“Una muchacha tras un gran ciervo corrió
con el arco presto, la flecha dispuesta,
y cuál fue su sorpresa, y grande fue ésta,
cuando el esbelto animal soltó una protesta
y un apuesto joven ser resultó.
Una rara historia el joven contó,
como un cervatillo, su vida empezó,
mas la muchacha, hermosa y honesta,
no despreció la vida molesta
y con él se casó.
Mas cuentan las viejas
que una noche de lobos,
en acto espantoso,
al desgraciado esposo
hicieron sangrar.
En su ayuda acudieron
tres lindos cervatillos,
hijos todos ellos
del desposorio extraño.
Con las bestias acabaron
y a su padre salvaron,
por eso se dice
que no hay mejor esposo,
por feo ni malo,
que aquel que hijos diere
con tan buen resultado.”
―
Aranzazu Serrano Lorenzo,
Los hijos de la nieve y la tormenta