Todos mis cuentos Quotes

Rate this book
Clear rating
Todos mis cuentos Todos mis cuentos by Ana María Matute
155 ratings, 4.08 average rating, 21 reviews
Open Preview
Todos mis cuentos Quotes Showing 1-23 of 23
“Porque todo lo que se vive permanece de alguna manera en quienes lo vivieron y donde se vivió. En esos momentos, Gabriela sentía una rara añoranza, aunque sin saber de qué. Y enseguida lo olvidaba.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“La memoria salta, a veces, hacia delante y hacia atrás: del mismo modo como teje y desteje el tiempo.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“aquí se podía todo, lo que se deseaba desde siempre y lo que no se sabía que se deseaba. «¡”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Entre sus muchas habilidades, Tomasa podía colocarse los ojos en el cogote, si así le placía. Era imposible que no viera las cosas que ocurrían a su espalda.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Al parecer iban juntos a todas partes, y lo sabían todo los unos de los otros: primos y primas, hermanos y hermanas, y el niño de la casa del vecino, tan amigo suyo que se confundía entre ellos como si fuera de la familia.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Vamos a la Región del Olvido y Otro Tiempo. —¿Qué es esa región, y dónde está? —En el desván.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Micaela se hizo rogar un poco; era la costumbre, no se otorga nada a la primera, se debía insistir. Pero los niños conocían esas costumbres y su escasa consistencia, de modo que habían aprendido a ejercitar la paciencia y la espera.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Gabriela no tenía maleta. Nunca, hasta aquel momento, se le había ocurrido que podía necesitarla. La soledad, los ensueños y la tristeza ocupan muy poco espacio, tanto si se trata de viajes como de la vida corriente. Cualquiera, por minúscula que sea su apariencia, puede llevarlos consigo.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Gabriela estaba sentada en la cama, bostezando; tras las cortinas había aparecido el sol pálido y resignado de los días corrientes. Acababa de sonar el despertador.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Tomasa era el ser más respetado de la casa, sin lugar a dudas. Era tan vieja que había conocido la Casa de los Abuelos, pero no lo parecía. Se diría que pasaba por el Tiempo Sin Edad. Tal vez fuera ésta la razón de que nadie se atreviera a contradecirla ni disgustarla.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Poco a poco, sin que nadie —y ella menos que nadie— supiera cuál fue el primer día en que la miraron con desconfianza, Gabriela empezó a ser considerada por todos como la niña «que perdía un solo zapato».”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“—No os preocupéis —dijo Pelusa—. No nos hemos caído, hemos venido a salvaros. ¡Sumamos muy bien!”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Atropellaban a los reflexivos nueves, desvalorizaban a los ricos ceros, colocándolos a la izquierda de los estúpidos unos, y desequilibraban de este modo la economía de la ciudad.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“—Es una magnífica Compañía de Decenas —dijo el ocho, examinándole de pies a cabeza—. Una función extraordinaria. Se representan multiplicaciones y divisiones de minorías.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Al fin salieron a la luz. La ciudad de la Tabla de Multiplicar era una ciudad eminentemente comercial. Las calles eran rectas y ordenadas, las casas altas, construidas con sólidos y lógicos números, y por todas partes llegaban sonidos de máquinas de calcular. Por las calles circulaban sensatos nueves de bien formada y altiva cabeza, sietes de nariz orgullosa, ceros redondos y triunfales con aspecto de financieros. Los cincos y los ochos se dedicaban al transporte, y los cuatros se ofrecían muy a menudo como escaleras y sillones, pues allí todos son muy prácticos y sencillos, y a nadie rebaja cualquier trabajo.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“—Pues cuando logre resolver la suma que le puso el real profesor. —¡Pero si no sabrá! —dijo Mariquita del Paraguas—. ¡Tardará muchos años, la pobrecilla; y entretanto, el cumpleaños de Su Majestad el Rey está en puertas! ¡Qué desastre, qué desastre!”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“—¡A saber qué ciudad será la del Abecedario! —chilló el nueve, que parecía el de cabeza mejor sentada—. ¡Ciudad de pobretones y de poetas, sin saber cuánto son dos y dos! —¡Atrás, malvado materialista! —dijo la A, abriendo los brazos—. Nosotras sabemos todas las palabras, las hermosas y las feas, y sabemos todas las ciudades, las buenas, las malas, las falsas y las verdaderas.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“¡Se cayó dentro de la suma, y se la llevaron los números dentro del País de la Pizarra, quién sabe si a la horrible ciudad de la Tabla de Multiplicar! ¡Un país donde no hay margaritas, ni estrellas, ni arena, ni caballos de madera!”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“—Voy a contarlo todo tal como sucedió. Los malditos números han robado a la princesa. El real profesor no tiene culpa de nada. El real profesor le había puesto una larga suma en la pizarra. Su Alteza la Princesa salió a resolverla y, dicho con todos los respetos, no sabía hacerlo, porque no le gustan los números ni pizca. Su Alteza Real la Princesa cumplía hoy seis años, y el jardín estaba lleno de margaritas que la llamaban, de pensamientos, de mariquitas, de grillitos y de arena calentita. Su Alteza Real se asomó al borde de aquella suma con miedo, porque aquella suma era larga y honda, como un pozo. Y al fin pasó lo que tenía que pasar. ¡Su Alteza Real se cayó dentro!”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Todos dicen que él es el culpable, puesto que desapareció cuando iba a enseñarle a multiplicar por nueve.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Están siempre muy preocupados con el cielo, porque todo lo de la tierra depende de él.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Pero bien poca cosa era, comparándolo con lo que Nin me había enseñado a mí: que ser fea y desmedradilla no era una gran desgracia, que había niños y niñas muy desgraciados en el mundo, y otros que, sin serlo, vivían desde muy temprano como hombres y mujeres, llenos de trabajos y responsabilidades. Que la vida era muchas veces injusta y cruel, y que muchos, siendo buenos, no se daban cuenta del bien que no hacían y podían hacer. Que no todo en el mundo era no hacer mal: sino también, no dejar de hacer bien. Eso era todo lo que Nin me había enseñado a mí, y por lo que yo le quería tanto.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos
“Pero Susana era para mí como una pared. No entendía nada de lo que yo le decía, no comprendía nada de lo que a mí me gustaba, ni se hacía cargo de cuando yo no podía hacer lo que ella quería.”
Ana María Matute, Todos mis cuentos