía. Juan dice: «Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu» (Juan 19.30). De manera quieta y sumisa, Cristo simplemente entregó su vida. Todo había sucedido exactamente como Él dijo que ocurriría. No solo Jesús, sino también sus asesinos y la multitud burlona, junto con Pilato, Herodes y el Sanedrín: Todo había cumplido perfectamente el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios hasta en su más mínimo detalle. Así Cristo, con calma y majestuosidad, mostró su soberanía absoluta hasta el final. Parecía una tragedia extraordinaria para todos los que lo amaban. Pero era el más grande momento de victoria en la historia de la redención, y Cristo aclararía ese hecho glorioso cuando irrumpiera triunfante de la tumba apenas unos días más tarde.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es» (Juan 19.30). En el texto griego, «Consumado es» es una sola palabra: ¡Tetelestai! Fue un grito triunfante, lleno de rico significado. Él no quiso decir simplemente que su vida terrenal había terminado. Quería decir que la obra que el Padre le había dado que hacer estaba ahora completa. Aunque colgaba allí, pareciendo una víctima patética y perdida, Él celebró el triunfo más grande en la historia del universo. La obra expiatoria de Cristo había sido terminada, la redención de los pecadores estaba completa y Él estaba triunfante. Cristo había cumplido a favor de los pecadores todo lo que la ley de Dios requería de ellos. La completa expiación había sido hecha. Todo lo que la ley ceremonial presagió se había cumplido. La justicia de Dios estaba satisfecha. El rescate por el pecado fue pagado en su totalidad. La paga del pecado se estableció para siempre. Todo lo que quedaba era que Cristo muriera para que resucitara también. Es por esto que nada se puede añadir a la obra de Cristo para la salvación. Ni ritual religioso ya sea el bautismo ni penitencia, ni ninguna obra humana puede ser añadida para hacer eficaz la obra de Cristo. No hay obras humanas adicionales que pudieran aumentar o mejorar la expiación que Él compró en la cruz. El pecador no está obligado a contribuir en nada para ganarse el perdón o una buena relación con Dios; el mérito de Cristo por sí solo es suficiente para nuestra completa salvación. ¡Tetelestai! Su obra expiatoria se hizo. Es todo lo que se necesita.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. SANTIAGO 4.8–9 «Afligíos, y lamentad, y llorad» (Santiago 4.9). Santiago hace este llamado al lamento, el dolor y las lágrimas por nuestros pecados. Describe la angustia que debemos sentir cuando nos damos cuenta de nuestra propia miseria como pecadores. Quizá el mejor ejemplo del Nuevo Testamento de esto es el publicano que Jesús se describe en una parábola donde el publicano fue al templo a orar. Al sentir su indignidad pecaminosa, no se atrevió siquiera a entrar al templo, sino que «estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador» (Lucas 18.13). El tipo de miseria que nos hace lamentar nuestra propia maldad es una condición necesaria para la verdadera bendición. Jesús le contrasta con un fariseo cuya oración expresaba cuán bueno y superior se sentía al compararse con otros. El fariseo perdió la bendición a causa de su presunción y orgullo. El publicano, en cambio, encontró la bendición mientras estaba en la agonía de su propia miseria. El lamento al que llama Santiago no es el característico de la depresión que sienten las personas cuando no están satisfechas con su suerte en la vida. No tiene nada que ver con el abatimiento de la autocompasión o la falta de satisfacción que sienten los que piensan que la vida ha sido injusta con ellos. Es un sufrimiento que se deriva de un verdadero sentido de la propia culpa y el reconocimiento de que, porque somos pecadores, no somos merecedores de la bendición divina. Es el grito del corazón que sabe que ha ofendido a la justicia de Dios y no tiene esperanza aparte de la misericordia de Dios.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad. 2 PEDRO 1.5–6 «Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire» (1 Corintios 9.26). Observe que Pablo no estaba boxeando con la sombra ni tampoco era un aprendiz. Él se encontraba en una pelea de verdad. Mientras estaba corriendo, también estaba peleando. Tenía un oponente al que debía seguir golpeando, porque si no este lo sacaría de la pista. Este oponente, recuerde, era su propia carne; en otras palabras, las tendencias pecaminosas que con frecuencia se asocian a los apetitos corporales y a los deseos carnales. Él estaba corriendo para ganar y boxeando para no perder. En términos positivos, estaba cultivando la disciplina de la rudeza mental para que sus ojos estuvieran fijos en el premio y sus pies se movieran en la dirección correcta. En otros términos, estaba cultivando la disciplina del autocontrol para poder detener a su carne de modo que no le hiciera perder la carrera. Todo atleta sabe cómo es esta lucha. Todo buen atleta debe mantener su cuerpo bajo control. No puede tener sobrepeso ni perder la salud. Cuida su cuerpo, se ejercita para mantenerse en forma y se esfuerza para desarrollar músculos. Se mantiene en control de su cuerpo. La mayoría de las personas, en contraste, son dominadas por sus cuerpos. Estos les dicen a sus mentes lo que deben hacer. Es por eso que el principio del pecado se llama «la carne» en todas las epístolas paulinas. El cuerpo en sí no es malo, sino mas bien los malos deseos que se asocian frecuentemente con él. Por eso Pablo dijo que necesitábamos «hacer morir las obras de la carne» (Romanos 8.13) y «crucificar la carne con sus pasiones y deseos» (Gálatas 5.24).”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 1 CORINTIOS 9.25 Los atletas en la época de Pablo se esforzaban para participar en la competencia. Para participar en los Juegos del Istmo, tenían que comprobar que habían hecho un entrenamiento completo de diez meses. Treinta días antes del evento, entrenaban juntos diariamente a la vista del público. En ese entonces, igual que ahora, para ser un atleta de clase mundial debía haber un compromiso serio. Precisamente eso era lo que Pablo utilizó para representar la disciplina que un líder del pueblo de Dios necesitaba. Para él eso no era juego. Él era más disciplinado que cualquier atleta de pista y campo. Él quería ganar una carrera que tenía mayor significado que cualquier deporte. Por lo tanto requería más diligencia y disciplina. «Todo aquel que lucha, de todo se abstiene», dijo Pablo en 1 Corintios 9.25. Uno no puede romper un régimen de entrenamiento y ganar. Eso es cierto no solamente en los eventos atléticos. Es cierto en todo. Especialmente en el liderazgo. El éxito genuino siempre tiene un gran precio. Todo atleta lo sabe. La disciplina tiene que convertirse en una pasión. No es simplemente cuestión de hacer lo que es obligatorio o evitar lo que es prohibido. Involucra negarse a sí mismo de manera voluntaria. ¿Por qué es importante la disciplina? La disciplina nos enseña a operar por principios más que por deseos. Decir no a nuestros impulsos (aun a aquellos que no son inherentemente pecaminosos) nos hace controlar nuestros apetitos en vez de que ellos nos controlen a nosotros. Ello desecha la lascivia y permite la verdad, la virtud y la integridad, para que gobierne nuestras mentes.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. JUAN 12.25 En Lucas 14.26 se nos dice que una gran multitud lo seguía y que él se volvió y les dijo: «Si alguno viene a mí», es decir, el que quiera ser un verdadero seguidor, «y no aborrece a su padre y madre, mujer e hijos, hermanos y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo». ¿Aborrecerse uno mismo? ¡Qué verdad más tremenda! Esta no es salvación por buenas obras, sino todo lo opuesto: salvación al rechazar toda esperanza de agradar a Dios por nuestras fuerzas. Seguir a Jesús no es asunto que dependa de usted o de mí. Ser creyente no es cuestión de nosotros, no es cuestión de estima propia. Más bien es cuestión de estar hastiados de nuestro pecado y de nuestra desesperación por el perdón. Es cuestión de ver a Cristo como el invaluable Salvador del pecado, la muerte y el infierno, para que voluntariamente dejemos a un lado lo que sea necesario, aun si nos cuesta nuestra familia, nuestro matrimonio y lo que sea que atesoramos y poseemos. Hasta nos puede costar la vida, como Jesús dijo en Lucas 9.24 y lo reafirmó en 14.27: «Y el que no lleva su cruz», es decir, el que no está dispuesto a morir y dar su vida, «y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo». No puede ser más claro que esto. Si usted trata de aferrarse a sí mismo, a su plan, a su agenda, a su triunfo, a su autoestima, pierde el perdón y el cielo. La senda que Jesús seguía era la senda de la persecución y de la muerte (vea Juan 12.24–25). Así que quiere seguir a Jesús, ¿verdad? Le va a costar absolutamente todo.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. JUAN 15.19 La persecución es inevitable para los justos. Pablo advirtió a Timoteo: «Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución» (2 Timoteo 3.12). El verdadero creyente se aparta del mundo porque ha sido santificado mediante su identificación con Jesucristo. Él vive con rectitud y no pertenece al sistema. Debido a que un cristiano genuino representa a Dios y a Cristo, Satanás utiliza el sistema del mundo para atacarlo. Es por eso que Jesús oró por la protección del Padre de sus seguidores: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal» (Juan 17.15). Nuestras vidas deben ser un sermón al mundo de pecado. Efesios 5.11 dice: «Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas». Si usted no está experimentando el rechazo del mundo, su vida no puede ser una amonestación para el mundo. Para tener un impacto por Cristo en este mundo hostil y perverso, se debe evitar el pecado y ser «irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo» (Filipenses 2.15). Usted se destaca del mundo porque Cristo le ha elegido para eso. En Juan 15.19 dice: «Yo os elegí del mundo». Jesús está diciendo literalmente: «Yo te elegí para mí mismo». Él le ha elegido para ser diferente. Así que sea el sermón viviente para el resto del mundo que Cristo le ha llamado a ser.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“La disciplina nos enseña a operar por principios más que por deseos. Decir”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Siembre un pensamiento, cosechará una acción. Siembre un acto, cosechará un hábito. Siembre un hábito y cosechará un carácter. Siembre un carácter y cosechará un destino. Los”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“nuestras propias buenas obras nunca podrán ser un medio para ganarnos el favor de Dios; por eso es que en las Escrituras el foco de la fe está siempre sobre lo que Dios ha hecho por nosotros, y nunca sobre lo que nosotros hemos hecho por Él (Romanos”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“El número de pecados que una persona cometa no hace que su caso sea imperdonable (vea Santiago 5.20).”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia. EFESIOS 6.14 ¿Cuáles son precisamente nuestras armas? Si las fortalezas se construyen por medio de «argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios» (2 Corintios 10.5; pensamientos, conceptos, opiniones, ideologías, filosofías), es obvio que el único poder que destruiría esas cosas es el poder de la verdad. Ciertamente, cuando el apóstol Pablo hace una lista de las armas de la guerra espiritual en Efesios 6.13–17, nombra solo un arma ofensiva en toda la lista: «la espada del espíritu que es la palabra de Dios» (v. 17). El poder de Dios para salvación es el poder del evangelio solamente (Romanos 1.16; 1 Corintios 1.21). En otras palabras, «las armas de esta milicia» son los instrumentos de la verdad. La palabra de Dios. El evangelio. La sana doctrina. La verdad de la Escritura. Es un hecho que usted no puede pelear la batalla espiritual con frases mágicas o palabras secretas. Usted no vence a los demonios simplemente gritándoles. No tengo nada que decirle a un demonio. No estoy interesado en hacerlo. Que el Señor sea el que haga eso (Judas 9). ¿Para qué querría comunicarme con los espíritus malignos? No obstante, tengo mucho que decirles a las personas que se ensimisman en fortalezas de mentiras demoníacas. Quiero hacer todo lo que pueda para demoler esos palacios de mentiras. Y lo único que me capacita para hacerlo bien es la Palabra de Dios. La guerra espiritual tiene que ver con demoler las mentiras malignas mediante la verdad. Utilice la autoridad de la Palabra de Dios y el poder del evangelio para darles la verdad a las personas.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. EFESIOS 6.12 ¿Qué era lo que realmente Pablo estaba atacando en 2 Corintios 10.4? La respuesta la dio claramente en el versículo 5: «Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios». La palabra griega es logismos, que significa opiniones, cálculos o razonamientos. Esa palabra solamente se encuentra otra vez en el Nuevo Testamento en Romanos 2.15 donde se traduce como «pensamientos» y describe el proceso de racionalización que hace una persona para dar una excusa. En otras palabras, las fortalezas que Pablo estaba describiendo aquí eran los sistemas de creencias corruptos, las filosofías siniestras, las falsas doctrinas, las cosmovisiones malignas y cualquier sistema masivo de falsedad. Obviamente, si luchamos por la verdad, las fortalezas que necesitamos demoler son los bastiones de mentiras, los malos pensamientos, las ideas malignas, las opiniones falsas, las teorías morales y las falsas religiones. Son fuertes ideológicos, fuertes filosóficos, fuertes religiosos, fortalezas espirituales hechas con pensamientos, ideas, conceptos, opiniones. En tales ciudades ideológicas, las personas pecadoras tratan de esconderse y fortificarse en contra de Dios y en contra del evangelio de Cristo. La guerra espiritual como Pablo la describe por lo tanto es ideológica más que mística. Nuestros enemigos son demoníacos, pero nuestra guerra contra ellos no se hace mandándolos, haciendo un mapa de su localización física, invocando palabras mágicas para someterlos, proclamando autoridad sobre ellos ni ninguna otra de las tácticas comunes que algunas personas utilizan cuando se refieren a «guerra espiritual». Los atacamos demoliendo sus fortalezas de mentiras.”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez
“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie. SANTIAGO 1.13 El curso completo de todos los eventos y circunstancias está ordenado en el decreto divino, desde el hito más profundo del plan divino hasta el detalle más insignificante. Dios también determina el número de cabellos de nuestra cabeza (Mateo 10.30). En última instancia, tenemos que admitir que el pecado es algo que Dios quiso que sucediera. Él lo planeó, lo ordenó. El pecado no es algo que entró y le tomó por sorpresa, lo agarró con la guardia baja o echó a perder sus planes. La realidad del pecado figuró en sus propósitos inmutables desde la eternidad pasada. De modo que el mal y todas sus consecuencias estaban incluidos en el decreto eterno de Dios antes de la fundación del mundo. Sin embargo, del mismo modo Dios no puede ser considerado como el autor o creador del pecado. «Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie» (Santiago 1.13). «Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él» (1 Juan 1.5). Dios en ningún sentido causa, incita, aprueba, autoriza o consiente el pecado. Dios no es la causa o el agente del pecado. Lo único es que permite a los agentes del mal hacer sus obras, y luego anula la maldad mediante sus sabios y santos propósitos. Los propósitos de Dios al permitir el mal siempre son buenos. Es por esto que José pudo decir a sus hermanos que lo habían vendido como esclavo: «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo» (Génesis 50.20).”
John F. MacArthur Jr., Las lecturas diarias de MacArthur: Desatando la verdad de Dios un día a la vez

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