The World Crisis, 1911-1918 Quotes
The World Crisis, 1911-1918
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Winston S. Churchill534 ratings, 4.27 average rating, 63 reviews
The World Crisis, 1911-1918 Quotes
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“All the horrors of all the ages were brought together, and not only armies but whole populations were thrust into the midst of them. The mighty educated States involved conceived-not without reason-that their very existence was at stake. Neither peoples nor rulers drew the line at any deed which they thought could help them win. Germany, having let Hell loose, kept well in the van of terror; but she was followed step by step by the desperate and ultimately avenging nations she had assailed. Every outrage against humanity or international law was repaid by reprisals-often of a greater scale and of longer duration. No truce or parley mitigated the strife of the armies. The wounded died between the lines: the dead mouldered into the soil. Merchant ships and neutral ships and hospital ships were sunk on the seas and all on board left to their fate, or killed as they swam. Every effort was made to starve whole nations into submission without regard to age or sex. Cities and monuments were smashed by artillery. Bombs from the air were cast down indiscriminately. Poison gas in many forms stifled or seared the soldiers. Liquid fire was projected upon their bodies. Men fell from the air in flames, or were smothered often slowly in the dark recesses of the sea. The fighting strength of armies was limited only by the manhood of their countries. Europe and large parts of Asia and Africa became one vast battlefield on which after years of struggle not armies but nations broke and ran. When all was over, Torture and Cannibalism were the only expedients that the civilized, scientific, Christian States had been able to deny themselves: and they were of doubtful utility.”
― The World Crisis, 1911-1918
― The World Crisis, 1911-1918
“—Quos Deus vult perdere prius dementat—88”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“El olvido generoso tiende su velo, los tullidos se apartan y los seres dolientes se desvanecen en el triste crepúsculo de la memoria. Hay una nueva juventud que reclama sus derechos y la corriente eterna fluye adelante hasta en la misma zona de batalla, como si toda la historia fuera un sueño. ¿Ha sido este el final? ¿Ha sido simplemente un capítulo más de una historia cruel e insensible? ¿Será inmolada a su vez una nueva generación para igualar las terribles cuentas de galos y teutones? ¿Se desangrarán otra vez y exhalarán el último suspiro nuestros hijos en tierras devastadas? ¿O surgirá del mismo fuego de la lucha aquella reconciliación de los tres combatientes gigantes, que unirá sus genios y asegurará a cada uno en reposo y libertad su parte en la reconstrucción de la gloria de Europa?”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“El olvido generoso tiende su velo, los tullidos se apartan y los seres dolientes se desvanecen en el triste crepúsculo de la memoria.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“La guerra había entrado en su fase final. Durante el año 1918, el esfuerzo de Gran Bretaña y de todo el Imperio británico alcanzó su grado máximo; las fuerzas imperiales en campaña contra el enemigo en todos los teatros de operaciones ascendían a 4.500.000 de hombres, y el conjunto de los llamados a filas llegaba a cerca de 6.000.000. La fuerza de la flota británica en navíos de todas clases alcanzó su máximo, y los alemanes no podían siquiera salir a alta mar; la guerra submarina estaba vencida y dominada por las operaciones de cerca de 4.000 embarcaciones armadas que arbolaban el pabellón del Imperio. Bajo esta protección se transportaron más de dos millones de soldados americanos a través del Atlántico, siendo más de la mitad llevados en buques británicos y desembarcados durante ese año en Francia. La Marina Mercante británica, con sus 20.000 navíos, sostenía el suministro de todos los ejércitos británicos y transportaba sin agobio apreciable todas las materias y alimentos necesarios para la vida de las islas Británicas, para sus industrias de guerra e incluso para todo el comercio no comprendido en la producción bélica. El dominio del mar contra el enemigo era absoluto en todos los rincones del globo y este resultado se obtuvo con el empleo de más de 1.200.000 hombres en las escuadras y flotillas de combate, en la Marina Mercante, en los arsenales y factorías navales y en los talleres de construcción. Las instalaciones de municiones absorbían en Gran Bretaña el trabajo de cerca de 2.500.000 de personas y producían en creciente progresión todos los cañones y proyectiles que podían usar los ejércitos británicos en unión de todos los demás accesorios. Además, se suministraba acero, carbón y otros materiales de guerra a Francia e Italia en inmensas cantidades, y se estaba preparando, sin perjuicio de todas sus demás obligaciones, para suministrar a Estados Unidos la totalidad de artillería de mediano calibre, necesaria para un ejército de 80 divisiones en la campaña de 1919. Se habían hecho todos los preparativos y se había adelantado considerablemente la labor de proveer a los ejércitos británicos, para 1919, de equipo técnico de todas clases en una escala, calidad y novedad muy superior a todos los rendimientos logrados hasta entonces. En total, se hallaban empleados en los ejércitos, las flotas y las fábricas de guerra, y sin contar a los que trabajaban en la obtención de alimentos, combustibles y efectos civiles, cerca de 8.000.000 de hombres y 750.000 mujeres. Las medidas financieras necesarias para desarrollar y sostener este prodigioso esfuerzo habían requerido solo para el año 1918 más de 3.000 millones de libras esterlinas, de las que 1.000 millones se habían obtenido elevando los impuestos de 45 millones de habitantes de las islas Británicas, 1.600 millones por empréstitos en la metrópoli, cubiertos por las mismas personas, y 400 millones por empréstitos en el extranjero, principalmente en Estados Unidos y sobre la garantía del Gobierno británico.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“Foch consideraba las cosas desde un punto de vista más amplio, como correspondía a su esfera superior, y Haig las miraba más de cerca: «Desempeña bien tu parte; en ella está toda la gloria».”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“La Gran Guerra había surgido cuando ambos bandos confiaban en la victoria: ¿continuaría cuando uno de ellos no tuviera ya esperanza alguna? ¿Formaba parte del temperamento alemán, tan valiente, pero a la vez tan lógico, combatir en una desesperación vengativa? ¿Tendríamos un año de batallas en el Rin, una marcha sobre Berlín, un aplastamiento militar en campo abierto y un sometimiento de la población civil? ¿O habría algún intenso espasmo nervioso, alguna irresistible y casi universal aceptación de la derrota y de todo lo que la derrota llevaba consigo? Nosotros pensábamos siempre que ocurriría como en Jena, pero trazábamos nuestros planes para la alternativa de larga duración.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“Antes de la guerra, había parecido imposible que tales terrores y matanzas, si es que llegaban a empezar, pudieran durar más de unos meses. Después de los dos primeros años era difícil creer que pudieran terminar algún día. Parecíamos separados de la antigua vida por un abismo inconmensurable: la capacidad humana de adaptación nos había habituado a los horrores del nuevo ambiente. A lo lejos brillaba una pálida estrella de paz y hogar, pero en las cercanías rugía la tempestad con furia incesante y más bien creciente. Año tras año todos los optimistas habían quedado desacreditados, las sanas esperanzas desvanecidas y la nación británica se había resignado pacientemente a proseguir su labor sin preguntar cuándo terminaría.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“Afortunadamente, los británicos, al retirarse, se encontraron en la región cubierta y abrupta del oeste de Reims, que favorecía la defensa en un combate en retirada. Por fortuna, la división 19 británica acababa también de llegar a Chalons, para descansar y recuperarse, y desde el cuarto día pudo apoyar a la línea británica. En aquel momento, la división 21 estaba prácticamente destruida y, para el 1 de junio, el conjunto de las cinco divisiones británicas era apenas equivalente a una sola completa. Todas las tropas se aguantaron como el mes anterior en el Lys, mientras eran exterminados batallones enteros y perecía gran parte de la artillería con sus cañones en el campo. Los campesinos franceses, en su ignorancia y terror, hicieron objeto a las tropas en retirada de demostraciones hostiles. Entretanto, sobre la izquierda británica, el golpe alemán había logrado la ruptura completa. El Estado Mayor del general Duchêne retardó tanto tiempo la destrucción de los puentes sobre el Aisne que la mayor parte de ellos cayeron intactos en manos del invasor. El 2 de junio, había caído Soissons, y los alemanes habían llegado al Marne en Château-Thierry. La sorpresa del Camino de las Damas Pierrefeu ha descrito el episodio siguiente en un pasaje emocionante. De pronto, las carreteras entre Provins y el frente hacia Meaux y hacia Coulommiers empezaron a llenarse de interminables columnas de americanos. La impresión que causó sobre los apurados franceses este torrente, al parecer inagotable, de brillante juventud en su primera plenitud de salud y de vigor, fue prodigiosa. Ninguno tenía menos de veinte años y muy pocos más de treinta. Cuando los vio pasar apretados en sus camiones, alborotando las carreteras, cantando a voz en grito las canciones de un mundo nuevo y ansiosos de llegar al campo de batalla, el Cuartel General francés se sintió estremecido por la impulsión de una nueva vida. «Todos sintieron —dice— que estaban presenciando la operación mágica de una transfusión de sangre. Llegaba la vida a torrentes para reanimar el cuerpo exhausto de una Francia desangrada por las innumerables heridas de cuatro años.» Y, realmente, esta imagen se ajusta a la realidad con una exactitud particular. A medio instruir, a medio organizar, solo con su valor, su número y su juventud magnífica junto a sus armas, iban a comprar la experiencia a un amargo precio. Pero estaban plenamente dispuestos a ello.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“Se dice muchas veces que la marcha alemana sobre París, en 1914, y la campaña submarina sin restricciones estuvieron, una y otra, «a punto de triunfar»). Pero esta expresión ha de analizarse y al mismo tiempo ha de establecerse una diferencia entre los puntos en cuestión en tierra y en el mar. Un aficionado que contempla un partido de fútbol y un ingeniero que ve un coche, cuyo peso no conoce exactamente, pasar sobre un puente, cuya resistencia tampoco ha podido comprobar, experimentan, sin duda, uno y otro, sensaciones parecidas de ansiedad y de emoción, y sin embargo, los procesos son diferentes. Un partido de fútbol, lo mismo que una gran batalla terrestre, es un estado continuo de flujo y de azar; en tanto que si el coche va o no a romper el puente, no depende del azar, sino, únicamente, del peso del vehículo y de la resistencia de la construcción. Al ser desconocidos estos dos factores, la ansiedad que se sufre es normal; pero, una vez se sabe que el puente puede soportar al menos 10 toneladas y que el coche pesa a lo sumo 8, todas las inquietudes resultan infundadas. Cuando alguien dice que el coche estuvo «a punto de romper el puente» no está en lo cierto, pues no hubo nunca probabilidad alguna de ello.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“El plan de ataque de Cambrai estaba implícito en la idea original del tanque; era para esto, precisamente para esto, para lo que los tanques se habían imaginado. Los tanques habían entrado en acción en el frente británico en número creciente y considerable desde que su invención había sido inoportunamente expuesta al enemigo en el Somme en 1916. En el Cuartel General del cuerpo de tanques se habían desarrollado profunda y ampliamente las ideas tácticas originales que habían inspirado su nacimiento, pero el cuerpo de tanques no había logrado nunca que se le permitiera ponerlas en práctica. Se habían empleado estos ingenios en número reducido como simples auxiliares en las batallas de infantería y artillería, y habían sido condenados a encenagarse en los campos de embudos bajo el fuego concentrado de la artillería alemana o a hundirse en el barro de Passchendaele. Nunca se les había permitido arriesgar su suerte en una batalla para ellos solos, adaptada a su especialidad y en la que pudieran rendir los servicios inestimables para los que habían sido especialmente trazados. El éxito de algunos tanques en una operación secundaria de Passchendaele, donde fueron correctamente empleados por el cuerpo de ejército del general Maxse, fue probablemente lo que redimió al cuerpo de tanques del disfavor creciente en que habían caído sus carruajes debido al mal empleo que había hecho de ellos el Cuartel General británico, durante mucho tiempo. Cualquiera que fuera la razón, el hecho es que se aprobó un proyecto que había estado en la mente del Estado Mayor del cuerpo de tanques durante cerca de tres meses, y para el cual se habían emprendido ya los preparativos necesarios, fijándose su fecha para el 20 de noviembre.221 Se concedieron al fin todos los requisitos necesarios: los tanques operarían en un terreno no dislocado todavía por la artillería y en un frente no preparado aún contra la ofensiva: la sorpresa por encima de todo, iniciando los propios tanques el ataque. Aceptando osadamente la responsabilidad, sir Julian Byng, que mandaba el tercer ejército, ordenó que la artillería británica no disparara un tiro ni siquiera de corrección hasta que los tanques estuvieran ya lanzados; los cálculos artilleros que hicieron posible este hecho por primera vez sin daño para las tropas propias acreditan altamente a sus autores. El plan detenidamente preparado del cuerpo de tanques tenía la aspiración de «efectuar la penetración en cuatro sistemas sucesivos de trincheras en unas pocas horas y sin preparación artillera de ninguna clase».222 Se disponía aproximadamente de quinientos tanques. El general Elles, jefe del cuerpo de tanques, dijo a sus hombres en una orden especial: «Mañana, el cuerpo de tanques tendrá la oportunidad que ha estado esperando largos meses, operará abiertamente en la vanguardia del asalto». «El ataque —dice el historiador del cuerpo de tanques, coronel Fuller—223 tuvo un éxito asombroso. Al moverse y avanzar los tanques, seguidos inmediatamente por la infantería, el enemigo perdió completamente su moral y todos los que no huyeron del campo presa del pánico se rindieron con escasa o nula resistencia. […] A las cuatro de la tarde de dicho día, se había ganado una de las batallas más asombrosas de la historia y en lo que concierne al cuerpo de tanques, se había también terminado, pues, al no disponerse de reservas, no era posible hacer más.» En la breve duración de un día de noviembre había sido penetrado el sistema completo de las defensas alemanas en un frente de 10 kilómetros y se habían capturado 10.000 prisioneros y 200 cañones sin perder más que 1.500 soldados británicos. «Cabe preguntarse —dice el oficial del Estado Mayor— si hubo algún otro golpe de los ejércitos aliados en el frente occidental que resultara más fructífero a la vez en terreno y en resultados que esta batalla de Cambrai, pese a su limitado propósito».”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“En aquellos días duros, la derrota no era juzgada con indulgencia por los extenuados aliados y todos tuvimos que sobreponernos a ello, con cortesía que apenas velaba el menosprecio y con simpatía que apenas dominaba al resentimiento. Y he de rendir aquí un tributo a la dignidad y al valor tranquilo del ministro italiano y al respeto que supo inspirar a todos en aquellas tristes circunstancias.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“Afortunadamente «los árboles no crecen hasta el cielo» y las ofensivas, por victoriosas que sean, pierden su fuerza inicial y se agotan con el terreno ganado.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“No podrá decirse que «los militares», es decir, el Estado Mayor, no hayan actuado a su gusto. Pudieron llevar su triste experimento hasta el final; sacaron de Gran Bretaña todo lo que pidieron; gastaron a la vez los hombres y los cañones del ejército británico casi hasta su destrucción y lo hicieron frente a las más claras advertencias y contrargumentos que no podían contestar. Sir Douglas Haig actuó por convicción, pero sir William Robertson se dejó arrastrar pesadamente: ha aceptado plenamente su responsabilidad y no podía dejar de hacerlo. «Yo era más que un simple asesor; era el jefe profesional de todos los ejércitos británicos, como Haig lo era de los del frente francés. Se recurría a mí, como hizo el Imperio entero, para que no se les pidieran cosas imposibles y para no encontrarse colocados en ninguna parte en situación desventajosa»216 y también el 23 de junio: «Mi propia responsabilidad […] no es pequeña al pedir la continuación de un plan con el que el primer ministro se ha mostrado disconforme […]».217 Y, finalmente, de Robertson a Haig, el 27 de septiembre: «Usted conoce ya mi opinión personal. Siempre ha sido la defensiva en todos los teatros menos en el Oeste. Pero la dificultad está en probar que esto es lo correcto ahora que Rusia ha caído. Confieso que me empeño en ello más bien porque no veo otra cosa mejor y porque me impulsa mi intuición, no porque disponga de ningún buen argumento en que apoyarlo».218 Estas palabras son terribles cuando se aducen para justificar el sacrificio de cerca de 400.000 hombres.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“Rapidez y finalidad, tanto en este período como en todo el resto de la guerra, eran las verdaderas claves de cualquier acción que se emprendiera contra Turquía. Las operaciones prolongadas y extensivas en teatros distantes y desconectados, tanto si languidecían como las de Salónica, como si estallaban rápida y brillantemente como la de Allenby en Palestina, no podían armonizarse con una política de guerra prudente. Hubiera sido mucho más seguro y económico en vidas y en recursos correr un riesgo mayor en un tiempo más breve; se habría podido aprovechar la ventaja del dominio marítimo y, mientras Allenby mantenía a los turcos en Gaza, hacer un desembarco bien preparado en Haifa o en cualquier otro punto de la costa, en su retaguardia. Si en septiembre se hubiera cortado con un nuevo ejército de seis a ocho divisiones el ferrocarril único que los mantenía, la guerra de Siria habría terminado de un solo golpe. La sangría oriental de nuestros recursos se habría detenido desde el mes de febrero y todas las tropas británicas de Palestina habrían estado disponibles para el peligro supremo de Francia. Pero en Palestina, como antes en Gallípoli, el choque entre las escuelas oriental y occidental dio lugar a incoherencias y medias medidas; se envió a Oriente lo bastante para constituir una dispersión peligrosa, pero nunca lo suficiente de golpe para producir un resultado pronto. Será incomprensible para las generaciones futuras que los estrategas de un pueblo insular, dotado en aquel momento del atributo único y soberano del dominio del mar, hayan dejado durante toda la guerra de utilizarlo en beneficio de su esfuerzo ofensivo.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“El 8 de diciembre de 1917, los turcos abandonaron Jerusalén después de cuatrocientos años de odiosa dominación, y el general en jefe entró en la ciudad entre las aclamaciones de sus habitantes.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“Es evidente, sin embargo, que no existe fuerza humana que pueda impedir que se haga la tentativa. Lo esencial es, pues, llegar a una definición del éxito o de los «grandes resultados» que permita adoptar una nueva decisión una vez se hayan librado la primera o la segunda fase de esta ofensiva. Tal definición podría a mi juicio comprender tres condiciones, a saber: objetivos logrados, bajas sufridas y, tercero e importantísimo, tiempo empleado o requerido entre cada embestida y la siguiente. Así sería posible, tomando como referencia estas bases previas, sentar definitivamente después de, por ejemplo, seis semanas de combate, sí había realmente alguna perspectiva de lograr «grandes resultados» antes de que llegara el invierno.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“«no es que un general sea mejor que otro, es que un general es mejor que dos generales».”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“«la artillería conquista y la infantería ocupa»,”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“Imperio ruso cayó el 16 de marzo y el 6 de abril entraba Estados Unidos en la guerra.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“La derrota total de Alemania se debió a tres errores capitales: la resolución de marchar a través de Bélgica sin preocuparse de la entrada de Gran Bretaña en la guerra; la decisión de emprender la guerra submarina ilimitada sin preocuparse de la entrada de Estados Unidos, y por último, la decisión de emplear a las fuerzas liberadas de Rusia en 1918 para una lucha final en Francia. De no haber cometido la primera falta, Alemania habría vencido fácilmente en un año a Francia y a Rusia; de no haber cometido la segunda, habría podido hacer en 1917 una paz satisfactoria, y de no haber cometido la tercera, habría podido aun presentar a los aliados un frente incólume en el Mosa o en el Rin y haberse asegurado cláusulas honrosas como precio para abreviar la matanza. Los tres errores fueron cometidos por las mismas fuerzas, por las mismas fuerzas que constituían la potencia militar del Imperio alemán. El Estado Mayor alemán, que con tan admirable esfuerzo sostuvo la causa germana, fue el responsable de las tres decisiones fatales. Así, las naciones, igual que los individuos, son destruidos por el abuso de aquellas mismas cualidades y facultades en que se funda su superioridad.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“Esta facultad de vivir en el presente y de empezar de nuevo cada mañana como el primer día, producía una segunda y valiosa aptitud: mister Lloyd George parecía tener en esta época un poder especial de extraer de la desgracia misma los medios de su éxito futuro. De las devastaciones de la guerra submarina sacó el sistema de los convoyes; del desastre de Caporetto sacó el Consejo Supremo de la Guerra, y de la catástrofe del 21 de marzo sacó el mando único y el inmenso refuerzo americano.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“Hasta mediados de 1915, las animosas multitudes de voluntarios habían excedido en mucho a nuestra capacidad para equiparlos y organizarlos. Habían acudido ya libremente más de tres millones de hombres que representaban lo que había de mejor y más fuerte en el patriotismo de la nación británica. Pero, hacia el verano de 1915, las salidas fueron ya superiores a las entradas y resultó evidente que no podría mantenerse en campaña en 1916 un ejército de 70 divisiones y menos aún de 100, sin adoptar medidas completamente nuevas. La escuela liberal pura, capitaneada por el primer ministro, era partidaria de hacer nuevos esfuerzos con la reclutación voluntaria, pero la mayor parte de los ministros conservadores, apoyados por mister Lloyd George, y también por mí hasta mi salida del Gobierno, estaban convencidos de que era inevitable el servicio obligatorio inmediato. Por entonces, lord Kitchener, orgulloso con razón de la admirable respuesta que habían encontrado sus sucesivos llamamientos de voluntarios, se inclinaba en aquella época del lado de mister Asquith y hacía pesar la balanza contra la adopción del servido militar obligatorio. Pero la guerra seguía su curso sin compasión y, ya en enero de 1916, bajo la fuerza imperiosa de las circunstancias, la crisis del Gabinete sobre el asunto del reclutamiento se renovó violentamente, siendo entonces reforzada la cruel necesidad de los hechos por un movimiento de opinión de carácter moral que excitó el apasionamiento de grandes masas de la población. Habían partido voluntariamente tres millones y medio, pero no eran bastantes. ¿Habían de volver al frente en virtud de su compromiso voluntario, cualquiera que fuese el número de veces que resultaran heridos? ¿Habían de empujarse a la lucha voluntarios maduros, debilitados y quebrantados, mientras cientos de miles de jóvenes robustos vivían en lo posible su vida ordinaria? ¿Había de obligarse a continuar a los ciudadanos del ejército territorial y a los soldados del ejército regular, cuyos compromisos habían expirado, mientras otros que no habían hecho ningún sacrificio no eran obligados siquiera a iniciarlos? De tres millones y medio de familias cuyo amado sostén, cuyo héroe, lo estaba sacrificando todo libremente para la causa de su país, familias que representaban los elementos más sanos sobre los que descansaba la vida entera de la nación, surgió la petición de que no se dilatara la victoria ni se prolongara la matanza porque otros rehusaran cumplir con su deber. Al fin, a fines de enero, lord Kitchener cambió de bando y mister Asquith tuvo que ceder. Solo un ministro, sir John Simon, dimitió de su cargo, y la ley de reclutamiento fue presentada al Parlamento y aprobada rápidamente por una mayoría aplastante.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
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“Los cuadros de bajas expuestos en el capítulo titulado «Estadística sangrienta» muestran la falsedad de esta impresión. Sir Douglas Haig no fue bien servido en esta ocasión por su Servicio de Información del Gran Cuartel General196 la tendencia a decirle a un jefe de elevada situación solo las cosas que gusta de oír es una de las explicaciones más corrientes de una dirección equivocada. La visión del jefe de cuya decisión dependen los acontecimientos fatales es así, en general, mucho más confiada de lo que exige la brutalidad de los hechos.”
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“Los cuadros de bajas expuestos en el capítulo titulado «Estadística sangrienta» muestran la falsedad de esta impresión. Sir Douglas Haig no fue bien servido en esta ocasión por su Servicio de Información del Gran Cuartel General196 la tendencia a decirle a un jefe de elevada situación solo las cosas que gusta de oír es una de las explicaciones más corrientes de una dirección”
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“Pero, en 1915, Alemania se lanzó a la segunda alternativa, y su decisión fue coronada por grandes éxitos. Dejó a los franceses y británicos gastarse contra sus líneas de trincheras de Francia. A la vez, Alemania, acompañada de sus aliados, marchó contra Rusia y consiguió, al llegar el otoño, conquistar territorios enormes. Además, todo el sistema de fortalezas y de ferrocarriles estratégicos rusos se hallaba en sus manos, los ejércitos rusos se encontraban en gran medida destruidos y el Estado ruso gravemente herido. El único medio para que los aliados pudieran ayudar a Rusia era forzar los Dardanelos, único contraataque que podía ser realmente efectivo. Si se hubiera logrado, se habría establecido contacto directo y permanente entre Rusia y sus aliados occidentales y se habría eliminado de la guerra a Turquía, o por lo menos a la Turquía europea, además de ofrecer la posibilidad de unir contra Austria y Alemania al conjunto de los estados balcánicos: Serbia, Grecia, Bulgaria y Rumanía. Así, no solo habría recibido Rusia un socorro directo, sino que habría experimentado además un enorme alivio por la presión que habrían ejercido instantáneamente los estados balcánicos sobre el Imperio austrohúngaro. Por desgracia, la visión limitada y estrecha de los almirantes y generales británicos y del Gran Cuartel General francés había obstruido esta brillante maniobra. En lugar de ser una concepción estratégica clara, vestida y armada con todo lo que podían proporcionar los conocimientos de los estados mayores y la autoridad de los mandos, había resultado víctima de resistencias, obstáculos e inanición de medios, hasta que se la dejó consumir del todo. El tiempo que ganó con este desbarajuste y la situación creada por las derrotas rusas permitieron a Alemania, en septiembre, dar un paso más en su estrategia de atacar al más débil. Falkenhayn organizó un ataque contra Serbia. Se ganó a Bulgaria para el bando alemán, se conquistó a Serbia y se estableció contacto directo entre los imperios centrales y Turquía. Así el fracaso y abandono final de la campaña de los Dardanelos sellaba el destino, no solo de los estados balcánicos, sino también de Rusia, en el mismo momento en que las desastrosas batallas de la Champagne y de Loos demostraban que el frente alemán era irrompible en el Oeste. El contacto directo entre Alemania y Turquía, establecido a través de Bulgaria, vivificó al imperio otomano y abrió el camino hacia Oriente. Así pues, el año 1915, fue de grandes triunfos para Alemania, y Falkenhayn podía pretender con justicia que, entre las faltas de sus enemigos y su política de guerra de atacar al más débil, había logrado reparar la desastrosa situación en que se había encontrado su país a fines de 1914. Alemania poseía de nuevo la oportunidad y la iniciativa; a ella le tocaba ahora jugar de nuevo y el año 1916 empezaba en una espera ansiosa de cuál iba a ser su próxima jugada.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
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“Lo indicado no habrá dejado ya duda en el lector sobre la opinión del autor de estas páginas: desde el principio hasta el final he sostenido que, una vez inmovilizados los ejércitos principales en Francia, la verdadera política de guerra para ambos bandos consistía en atacar a los aliados más débiles de la combinación opuesta, con la mayor rapidez y con el máximo esfuerzo. Con arreglo a este punto de vista, Alemania no procedió con prudencia al atacar a Francia en agosto de 1914 y especialmente no fue prudente invadir a Bélgica para hacerlo. En lugar de ello, debió haber puesto fuera de combate a Rusia, dejando que Francia gastara sus fuerzas contra las fortalezas y las trincheras alemanas. De este modo, probablemente habría evitado la guerra con el Imperio británico, por lo menos durante la primera fase de la lucha, que era, para ella, la más importante. La decisión inicial de atacar al más fuerte llevó a Alemania a las derrotas del Marne y del Yser, y la dejó parada y aturdida frente a la fuerza creciente de un Imperio británico implacable. Así terminó 1914.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
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“La política de guerra alemana, como la británica, osciló durante, toda la Gran Guerra entre dos concepciones opuestas que, reducidas a su expresión más simplista, pueden enunciarse como: atacar al fuerte y atacar al débil. Para Gran Bretaña, y una vez que habían sido totalmente excluidas toda clase de tentativas contra los Dardanelos, no quedaba casi otra alternativa que atacar al fuerte. Los Balcanes estaban perdidos y la escala de los ejércitos que habrían sido precisos para obtener un resultado decisivo en dicha península o en Turquía sobrepasaba en aquellos momentos los límites del poder marítimo disponible. Los premios a obtener habían desaparecido o menguado y los esfuerzos necesarios para lograrlos habían subido más allá de toda proporción. Pero para Alemania, con su posición central y su excelente sistema ferroviario, quedaban abiertas constantemente las dos políticas de guerra, y sus directivos, en los tormentos de su confusión, se lanzaron en una u otra dirección alternativamente. Sería forzar el razonamiento más allá de los límites del sentido común querer sostener que una de estas teorías era siempre la justa y correcta y la otra, la impropia. Evidentemente, si es posible batir al oponente más fuerte de la combinación enemiga, es preciso hacerlo. Sin embargo, si no se lo puede batir en el teatro principal, ni puede él batirnos a nosotros, o si, siendo poco probable el éxito, el coste del fracaso resulta muy grande, entonces conviene considerar si no sería posible lograr la caída del adversario más fuerte por medio de la destrucción de su aliado más débil, o de uno de los más débiles”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“¿Qué objeto tiene atacar cuando solo se puede ser rechazado y de qué sirve tratar de «consumir» al enemigo para ser consumido uno mismo dos veces más deprisa? Un ímpetu sin regla, la falta de unidad y de dirección entre los aliados y las corrientes de sentimientos nacionales imponen casi siempre actos inconvenientes a los gobiernos y a los mandos, y hay que conceder además su parte a las limitaciones de sus conocimientos y de sus fuerzas: los mandos británicos, por ejemplo, se encontraron siempre profundamente influidos por el ambiente y la situación de Francia. Pero no dejemos que todo ello oscurezca la verdad y no fundemos conclusiones sobre el error: no proclamemos sus tristes consecuencias como el modelo perfecto del arte de la guerra ni como la realización triunfante de un plan grandioso.”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
“Y, además, ¿no es también una virtud el ahorro? Por nuestra parte, nunca nos procuramos la posibilidad de practicarla. Nuestros ejércitos tuvieron que ser improvisados frente al enemigo. Se les entregó libremente la flor de la nación, su población civil, su valor, su inteligencia. Pero no hubo nunca tiempo de instruir y organizar estos elementos antes de que fueran consumidos; de tan precioso metal se forjaron sucesivamente armas que solo se aguzaron y se templaron a medias, para ser empleadas y rotas en cuanto recibían forma, y reemplazadas por otras igualmente sin perfeccionar. Había que defender el frente, había que hacer la guerra sin duda, pero no era una política prudente intentar alegremente ofensivas sin formaciones maduras o durante períodos en los que no se tenía nada que oponer a las ametralladoras”
― La crisis mundial. Su historia definitiva de la Primera Guerra mundial 1911-1918
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