Un bárbaro en París Quotes
Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
by
Mario Vargas Llosa139 ratings, 3.94 average rating, 24 reviews
Open Preview
Un bárbaro en París Quotes
Showing 1-20 of 20
“El talento es una cuestión de disciplina y constancia, según él, y está a la mano de cualquiera que tenga una vocación irresistible. Ésa es la primera lección de Flaubert.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“La novela salvará a la democracia o será sepultada con ella y desaparecerá.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“convicción antigramsciana: no es la intelligentsia la que hace la historia. Por lo general, los pueblos —esas mujeres y hombres sin cara y sin nombre, las «gentes del común», como los llamaba Montaigne— son mejores que la mayoría de sus intelectuales: más sensatos, más democráticos, más libres, a la hora de decidir sobre asuntos sociales y políticos.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“La experiencia moderna nos muestra que disociar el combate contra el hambre, la explotación, el colonialismo, del combate por la libertad y la dignidad del individuo es tan suicida y tan absurdo como disociar la idea de la libertad de la justicia verdadera, aquella que es incompatible con la injusta distribución de la riqueza y de la cultura.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“«En este tiempo en que el conquistador, por la lógica misma de su actitud, se convierte en verdugo o policía, el artista está obligado a ser un refractario.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“El poder, todo poder, aun el más democrático y liberal del mundo, tiene en su naturaleza los gérmenes de una voluntad de perpetuación que, si no se controlan y combaten, crecen como un cáncer y culminan en el despotismo, en las dictaduras.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“(Malraux recordaría una vez, con crudeza: «Mientras yo me batía contra los nazis, Sartre hacía representar sus piezas en París, aprobadas por la censura alemana»).”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“Pero Malraux no desentona allí, ni se empobrecen su obra ni su imagen entre esos mármoles. Porque, entre las innumerables cosas que fue ese hombre-orquesta, fue también eso: un enamorado del oropel y la mundana comedia, de los arcos triunfales, las banderas, los himnos, esos símbolos inventados para vestir el vacío existencial y alimentar la vanidad humana.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“La condición humana es procomunista, sin la menor ambigüedad. Pero no estalinista, sino más bien trotskista, pues la historia condena explícitamente las órdenes venidas de Moscú, e impuestas a los comunistas chinos por los burócratas de la Komintern,”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“La condición humana está basada en una revolución real, que tuvo lugar en 1927, en Shanghai, del Partido Comunista chino y su aliado, el Kuomintang, contra los Señores de la Guerra, como se llamaba a los autócratas militares que gobernaban esa China descuartizada, en la que las potencias occidentales habían obtenido, por la fuerza o la corrupción, enclaves coloniales. Esta revolución fue dirigida por un enviado de Mao, Chou-En-Lai, en quien está inspirado, en parte, el personaje de Kyo. Pero, a diferencia de éste, Chou-En-Lai no murió, cuando, luego de derrotar al gobierno militar, el Kuomintang de Chiang Kai-chek se volvió contra sus aliados comunistas y, como describe la novela, los reprimió con salvajismo; consiguió huir y reunirse con Mao, a quien acompañaría en la Gran Marcha y secundaría como lugarteniente el resto de su vida.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“Y, como consecuencia, esa exasperación que posee a hombres y mujeres y los induce a buscar chivos expiatorios contra la condición precaria y miedosa en la que transcurre su existencia. Bajo las apariencias ordenadas de un mundo que guarda las formas, anidan toda clase de monstruos: maridos que se desquitan de sus fracasos golpeando a sus mujeres, empleados y policías coloniales que maltratan con brutalidad vertiginosa a los nativos, el odio al otro —sea forastero al barrio, o de distinta raza, lengua o religión—, el abuso de autoridad, y, en el ánimo de esos espíritus enfermos, en resumen, la secreta esperanza de que algo, alguien, venga por fin a poner orden y jerarquía a pistoletazos y carajos en este burdel degenerado en que se ha convertido la sociedad.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“Estas dos novelas de Céline, más que para ser leídas, parecen escritas para ser oídas, para entrar por los oídos de un lector al que los dichos, exclamaciones, improperios y metáforas del titi parisién de los suburbios le sugieren todo el tiempo un gran espectáculo sonoro y visual a la par que literario. Qué oído fantástico tuvo Céline para detectar esa poesía secreta que escondía la jerga barriobajera enterrada bajo su soez vulgaridad y sacarla a la luz hecha literatura.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“Todas las ideas de Flaubert sobre la novela, elaboradas a lo largo de toda su vida y diseminadas en su correspondencia —el más lúcido y profundo tratado sobre el arte narrativo que se haya escrito— llevan irremediablemente a descartar aquella noción como quimérica y a sostener lo contrario: que entre la realidad real y la realidad novelesca no hay identificación posible sino una distancia infranqueable, la misma que separa el fantasma del hombre de carne y hueso o al espejismo del desierto en el que aparecen sus frescas cascadas y sus hospitalarios oasis. La novela no es un espejo de la realidad: es otra realidad, creada de pies a cabeza por una combinación de fantasía, estilo y artesanía.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“Flaubert introdujo en la narrativa aquella «sospecha» de la que habló Nathalie Sarraute en L’Ère du soupçon. Para ser «creíble» no bastaba que un narrador tuviera una prosa excelsa y una fantasía afiebrada. Por el contrario, todo aquello que delatara su presencia arbitraria —no justificada por las necesidades de la anécdota— conspiraba contra el poder persuasivo de la historia y debilitaba la verosimilitud”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“Flaubert fue el primer novelista moderno porque fue el primero en comprender que el problema básico a la hora de escribir una novela es el narrador, ese personaje que cuenta —el más importante en todas las historias— y que no es nunca quien escribe, aun en los casos en que cuente en primera persona y haga pasar por suyo el nombre del autor. Flaubert entendió, antes que nadie, que el narrador es siempre una invención. Porque el autor es un ser de carne y hueso y aquél una criatura de palabras, una voz. Y porque el autor tiene una existencia que desborda las historias que escribe, que las antecede y que las sigue, en tanto que el narrador de una historia sólo vive mientras la cuenta y para contarla: nace y muere con ella y su ser es tan dependiente de ella como ella lo es de él.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“El profesor Henri Guillemin ha descifrado, en un libro muy divertido, Hugo et la sexualité, aquellos cuadernos secretos que llevó Victor Hugo en Jersey y Guernsey, en los años de su exilio. Unos años que, por razones que son obvias, algunos comentaristas han bautizado «los años de las sirvientas». El gran vate, pese a haberse llevado consigo a las islas del Canal a su esposa Adéle y a su amante Juliette, y de haber entablado esporádicas relaciones íntimas con damas locales o de paso, mantuvo un constante y múltiple comercio carnal con las muchachas del servicio. Era un comercio en todos los sentidos de la palabra, empezando por su aspecto mercantil. Él pagaba las prestaciones de acuerdo a un esquema bastante estricto. Si la muchacha se dejaba sólo mirar los pechos recibía unos pocos centavos. Si se desnudaba del todo, pero el poeta no podía tocarla, cincuenta centavos. Si podía acariciarla sin llegar a mayores, un franco. Cuando llegaba a aquéllos, en cambio, la retribución podía llegar a franco y medio y en alguna tarde de prodigalidad enloquecida ¡hasta a dos francos! Casi todas estas indicaciones de los carnets secretos de Victor Hugo están escritas en español para borrar las pistas.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“«La gula es un crimen. Un paté de hígado es una infamia… La muerte de un animal es tan inadmisible como el suicidio del hombre».”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“siglos y ésa es una de las manifestaciones más flagrantes de lo que quiere decir la palabra civilización: un ritual compartido, en el que una pequeña colectividad, elevada espiritual, intelectual y emocionalmente por una vivencia común que anula momentáneamente todo lo que hay en ella de encono, miseria y violencia y exalta lo que alberga de generosidad, amplitud de visión y sentimiento, se trasciende a sí misma. Entre estas vivencias que hacen progresar de”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“del Medioevo. La honra que él predicaba —y que era la suya— estaba exenta de toda connotación cristiana o clasista, y consistía en reconciliar definitivamente, en cada individuo, las palabras y los hechos, la creencia y la conducta, la apariencia social y la esencia espiritual, y en el respeto último de dos mandamientos morales muy precisos: no cometer ni justificar, en ningún caso y en ninguna circunstancia, la mentira ni el crimen. En cuanto a la amistad —forma de relación que, aparentemente, se halla en vías de extinción: los hombres hoy son más aliados, cómplices (eso que se designa con fórmulas como «compañero», «correligionario» o «camarada»), que amigos—, Camus no sólo vio en ella la más perfecta manera de solidaridad humana, sino el arma más eficaz para combatir la soledad, la muerte en vida.”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
“la ciudad, hubiera podido defender, como lo hizo Camus, en pleno apogeo de los sistemas, la tesis de que las ideologías conducen irremisiblemente a la esclavitud y al crimen, a sostener que la moral es una instancia superior a la que debe someterse la política y a romper lanzas por dos señoras tan desprestigiadas ya en ese momento que su solo nombre había pasado a ser objeto de irrisión: la libertad y la belleza. De otro lado, hay en el estilo de Camus un”
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
― Un bárbaro en París: Textos sobre la cultura francesa
