“Fue la primera vez que vi con total claridad esa humillación específica, la de negar el nombre, la de exponer la desnudez de otra persona para burlarse, la de aplastar cualquier conquista o historia personal, por dolorosa que haya sido, solo por el placer de ejercer poder, y en ese momento se conformó un «nosotras» tan poderoso que parecía haber estado ahí siempre. Todos mis fantasmas, todos mis miedos posaros sus manos frías en mi espalda, en mi cuello, en mis tripas, en mi entrepierna, en mis ojos, y apretaron al mismo tiempo.”
―
Alana S. Portero,
La mala costumbre