“El ángel y apóstol de la revelación venidera debía ser una mujer, sin duda, pero una mujer virtuosa, pura, hermosa, sabia y prudente, todo ello no a través de una oscura pena sino a la luz de la alegría, poniendo de manifiesto, con la verdad de su ejemplo, cómo el amor consagrado debe hacernos felices.”
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Nathaniel Hawthorne,
La letra escarlata