Olor a hormiga Quotes
Olor a hormiga
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Júlia Peró2,265 ratings, 3.90 average rating, 512 reviews
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Olor a hormiga Quotes
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“Luego la chica, estúpidamente candida y con una sola palabra, desplegó mi vejez sobre la mesa. Como un mantel de cuadritos rojos y blancos, la vejez. Hay palabras inocentes y otras que te arrugan la piel con su pesantez.
-Olvido, ¿estás... está usted bien? ¿Quiere que llame a alguien?
Con tan poco, con una sola palabra, «usted», me despertó del ensimismamiento. Hay palabras que te esconden y otras que te entregan. Las palabras son como una extremidad del cuerpo. Pueden agarrarte o darte un golpe o acariciarte. Y la chica con las suyas me sometió a la senectud sin pensárselo.”
― Olor a hormiga
-Olvido, ¿estás... está usted bien? ¿Quiere que llame a alguien?
Con tan poco, con una sola palabra, «usted», me despertó del ensimismamiento. Hay palabras que te esconden y otras que te entregan. Las palabras son como una extremidad del cuerpo. Pueden agarrarte o darte un golpe o acariciarte. Y la chica con las suyas me sometió a la senectud sin pensárselo.”
― Olor a hormiga
“—Envejecer es como estar enferma. —¿Qué? —La vejez es como un catarro. Un día empiezas a estornudar y no sabes bien cómo has podido cogerlo.”
― Olor a hormiga
― Olor a hormiga
“Los bebés son una inversión; las viejas, un excedente.”
― Olor a hormiga
― Olor a hormiga
“Ya en el salón, con la ropa mojada pegada a la barriga, al culo y los pechos, empezó a ser consciente de que había parido a un humano. Que lo había hecho sola. Que lo había sacado de su vagina, unos tres kilos y medio, que era una persona cualquiera que se acababa de sacar de dentro a otra. Otra a la que había dado de comer durante meses, a costa de su físico y su salud mental y su energía. Que se había pasado nueve meses fatigada, con vómitos o hinchazón o cambios de humor o dolores de todo tipo. Por no hablar de las contracciones que acababa de sufrir y de lo largo que se le había hecho el día.”
― Olor a hormiga
― Olor a hormiga
“Soy huérfana. Huérfana de madre, de padre, de amigas —aunque yo, huérfana de amigas, siempre lo he sido—. Ser vieja es ser huérfana y nadie piensa en ello. Ser vieja es vivir con la muerte alrededor. Solo había muerte a mi alrededor, aparte del gato y la chica. Y fue ella quien me alejó de ese ensimismamiento y volvió a hablar de mi madre. —Yo, de hecho, no he llegado a conocerla. No he tenido esa suerte. Sorbí un poco de té y en mi mente di refugio a una sensación a esas alturas insulsa pero desagradable. —Yo tampoco.”
― Olor a hormiga
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“No me giré para ver cómo preparaba el té, la seguí con mis orejas por toda la cocina. El agua que hervía, los sobrecitos, las cucharas dando golpes en la porcelana. Cuando terminó, volvió a acercarse con ambas manos ocupadas, se sentó en la silla y puso en las mías el peso de una taza de té caliente.”
― Olor a hormiga
― Olor a hormiga
“Las mujeres tiemblan como si no les importase temblar. Tiemblan igual que una llama, por naturaleza. Han crecido temblando, se han habituado al ambiente. Los hombres solo tiemblan a escondidas. Tímidamente, casi con temor. Hay una fuerza que no tienen y que las mujeres sí. Las mujeres saben hacerlo bien porque tienen años de experiencia.”
― Olor a hormiga
― Olor a hormiga
“Las líneas con las que han subrayado las frases son temblorosas, si te fijas. —Sí. —Se podría tratar de alguien que andaba mientras leía.”
― Olor a hormiga
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“Escribir con lápiz tu vida es un autoengaño. Uno que no lleva a ningún sitio en concreto. O, mejor dicho, uno que lleva exactamente al mismo sitio que escribirla con bolígrafo. La vida es un lugar común.”
― Olor a hormiga
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“La gente que usa lápiz es gente cauta que no consigue comprometerse. Piensa que, al no hacerlo, sus decisiones no serán permanentes y eso evitará ciertos errores. Pero si lo piensas, no decidiendo también están decidiendo. Deciden no hacer nada notable. Pero decidir siempre se decide.”
― Olor a hormiga
― Olor a hormiga
“Un haiku de Shinohara Hosaku subrayado a lápiz me llamó la atención y lo recité en voz alta: —Hormiga, / aunque subes a una rosa / el sol está lejos. —Es bonito, pero un poco triste. No estaba de acuerdo con la chica. Yo creía que era al revés. Que era triste pero un poco bonito.”
― Olor a hormiga
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“—Sí, este libro, por ejemplo. Tiene muchas esquinas dobladas y frases subrayadas. Probablemente esta persona es de esas que sienten que siempre pueden aprovechar algo de todo lo que les pasa o que incluso tienen miedo a perder cosas importantes. O a dejarse algunas cosas por el camino. Pero utiliza el lápiz. Eso nunca lo he entendido. —¿El qué? Le seguí el juego. Al fin y al cabo, estaba limpiando mi casa y yo allí sentada pintarrajeando mi libro para colorear. —Marcar los libros con lápiz. —¿Por qué? —En realidad, ¿por qué no con boli? Hay ese miedo. —Es sencillo: el boli no se borra. —Claro, pero ahí está el tema. ¿Para qué hacerlo a lápiz? No creo que luego vayas a borrar todo lo que has ido subrayando en los libros a lo largo de tu vida. —Ya, bueno. —En ese caso, no hay diferencia entre el lápiz y el boli. Pasan a ser objetos con la misma función. Pasan a significar lo mismo. Para los libros, un lápiz es un boli y un boli es un lápiz. El carboncillo se convierte en tinta y la tinta en carboncillo.”
― Olor a hormiga
― Olor a hormiga
“Recogió un libro de la encimera, un libro que no sé qué hacía allí porque yo ya aborrezco leer. Lo habría cogido para espantar alguna mosca o para reñir al gato, o a lo mejor a este le había dado por la literatura. Ella lo vio desorientado y lo acompañó a la librería de la habitación. Después de darse cuenta, al buscar por orden alfabético y luego numérico, de que los libros que tengo no están clasificados de ninguna forma, ladeó la cabeza, se fijó en el número de colección del lomo y ojeó el libro en sus manos. Un libro de haikus. Me gustaban mucho los haikus, pero ya nunca los leo. Ahora ya solo los recito de memoria. O quizá me los invente, no sé.”
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“¿Qué es más vergonzoso que pagar para tener compañía? Pagar para no estar sola.”
― Olor a hormiga
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“—Se me mueren todas. Creo que las regaba demasiado porque siempre dudaba de si ya las había regado o no.”
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“Me compadezco de ellas muchas veces, me compadezco de ellas y de otros objetos de la casa como si tuvieran vida.”
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“¿a qué huele?, pregunta otro. A podrido huele, a podrido o a húmedo. A seta, a animal muerto. No. A algo pastoso y agrio y espeso huele. A lo contrario que el jazmín. A aburrimiento, a soledad, dice jocosa la señora del cuarto segunda, y luego añade muy seria: A azufre. También a pantano huele, a un pantano tan ancho y largo como la tristeza. A sudor, añade otro, a la boca de una botella de plástico usada. No. A una putrefacción dulce, a polvo huele. A vertedero, a meado, a carne cruda, a cerrado.”
― Olor a hormiga
― Olor a hormiga
“A la persona joven le gusta ver a la vieja como una figura sosegada, entrañable. Le gusta tratarla con un falso respeto: hablarle de usted, servirle la comida antes que al resto, pero mantenerla sentadita, quietecita encima de un pedestal que impide que sea considerada una persona corriente. La aleja de su pasado —la joven ya no se imagina a la vieja en su juventud, tiene la sensación de que siempre ha sido vieja—, y eso a su vez la infantiliza y le roba toda autoridad. Las conversaciones que tiene la joven con la anciana son las mismas que tiene con su hija o su sobrino. ¿Qué has comido hoy? ¿Ya has cenado? ¿Fuiste ayer al centro de día? ¿Qué hicisteis? ¡Cuéntame algo! ¡Cuéntame! ¿Te lo pasaste bien? ¿Hoy te has duchado? ¿Te acuerdas de esa canción que me cantabas? Ay, ¡cántamela! ¡Canta, canta!”
― Olor a hormiga
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“es más, es una estupidez usar el concepto visitar para ir a ver un cuerpo gusaneado y enterrado bajo quién sabe cuántos metros de abandono. La soledad ya la ha conocido, ya está con ella y ella ya no quiere estar con nadie más.”
― Olor a hormiga
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“La vejez es una larga enfermedad. Una enfermedad difícil de mantener en el cuerpo. Pesa, debilita y te hace temblar. El cuerpo intenta escupirla, no la quiere, la repudia. Las arrugas no son más que el sarpullido de esta alergia inevitable.”
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“PIENSO DE POLLO PARA GATOS DE INTERIOR (todo el capítulo es <3)
Se me caen de la boca. De la boca se me caen porque están duros y son pequeños y cuesta morderlos. Dicen ser de pollo, pero con esto no me relamo. Yo me relamo con el pollo, el sabor de la pulpa rosa- da, cuando noto las venitas de la carne blanda en las encías y cuan- do arranco un trozo. Un trozo arranco y lo saboreo, y la saliva, y me lo trago y no se me cae de la boca porque es tierno y me relamo. Me relamo y me relamí con ese trozo tierno, con ese muslito de pollo que me comí y me relamí y me relamí y me relamí con el muslito de pollo. Con el muslito mimoso me relamí y me relamo ahora de pensarlo. Me relamo, pero no me relamo con estos, que saben a cartón. Estos trocitos oscuros que saben a cartón y se me caen de la boca. Se me caen de la boca estos trocitos como caquitas de cabra, y del mismo color son, y suerte que no huelen igual, suerte que huelen a otra cosa. No huelen a cartón. No huelen ni a pollo ni a cartón. No sé a qué huelen. En el saco leo: «Pienso de pollo para gatos de interior». Para gatos de interior. Eso es lo que soy. De interior. La comida de gatos de interior es una porquería que sabe a cartón. Si todos los gatos domesticados comen esto, no puede ser que quieran seguir siendo gatos de interior. Para gatos de interior. Así nos llaman, igual que así llaman a algunas plantas y a algunos muebles. Como un mueble, como un mueble soy. Como una silla. Soy una silla de madera que come cartón.”
― Olor a hormiga
Se me caen de la boca. De la boca se me caen porque están duros y son pequeños y cuesta morderlos. Dicen ser de pollo, pero con esto no me relamo. Yo me relamo con el pollo, el sabor de la pulpa rosa- da, cuando noto las venitas de la carne blanda en las encías y cuan- do arranco un trozo. Un trozo arranco y lo saboreo, y la saliva, y me lo trago y no se me cae de la boca porque es tierno y me relamo. Me relamo y me relamí con ese trozo tierno, con ese muslito de pollo que me comí y me relamí y me relamí y me relamí con el muslito de pollo. Con el muslito mimoso me relamí y me relamo ahora de pensarlo. Me relamo, pero no me relamo con estos, que saben a cartón. Estos trocitos oscuros que saben a cartón y se me caen de la boca. Se me caen de la boca estos trocitos como caquitas de cabra, y del mismo color son, y suerte que no huelen igual, suerte que huelen a otra cosa. No huelen a cartón. No huelen ni a pollo ni a cartón. No sé a qué huelen. En el saco leo: «Pienso de pollo para gatos de interior». Para gatos de interior. Eso es lo que soy. De interior. La comida de gatos de interior es una porquería que sabe a cartón. Si todos los gatos domesticados comen esto, no puede ser que quieran seguir siendo gatos de interior. Para gatos de interior. Así nos llaman, igual que así llaman a algunas plantas y a algunos muebles. Como un mueble, como un mueble soy. Como una silla. Soy una silla de madera que come cartón.”
― Olor a hormiga
“Parte de su melena le resbaló por los hombros. Aproveché para mirarla bien. La inspeccioné con disimulo. Solo se me ocurrió pensar que era tan bella que la vejez no sabría por dónde empezar a roer.”
― Olor a hormiga
― Olor a hormiga
“-Olvido, soy...
-Ah, sí, ahora caigo. Pasa, niña.
No, no caía. Pero si se empeñaba en limpiar la casa por mí, no iba a ser yo quien le dijera que no.”
― Olor a hormiga
-Ah, sí, ahora caigo. Pasa, niña.
No, no caía. Pero si se empeñaba en limpiar la casa por mí, no iba a ser yo quien le dijera que no.”
― Olor a hormiga
