Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho Quotes

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Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho (Spanish Edition) Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho by Alfonso Rumazo González
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Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho Quotes Showing 1-30 of 111
“Es una complicación de irritación interna y de reumatismo, de calentura y de un poco de mal de orina, de vómito y de dolor cólico [...] Ya no puedo hacer un esfuerzo sin padecer infinito. Usted no me conocería porque estoy muy acabado y muy viejo, y en medio de una tormenta como esta represento la senectud. Además me suelen dar, de cuando en cuando, unos ataques de demencia, aun cuando estoy bueno, que pierdo enteramente la razón, sin sufrir el más pequeño ataque de enfermedad y de dolor.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“No hay amor más generoso que el que se sabe al mismo tiempo pasajero y singular. ALBERT CAMUS. El mito de Sísifo: 63.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Su Excelencia el Libertador ha tomado la ciudad y provincia de Guayaquil bajo la protección de Colombia... Artículo séptimo: Las antiguas autoridades han cesado en sus funciones políticas y militares”. Acto seguido se izó la bandera colombiana y circuló la proclama de Bolívar:”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Antonio José de Sucre no vivió sino treinta y cinco años. Y en este lapso brevísimo –apenas cuatro lustros de verdadera acción– lo alcanzó todo: máximos honores en el ejército y en la política; éxito en el amor, riquezas, hacia el final. Se le consideró el más afortunado de los generales de la independencia americana. Envidiábanle, por lo mismo, con odio y rencorosa saña, hasta que lo asesinaron. No”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“En sitio de serenidad espiritual permanente –la iglesia catedral de Quito– reposan los despojos de Sucre, guardados en urna de piedra del Pichincha. Ahí se ha apaciguado el grito del crimen. Alzase, en cambio, y se exhibe, la estructura histórica de una existencia que fue magno servir a los humanos, al darles libertad y rumbo. Diariamente las voces del órgano hacen la loa del esforzado cumanés ante quien las generaciones van desfilando en acto de conmovida gratitud.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“El nombre de Sucre es de veras glorioso, porque siempre triunfó en guerras justas: su espada no estuvo nunca ni un momento tinta en sangre fratricida, en sangre derramada en guerras civiles, nunca: siempre la esgrimió para defender la libertad, y la habría convertido en arado, antes que desenvainarla en contiendas civiles [...] Los grandes hombres suelen tener entre sus virtudes una especial, que descuella sobre todas las demás, y por la cual se acentúan los rasgos de su fisonomía moral: la virtud característica de Sucre fue la modestia. Sucre para mí fue un gran hombre, un héroe. ¿Sabéis por qué Sucre me inspira tanta admiración? Porque poseyó la virtud de los varones dotados de un gran corazón: la modestia, ese velo tan hermoso que el verdadero mérito suele echar sobre su propia grandeza. Inteligente, discreto, generoso, llevaba de veras en su carácter la semejanza divina. La guerra había endurecido su cuerpo, al parecer endeble y nada gallardo, pero había dejado intacta la delicadeza de su alma verdaderamente cristiana. Sucre practicó más de una vez una virtud evangélica, la más ardua, la más difícil, la más sobrehumana de cuantas enseña y practica el cristianismo: Sucre supo perdonar a sus enemigos [...] Si Sucre hubiera podido hablar en Berruecos, no temo asegurar que sus últimas palabras habrían sido para perdonar a sus asesinos.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Al general Flores, a partir de su segunda presidencia del Ecuador se le desarticula la existencia. Se hace elegir para un tercer período, fijado en ocho años. La nación entera se alza y lo expulsa. En España se entiende con la reina regente María Cristina (1846) para una empresa que parecía involucrar la reconquista. Hasta se pensó en el príncipe Juan para una actuación gubernativa, en unión de Flores.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Obando, en su acusación, dijo que Flores había sido el único beneficiario del crimen. En el Ecuador consideraban cuestión evidente que, llegado Sucre a Quito, se le elegiría a él presidente de la nueva República, una vez reunida la Asamblea Constituyente que se hallaba convocada.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Cada vez que el hombre actúa en algo importante, se compromete; y comprometerse es adquirir responsabilidades; el compromiso deja huella, clara u oscura.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Oprimida del dolor más cruel que podía sufrir un corazón sensible, ni anhelaba por consuelo alguno, porque me parecía injusto el tenerlo; pero las letras de usted, que manifiestan la aflicción con que ha recibido la infausta noticia de la muerte de mi amado esposo, han podido causar en mí un lenitivo no esperado [...] Usted perdió un amigo leal que conocía sus méritos, y yo un compañero cuya triste memoria amargará los días de mi vida.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“No concibo, señora, hasta dónde llegará la opresión que debe haber causado a usted esta pérdida tan irreparable como sensible; únicamente me atrevo a juzgar por mí mismo lo que pasará por una esposa que lo ha perdido todo de un golpe y del modo más bárbaro. Todo nuestro consuelo, si es que hay alguno, se funda en los torrentes de lágrimas que Colombia entera y la mitad de América deben a tan heroico bienhechor.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“El cuerpo fue enterrado en el oratorio de la capilla de la hacienda,[318] y el secreto queda rígidamente guardado por todos. La marquesa hizo luego circular la noticia de que Sucre yacía en la iglesia de San Francisco; con ello obtuvo que todos los investigadores, curiosos o interesados ignorasen la verdad. Y hasta se hizo la escena física, por la cual fue llevado a este templo un ataúd lleno de adobes. Los propios franciscanos fueron engañados.[319] Algún tiempo después quizá cuando ya no había sino huesos, terminado el proceso de descomposición, los restos fueron trasladados, asimismo, muy sigilosamente, al convento del Carmen Bajo, en Quito, donde fueron sepultados delante del altar de la iglesia. La superiora de esa comunidad de religiosas claustradas, María de la Concepción Jamesson, le contó a Federico González Suárez: “La señora marquesa, la señora Marianita –dijo textualmente la monja– solía venir acá, y aquí lloraba en silencio por Sucre, acordándose de él y de cómo lo mataron: mandaba celebrar misas y hacer sufragios por su alma. La última vez que vino la señora, estuvo en mi celda y lloró más que otras veces”.[320]”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Perdonar u olvidar significa echar por la ventana una ya preciosa experiencia. SCHOPENHAUER. Aforismos. T. V: 29.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Pero la suerte le acosó a él, volviéndolo sin fortuna en sus empresas, desde el momento mismo en que, en 1828, comunicó a los invasores peruanos que los aguardaría en Pasto para acompañarlos hasta Bogotá. En el poder no duró sino un año; lo demás, resúmese en éxitos fugaces, sublevaciones, prisión, huida, destierro, desesperada autodefensa constante en vista de las acusaciones que se le hacen del crimen de Berruecos, en un lapso de treinta años duros, tormentosos. La vieja ley del talión, constante en el Código de Hammurabi y en el libro bíblico del Éxodo, lo persiguió tenazmente. Las sospechas de responsabilidad en el asesinato cayeron sobre él desde el primer instante. A tal punto que el propio Flores, desde Guayaquil, a solo diez días de distancia del fatal suceso, escribíale (14 de junio) a título informativo, como para describirle el ambiente: “Es preciso confesar que aquí no se te ha culpado, porque nadie ha podido figurarse que un hombre de sentimientos sea capaz de semejante iniquidad”. En estas palabras, Flores dejaba entrever la fatal sugerencia. Y añadía: “Aunque tú, por las circunstancias, hayas desconfiado de mi amistad, yo he sabido, como antes, ponerte al abrigo de toda sospecha”. Obando obró contra el mariscal, hasta eliminarlo por consigna de bandería política, odio personal, ambición. ¡Muertos Bolívar y Sucre, ascendieron, ya sin obstáculo, todos los aspirantes!”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Obando cae asesinado en el sitio de Cruz Verde (29 de abril de 1861): huía, derrotado, en el combate de El Rosedal, cuando le alcanzaron tres persecutores y lo alancearon. “Tenía –cuenta el historiador José María Cordovéz Moure– una cortada profunda en la nariz, y cinco heridas mortales de lanza, de las cuales una lo atravesó, interesándole un pulmón y el hígado”. ¡Berruecos y Cruz Verde toman contacto directo en la historia!”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Un decreto de indulto permite a Obando regresar a Bogotá (1849); se le hace gobernador de Cartagena, luego presidente de la Cámara de Diputados; sirve de ejecutor en la orden del presidente José Hilario López, su amigo, de expulsión de los jesuitas (1850). ¡Y tres años más tarde llega a Presidente de la República!”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Patiño, que fue allá más tarde. Sólo al otro día –sábado 5–, por la mañana, el negro y un Martínez a quien pagó un peso, lo enterraron, sacándole antes la chaqueta: ¡un cuerpo en calzoncillos y camisa! En ninguna tragedia pudo concebirse escena semejante, forjada no por los ladrones ni los asesinos, sino por la ingenuidad de un descendiente de africanos. Hubo una precaución: con dos palos verdes cortados ese momento, hicieron una cruz y la clavaron sobre la improvisada sepultura.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“El noble rostro, las manos, enlodados están. Lo único que se percibe ahí es el hondo silencio posterior a la tragedia. La sangre de la víctima pone rojo el limo; un rojo viscoso oscuro, que se ve algo más claro en la mejilla. Cayó de lado, y los coágulos quedan prensados entre el cuerpo y el suelo. Ese gran hombre triste, no tuvo a nadie en sus instantes postreros”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“En el transcurso del camino –narra el propio Morillo–[309] fueron conversando y discurriendo el modo cómo se había de matar al general Sucre. Sarria tomó la palabra y fue del parecer que se le diera muerte esa misma noche en su lecho; luego discurrió era mejor matarlo a cara descubierta, supuesto que era orden superior, y últimamente convinieron entre todos en que se emboscaran los hombres en la montaña y, al pasar por la mañana el general Sucre por dicha montaña, se le diera la muerte.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Yo un luchador he sido. ¡Y esto quiere decir que he sido un hombre! GOETHE.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Las cartas del Sur aseguran también que ya este general marchaba sobre la provincia de Pasto para atacarla; pero el valeroso general José María Obando, amigo y sostenedor firme del Gobierno y de la libertad, corría igualmente al encuentro de aquel caudillo y en auxilio de los invencibles pastusos. Puede ser que Obando haga con Sucre lo que no hicimos con Bolívar [...]”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Es más duro pensar en un hombre culpable que en un hombre muerto. ALBERT CAMUS. La Peste.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Pero no eran esos los que querían eliminarlo. Había cuestiones más profundas. Lograda la independencia, cada zona de lucha afrontó sus propios problemas. La Argentina padeció la desmembración de su territorio en tres puntos: la provincia del Paraguay, que se constituyó en República aparte; la oriental del Uruguay, que hizo lo propio; y las dos del Norte, que entraron a integrar, con dos peruanas, la nación Bolivia. La región centroamericana separada de México y rota su unidad, se volverá cinco países. La isla de Haití, fraccionada, hará dos Repúblicas. Y el gran bloque colombiano, estructurado por Bolívar en 1819, en Angostura, está en este momento –mayo de 1830– reduciéndose a pedazos. Venezuela se ha separado ya, radicalmente; el Ecuador acaba de constituirse en soberanía propia, regida por el venezolano Juan José Flores. ¿Quiénes se opusieron a esa desmembración? Bolívar y Sucre. El primero, contra el cual no alcanzaron éxito los puñales en la “noche septembrina” va al destierro –la muerte no le permitirá pasar de San Pedro Alejandrino, en la Nueva Granada–, entregado el poder al nuevo Presidente, el general”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Los padres de familia del Ecuador han visto con asombro que algunos escritores exaltados de Venezuela se han avanzado a pedir que V. E. no pueda volver al país donde vio la luz primera, y es por esta razón que nos dirigimos a V. E. suplicándole que se sirva elegir para su residencia esta tierra, que adora a V. E. y admira sus virtudes. Venga V. E. a tomar asiento en la cima del soberbio Chimborazo, a donde no alcanzan los tiros de la maledicencia, a donde ningún mortal, sino Bolívar, puede reposar con una gloria inefable. El obispo expresaba: Venga V. E. a vivir entre nosotros, seguro de que recibirá siempre los homenajes de gratitud y respeto que otros olvidados ofenden o no corresponden. Esta es mi voz: es la del clero.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Sabiendo que los comisionados pretenden que el Congreso admita la renuncia de usted, he pensado para cuando lo propongan oponerles “que usted ni ninguno de los generales en jefe puedan ser presidentes o vicepresidentes de la República, ni presidente de ninguno de los Estados [si hay federación] a lo menos durante el primer turno en que se establecerán las constituciones; puesto que el abuso que se ha hecho del poder militar ha producido alarmas y desconfianzas, que hacen urgente esta medida. Si se consigue, anularemos algunos peligrosos, pues son muchos generales en jefe los de las novedades de Venezuela, y si no se consigue, se verá que ni usted ni yo pretendemos nada.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“De repente, apretándose las sienes con las manos, exclamó con voz trémula: Mi gloria, mi gloria, ¿por qué me la arrebatan?, ¿por qué me calumnian? ¡Páez! ¡Páez!”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Quien ha aprendido a angustiarse en debida forma, ha aprendido lo más alto que cabe aprender. Cuanto más hondamente se angustia, tanto más grande es el hombre. KIERKEGAARD. La angustia.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“El Libertador pensó, sin hallar eco ni apoyo, en una capital situada entre Maracaibo y Cúcuta, de nueva fundación, a la que se hubiese dado el nombre de Las Casas. En segundo lugar, la tradición colonial, larga de tres siglos en esas tres regiones, correspondía a entidades étnicas diferentes, por causa del ser indígena distinto. Los colonizadores eran unos mismos; en cambio, el indio caribe se alejaba mucho del chibcha neogranadino y del inca ecuatoriano. En consecuencia, el mestizaje fijó características diferenciales que propiciaron, de hecho, distanciamiento. Aparte de que la propia forma de régimen hispano –de Capitanía General en Venezuela, de Virreinato en la Nueva Granada y de Real Audiencia en el Sur– había estructurado paulatinamente una suerte de conciencia regional, muy cercana a la personalidad inconfundible.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“La infamia de mi país nativo me recuerda los crímenes de Atenas; y esto, unido a los desastres que temo, me despedaza el corazón. Aseguro a usted, mi querido amigo, que nunca he sufrido tanto como ahora deseando casi con ansia un momento de desesperación para terminar una vida que es mi oprobio [...]”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho
“Yo he convidado dos veces para que Colombia diga su opinión sobre Gobierno. Que lo diga, pues, Venezuela. Todo el Sur lo ha hecho como ha querido. Uno dijo que popular, electivo, alternativo; y otros, que monarquía; y otros, locuras. Haga Venezuela la suya: que se separe; o federación; o lo que quiera. Yo no me opongo a nada, nada, nada, pues no deseo más que mi licencia o la libertad, como los soldados o los esclavos.”
Alfonso Rumazo González, Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho

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