“Dígame lo que tiene que decirme —le exigió, cerca de los labios.
—¿Qué tendría que decirle?
—¿Por qué no vino a mí esta noche? 'Tuve esperándola como un zonzo ahí juera.
—¿Tengo que ir cada noche?”
“Artemio hundió sus dedos en la carne de Rafaela y apretó el ceño. Hizo ademán de hablar y calló. Sus respiraciones agitadas componían el único sonido de la habitación, que crispaba las feroces emociones en que se hallaban envueltos.
—Cada noche. Sí, cada noche —repitió, con los dientes apretados—, cada día, cada
hora, cada minuto. Usté é mía, Rafaela, y la quiero pa'mí, sempre.”
―
Florencia Bonelli,
Me llaman Artemio Furia