“A los dieciocho años tenía todo tan claro. Creía que era valiente porque había desafiado a su familia. Creía que era inteligente porque leía a los griegos, porque aprendía latín, porque citaba a Derrida. Incluso antes, mucho antes de los dieciocho, a los diez, a los doce años, tenía un plan: hablar de otra manera, vivir de otra manera, pensar de otra manera, romper todos los espejos de la casa hasta olvidar alegremente, definitivamente su rostro.”
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Alejandro Zambra,
Poeta chileno