El Pacificador Quotes
El Pacificador
by
Francisco Suniaga28 ratings, 4.39 average rating, 3 reviews
El Pacificador Quotes
Showing 1-1 of 1
“¿Y Francisco de Miranda, también era mantuano? —quería saber la historia pequeña en torno al hombre que había conocido en Cádiz, quien había dejado en él una impresión honda—. “¡Las ganas suyas! Ese era blanco de color, no de sangre. Hijo de un comerciante canario rico que había intentado forzar su ingreso a nuestra clase, y fracasado, por supuesto. ¿Conoció usted a ese estafador?” Morillo sonrió y negó con la cabeza. “No me pareció eso. El señor general Miranda, en mi opinión, si todavía vive, es un gran hombre, que vivió apegado de forma sincera a sus convicciones. Creo que ya no hay gente como él en este siglo. Lo conocí en Cádiz, en el castillo de Las Cuatro Torres, su prisión en La Carraca, una instalación militar muy grande y extensa. Conversé con él un buen rato, un hombre por demás interesante y muy sabio”. “Vaya si el mundo da vueltas. Es obvio que no lo conoció usted lo suficiente porque de lo contrario tendría de él la peor de las opiniones. Ese es, junto a mi sobrino, el gran responsable de lo que aquí ha pasado. Un hombre capaz de encantar y despertar la admiración de cualquiera, pero en el fondo no era más que un resentido. Vino a cobrarnos los desplantes que toda Caracas le había hecho a su padre”. “¿Y qué le hicieron?”, preguntó con evidente curiosidad. Feliciano Palacios parecía no estar interesado en hablar del tema, mas no podía dejar la pregunta sin respuesta. “Su padre no estaba inscrito en el Libro de Blancos de Caracas; o sea, era un canario dedicado a oficios viles, para nosotros no era blanco. A pesar de eso quiso hacerse capitán de nuestra Milicia de Blancos, con derecho a título y a portar bastón. Por supuesto, no fue admitido. Aunque, hay que aceptarlo, el hombre era persistente. Tenía medios de fortuna para hacer de eso un juicio ante la Real Audiencia y lo hizo. A pesar de la oposición de los blancos de Caracas y no obstante haber sido rechazada su demanda aquí, recurrió a la Corte en Madrid. Pero allá no piensan en los que estamos aquí, en primera línea defendiendo al imperio. Logró que emitieran una carta de hidalguía a favor suyo y lo restituyeran en el cargo. Y así se tuvo que hacer. Pero Madrid es Madrid y Caracas es Caracas, otra cosa. Podían ordenar lo que quisieran, mas no podían imponernos a Sebastián de Miranda, ni a ninguno como él, ni obligarnos a darle el tratamiento de uno de los nuestros. Le tocó sufrir nuestro desprecio y eso no lo perdonó nunca su hijo Francisco. Fue él quien encendió la mecha de esta guerra. De allí mi tibiera con los jóvenes caraqueños de cuna, embaucados por ese vendedor de humo.”
― El Pacificador
― El Pacificador
