Una lectora de provincia Quotes

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Una lectora de provincia Una lectora de provincia by María Teresa Andruetto
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“Lectura: acto político. La lectura de un libro puede provocar en nosotros una cierta revolución individual, interna. Esos cambios personales tienen, creo, un efecto en la sociedad. Yo no le pediría a la literatura que transforme a una sociedad, no le pediría tanto, pero sí creo en el poder transformador de la lectura cuando la construcción de lectores se convierte en una cuestión de Estado, en una cuestión política, a través de la escuela, las bibliotecas públicas, los programas sociales.”
María Teresa Andruetto, Una lectora de provincia
“Pero regreso a aquella mujer ciega que se me acercó, aquella que trabajaba con relatos entre mujeres de un pequeño pueblo de la Guajira, esa que me dijo: “Nos damos cuenta de que cuanto más contamos, más nos sanamos”. Los relatos, las ficciones que nos narramos a nosotros mismos, las novelas de nuestras vidas contadas a los amigos, a los conocidos o a los hijos, esa forma del arte que tienen todos los pueblos del mundo, son un camino para conocernos, para curar dolores y para vivir más despiertos.”
María Teresa Andruetto, Una lectora de provincia
“La imaginación es un vuelo bajo, como un barrilete que toma vuelo por fuerza de quién sabe qué vientos sin dejar de conectarse a uno o varios hilos que lo sostienen desde tierra. Y la literatura es un modo de masticar de mil maneras los dolores de los pueblos, a veces mudando ese dolor y ese horror en fábulas, a veces recogiendo el pilín desde esas fabulaciones milenarias hacia la herida social que les dio origen.”
María Teresa Andruetto, Una lectora de provincia
“Leer para saber. Leer para pensar. Leer para no pensar. Leer para olvidar. Leer como educación sentimental. Leer como camino espiritual… “La literatura ni corrompe ni edifica, sino que, al traer libremente en sí misma lo que llamamos el bien y lo que llamamos el mal, humaniza en sentido profundo, pues hace vivir”, dice el brasileño Antonio Cándido en El derecho a la literatura.”
María Teresa Andruetto, Una lectora de provincia
“La anécdota sirvió para hacerme fama de soñadora y distraída. Solo cuando empecé a analizarme vi otras cosas, y entre esas cosas vi que casi todo ya estaba ahí: la escritura, las cartas, la enorme influencia de mi madre, su letra, su voz, su nombre, la compleja condición femenina, la comunicación, la incomunicación, el temprano aprender a cuidarme, la letra apretada en la mano, el extravío de la escritura y de la lectura, y la docencia (porque el cartero era el hijo del maestro Bono, su papá había fundado el primer colegio del pueblo y la gente lo llamaba simplemente El Maestro). También la diferencia de todo eso con la locura (el asilo de alienados, un Open Door del que vivía casi todo el pueblo), porque se trata de un extravío del que se puede regresar.”
María Teresa Andruetto, Una lectora de provincia
“Una vez le pregunté a mi madre qué le había hecho elegir a mi papá (sin trabajo, extranjero, un hombre de paso). Ella me dijo: “Los libros. Es que yo ni muerta me hubiera casado con un hombre al que no le gustara leer.”
María Teresa Andruetto, Una lectora de provincia
“Aquel hombre se llamaba Juan y le tenía miedo a la luz, tal vez porque se había enamorado de otro hombre en un tiempo en el que eso era imposible, y le había faltado coraje para irse del pueblo. Así es como es hombre triste y la niña llena de sueños se hicieron amigos. Él le prestaba libros y ella le contaba cómo era el mundo de afuera, le hablaba de los pájaros, de las hierbas y de las flores y del arroyo que daba nombre al pueblo. Así, la niña se enamoró de los libros y el hombre fue perdiendo poco a poco su miedo, hasta que un día ella olvidó un libro y él, casi sin darse cuenta, salió de su casa para entregárselo. No de otro modo un corazón crece a la luz del sol.”
María Teresa Andruetto, Una lectora de provincia
“Tengo un recuerdo de muy niña: ella estaba en la cama en un rincón de la gran habitación de techos altos, la casa que había levantado mi abuelo con sus manos, un tazón amarillo con pan mojado en leche junto a la mesa de luz y en sus manos ese libro emblemático. Yo le pregunté de qué estaba enferma y ella dijo: “De vieja”. Debió haber muerto poco después de esa escena. “Murió leyendo”, dijo luego mi tío, que pasó junto a ella la última de sus noches. “Murió leyendo”, decían en casa.”
María Teresa Andruetto, Una lectora de provincia