Cortar cebollas Quotes

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Cortar cebollas Cortar cebollas by VIto Balski
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“La ruptura con el mundo heterosexual que marca rumbo hacia el lesbianismo como un lugar de llegada limpio de conflicto, libre de daño, reverbera en ciertas aproximaciones a la trayectoria política de la propuesta separatista del lesbofeminismo. [...] Me pregunto ¿por qué recurrimos de manera casi obsesiva a metáforas como la isla de Lesbos, al lesbianismo como un barrio, a las lesbianas como una comunidad ¿Qué efectos políticos tienen esas ficciones...?
[...]
Quiero ver a mis amigas. Me dice que le avise a dónde voy: no me quiere cruzar. Le aviso. Aparece igual. Me voy.
[...]
Quiero sacar mis cosas de su casa. Me dice que no: no está preparada. Me dice que espere a que pueda soportarlo. Pero yo no tengo casa y tampoco trabajo. Me enojo. Mis amigas me acompañan a su casa. Me llevo las cosas. Me voy.
[...]
Quiero volver al activismo. Le escribo a un grupo de lesbianas, quiero salir a la calle. Ella me dice que eso es dar un paso atrás. Que debería dejar la calle y ponerme a escribir. Me quedo en casa y no escribo.
[...]
Quiero ir a ver a una amiga con la que ella está enojada. Se enoja conmigo por querer verla. Espero al nueves para visitarla: en el horario en que da clases, y vuelvo antes que ella.
[...]
Quiero un vínculo abierto. Ella dice que es demasiado celosa para eso. Leo teoría sobre anarquía relacional. Llega a la casa. Escondo el libro.”
VIto Balski, Cortar cebollas
“La ruptura con el mundo heterosexual que marca rumbo hacia el lesbianismo como un lugar de llegada limpio de conflicto, libre de daño, reverbera en ciertas aproximaciones a la trayectoria política de la propuesta separatista del lesbofeminismo. [...] Me pregunto ¿por qué recurrimos de manera casi obsesiva a metáforas como la isla de Lesbos, al lesbianismo como un barrio, a las lesbianas como una comunidad ¿Qué efectos políticos tienen esas ficciones en nuestro hacer activista?
[...]
Quiero ver a mis amigas. Me dice que le avise a dónde voy: no me quiere cruzar. Le aviso. Aparece igual. Me voy.
[...]
Quiero sacar mis cosas de su casa. Me dice que no: no está preparada. Me dice que espere a que pueda soportarlo. Pero yo no tengo casa y tampoco trabajo. Me enojo. Mis amigas me acompañan a su casa. Me llevo las cosas. Me voy.
[...]
Quiero volver al activismo. Le escribo a un grupo de lesbianas, quiero salir a la calle. Ella me dice que eso es dar un paso atrás. Que debería dejar la calle y ponerme a escribir. Me quedo en casa y no escribo.
[...]
Quiero ir a ver a una amiga con la que ella está enojada. Se enoja conmigo por querer verla. Espero al nueves para visitarla: en el horario en que da clases, y vuelvo antes que ella.
[...]
Quiero un vínculo abierto. Ella dice que es demasiado celosa para eso. Leo teoría sobre anarquía relacional. Llega a la casa. Escondo el libro.”
VIto Balski, Cortar cebollas
“La ruptura con el mundo heteosexual que marca rumbo hacia el lesbianismo como un lugar de llegada, limpio de conflicto, libre de daño, reverbera en ciertas aproximaciones la trayectoria política de la propuesta separatista del lesbofeminismo. Por otro lado, cabe decir que en nuestra ciudad, esta narrativa levanta por bandera a Las Guerrilleras de Wittig como un horizonte político ficcional, en una lectura de la obra que desdibuja los posicionamientos de la autora y arma en torno a esa ficción una mítica del lesbianismo separatista, donde Las Guerrilleras son cuerpos con vulvas y no cuerpos desviados sin importar sus genitales. Me pregunto, por qué recurrimos de manera casi obsesiva a metáforas como la isla de Lesbos, al lesbianismo como un barrio, las lesbianas como una comunidad. ¿Qué afectos políticos tienen esas ficciones en nuestro hacer activista? ¿Qué paños frios en nuestras incomodidades pretendemos encontrar en la endogamia? ¿Qué tranquilidad les regala a nuestras conciencias la sensación de conocernos entre todas?”
VIto Balski, Cortar cebollas
“Entre los ejes que me resulta importante abordar, un poco porque está en boca el feminismo mainstream, y otro poco porque creo que responde a un mecanismo cultural que no deberíamos perder de vista es el modo en que disponemos nuestro cuerpos al cuidado de otres. Para quienes fuimos socializades bajo la experiencia de hacernos mujeres, el imperativo de cuidar y arrojarse a comprender a le otre es estructurante del rol para el que nos entrenaron. Así a nuestra posibilidad de escuchar la desconfianza, la sospecha y la distancia reflexiva de los afectos, le cortamos las alas desde bien pichona. Escuchar, comprender y cuidar, son parte de los verbos que construyen los predicados de las mujeres ¿Cómo era eso de que las lesbiana no éramos mujeres? ¿Cómo podemos adentrarnos en esa ruptura con el sujeto mujer y mirar a los ojos los mecanismos culturales que lo constituyen? De algún modo, el deber ser de la complacencia para las mujeres es un significante que aloja entregarse a los logos y esperar que nos tengan piedad, y al ver nuestra carne desollada, indignarnos, gritar y patalear. Decir una y otra vez que nos violentaron, que no nos cuidaron, que fueron irresponsables en el intercambio de afectos, pero no aprender nunca a defendernos. No aprender nunca a decir que no.”
VIto Balski, Cortar cebollas
“Quiero encontrar respuestas. Me encuentro con una amiga que la quiso mucho. Charlamos “¿Por qué no te conté antes?”, dice. Me angustio. Yo no me quiero callar. Pienso que el par dicotómico víctima-agresor opera como un mecanismo de silenciamiento. Cubre bajo un manto de lo indecible ¿Por qué nos atrapan esos vínculos? ¿O qué hacemos cuando vemos a otres atrapades? Es muy difícil pensar desde la víctima, y es muy difícil compartir experiencias complicadas cuando quienes te oyen, solo oyen a una víctima. A veces callarse es una estrategia. Callarse el tiempo suficiente hasta mandar a la mierda a quien te contiene por víctima y no tiene más escucha que una que te anula. Es callarse el tiempo necesario para poder tener un cuerpo que pueda correrse álgidamente de esa categoría política que anula nuestra voz y presencia. A veces callarse por un rato es el lugarcito que nos queda cuando nos conocemos entre todas pero nadie se quiere embarrar y nosotros estamos cubiertos de mugre. A veces es una buena idea que los demás no se embarren con nosotres. Desarmar colectivamente ese par dicotómico urge y creo que es importante tener el ojo hábil para reconocer que en ese par no hay nada pensable para nuestras formas de vida. Quedamos muertes todes, quienes ofrecen maltrato y quienes lo reciben también.
Hay quienes no queremos mandar a la siberia de la heterosexualidad a nadie por no poder habitar nuestros espacios después de llevar a cabo prácticas dañinas, pero no perdamos de vista que tampoco queremos callar a nadie para evitar el lugar de víctima. Para terminar el cóctel de esta incomodidad que es el maltrato entre nosotres, también vale resaltar que esas personas con prácticas dañinas dedican su tiempo a sofisticarlas. Una advertencia, esto es complejo, requiere escucha, reflexión, silencio y cautela y esas son cosas que en estos tiempos del apremio y la urgencia ante todo nos sobran y muchos menos cuando parece que el escrache a un agresor redunda en reconocimiento político. A veces las víctimas que escrachan devienen mártires de la causa, y acceden a lugares de representatividad desde esa herida, lo cual es una terrible manera de reforzar el paro. Cuando en las manifestaciones nos cruzábamos con esa amiga que la quiso tanto, a mí me saludaba y a ella no. Me abrazaba a escondidas. Creo que cada uno de esos abrazos dejó en mi cuerpo una memoria sensorial. Hay cosas que no se pudieron decir, pero que ahí estaban, esperando a ser escuchadas. Hay un chat en el que leo “¿De quién sos cómplice con tu silencio?” Hubo muchos meses en que habité vínculos en común con ella y no dije ni una palabra a la espera de que quien quisiera saber, se acercara. La invisibilidad del maltrato no necesariamente se combate con lógicas del espectáculo. Escrachar a una violenta. Esa estrategia de impacto activa los nervios más sucios de la moral, el punitivismo y la victimización para abrir otros canales de nuestra sensibilidad colectiva. Las estrategias son otras, por eso hace falta tiempo para que bajen las aguas y salir de la inundación interna. Yo quise esperar a que las aguas encontrarán otros cauces en el tiempo de la confianza, que es un tiempo corporal. Esos fueron meses de un tortuoso silencio, cómplice del daño, y a la vez cuidadoso del afecto.”
VIto Balski, Cortar cebollas