Los alegres muchachos de la lucha de clases / The Happy Guys from the Class Struggle Quotes
Los alegres muchachos de la lucha de clases / The Happy Guys from the Class Struggle
by
Paco Ignacio Taibo II54 ratings, 4.33 average rating, 5 reviews
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Los alegres muchachos de la lucha de clases / The Happy Guys from the Class Struggle Quotes
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“INFANCIA ES DESTINO
(1950-1968) Santiago el Rompecoches era considerado por su familia, bastante conservadora, como un niño muy muy mal hablado, propietario de un grueso lenguaje aparentemente innecesario para un niño de su edad. Me lo imagino absolutamente inocente, de pantalón corto y unos gruesos lentes de miope. No debería tener más de seis años. De tal manera, que sus progenitores (malignos e inconscientes) lo colocaron en un balcón de su casa, de esos que en la colonia Santa María la Ribera no levantan más de un par de metros de la calle, con un letrero colgado del pecho que decía: soy un lépero. Grave error, porque el infante aprovechó la semana de castigo para confirmar su perversión, diciéndole a todos aquellos que pasaban y se quedaban observándolo: ¿Qué me ves, pendejo?; A chingar a tu madre, huevón; Soy un niño, culero; Sácate a mover el fundillo a otro lado, y otras maravillas de su abundante catálogo. Años después, miembro del Consejo Nacional de Huelga por la Facultad de Química de la Universidad Nacional, el Batallón Olimpia le pegaría un tiro en la rodilla en el edificio Chihuahua durante el ataque del ejército en Tlatelolco. Pero parece que estas dos historias no están relacionadas.”
― Los alegres muchachos de la lucha de clases
(1950-1968) Santiago el Rompecoches era considerado por su familia, bastante conservadora, como un niño muy muy mal hablado, propietario de un grueso lenguaje aparentemente innecesario para un niño de su edad. Me lo imagino absolutamente inocente, de pantalón corto y unos gruesos lentes de miope. No debería tener más de seis años. De tal manera, que sus progenitores (malignos e inconscientes) lo colocaron en un balcón de su casa, de esos que en la colonia Santa María la Ribera no levantan más de un par de metros de la calle, con un letrero colgado del pecho que decía: soy un lépero. Grave error, porque el infante aprovechó la semana de castigo para confirmar su perversión, diciéndole a todos aquellos que pasaban y se quedaban observándolo: ¿Qué me ves, pendejo?; A chingar a tu madre, huevón; Soy un niño, culero; Sácate a mover el fundillo a otro lado, y otras maravillas de su abundante catálogo. Años después, miembro del Consejo Nacional de Huelga por la Facultad de Química de la Universidad Nacional, el Batallón Olimpia le pegaría un tiro en la rodilla en el edificio Chihuahua durante el ataque del ejército en Tlatelolco. Pero parece que estas dos historias no están relacionadas.”
― Los alegres muchachos de la lucha de clases
