El arte del Buen Combate Quotes
El arte del Buen Combate: La libertad interior y los ocho pensamientos malignos
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Fabio Rosini116 ratings, 4.69 average rating, 20 reviews
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El arte del Buen Combate Quotes
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“Los hechos están, por lo general, en las manos de la Providencia; pero las interpretaciones pueden sufrir el influjo del maligno. Dios es omnipotente, Creador del cielo y de la tierra, las cosas vienen de Él; cuando interpretamos las cosas puede actuar en nosotros el Espíritu Santo, pero puede actuar también el maligno. Entonces la tristeza juega con las hipótesis, con los arrepentimientos y con las proyecciones; y si no nos oponemos, si no nos enfrentamos a ella acabaremos mal.”
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“Los hechos están, por lo general, en las manos de la Providencia; pero las interpretaciones pueden sufrir el influjo del maligno. Dios es omnipotente, Creador del cielo y de la tierra, las cosas vienen de Él; cuando interpretamos las cosas puede actuar en nosotros el Espíritu Santo, pero puede actuar también el maligno.”
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“La tristeza vacía cada vez más, porque siendo culto de la frustración produce más frustración. Consumirse en una nostalgia, en el recuerdo de lo que se ha perdido y no ha sido, significa, por encima de todo, seguir siendo rehenes del pasado.”
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“En esta epopeya del infortunio y del victimismo hagámonos una pregunta: ¿qué clase de padre o esposo podrá ser alguna vez un victimista? ¿Qué compañero de aventuras podrá ser alguna vez un hombre que no se siente a gusto con la vida? ¿Qué maestro de vida podrá ser quien ha descendido dentro del abismo de la autocompasión?”
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“En un mundo hecho de apariencias y notoriedades oscuras, imprudentes y privadas de moderación, es fácil que las cosas peores produzcan emulaciones peligrosas. El fruto del éxito espectacular de la tristeza es una generación desinflada, incapaz de alcanzar los propios objetivos, sobre todo por pérdida de objetivos.”
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“Uno de los dramas de nuestra época es la falta de voluntad de vivir, que vacía el sentido de la vida desde dentro, y entonces nos volvemos incapaces de combatir, incapaces de definirnos –no se tiene identidad porque la tristeza, como un agujero negro, se está tragando el alma– y nos volvemos al mismo tiempo insatisfechos de todo y saciados de todo. Nada interesa ya y nada basta.”
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“La persona que cultiva las propias tristezas se hace cínica respecto al dolor ajeno. La tristeza contenta solo a quien la cultiva, porque no lleva a amar, sino a amargar. Hay poco que hacer, es la actitud más antiamorosa que existe.”
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“«La tristeza es la boca del león y fácilmente devora a aquel que se entristece. La tristeza es un gusano del corazón y se come a la madre que lo ha generado. Sufre la madre cuando da a luz al hijo, pero, una vez alumbrado se ve libre del dolor; la tristeza, en cambio, mientras es generada, provoca largos dolores y sobreviviendo, después del esfuerzo, no trae sufrimientos menores»131.”
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“¿Quiero decir que las injusticias y los sufrimientos no existen? Es cierto que sí existen. ¿Pero qué es lo más saludable? ¿Continuar examinando el trauma y construirnos la propia vida sobre él? O caminar hacia la solución, hacia el crecimiento, hacia la constructividad. Ciertamente, cuando se rompe una cosa, es importante comprender cómo ha sucedido, para no repetir el error o evitar el que hay que evitar, pero en un momento dado lo más importante es… arreglarla. Diría yo. Crecer, valorar, partir del dolor para caminar hacia el bien. Construir. ¿Es difícil? Cierto que lo es, en realidad una gran cantidad de gente no lo hace. Pero es mucho más satisfactorio que la tristeza y que su goce frustrado. ¿Pero cuál es la fuente de la pasión de la tristeza? Evagrio responde sin dudar: «La tristeza es privación del placer presente o venidero»129.”
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“De niños se manifiesta con el gesto de mimo hecho con los labios que produce ternura, de adolescentes es el argumento en el bolsillo para estar siempre bien con la autoridad, de adultos es la excusa por los propios pecados, y de viejos es amargura.”
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“propósito de este último dato, hay que tratar de recordar las primeras veces que dejamos entrar al demonio, porque, en general, eso ocurre en la infancia, antes de que el asunto se convierta en hábito, mentalidad. La escena de muchos primeros choques con el demonio de la tristeza es un poco de este tipo: en penumbra en la propia cama, un momento de soledad casual, y llega el pensamiento: «Pero… a mí.. nadie me quiere…» y aparece la lágrima, el desasosiego, la desolación romántica. Nos paramos un momento y experimentamos un extraño sentimiento de placer oscuro, de verdad equivocada incluso atractiva, de dramaticidad fascinante. Entonces se insiste: «Nadie me comprende…» y se descubre que se siente gusto en repetir y hurgar en estas consideraciones. Hecho. Ha entrado, ya no te abandonará, te invitará cien mil veces al victimismo melancólico, y guardarás esos pensamientos tristes e infantiles como algo que importa mucho. Fue uno de los descubrimientos sorprendentes del comienzo de mi presbiterado. Antes todavía de darme cuenta de que estaba lleno de ese demonio, lo constaté en otros. Descubrí que a la gente no le gustaba estar bien, sino que disfrutaba sintiéndose mal. Me dí cuenta de que las malas noticias son más creíbles que las buenas. Vi que si quieres llamar la atención de quien te escucha le debes hablar mal de alguien, o compadecerlo por algún mal que sufre o hablarle de alguna víctima de injusticia, y verás que no se pierde una palabra.”
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“convierte en destrucción intencional de la racionalidad, porque le gusta pensar lo absurdo, lo irresoluble, rastrear los callejones sin salida y así caer en el barranco de una infelicidad heroica, al que se accede, las primeras veces, a menudo solo por curiosidad.”
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“Está ligada a la melancolía, que tiene su origen en el griego mélas –negro– y cholé –bilis–, o sea bilis negra, una emisión interna de oscuridad, allí donde, entiéndase bien, el negro no es exógeno, sino endógeno. Esta bilis negra es la causa de que la mirada se detenga en el aspecto peor de las cosas, y, si no lo ve, lo busca.”
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“La tristeza, en efecto, goza incluso del desagrado, o sea, su placer es el desagrado. Es una fuerza destructiva de un poder impensable: mientras los otros siete demonios incitan a la satisfacción, el demonio de la tristeza desnuda el alma, porque es la búsqueda de autoconmiseración, y produce, precisamente, el gozo de la infelicidad. Es una pasión terrible, aparentemente absurda y bastante maléfica.”
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“Normalmente, pues, los loghismói se sirven del bien y lo pervierten. No así la tristeza. La tristeza no se sirve del bien sino que hurga en el mal, en la oscuridad, en la nada. Sus instrumentos de trabajo preferidos son la irrealidad, la hipótesis y la expectativa, y teje a menudo sus tramas sobre aquello que no ha sucedido o sobre aquello que debería suceder.”
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“«La tristeza es un inquilino perjudicial, un confidente funesto, un anticipador del desarraigo, nostalgia de la familia, un compañero de la angustia, un familiar de la acedía, una lamentación exasperante, un recuerdo de las ofensas, un oscurecimiento del alma, humillación moral, prudente euforia, antídoto hipnótico, deslucimiento de las formas, un gusano de la carne, aflicción de los pensamientos, prisión de un pueblo»127. (Evagrio Póntico)”
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“Porque, más allá de lo que podamos decir o no decir en estas descripciones, hay una cuestión: o nos interesa llegar al amor sin condiciones, que es el cielo dentro de nosotros, o todo este combate es absurdo… La magnanimidad, dice Evagrio al final, es «consuelo del que está angustiado, espejo de lo que se espera, premio de los afligidos», que son expresiones para subrayar la certeza del premio, de lo que esperamos, del consuelo de las cosas que verdaderamente Dios nos ha prometido, y que la injusticia humana no nos puede quitar. Lo que Dios te da hoy y lo que te dará mañana, no te lo podrá quitar un hombre.”
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“Si has amado solo cuando el otro ha sido bueno contigo y era agradable y beneficioso, no has amado nunca. Si alguna vez alguien te ha amado, te ha querido cuando no te lo merecías. Si alguna vez has amado a alguien, has admitido su ofensa, has tenido paciencia con él cuando era injusto, cuando se equivocaba, y has tenido misericordia. Entonces alégrate, porque conoces el amor.”
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“«Bendición frente a la infamia»: esto es el Evangelio, no buenas maneras. Bendecir a los que nos maldicen es poner la justicia en manos de Dios, y abrirse a Su obra. No es estupidez o sumisión, sino libertad y capacidad de no dejarse arrastrar al mal. Responder al mal con el bien es sabia auto-preservación del mal recibido. Es no interiorizar el mal ajeno, como hemos señalado.”
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“Cuando se desobedece a la ira, entonces aparecen las sorprendentes obras de Dios.”
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“Lo que me sucede está en las manos de Dios: quién sabe qué quiere sacar el Señor de esto.”
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“Esto es ensanchar el alma, abrir el espacio interior a la acción de Dios, acoger una perspectiva distinta, y no tener un alma pequeña, circunscrita a nuestro dolor, persistente y, por tanto, poco dispuesta a cambiar de actitud.”
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“Muchas veces habrá que hacer esto: dejar que Dios nos salve por medio de las cosas que nos empobrecen.”
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“Cristo es el único mediador entre nosotros. Entre este hecho y yo debe pasar Cristo. Recuerdo que Dios, causa primera de la historia, a pesar de nuestros pecados, conduce todo hacia la salvación. Y cuando miro hacia atrás veo que aquella tribulación, en realidad, me ha salvado, y reconozco que no sería el hombre que soy hoy sin aquel dolor; entonces comienzo a comprender que si por una parte es verdad que Dios... «a nadie ha mandado ser impío, a nadie ha dado la licencia de pecar»122..., y, por tanto, aquel pobre hombre no ha hecho bien en calumniarme, incluso sobre aquella línea torcida Dios ha escrito derecho. Dios sabe sacar vida de la muerte. De nuestro pecado más grande, haber torturado y asesinado a su hijo, ha obtenido nuestra redención. Aquí mi cerebro se para, no sabe explicar cómo y por qué, pero el mal sufrido está dentro de la historia de mi salvación.”
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“«Porque hay un solo Dios y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también»121. Cristo no es solo mediador entre mí y Dios, sino entre mí y mis hermanos. Si Él no es el mediador, me encuentro inmaduro ante los hechos y me hago daño. Como hacen muchos, sin embargo.”
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“Hay que aceptar humildemente una cosa muy seria: Dios es Aquel que es rico en misericordia, como dice san Pablo120, la misericordia es su naturaleza, es lo más rico en Él.”
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“Quede claro: este es un libro escrito por un cristiano, aquí no se enseñan técnicas de control de la rabia o psicologismos New Age. Aquí se intenta indicar el camino cristiano hacia la plenitud, que no está hecho de técnicas, sino de una relación auténtica con el Dios de Jesucristo.”
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“El mal es ilógico, es desordenado, y nosotros no logramos muchas veces explicarnos nuestro propio mal, figurémonos el ajeno. Cuando se lucha contra el mal, Descartes y las ideas claras y distintas no sirven para nada.”
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“La ira, pues, se combate con la gratitud, con la memoria de los dones recibidos para pasar de estos a la misericordia. Lo más sacrosanto que tenemos que decir en este punto es: ¡pero no es fácil! ¡Es difícil perdonar! Verdadero. Muy verdadero. Es difícil. Debemos comprender cómo se hace. Explico algunas cosas, pero los caminos del Espíritu Santo en nuestro corazón para darnos Su misericordia son muchos. Una de las cosas más inútiles es hacerlo teóricamente: convencerse de que es oportuno perdonar, descubrir todas las razones para hacerlo, afirmar una especie de deber del perdón y quererlo practicar…, todo inútil, porque se está combatiendo contra algo que si no pasa de la cabeza al corazón, se desvanece. No se admite, a menudo, la inutilidad de este perdón racional, inconsistente como el vapor, que se revela inexistente ya al segundo encuentro con quien dice haber perdonado. Qué empalagoso es escuchar afirmaciones hipócritas, sobre todo hacia uno mismo, de quien dice cosas como: no, no, lo he perdonado, si me lo encuentro lo sonrío y lo saludo, pero no quiero tratar más con él. ¿Y qué has perdonado? Solo ha cambiado el grado de hostilidad: del odio a la repulsa disimulada. Es menos peligrosa, cierto, pero no te llenes la boca de la palabra «perdón» porque no consiste en esa tontería. La idea del deber de perdonar es solo una idea, como cantaba Gaber… ¿Cómo decía? «Una idea, un concepto, una idea mientras siga siendo una idea es solo una abstracción. Si pudiese comer una idea habría hecho mi revolución»116.”
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“Hay un solo sistema sensato para superar el mal padecido: perdonar. Es cuestión de equilibrio, de salud, de liberación. Cuando perdonamos a nuestro torturador, curiosamente, deja de tener poder sobre nosotros.”
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