“Con la ayuda de Dios, Antoni Fortuny tenía la certeza de que podía llegar a
ser un hombre mejor de lo que lo había sido su propio padre. Pero tarde o
temprano, los puños encontraban de nuevo la carne tierna de Sophie y, con el
tiempo, Fortuny sintió que si no podía poseerla como esposo, lo haría como
verdugo. De este modo, a escondidas, la familia Fortuny dejó pasar los años, silenciando sus corazones y sus almas, hasta el punto que, de tanto callar,
olvidaron las palabras para expresar sus verdaderos sentimientos y se
transformaron en extraños que convivían bajo un mismo tejado, uno de tantos en
la ciudad infinita.”
―
Carlos Ruiz Zafón,
The Shadow of the Wind